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1º Guerra Mundial: El Dictado de Boelcke

Oswald Boelcke (Giebichstein, 19 de mayo de 1891 – Bapaume, Francia; 28 de octubre de 1916). Fue un piloto alemán durante la Primera Guerra Mundial y uno de los más influyentes líderes y estrategas de los primeros años del combate aéreo. Se le considera el padre de la fuerza aérea alemana.



Fue el primero en formalizar las reglas del combate aéreo, que fueron recogidas en Dictado de Boelcke. El gran as alemán, Manfred von Richthofen, fue instruido por Boelcke y continuó idolatrando a su mentor mucho después de haberle superado en victorias:

“Después de todo sólo soy un piloto de combate pero Boeckle fue un héroe”.

Manfred Von Richthofen en 1917.

Hacia el verano de 1916, Oswald Boelcke se convirtió en el mayor As alemán. El Feldflugchef Coronel Thomsen del Alto Mando Alemán, requirió a Boelcke que esbozara un sumario de los principios que deberían regir cada combate aéreo. Su lista de reglas para el éxito se conoció como Las Máximas de Boelcke (Boelcke Dicta). Aunque Las Máximas de Boelcke puedan parecer triviales, representan Las Reglas para la victoria en un combate aéreo. Estas Máximas de Boelcke fueron todavía válidas en la Segunda Guerra Mundial e incluso en la Guerra de Corea. Solamente cuando los modernos reactores dejaron de basar los combates en el contacto visual, Las Máximas de Boelcke empezaron a perder su relevancia.

Las 8 máximas de Boelcke



1.- Trata de asegurarte la ventaja antes del ataque. Si es posible, mantén el Sol a tu espalda.




2.- Siempre lleva a cabo tu ataque una vez que ya lo has comenzado.



Los pilotos inexpertos podrían comenzar un ataque, pero el instinto (el miedo) les convencería para romper el contacto y huir. Esto inevitablemente ofrecería la espalda del novato a las armas de su oponente, haciendo de él una victoria fácil para el enemigo. Boelcke aprendió que es mucho mejor permanecer y continuar combatiendo, esperando que su oponente cometa algún error o se aleje, a abortar el ataque y huir. Dar la cola y huir era desperdiciar la mayoría, si no todas, las ventajas que un piloto podía haber tenido.

Como ejemplo, cuando Manfred von Richtofen se enfrentó al As británico Lanoe Hawker en noviembre de 1916, cada uno persistió en colocarse en la cola del otro. Ambos se ajustaron al Segundo Principio de Boelcke. Cuando el interminable maniobrar les llevó cerca del suelo tras las líneas alemanas, Hadker debió elegir entre aterrizar y ser capturado o huir. Eligió huir. Richtofen entonces pudo colocarse a su cola y derribarlo.



3.- Dispara sólo a corta distancia y sólo si tu oponente está adecuadamente encuadrado en tu visor.





Un error típico de un piloto inexperto era el llenar el cielo de balas tan pronto como divisaba su primer aparato enemigo. Disparos a distancias de 1000 metros tenían muy pocas probabilidades de acertar en el blanco. El tableteo de las ametralladoras alertaría a su presunta víctima dándole tiempo para reaccionar.
Las ametralladoras disponibles para aviación durante la Gran Guerra, no eran demasiado precisas a larga distancia. Se añade a esto la dificultad de apuntar desde una plataforma móvil, que salta y se zarandea, hacia un blanco aéreo móvil y es asombroso que alguien alguna vez acertara a algo. Boelcke prefería acercarse hasta unos 100 metros o menos antes de disparar, para asegurarse acertar a lo que apuntaba con la primera ráfaga. Una vez oído el tableteo de su ametralladora el factor sorpresa se había ido, así que era mejor el asegurarse que ese primer tiro fuera el mas efectivo.



4.- No pierdas de vista a tu oponente, y no te dejes engañar por sus tretas.



La primera parte de la frase no pierdas de vista a tu oponente suena suficientemente obvio, pero necesita ser consignada. En las maniobras y giros de un combate aéreo, era fácil perder de vista al adversario. Un corolario de esta regla debería ser: nunca asumas que sabes la la posición de tu oponente o dónde va a estar. Si un piloto pierde de vista a su adversario, la ventaja se torna de parte de su oponente. Un piloto victorioso no se permitiría el distraerse de su contrincante.



5.- En cualquier forma de ataque es esencial asaltar a tu oponente desde atrás.




Disparar a un aparato que cruza nuestra trayectoria de vuelo requiere corregir el tiro, apuntando por delante del blanco para compensar por su velocidad. Mientras unos pocos pilotos eran hábiles en el cálculo mental necesario y en la buena técnica de pilotaje requerida para apuntar, muchos no eran tan capaces. La velocidad de la plataforma de tiro móvil, la velocidad de las balas más la dirección y velocidad de un blanco móvil, podían ser demasiados factores para considerar en el fragor de la batalla. Aún más, en el tiro con corrección, el blanco podía cruzar la línea de fuego cuyas balas estaban separadas por 65 metros o más. Este cruce producía una menor exposición a nuestro fuego.






6. - Si tu oponente pica hacia ti, no trates de evadir su acometida, vuela hacia su encuentro.

Esta regla está relacionada con la 2º Máxima arriba indicada. La reacción instintiva de muchos pilotos inexpertos era de virar y huir de un enemigo que se les acercaba, especialmente si picaba hacia ellos. Esto simplemente presentaba su cola al avión atacante, generalmente con resultados desastrosos. Boelcke enseñaba que un piloto debe dominar ese instinto. Al virar para encarar al atacante, podía forzarle a una actitud defensiva, o al menos mantener la situación en tablas, lo que era mucho mejor que exponerle la cola de nuestro aparato. Incluso aunque trepar para encontrar a nuestro atacante podría reducir nuestra velocidad, era mejor tratar de presentarle nuestras propias armas que huir.



7.- Cuando estés tras las líneas enemigas nunca olvides la dirección de retirada hacia las propias.

Cuando un piloto decide escapar de una fuerza superior, o vuelve con con daños en su avión, era crítico el invertir el poco tiempo del que pudiera disponer en desplazarse en la dirección correcta. Esta regla parece tan obvia..., pero sin embargo Boelcke encontró que era necesario incluirla. Más que unos pocos pilotos cayeron tras las líneas enemigas por que se confundieron y perdieron sus referencias. En la Primera Guerra Mundial, la navegación aérea era principalmente visual. Tomar nota regularmente de referencias en tierra, ayudaba al piloto a encontrar su derrotero rápidamente, tal vez significando la diferencia entre la seguridad o caer prisionero de guerra.



8.- Para el Staffel: Atacar preferentemente en grupos de cuatro o seis. Cuando la lucha se fraccione en una serie de combates individuales, cuidarse de que varios no van a por un mismo oponente.


Durante aproximadamente el primer año de la Primera Guerra Mundial, el combate aéreo era más un asunto de uno contra uno. Los primeros Ases como Pegoud, Garros, Boelcke e Immelmann, cazaban solos por los cielos. Más tarde en la guerra el número total de aparatos en el aire aumentó. Varios aparatos de reconocimiento volaban juntos para protección mutua y a su vez protegidos por cazas de escolta. Boelcke reconoció que los días de los cazadores solitarios habían terminado. Muchos jóvenes pilotos, sin embargo, todavía llegaban al frente esperando lanzarse solos valientemente a la batalla como un caballero andante, para ser rápidamente aplastados por múltiples adversarios. Boelcke aleccionaba sin descanso a sus pupilos en la necesidad del trabajo en equipo, algunas veces reprendiéndoles por actuar demasiado independientemente. Atacando en grupo permitía al líder el concentrar su atención exclusivamente en el blanco, mientras que sus puntos protegían su cola.



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