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Animales Prehistoricos!

Sarcosuchus Imperator



El cocodrilo emperador (Sarcosuchus imperator, gr. "cocodrilo carnoso emperador" es una especie extinta de cocodrilomorfo neosuquio gigante del género Sarcosuchus que vivió durante el período Cretácico de la Era Mesozoica, hace aproximadamente 110 millones de años, en la zona que actualmente comprende el desierto del Sahara. En esa época, esta zona era una región selvática y pantanosa poblada por dinosaurios y distintas especies de plantas y animales, incluidos los cocodrilos, que sobrevivían gracias a la afluencia de grandes ríos de la época.



Archelon



Archelon es un género extinto de tortugas marinas de la familia Protostegidae de gran tamaño, hasta 4,6 m de longitud, que habitaban en América en el Cretácico Superior (entre 75 y 65 millones de años atrás).



Henodus



Medía alrededor de 1 m de anchura, y tenía el aspecto de una tortuga con el caparazón aplastado. Este caparazón era un escudo óseo que servía de protección, y sólo la cabeza, las patas y la cola sobresalían de éste. De esta manera minimizaba el efecto de depredación mientras surcaba los mares buscando comida. Las mandíbulas del animal eran anchas y muy fuertes, gracias a la acción de poderosos músculos. Los huesos del paladar y las mandíbulas inferiores conferían una gran fuerza a la mordedura. Las patas eran cortas, y sus dedos estaban unidas por una delicada membrana epitelial, a semejanza de los patos. Probablemente, usaban las patas a modo de aletas para mejorar el rendimiento de la natación. La cola era corta y plana, y se movía a los lados mientras nadaba. La cabeza era pequeña, al igual que las cuencas oculares. Se cree que no tenía la facultad de retraer la cabeza bajo la concha como las tortugas actuales. A ambos lados de la parte superior del cráneo, poseía un orificio característico que también poseen otros reptiles.



Apthoroblattina




Apthoroblattina es un género extinto de insectos blatópteros primitivos del período Carbonífero, con una morfología parecida a la de las cucarachas. Se han encontrado fósiles en Inglaterra, Gales, Estados Unidos y Rusia. Al espécimen paratipo de la especie A. johnsoni se le ha registrado una longitud total de 43 mm y una anchura de 38 mm,2 mientras que los especímenes tipo de A. sulcata se han documentado con una longitud de hasta 45 mm y 25 mm de anchura en su forma completa.

Otras fuentes datan su procedencia en el Pérmico y le atribuyen una longitud de «casi dos pies» (60,96 cm),5 información muy extendida por Internet en blogs y páginas similares,6 si bien no se encuentran fuentes académicas que la sustenten.



Xiphactinus



Xiphactinus medía de 4,3 hasta 6 metros de longitud. Poseía radios óseos que sobresalían del cuerpo y se introducían en las aletas para mantenerlas firmes. Controlaba su enorme cuerpo gracias a estas aletas, y de esta manera conseguía una buena maniobrabilidad para su talla, optimizando su eficacia depredadora. Sus mandíbulas tenían un gran tamaño, y pudieron funcionar a modo de tubo de succión para atrapar sus víctimas. La cabeza era chata, un poco parecida a la de un bull dog y su cola más bien fina.



Megaloceros



El ciervo gigante alcanzaba una altura de 2,2 m a la cruz en el caso de los machos, bastante mayor que el más grande de los alces. Se trataba de una especie con fuerte dimorfismo sexual, pues las hembras eran considerablemente más pequeñas y gráciles que los machos, además de carecer de su impresionante cornamenta.

Tradicionalmente, el tamaño de los cuernos del alce irlandés ha sido tachado de "exagerado", fruto de una selección sexual llevada tan al límite que habría acabado con la especie. No son raros los dibujos de libros antiguos en los que el ciervo gigante aparece enredado con sus propios cuernos en la maleza y los árboles, siendo así capturado fácilmente por un león de las cavernas o un grupo de hombres primitivos. En realidad, tales representaciones carecen de sentido, empezando por el hecho de que los ciervos gigantes eran animales que vivían en las tundras y estepas abiertas y no en bosques cerrados como los ciervos europeos y los gamos. El ciervo gigante no se extinguió por culpa de su cornamenta que (lógicamente) sólo llevaba en otoño e invierno, durante la época de celo. Entre los cérvidos se da el hecho de que la cornamenta del macho crece en mayor proporción que el resto del cuerpo, siendo pequeña en el corzo o el pudú, mediana en el ciervo y el gamo y grande en el alce; una vez que se ha podido determinar la relación cuerpo/cornamenta, se puede calcular cuánto de desproporcionada está de verdad la de un animal, y de acuerdo con los estudios de paleontólogos como Stephen Jay Gould, el Megaloceros tenía la cornamenta que le correspondía por su tamaño. Especies insulares enanas como el Megaceros algarensis de Cerdeña o el Megaceros cretensis de Creta tienen cornamentas mucho más pequeñas y de proporciones, tanto en tamaño bruto como en relación al resto del cuerpo, más parecidas a las de cérvidos de sus tamaños respectivos que a las de su gigantesco primo.



Josephoartigasia Monesi



La especie medía aproximadamente 3 m de largo y 1,5 m de alto. En vida tenían aproximadamente el tamaño de un coche. Sus incisivos eran de más de 30 cm de largo. El animal pesaba alrededor de una tonelada,1 y se alimentaba de pastos blandos.

La especie, una de las dos registradas hasta la fecha del género Josephoartigasia (la otra es J. magna),1 fue reconocida en base a fósiles de su cráneo, que es de 53 cm de largo. El animal viviente más cercano es el pacarana.

Reemplaza así al mayor roedor conocido, Phoberomys pattersoni, de 700 kg, un animal en cierto modo relacionado, pero más antiguo, que vivió en lo que hoy es Venezuela durante el Mioceno Superior.



Pulmonoscorpius



En vida, esta especie llegaba hasta 1 metro de longitud, y tenía una semejanza superficial a los escorpiones modernos. Se cree que Pulmonoscorpius llegó a un tamaño tan grande debido a una mayor concentración de oxígeno atmosférico en el Carbonífero. Esta fue del 35%, mientras que hoy es sólo el 20%.



Thylacoleo Carnifex



Los leones marsupiales eran carnívoros cuadrúpedos de 75 cm de altura y 151 cm de longitud, más o menos del tamaño de un leopardo grande. Estas medidas pueden parecer modestas, pero dentro de los marsupiales (que suelen tener tamaños menores que los de sus homólogos placentarios, debido a su particular sistema de desarrollo), son bastante respetables. De hecho, el león marsupial es el marsupial carnívoro de mayor tamaño conocido, sólo seguido de cerca por el Thylacosmilus del Plioceno de Sudamérica. Con una constitución fuerte, se estima su peso en 130 kilos (algunos cráneos indican que algunos individuos llegaban a pesar 163 kg).

Los rasgos más extraños del león marsupial se encuentran en las mandíbulas, y son debidos a sus primitivos orígenes vegetarianos. Debido a su dieta herbívora, todos los diprotodontes del Oligoceno hacía ya tiempo que habían reducido considerablemente o perdido sus colmillos, y los tilacoleónidos no volvieron a desarrollarlos. En su lugar, los incisivos y premolares se hicieron cortantes y pasaron a cumplir la función de capturar y matar las presas. La mandíbula era excepcionalmente robusta y recientemente se ha calculado la presión de su mordida en unos 100 kg, lo que convierte al Thylacoleo en el mamífero con el mordisco más potente en relación a su tamaño que ha existido. Esto le permitía matar presas mucho más grandes que él, como los grandes canguros de la subfamilia de los estenurinos o incluso al Diprotodon, el marsupial más grande que ha existido, de tamaño algo mayor al de un rinoceronte blanco.

La cola era bastante larga y gruesa, seguramente para ayudar a equilibrar el animal durante la carrera, y el cuerpo corto, con un pecho ancho de músculos macizos. Las cuatro patas tenían una longitud similar, aunque los músculos de las delanteras estaban más desarrollados, pues servían para aferrar a las presas antes de morderles la garganta, como hacen actualmente los grandes felinos. En cuanto a los pies, éstos se apoyaban totalmente durante la marcha, como ocurre en los osos o los humanos, y no sobre los dedos, como en los felinos y cánidos. De sus ancestros arborícolas conservaban un pulgar oponible en cada pie, los dos de las patas traseras estaban desprovistos de uña, pero los de las delanteras estaban coronados por una enorme garra curva que utilizaban para aferrarse a los cuerpos de sus víctimas, junto con las de los otros cuatro dedos.



Elasmotherium Sibiricum



Al igual que el rinoceronte lanudo, el elasmoterio también tenía espeso pelo lanoso, por eso a veces se le llama rinoceronte lanudo unicornio. Este animal alcanzaba una longitud tan grande como la de un elefante, de 6 metros de largo y dos de altura. El cuerno frontal podía llegar a alcanzar los 2 metros, y el peso de un ejemplar adulto era de 6 toneladas.



Meganeura



Meganeura, es un género extinto de insectos protodonatos de la familia Meganeuridae. Entre sus especies se encuentra Meganeura monyi, un insecto de gran parecido con las libélulas actuales, con las que está emparentado, que vivió en el período Carbonífero (hace 300 Ma). Con una envergadura de alas de más de 75 cm, constituye la mayor especie conocida de insectos que jamás haya existido sobre la Tierra. La especie del Pérmico Meganeuropsis permiana es también de gran tamaño. Eran insectos depredadores que se alimentaban de otros insectos e incluso de pequeños anfibios.

Sus fósiles se descubrieron en los estratos de la edad Estefaniana de Commentry, en Francia, en 1880; en 1885, el paleontólogo francés Charles Brongniart describió el fósil y le dio nombre. Otro buen espécimen fósil se encontró en Bolsover, Derbyshire, en 1979. El holotipo se aloja en el Museo de Historia Natural de Paris.

M. americana, descubierta en Oklahoma en 1940, es una especie representada por la mayor ala de insecto jamás encontrada; se conserva en el Museo de Historia Natural de Harvard.




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