1. Arte y Cultura
  2. »
  3. Otros

Conocé el Nürburgring argentino. Está en Tandil.

Sé que este tipo de posts no son muy populares.

Pero me encantaría que vean esas fotos de esta zona encantadora de Argentina y no tan conocida por los extranjeros que ven esta página.

Resumí todo lo que pude para que no sea tan denso el posteo. La nota completa está en la Fuente.




Tandil:


Un viaje al temible Nürburgring argentino







“Era un circuito difícil y peligroso. En la Bajada de Belén, se te paraba el corazón. Siempre pensaba que ahí se iba terminar mi carrera deportiva. Me bajaba del auto temblando”. Así recuerda Juan María Traverso al circuito semipermanente de Tandil. Tenía 32,2 kilómetros de extensión y le decían “el Nürburgring argentino”.





El Turismo Carretera corrió ahí entre 1977 y 1992.

Lo prohibieron por ser demasiado peligroso.

Fue escenario de muchos accidentes y ahí falleció el piloto Octavio Justo Suárez, en 1984. Hasta un tipo como Traverso -seis veces campeón de TC y siete de TC2000– reconoce que en Tandil se moría de miedo.

El “Infierno de Tandil” era una combinación de rectas muy veloces, con los desniveles propios de las sierras, encadenados por curvas complicadas. A su lado, el “Infierno Verde” alemán que le cedió su apodo parece chiquito: tiene 20,8 kilómetros de extensión. La diferencia es que Nürbugring todavía existe.

Los rastros del semipermanente de Tandil, en cambio, están sepultados bajo la tierra y la basura.




Empecemos con las fotos. POR FAVOR LEAN las descripciones de cada foto!


Son las nueve de la mañana de un sábado y, en la Ruta 3, hay mucha niebla. Son bloques intermitentes de nubes espesas y grises, apoyadas sobre la llanura pampeana.

El trazado recorre parte de la ciudad de Tandil e incluye a las Rutas Provinciales 74 y 30.




La recorrida fue con un Mercedes-AMG C 63 S de 510 caballos de potencia.




La largada y el Parque Cerrado estaban sobre la Avenida Saavedra Lamas.




La línea de meta la marcaba este mapa de la provincia de Buenos Aires, delineado con adoquines provenientes de las canteras de Tandil.





Recta veloz, con leve curva en bajada hacia la izquierda. Casi ciega, por la cercanía de los árboles.




Ingreso a Las Viboritas de Don Bosco, tres curvas entrelazadas: primero en subida, después en bajada, también ciegas.




Atrás, las Viboritas y las sierras. Acceso a la Ruta Provincial 74. Curva conocida como Paraje El Gallo.




Chicana del Paraje Los Mimbres. La tierra casi tapó por completo al asfalto.




El monolito marca el lugar del accidente fatal de Octavio Justo Suárez.




Se convirtió en un santuario, rodeado de objetos religiosos.




Segunda chicana en la RP74, construida luego de la muerte de Suárez.





Cruce de Scarminacci, que une la RP74 con la RP30.




Primera chicana sobre la RP30, hoy convertida en un basural a cielo abierto.





Segunda chicana sobre la RP30, invadida por los pastizales.





Punto de reunión del público: la Escuela Agrotécnica Doctor Ramón Santamarina.




Paraje La Porteña. Empalme de la RP30 con la Avenida Estrada. Este tramo se utilizaba en las viejas carreras de TC previas al semipermanente. Aquí murió el piloto Juan Facchini, en 1965.




Curva de la Cantera Montecristo. Punto más elevado del circuito.





La ciudad de Tandil, allá abajo. Aquí comienza el largo y vertiginoso descenso del circuito.



Entre tobogán y tobogán, alguna chicana para bajar el promedio de velocidad. Esta se encuentra frente al acceso a El Centinela.




La famosa Bajada de la Quinta de Belén. Acá se congregaba la mayoría del público. Hoy es un paseo rodeado de casas de té.




La rotonda de Marchini. Aún hoy es una curva peligrosa. Más de un auto se incrustó contra las paredes de ladrillo de la construcción que se ve al fondo (hoy una popular parrilla tandilense).




Curva de la Quinta del Banco Provincia.




Última chicana antes de la recta de largada. Hoy es el drive-in de unas cabañas turísticas.





Nada más argentino que el TC.





El circuito semipermanente de Tandil tenía 32,2 kilómetros de extensión.















Los TC de esa época ya utilizaban el recurso de los diseños aerodinámicos, para vencer la resistencia del viento. Pero tenían un defecto: eran muy altos. El elevado despeje del suelo era necesario para no tocar abajo en esas rutas, que estaban muy lejos de tener un asfalto perfecto. El infierno más temido por todos era este: embolsar aire bajo el auto y salir volando a más de 200 km/h.

Eso fue lo que le pasó a Suárez, en la recta de la Ruta Provincial 74. Venía a fondo, protegido del viento por un monte de árboles pegados a la ruta. Pero, al llegar a un claro, una racha le pegó de costado y la Dodge despegó del suelo. Dio varios tumbos en la banquina. El auto se prendió fuego. Octavio Justo Suárez no pudo escapar.



Gracias a Todos por pasar!!!





+94
43
0
43Comentarios