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Alucinante cambio de un padre para seguir ritmo a sus hijos

Irse de vacaciones con nuestros hijos es una de las experiencias más reconfortantes y potencialmente estresantes que se nos pueden plantear en un verano. Amamos a nuestros hijos y pocas cosas hay mejores que ver a nuestros vástagos correteando por la playa… pero también son como pequeños demonios de Tasmania… y eso es así, nos duela o no.

Pero siempre se le puede sacar algo positivo a todo. Hoy os traemos uno de los mejores ejemplos de como a un verano movidito se le puede sacar un muy buen partido y volver a estar, a nivel de salud, como cuando teníamos 20 años.



Jeremiah Peterson es el padre de tres hijos de 6, 7 y 9 años (vamos, las edades en las que más corren de un lado para otro). El pasado verano, los pequeños no tenían colegio (como es normal) y decidieron emprender unas bonitas vacaciones familiares.

El problema surgió cuando, lo que tenía que ser una bonita experiencia, se convirtió en toda una tortura por una razón completamente impredecible y que el pobre de Jeremiah nunca había contemplado.



En pleno mes de agosto y con el calor incidiendo de forma directa sobre sus pieles, el padre de familia se dio cuenta de que le era completamente imposible seguirle el ritmo de juego a sus hijos.

Él, en los últimos años y desde que había formado una familia, había descuidado bastante su físico y, por decirlo suavemente, su organismo había almacenado bastante más kilos de los que eran recomendables para una salud óptima.



Fue en ese momento que algo dentro de él despertó: tenía que cambiar algo en su vida si quería poder estar ‘a la altura’ de sus retoños y no perderse sus infancias por no poder jugar con ellos ‘como era debido’.

Se quedaba sin aliento constantemente y no era capaz de estar cinco minutos activo sin tener que sentarse a respirar profundamente… entonces decidió dar el cambio definitivo: era hora de empezar a hacer ejercicio y ponerse en forma de una vez por todas.



Fueron 6 largos meses de deporte intenso y diario. Jeremiah tenía 39 años, por lo que someterse a ese tipo de rutinas no era lo más fácil del mundo; ya no tenía 20 años. Aún así, decidió que, si no cambiaba ahora, no lo haría nunca.



La clave fue hacer deporte cardiovascular de forma regular cada día y mantener una estricta dieta completamente saludable. Nada de la comida rápida a la que estaba acostumbrado hasta ese momento.

Con el paso de las semanas, la cosa empezó a dar sus frutos. Cada vez podía dedicarle más horas a jugar con sus hijos sin estar al borde de morir en el intento. Los kilos iban menguando y cada vez tenía que comprarse menos tallas de ropa: su cuerpo estaba cambiando.



Para motivarse más, compartió su evolución en las redes sociales y, como estaréis viendo, su evolución solo podría calificarse de ‘sorprendente’. Ya poco queda de ese pasado ‘fuera de forma y poco saludable’.

Ahora, si lo miráis, lo único que podréis distinguir son unos abdominales de acero y unos brazos más dignos de un hijo de Zeus que de un simple mortal. En Montana (EE.UU), está siendo calificado ya como una suerte de semi-dios (vale, aquí hemos exagerado un poco).





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