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Detroit, la ciudad fantasma que intenta sobrevivir

Detroit fue una de las cinco ciudades más importantes de Estados Unidos, y era todo un hervidero industrial y cultural hasta que el sueño americano terminó en decadencia.
Aquí la historia.



Allá por los cincuenta, su población llegó a los dos millones de habitantes y fue una de las cinco ciudades más importantes del país, pero hoy la situación es otra ya que su población no paro de caer hasta los 700 mil habitantes y tiene los peores índices en materia de desocupación, pobreza, criminalidad y analfabetismo.







Los tres grandes fabricantes de coches norteamericanos, Ford, General Motors y Chrysler nacieron en esta ciudad, aunque cuando el gobierno de EE.UU. permitió que los fabricantes de coches extranjeros se hicieran un hueco en la industria estadounidense empezó a venirse abajo












La abandonada fábrica de Packard en Detroit

Los fabricantes tradicionales perdieron cuota de mercado y eso llevó a la pérdida de empleos, sumado a que la estructura de la ciudad estaba pensada para albergar aquellos dos millones, y por eso, los que migraron dejaron sus casas vacías, las escuelas, las iglesias, y hasta en ciertos barrios, Detroit es un pueblo fantasma en donde quedaron abandonadas miles de propiedades.




Sinagoga abandonada en uno de los barrios fantasmas.

LA CAÍDA

Los cambios en las políticas comerciales permitieron a los competidores extranjeros hacerse un hueco en la industria automotriz estadounidense, y los fabricantes locales fueron algo perezosos, por lo que perdieron cuota de mercado y beneficios.













Eso llevó a la pérdida de empleos, motivo el cual su población siguió disminuyendo, mientras que la delincuencia aumentaba rápidamente y decenas de miles de casas como el mismo distrito comercial del centro de rascacielos quedaron vacíos por lo que la mitad de los ciudadanos vivían (y algunos aun viven) en la pobreza.







El mayor problema fue el saquedo de las propiedades, puesto que eran despojadas de cualquier objeto de mínimo valor, y finalmente eran incendiadas por pirómanos.



Las llamas y las autobombas se convirtieron en una imagen naturalizada en este rincón del mundo, y en algunos casos, el fuego arrasaba a pedido de los propietarios, a la espera de cobrar un seguro y marcharse.


















La antigua estación de tren de Detroit, a la izquierda, y una casa también abandonada.

El golpe de gracia para la ciudad de Robocop (a quien los ciudadanos propusieron hacerle un monumento, en un acto del más puro sarcasmo) llegó en 2013, cuando en julio se declaró la bancarrota con una cesación de pagos de u$s 20.000 millones.















Esto fue producto de la crisis de 2008 y de la migración de las clases medias y altas de la ciudad hacia los suburbios, por lo que éstos dejaron de tributar a la ciudad y a esto se sumó que un exalcalde, Kwame Kilpatrick, fue tras las rejas por delitos de corrupción.





Un mediodía en Detroit es como una madrugada en cualquier otra gran ciudad: da la sensación de que los espacios se han quedado grandes, de que la soledad te mete prisa, de que todo ha sido construido para gente que no está.





No es que Detroit duerma de día, es que lleva décadas de abandono.






East Town Theatre

Sólo un tercio de las ambulancias están en funcionamiento y los servicios de limpieza son deficientes, algunos sectores el agua o la iluminación no funcionan, y Bomberos y policía no cuentan con el material adecuado para realizar su trabajo.



UN LENTO RENACER

Hasta el año pasado seguía siendo igual de desoladora que antes de la quiebra, y no se veía en la calle más que algún vagabundo perdido, por lo que aprovechando que los actos de vandalismo han bajado, y a pesar de haber sido La Ciudad de los Coches ni siquiera se ven taxis y Detroit se está esforzando por salir adelante.











En la actualidad, con la activación de la industria automovilística la ciudad intenta ir reconstruyendo algunos de los edificios abandonados.



Dan Gilbert, multimillonario y dueño de los Cleveland Cavaliers - campeones de la NBA-, compró unos 70 edificios.





Trasladó a sus empleados a Detroit, restauró otros e instó a otras compañías a hacer lo mismo. Por primera vez desde el “abandono” de la ciudad, el número de trabajadores está ascendiendo y las expectativas es que continúe ese camino.



Varios rascacielos hermosos que estaban en ruinas han sido o están siendo restaurados, y todas las propiedades de alquiler ubicadas en las buenas zonas siguen en ascenso.





Se acercan vecinos a comprar lotes vacíos por escasos u$s 100.- en las subastas que se organizan a nivel municipal para adjudicar propiedades, y de paso ayudan a mantener la ciudad.



Si bien parece poco adquirir un lote a ese monto, se recuerda que en el 2008, en plena crisis, había propiedades que se vendían por menos de u$s 1.-, como una lata de gaseosa.



La ciudad perezosamente está comenzando a revivir y aun están a salvo los imponentes murales industriales de Diego Rivera de la década de 1930 que realzan a los obreros de las automotrices.


En esos casos está lo simbólico, y quizás la esperanza de Detroit en reanimar sus restos y crear sobre lo que alguna vez fue, aunque hasta el día de hoy la Ciudad solo sigue soñando entre pesadillas.


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