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Dj Geisha o una pequeña revolución en la ilustración japones

Dj Geisha o una pequeña revolución en la ilustración japonesa

La ilustradora Yuko Shimizu subvierte la delicadeza y la sumisión de esta figura tradicional



Si hay algún ilustrador japonés que consiguió que su obra pasara a formar parte de la cultura visual popular en occidente ese es Katsushika Hokusai y su Gran Ola de Kanagawa, publicada en 1830. Desde entonces, el fructífero periodo Edo de la historia de Japón, y la estética que proyectó en el arte tradicional, han marcado a cientos de ilustradores de ese y otros países del mundo, hasta llegar a convertirse en una especie de popurrí orientalista manido.

Por suerte, siempre hay creadores que consiguen subvertir y renovar su belleza. Es el caso de Yuko Shimizu, una reputadísima ilustradora con sede en Nueva York que llegó a ser nombrada una de las 100 personas más influyentes de Japón por la revista Newsweek en 2009. Aunque sus inicios estuvieron en el área del marketing para empresas, en 1999 se mudó a Estados Unidos y estudió arte. Desde entonces, ha trabajado para grandes marcas mundiales y para los principales medios de comunicación, desde Rolling Stone a The New York Times.

Las obras de Shimizu beben del cine de artes marciales y de los trazos más potentes de los artistas de su país. Algunas de sus escenas parecen tarantinianas, y no es casualidad que el director estadounidense sea uno de los más influenciados por el cine asiático de nuestro tiempo. En esta serie de ilustraciones, las protagonistas son las geishas. Seres delicados, serviciales y tradicionalmente formados en la discreción y las artes tradicionales japonesas.

La subversión de Shimizu consiste en recontextualizar a estas mujeres de porcelana en el siglo XXI: sus geishas son Djs, super heroínas, posan en bikini, tocan la guitarra eléctrica, llevan tatuajes y muestran su prohibido cuerpo sin pudor. De modo que la ilustradora propone no sólo una obra potente y tremendamente atractiva, sino una rebelión de género en una de las instituciones tabú de su país. No en vano Shimizu se pasa la vida diferenciándose de otra ilustradora con la que comparte nombre y apellido: “No, yo no soy la creadora de Hello Kitty”, dice en su página web. Ha quedado bastante claro.





















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