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¿Como les va mis queridos Troesmas?. Siempre escribo huevadas y nunca me animé a publicarlas, y como los taringueros fueron mi inspiración para esta historia, me pareció oportuno compartirla en Tavirga. Creo que escribir es a lo que quiero dedicarme el resto de mi vida.Si quieren leer algo que realmente esté bueno, les sugiero que abandonen este post y abran un libro de Borges. De lo contrario, espero que lo disfruten.
Soy Nicolás, cordobés, tengo 26 años, me encanta el fernet y me quedan un par de materias para recibirme de periodista. A pesar de que hace años que entro a Taringa, jamas hice un post. Asi que me desvirgo -en sentido figurado, Linces- con esto:

NOTA: Al final hay otra foto de unas tetas como las de arriba.





MI AMIGO EL LINCE

Atravesé una etapa media jodida en la vida cuando tenía unos veintitantos años. Me acababa de dejar mi novia por otro tipo, y yo no podía dejar de pensar que era solo porque él la tenia mas grande, pero con el tiempo noté que era porque soy un cagón, un pechofrio, el típico gordito que no tiene huevos. Soy la clase de tipo al que los trenes de oportunidades le pasan por el frente y sólo se da cuenta cuando ya están a varios kilómetros. Me cayó la ficha de que me habían dejado cuando mi ropero quedó libre de polleras, calzas, vestidos, corpiños y cuanta ropa de mina exista – no tengo ni la mas remota idea sobre como diferenciar un top, de una solerita o unas crocs de unas panchas, pero estoy seguro de que #laconchuda las tenia- y comenzó a picarme el bichito de la soledad.



Siempre me había jactado de ser un tipo al que le encantaba estar solo, leer tranquilo, clavarme unas cuantas pajas sin tener que ir al baño, pero esta vez, después de un año de relación, me había acostumbrado a la compañía. En su momento me resultaba totalmente rompepelotas tener una tanga, vedetina o colaless -posta, no se la diferencia- mojada en la ducha, pero ahora lo extrañaba. El hombre es un animal de costumbres. Que se yo, no se por que carajo me hago el filosofo. A pesar de todo esto, en lugar de bancármela como un campeón, decidí invitar a un amigo a vivir conmigo.
Ya liberado MI departamento -a pesar de que las escrituras digan que pertenece a mi viejo y que antes estaba copado por cortinas de color maíz- le dije a Thiago que se mudara conmigo. Nos habíamos conocido una noche de joda, en la casa de un amigo en común, y me pareció un tipo piolazo. El chabón estaba calladito en el balcón fumandose un Marlboro y tomando un fernet bien cargado, sin joder a nadie. Y me resultó rara y a la vez genial su forma de hablar.
-Que haces, Lince?- me saludó.
Lince. Me dio gracia. El pibe hablaba haciéndote sentir bien, y demostrando que era esa clase de tipos que tiene la posta. Era un poco fanfarrón y amante de la noche, pero un completo crack. Uno de esos guasos que vos decis “che, me gustaría ser como el”. Tenía todo lo que a mi me hubiera gustado ser. Facha, un carisma increíble, se vestía bien y hasta fumaba con clase. Me contó que hacia poco se había quedado sin trabajo por moverse a la “jermu” del jefe. “Jermu.” Hasta hablaba al “vesre” el “troesma”. A la semana de esta joda en la que nos tomamos una botella de fernet a medias en el balcón y nos cagamos de risa, le dije que si no tenia para el alquiler yo lo bancaba en casa hasta que consiguiera algo. El Lince trajo su única valija y la puso debajo de una mesita de TV que yo tenia a medio armar desde hacia 3 años, descorchó la birra que traia en la mano que le quedaba libre, y hablándome sin sacarse el pucho de la boca me dijo:

-Dale culiadito, traete los vasos que no se a donde están-.



Era imposible no llevarse bárbaro con un chaboncito asi.
Los primeros meses fueron geniales. Eran noches de birras en cantidades industriales, charlas sin ningún sentido o con todo el sentido de la existencia universal cósmica y trascendente, y sentadas interminables en lugares emblemáticos de Córdoba, siempre que nos permitiera apreciar la belleza que anexa a cualquier paisaje la presencia de las señoritas neocordobesas. Thiago la tenia clarísima con las minas, de hecho me enseño cosas que hasta el día de hoy aplico, como por ejemplo, su máxima número 23: “un buitre le manda un mensaje a una mina un miércoles. Los sábados le mandan los giles”. Y como es lógico, desaparecía todos los miércoles como por arte de magia el culiadito.

Pero tampoco era perfecto, tenia miserias humanas como todo el mundo. Por ejemplo, el tipo tenia la mania de rascarse las orejas con una lima de uñas afilada que dejaba en cualquier lado. Mas de una vez lo puteé por dejarla arriba de los platos sucios, o adentro de alguna taza. Me dijo que le producía placer sentir el acero frio en las orejas.

-Bueno, mientras no te de placer culiarte algún a un perro en la cocina me banco lo de la lima- le dije.

Me tiró con una zapatilla y me ordenó que me descorchara una Quilmes, completando la directiva con un “gordo virgo” final. Misteriosamente, en solo 2 semanas me había olvidado de #laconchuda gracias a las salidas de joda con este pibe. Si bien no la ponía ni en remojo, disfrutaba de ver como este tipo hacía del buitreo un arte. Secretamente tenía la esperanza de llegar a ser como el, a pesar de que era un desempleado de 26 años que solo se la pasaba leyendo novelas en un futón sucio y con el tapizado roto.

Pero transcurrido un tiempo la convivencia dejo de ser “ideal”. Cada vez que Thiago salía con una mina, a mi me faltaba plata. Yo tenía en claro que el andaba seco, pero no podía permitir que me estuviera afanando en mi propio departamento, cuyas puertas le había abierto desinteresadamente. Ya era costumbre que yo pagara las birras y la salida cuando no le alcanzaba ni para un pasaje en bondi, pero al robo lo tomé como una mojada de oreja, que aca en Alberdi se lo conoce como "te está metiendo un dedo en el culo". Sin embargo, lo apreciaba al chabón, en el fondo no era un mal pibe y a un tipo grosso como él le hubiera resultado humillante tener que pedirle guita a un gordito loser como yo. El me había tirado una escalera cuando yo estaba metido en un pozo, sentía que le debía algo al loco, no les digo la vida, pero algo de un valor semejante si es que existe.



En una de nuestras salidas -de las 3 o 4 que nos prodigábamos por semana- conocí a una chica. Eva, se llama. Me encontraba solo en la barra de un boliche de la calle Hipolito Irigoyen, en el pleno corazón del barrio estudiantil, dedicándome a ponerme en pedo. Thiago había abandonado el lugar media hora antes de la mano de una rubia despampanante, con 50 mangos que le preste para el taxi. Después de un par de vodkas con durazno y charla va, charla viene, terminé chapando con Eva en el piso de arriba del local. Me encontraba en una situación de éxtasis.

La invité a tomar algo a los 3 dias. Según la máxima numero 17 de Thiago, “solo un virgo le escribe a una mina inmediatamente, como un pajero desesperado. Hay que aguantar por lo menos 72 horas”. Y si él tenía éxito, lo lógico era hacerle caso. Nos fuimos a un bar oscuro en la calle Obispo Salguero, porque según la máxima 11 de Thiago “a una mina la llevas a un lugar por donde pase poca gente. Porque si vas a un lugar muy concurrido, el dia que tengas otra las posibilidades de que te descubran in fraganti son mayores”. Y un miércoles, obvio.
Que clara la tenia mi amigo “el Maquinola” -que raro que hablara asi, ¿no?-, era la Biblia del macho, era el manual del Lince.



Sin darme cuenta, me la pasé hablando de Thiago, tirándole flores, destacando sus cualidades y callando sus miserias. Después de unas cuantas cervezas y unos besos con gusto a alcohol y maní, la señorita en cuestión accedió a tomarse un taxi hasta mi casa. A pesar de que había hecho todo bien, siguiendo las directivas de mi amigo, después de unas caricias en la oscuridad de mi habitación, las siete birras hicieron efecto y me quede dormido. Se los cuento y me siento un gilazo. Abri los ojos un par de horas despues sin tener noción del tiempo, sometido a la madre de todas las resacas. La minita ya no estaba y yo tenia un dolor en la cabeza que aumentaba y disminuía su intensidad, como un latido que hubiese comenzado después de un batazo de beisbol detrás de los ojos. Escuche las voces de Eva y Tiago tras la puerta, pero era incapaz de moverme de la cama. Mi estado etílico era deplorable. Para cuando logré incorporarme, Thiago se estaba fumando un pucho en el sillón, un poco despeinado y en bóxers.

-Buena minita, Lince- me dijo. -Culea como los dioses-.

No entendía nada. Este hijo de mil puta se había cogido a la pendeja que yo me había levantado. Me lo merecía por borracho de mierda, pero no tenía derecho, el ya tenia mas mujeres que las que yo podía soñar y esta era la primera que accedía a estar conmigo después de una relación traumática. Asi que me abalancé encima de el con toda la furia. Era la primera vez en toda mi vida que no me comportaba como un cagón. Lo que sigue a continuación no lo voy a describir porque cobré más que un empleado de Aerolineas Argentinas. No puse ni las manos. Creo que no me mató de lástima. Pero mi indignación seguía, asi que me dirigí a mi habitación, con el gusto metálico de la sangre en la boca y al no poder desquitarme con este tipo por miedo a otra manga de palos, le escribí a la mina, que obviamente me negó a muerte que se hubiera garchado a mi compañero.

De hecho, se hizo la pelotuda todo el tiempo y como soy tan tonto, le terminé pidiendo perdón por desconfiar de ella y -si, creanmé- la invite a salir de nuevo. Porque ser virgo es una forma filosófica de comportarse y de ver la vida. Esta vez me importaron un carajo los consejos del pelotudo de Thiago y la lleve a Oveja Azul, un bar del paseo Buen Pastor a tomar unos mojitos, como corresponde. Yo no era un seco como el imbécil parásito aquel, mal amigo.




Fuimos un sábado, y tuve toda la intención de no tocar el tema de su revolcada con mi compañero de departamento. Sin embargo, mientras estábamos teniendo una conversación intrascendente sobre un nuevo celular con Android –tema del que sabia tanto como de lencería- me dijo que le daba la impresión de que yo no era un pibe normal. Que no entendía que clase de mambo tenia con Thiago, que parecía que estuviese inventando todo. Que si realmente existía “ese pibe que vive con vos”, ella no lo había visto.
No se que se pensó la loquita esta. ¡Si yo les juro que los escuché hablando! Me embolé mal, la mande a freir churros a la pelotuda. ¡Me trataba de loco! Me paré, deje doscientos mangos en la mesa y me volví despacito al mi departamento, caminando al costado de la Cañada y mas indignado que los que intentan sacar el carnet de conducir en la Municipalidad. Cuando llegue a casa, estaba el “amigazo” echado en bóxers en el sillón negro, leyendo un libro amarillo de Bukowski y fumando sin sacarse el pucho de la boca.

–Que haces, Rufian- me saludo sin levantar la vista, como lo hacía habitualmente.
–Cabeza, cero resentimiento con vos- empecé. Me junte con la minita que te garchaste la semana pasada.-
–Ah, mira vos- me contestó sin despegar los ojos del libro de poemas de Bukowski.-
–Pero escuchá, me paso algo que me resultó un poco raro con la loquita esta. Me dijo que vos no existis, que sos una especie de invento mio-.
–Claro Maquinola, ¿no te habías dado cuenta?- Incorporó su cuerpo que estaba despatarrado en el sillón, y sosteniendo el pucho entre sus dedos índice y mayor me miro a los ojos y continuó.
–Soy tu Tyler Durden, papá, como el del club de la pelea. Soy el una creación mental tuya, no existo en el mundo físico. Solo vos me podes ver porque vos me creaste. Soy el tipo que vos siempre quisiste ser: fachero, inteligente, despreocupado, me importa todo un carajo y tengo un montón de minitas. ¿Te suena eso Troesma? ¿Quién quiso ser siempre como yo?.-



No le respondi. Me quede más descolocado que Piñon Fijo entrando por error a un velorio.

–Mira lobo, no es malo, las cosas geniales que yo hago, son obra tuya. O sea, vos te la cogiste a Eva la semana pasada pero no te acordás Titán. Por eso le resultás raro a la minita. No entiende nada.-
–O sea que tengo una especie de trastorno psiquiátrico?-
Thiago, que justo le metia una calada profunda a su Marlboro se atragantó de la risa que le produjo mi pregunta, y me respondió mientras tosía.

–CLARO HUEVÓN! ESTAS CAGADO DE LA CABEZA CHABÓN!. –

-¡Pará boludo que me asustás! ¿Cómo mierda se cura eso?.
-No se viejo, que se yo.- Creo que la forma de hacerlo es con un intento de suicidio. Si sobrevivis, matas a tu alter ego, o sea yo. Si no sobrevivis, bueno, esta de mas decirlo. Es como tirar una moneda al aire. Pero está claro que vos me necesitas Lince, ¿o no la pasamos bárbaro juntos? Dale cabeza, no es para tanto- me dijo de manera condescendiente, se prendió otro pucho y siguió leyendo el libro que tenía entre manos en una posición inclinada en el futón.

Entonces deje de ser un cagón por segunda vez en mi vida, y manoteando la lima de uñas que el sucio este usaba para rascarse las orejas, le tire un puntazo al cuello, que entró limpiamente en el costado izquierdo. Estaba indefenso, medio en pelotas, con el bóxer que le hace resaltar el tamaño de la pija y con los abdominales tensos. No pudo escaparse, porque casi inmediatamente y sin sacarle la lima del cogote me tire encima de el y lo sujete con un brazo. Dejó de existir mirándome a los ojos, fundidos los dos en un semi abrazo que tenía algo de bronca pero también algo de camaradería. Abrió apenas la boca para tratar de decirme algo, pero la sangre lo ahogaba. Seguro era una puteada por la posición homosexual en la que nos encontrábamos. Ni siquiera intentó pelearla, posiblemente era solo un cagón más, y eso me decepcionó un poco. Me quedé mirando con una mezcla de dolor y placer como se le apagaban los ojos, que a esa altura de los acontecimientos se empezaban a parecer a los de un tiburón.

-Asi está bien, Tiburón Troesma?-pensé.

Pero me quedé callado. Preferí que se muriera en silencio aquel tipo, humillado. Se lo merecia por falluto. Yo le habia enseñado todo, yo lo quería al lobo este. Asi es la vida mis queridos Rufianes, Maquinolas, Troesmas. Eva viene cada tanto y no hace preguntas. Pero me da lo mismo, no es la única que tengo, Linces. Los Marlboros me encantan y el futón, aunque hecho mierda, resulta extremadamente cómodo como para echarse a leer a Bukowski.


ESPERO SUS COMENTARIOS. LES AGRADEZCO POR LLEGAR HASTA ACA.



PROMESA: