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Me enoje con mi profe y mira lo que hice

Linces divinos de la consciencia cristica, les cuento lo que paso.
me dijo que mi monografía estaba redactada en un lenguaje un poco rebuscado. así que le hice este texto ensayistico.
espero no se aburran

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Una prosodia de guerra, que amenazó ser aquél grito vehemente y visceral, solo terminó anudado a la garganta


Sobre la progresión taxativa del ideal y la pérdida incrédula de los valores

Disoluto.

Hoy, luego de años de camino recorrido en búsqueda insaciable e incansable de un ideal, utópico por momentos, solo ideal por otros, me encuentro en un clamor divino que busca ojos, para poder ver más allá. Es ese esoterismo vívido el que se corrompe en una arrojada sensualidad empírica del mundo. Es esa contingencia dorada que se aterciopela, dejándola solo trigueña; son esos ojos divinos que terminan cerrándose a la luz, foto sensitivos, que fallan, se queman; es esa percepción de la vida, que solo se encuentra en el exterior, no mío. Ese exterior desafiante, incomprensible, ausente. Eyecto.

¿Hasta cuando la paradoja sensual -que tanto cautivo a los problemas filosóficos de siglos anteriores- volverá en ese revés de pagina, para presentarse como un actual y empobrecido germen que todo lo socaba, lo reduce, lo limita... Lo caduca?.

. Eso sí es del alma, eso sí es propio. Eso sí es nuestro. ... Eso sí es una realidad taxativa, un axioma aforístico totalizador, un buen puntapié. Una razón, razón por la cual encontrar el sentido, una línea, un camino. La razón es, entonces, el sentido, lo importante, la búsqueda fiel y embrionaria que hace del tiempo una profunda Deidad protectora, Deidad que con su correr, seguirá debelando luz, en la justa medida para nuestros foto sensitivos ojos. Aquella Deidad es la que en sus Formas Sensuales, extrae del mundo su infinitud y la arroja a ese perecer fatal del cuerpo, del químico, que explota uno contra otro y se destruye sin más. Sin más que una transformación cuantitativa biológica. Es ese tiempo Deidad el que se corporiza con cada ocaso, con cada equinoxio voraz de luz y oscuridad, que a nosotros nos presenta todo en su justa medida.

Cada paso que damos en sentido racional, es un paso que damos hacia adelante, progresivo, voluminoso y válido proposicionalmente: diacrítico, lógico, tautológico o falso. Pero paso que se da por sentado y se sella en el camino de la episteme platónica, la ciencia que crece con cada nuevo pensar, con cada nueva visión, con cada nuevo concepto que define y sigue en ese holístico oficio de totalizar, a su tiempo, lo cognoscente.

Entonces ¿qué paso en el camino?. ¿Cuándo dejamos de dar saltos cuánticos desbordando lo natural, empezando a ver universalmente más allá de eso?. ¿Cuando dejamos de ver por encima y sobre?. ¿Cuándo dejamos de buscar nuestro topus hyper ouranius, y empezamos a ver la empírea?. ¿Cuándo nos volvimos doxa?, ¿cuando se fue el nous?. Paso cuando nos perdimos en esas formas sensuales que nos da la percepción vaga y aforma temporal de nuestros sentidos seducidos por que está más acá. Esa mano blanca, ese genio maligno, esa necedad propia de un ser que solo siente, y nada reflexiona.

Ésta es la pregunta que me convoca, que me desvela, que me hace avanzar; Caminar, sobre caminos soleados a veces, neblinosos y oscuros de pronto. No importa. ¿Es entonces, en este punto que acaso habremos perdido, pues, la necesidad de ver más allá?, más allá de las formas, de nosotros, del clima; más allá de una imagen inacabada y servil. Servil solo para la toxicomanía psicoactiva de nuestro finito cuerpo.

¿Cuándo volveremos a entender que existen capacidades fuera de este mundo perecedero, vencido por el tiempo, que nos vence (por dormidos)?. Y ¿hasta dónde llego esa doxa de la nada, de la seducción sensual y directa de una imagen inacabada, porosa e inconsistente?.
La modernidad quedo siglo atrás y se llevo esas ideas que tantas cabezas hizo rodar y que, metafóricamente, tantas cabezas sigue cortando, pero por contrapartida. Por omisión. ¿Cuáles son los vestigios?, ¿dónde estarán esos harapos sucios y empolvados que antes revestíamos con tanto señorío y altura?.

Se los llevo la inmediatez adictiva del fetiche perverso de la mercancía.

Hoy compramos imágenes, pensamientos y goces hedonistas. Hoy la secularidad gris de los decrépitos rostros modernos se licuaron con los polímeros, con el plástico teleftalato y la genética industrial transgénica para dejarnos nadar en ellos.

Aprende a nadar y sálvate de esto, de este mundo sensual, insatisfactorio, que se lo devora todo con los dientes de Enoch y los escupe con la sacralización cristiana.

Aprende a no encontrarte en burocracias, situaciones formales que se pierden en encuadernaciones administrativas que poco sentido tienen.

Aprende a pedir: "dame ojos para ver... un poco más allá".

Aprende a ver las capacidades, las intencionalidades. Aprende a ver más allá de la doxa, de esos lentes empañados con el vapor de tu propio corpus de prejuicios y opiniones, finitos, vencidos, a imagen y semejanza de este mundo igual de finito y vencido; que se inviste -para sobrevivir con un último hálito- en ese dibujo infantil, en ese topus hyper ouranius. Burdas imitaciones.

Entenderás, al fin, que pretendían ser una prosodia de guerra, que amenazó ser aquél grito vehemente y visceral, y solo terminó anudado a la garganta de una sociedad que se mintió a si misma pensando en el fin de la historia; y que no quiso reconocer al sol que brillará con luz dorada de redención en ese fin de los tiempos, deviniendo Absoluto, deviniendo ser -en tanto acto- que seguirá consumiendo todo con sus rayos, asentándolo con su sabiduría, junto a esa Deidad regente, que todo lo camina, lo mata y lo totaliza.

Leal Bryan.
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