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Cuando el colegio es un infierno



A continuación les presento, varias historias de niños y adolescentes que sufrieron acoso escolar en sus colegios, son historias desgarradoras y verídicas, léanlas y mediten acerca de este mal que afecta a la sociedad.



Ante de presentarles estas historias desgarradoras, les informo un poco acerca del acoso escolar.


Acoso Escolar

Según estimaciones de la Union Europea, el 3,3% de los estudiantes europeos son víctimas de matonismo continuado y tienen miedo de ir a clase cada día. También se traduce en trastornos físicos por la presión psicológica que sufren. "Son comunes los vómitos, dolores intensos de cabeza, trastornos del sueño...". Este 3,3% de agresiones tienen unas características comunes que lo diferencian de una vulgar pelea de patio: es continuado, con intención de hacer daño, ocurre en el entorno del centro escolar y cuenta con el silencio cómplice del grupo. Es un maligno juego de dominio, demostración de fuerzas y reafirmación en el grupo, ante alguien más débil.



El agresor es incapaz de ponerse en el lugar del agredido y a veces llega a pensar que se merece el tormento porque "le está provocando". La actitud de desprecio y violencia sirve para demostrar al grupo, principal espacio de desarrollo en esta etapa evolutiva, que son fuertes y para ganar una posición de supuesto respeto respaldada por el silencio de sus compañeros. El acosador no suele identificarse como tal. Considera que las agresiones son bromas, y suele sufrir problemas familiares y de inseguridad en sí mismo que se ocultan bajo la actitud del matón. Las víctimas, en cambio, suelen ser niños sobreprotegidos, con dificultades para relacionarse con los demás.






LOLA, 15 AÑOS


"Soy la 'pato', la 'larga' y la 'plana"




Empezó en septiembre. El día que Lola se cayó en clase de educación física. "Era la nueva. Desde ese día fui la pato". No ha pasado un día en el que no la insulten. "La pato, larga, plana, cuatro ojos... Todo sirve para meterse conmigo", explica. Los que la insultan son un grupo de tres compañeras de la clase "que se creen mejor que nadie". Cuando pregunta algo en clase, la ridiculizan: "Me interrumpen y gritan: '¡Mentira, mentira!". También propagaron por los pasillos cómo era su sujetador un día que se le vio al quitarse el jersey. Los primeros días creía que eran bromas, pero ha pasado un curso completo sufriendo porque su cuerpo "es diferente", explica. Le pidió a su mejor amiga que le acompañara a hablar con el profesor. "Ella había pasado por lo mismo en otro instituto. Unas matonas le pegaron varias veces", señala. "Yo ya no aguantaba más. Me dijo que iba a ser peor cada vez y que debía pararlo ya". Lo más duro de este curso para Lola ha sido sentirse sola. Nadie la defendió, aunque sabían lo que pasaba. "No se atreven con los populares; como yo era la nueva...", concluye.




LUIS, DE 11 AÑOS


"Me querían partir las piernas"




El padre de Luis recibió una llamada un fin de semana: "A su hijo le están amenazando. Tenga cuidado". Luis, que estaba en tratamiento por depresión, nunca había dicho nada en casa. Y nadie imaginaba lo que estaba pasando en la escuela. Recibía amenazas a diario: "Pu.. miedoso, ma... de mie..., vamos a por ti...". Por los pasillos se comentaba que le iban a partir las piernas. Su padre decidió hablar con el profesor, pero no sirvió para nada, porque éste se limitó a quitarle importancia. "Cosas de niños", le dijeron. Recurrió a la inspección educativa y ésta le remitió al centro escolar.

Pero Luis ya no se atreve a salir de casa. Tiene miedo. Así que siempre anda poniendo excusas. Sufre fuertes dolores de cabeza y tiene ansiedad. Los hostigadores son siempre los mismos: unos chicos del colegio que van siempre juntos, mayores y más fuertes que él. Le da miedo pensar que pueda encontrárselos por la calle y que si va solo, le peguen una paliza. Su padre solicitó al director del centro medidas especiales. Ahora está a la espera de soluciones.




JUDITH, DE 13 AÑOS


"Dos meses sin ir a clase por miedo"




Desde principio de curso, Judith vomitaba frecuentemente y tenía muchos nervios cuando tenía que ir a clase. "Me llamaban aburrida, sosa, y decían que no sabía divertirme", explica. Así se fue quedando sola, aislada, sin nadie a quien recurrir o a quien contarle cómo se sentía. No se le daba muy bien hacer amigos. A veces estaba tan agobiada de no poder jugar con los demás, que aguantaba desprecios sucesivos y empujones hasta que los agresores se hartaban y la dejaban jugar. Un día le dijeron que se fuera del instituto, que no la querían allí, o que se tirara por una ventana como habían hecho otros chicos.

Desde hace dos meses no ha vuelto a clase. Su familia ha recurrido a un psicoterapeuta para ayudarle a superar el problema. Los vómitos y la ansiedad continúan y están intentando cambiarle de colegio. Le han seguido llegando mensajes amenazantes: "Aunque cambies de colegio, te buscaremos e iremos a por ti".




LORENZO, 27 AÑOS


"Después de tres lustros, sigo marcado"



"Tengo 27 años y aún sufro las secuelas que me provocó el acoso al que me sometieron mis compañeros de clase durante parte de mi adolescencia". Así comienza el correo electrónico que Lorenzo envió a la organización SOS Bulling. Hace más de 15 años que sufrió el matonismo escolar y aún le sigue angustiando recordar situaciones sufridas entonces cuando estaba más gordo que sus compañeros de clase. "Mis compañeros se burlaban de mí porque ninguna chica quería salir conmigo". Un día le invitaron a una fiesta, "para reírse de mí", asegura. "Una chica se me insinuó, me llevó a una habitación y se mostró cariñosa. Cuando íbamos a besarnos, se encendieron las luces. Ella se apartó y salieron los compañeros de debajo de la cama riéndose. Las burlas prosiguieron en el instituto, y eso duró años", explica Lorenzo.

Aún hoy apenas puede relacionarse con chicas y es extremadamente tímido. Sigue intentado superar sus traumas con ayuda médica, aunque sin éxito. "Cuando eres adolescente, estas actitudes pueden dejar estragos irresolubles", dice.






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