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El Cuadro Maldito ...



CAPÍTULO I:

Corre el año 1965 en Pittsburg, Pennsylvania.

19 de Noviembre de 1965.

Fredic (El hombre de la casa): - Familia, junten sus cosas. He comprado una hermosa casa en el bosque.
Alice (mujer de Fredic): - Así es niños, no queremos que crezcan en una ciudad como ésta. Comiencen a preparar sus maletas.
Juliett (Hija mayor): - Pero padre… ¿qué tiene de malo éste lugar?
Alfred (tercer hijo de la pareja): - Si, es verdad. ¿Qué hay de nuestros amigos y de la escuela?
Fredic: - Tranquilos, tranquilos. Ésta ciudad está llena de gente bebiendo alcohol, tomando drogas; los jóvenes son cada vez más irrespetuosos. No queremos eso para ustedes.
Alice: - Exacto, y en cuanto a lo de la escuela, yo les voy a enseñar en casa todo lo necesario para la vida. (Dijo sonriendo).
Fredic: (Mirando a su esposa, la toma de la cintura y exclama) – Bueno ¡¿Qué esperan?! A preparar las cosas que mañana a primera hora nos estaremos marchando.

Los McSanders, son una familia numerosa que consta de 7 hijos. Juliett de 17 años de edad, Anne (15), Alfred (14), Jeremy (10), Emilie (8), y los mellizos Charles y Donna (5).
En cuanto a Fredic y Juliett son una pareja de 41 años de edad cada uno.
Se conocieron hace 18 años, un domingo de otoño mientras la señora McSanders cantaba en el coro de la iglesia. Ambos son personas muy estrictas, ya que fueron educados muy severamente y eso es lo que quieren para sus hijos. Al ver que la gente en la ciudad empieza a ser más liberales mentalmente, se asustan y deciden irse a vivir al sur de Pittsburg.
Fredic ha comprado una gran casa de dos pisos, con 12 habitaciones, una cocina con un gran comedor y un enorme living donde se encuentra una escalera de alfombras rojas. El lugar necesita remodelaciones pero nada que no se pueda solucionar con el paso del tiempo.

20 de Noviembre de 1965.
La familia llega a su nuevo hogar en su Ford Country Squire modelo 1955.

El padre baja del coche y mirando la casa con una gran sonrisa, comenta: - Queridos… ¡Bienvenidos a su nuevo hogar!

Todos quedaron asombrados, pues no les alcanzaban los ojos para mirar todo el lugar. Los niños entraron corriendo a la casa para elegir cada uno, lo que sería su nueva habitación.

Alice (gritando con una sonrisa): - Tranquilos que hay cuartos para todos.
Luego miro a su marido y le besó.

Ese día lo dedicaron a poner cada cosa en su lugar, después de que el camión de mudanza llegara.



CAPITULO II

27 de Noviembre de 1965.

Fredic comienza con las reparaciones de la casa mientras que Juliett, su hija mayor, se dedican a enseñar a los niños más pequeños; los horarios de estudio eran de 7 a.m. a 10 a.m y de 16 p.m. a 17:45 p.m. Tenían una rutina muy estricta comenzando la mañana a las 5:30.
El señor McSanders decide ir al sótano para ver si allí hay algún tipo de herramientas que le puedan servir para comenzar a reparar la casa.
Toma un farol, lo enciende y empieza a bajar las escaleras lentamente mientras va quitando las telas de araña que se atraviesan por su camino y tosiendo a su vez, a causa del polvo que hay allí.
Fredic: - ¡Caramba! Sí que hay cosas aquí.
El lugar estaba repleto de muebles y obras de arte, seguramente del dueño anterior. Se veían muy antiguos.
Fredic: - ¡Señora! (Exclama llamando a su mujer) ¡Venga para acá!
Alice bajó las escaleras tosiendo y tanteando al aire para evitar tropezarse con algo.
Alice: - ¿Qué sucede, cariño?
Fredic: - Mira nada más todo éste tesoro. Ja. ¡Qué maravilla! ¿Verdad?
Alice sorprendida responde: - ¡Cielos, es… increíble! Podríamos usar algunas de éstas cosas. Échale un vistazo a esos cuadros, cariño. ¿Te gustan?
Fredic: - Si, son bonitos. En cuanto encuentre clavos, lo colgamos. ¿Qué tal éste? (Preguntó mientras tomaba con sus dos manos una pintura sucia y vieja que contenía un payaso con sus enormes manos abiertas y sus dedos bien separados unos de otros).
Alice: Bueno… no me simpatizan mucho los payasos, ya sabes… pero para la pieza de los mellizos no está mal ¿Verdad?
Fredic sonrió.
Ese mismo día a las 21.30 p.m. la familia ya terminaba de cenar y mientras Juliett, Anne y Alfred se encargan de limpiar la cocina, Alice va a desearle buenas noches a los más pequeños, Charles y Donna.
Donna: - Madre, cuéntanos un cuento.
Alice mientras los acobija con cariño, sonríe y les relata una hermosa historia de amor, magia y fantasía.
Charles: - Amo tus historias madre.
Donna: - Si, deberías escribirlos para que los demás niños también puedan conocerlas. (Sonríe mientras se tapa su rostro con el acolchado).
Alice se sonroja mientras se levanta de la cama para salir de la habitación: - ¡Jaja! Si, es buena idea. La voy a tener en cuenta. ¡Buenas noches!
Al darse media vuelta, cuando se dirige a la ventana para cerrar las cortinas, se da cuenta de que al lado de la misma, se encuentra el cuadro del payaso. Quedó paralizada viéndolo por unos segundos sin pensar nada.
Fredic: - ¡Oh! Querida… ¿Ya has visto como quedo? – Pregunta mientras se asoma por la puerta para darles los besos de buenas noches a los mellizos.
Alice: - Si, no me imaginé que lo ibas a poner tan rápido.
Fredic sonrió, beso a los niños y levantando la vela que iluminaba el lugar, salieron ambos de allí cerrando la puerta a continuación.

8 de Diciembre de 1965
La vida de los McSanders iba cada vez mejor en su nuevo hogar. Las cosas marchaban como ellos lo esperaban. Los niños seguían con sus rutinas de estudio, mientras Fredic se encargaba de traer todos los días el pan a la casa.
Esa noche, como todas, Alice cuando terminaba de desearle dulces sueños a los mellizos, observó en el cuadro que el payaso tenía sólo 9 dedos, de los diez, levantados. Ella lo miró extrañada ya que le había parecido que tenía todos los dedos arriba.
Salió tan pronto como pudo de aquella habitación y fue a buscar a su esposo.
Alice: - Fredic, ha pasado algo mmm, no sé cómo llamarlo, ¿raro? Si, esa es la palabra, raro en el cuadro del payaso.
Fredic sonriendo sarcásticamente pregunta: - ¿a si? ¿Qué sucedió? ¿Te contó un chiste? ¿Te hizo alguna broma? Jajaja.
Alice: - Vaaamos Fredic, te hablo en serio. Mira, él tenía todos sus dedos levantados y bien separados sin embargo, hoy cuando fui a acostar a los niños, su dedo pulgar estaba abajo. ¿Entiendes? Cerrado.
Fredic: - Creo que estás enloqueciendo, cariño. (Dijo mirándola fijamente a los ojos y luego la besó en la frente) tranquila mujer, tal vez viste mal por la poca luz que hay, es de noche. Mañana, por la mañana, iremos los dos juntos y veremos que la pintura está igual que siempre. Ahora descansa.
Alice, poco convencida pero sin otra opción, se acostó y apagó su vela.




CAPITULO III

9 de Diciembre de 1965.

Juliett: - ¡Buen día, madre! ¿Cómo has dormido? – Le preguntó a su madre mientras besaba su mejilla.
Alice: - Bien, hija ¿Y tú?
Juliett: - ¡Bien, gracias! Veo que preparaste un gran desayuno. ¡Cielos! Se ve delicioso.
Alice: - Si, me levanté con ganas de dales mimos a mi hermosa familia. Ahora ve a despertar a tus hermanos.
Juliett: - Bueno. (Mientras se retiraba de la cocina, Juliett retrocede y comenta): Ahhh, madre, Margot me invitó a ir a su casa a dormir, éste sábado. ¿Será que podría ir? Juro que no haremos nada malo.
Alice, pensando pregunta: - ¿Quién estará a su cuidado?
Juliett: - Su madre y su hermano mayor.
Alice se da media vuelta mirando a su esposo que acaba de entrar a la cocina y le pregunta a él si podía ir o no a la casa de su amiga.
Fredic: - Está bien, te dejo porque te has portado muy bien, pero si me llego a enterar de algo…
Mientras hablaba, Juliett le corta la conversación: - Tranquilo, padre. ¿Cuándo te he fallado?
El señor McSanders sonriendo y agachando la cabeza con las manos en sus caderas le dice: - Cierto, tú eres una buena niña. Ve a llamar a tus hermanos.

Sábado 13 de Diciembre de 1965.
Son 15.35 de la tarde Juliett se despide de su familia para ir a dormir a lo de su amiga Margot.
Todos salen de la casa para saludarla mientras se va en el autobús que pasa al frente de la carretera.

Domingo 14 de Diciembre de 1965.

Anne le pregunta a Alice: - Madre, ¿cuándo va a volver Juliett?
Alice: - No lo sé, debería haber venido hoy por la mañana y mira, ya son las 17 de la tarde. Tu padre está muy enfadado. La castigará por esto.
Fredic aparece muy fastidiado, quitándose el cinto mientras interrumpe la conversación: - ¡Esa niña me va a escuchar!
Alice: - ¿Qué vas a hacer? – Pregunta preocupada y algo asustada.
Fredic: - Lo que debí hacer hace tiempo. Demostrarle quien es el que manda aquí.
Alfred que estaba escuchando la conversación opina: - Creo que esta vez se metió es graves problemas.
Emilie, unos segundos más tardes, comenta mientras juega con sus muñecas: - Es raro que ella haga algo así.
Alfred: - ¿Qué quieres decir con eso? Es adolescente, cree que puede hacer lo que quiera. Nada más.
Emilie: - No es verdad. Tú no sabes nada de ella.
Alice: - Tranquilos, niños, tranquilos. Es normal que a la edad de Juliett, pasen éstas cosas, pero no volverá a suceder. Jeremy, es tu hora de practicar piano. ¿Qué esperas?
Jeremy: - Si, madre. Ahí voy.
Dos horas más tardes, Fredic vuelve a la casa, con los ojos llorosos y el sombrero en sus manos. Alice al verlo, se levanta rápidamente del piano y va a su encuentro para preguntarle que le sucede.
Fredic: - No sé qué pasó.
Alice: - ¿Con qué? ¿Qué te pasa, cariño? ¿Y dónde está Juliett? Creí que habías ido a buscarla.
Fredic, llorando aún más exclama: - ¡A muerto!
Aturdida, Alice no entiende bien que está sucediendo. Retrocede unos pasos para poner sus ideas en orden y comprender lo que dijo su marido. - ¿Qué has dicho?
Fredic no hace otra cosa que abrazarla: - ¡Se ha ido, se ha ido!
Alice, explotando en llanto grita: - ¿¡Cómo que mi niña está muerta!? ¿Qué carajo estás diciendo? ¿La mataste a golpes? ¡¡Maldito bastardo!!
Fredic, la abraza aún más fuerte: - No, mi cielo. ¿Cómo se te ocurre? Cuando fui a la casa de Margot estaba la policía allí, me asusté y fui corriendo hasta donde pude acercarme. Intentaba explicarle que mi hija estaba ahí dentro, que quería verla y fue ahí cuando un oficial con una mirada tranquila me dice que Juliett estaba muerta.
Alice: - ¡Noooooooo! ¡Noo puede ser que mi niña esté muerta! ¿Qué le pasó? Por favor. ¡Dime!
Fredic: - No se sabe bien todavía, pero al parecer consumió drogas y su cuerpo no lo resistió.
Alice, enojada, exclama: - ¡¡Imposible!! Juliett no consumía drogas, ¿cómo puedes creer semejante tontería? ¿Acaso no conoces a tu hija, Fredic?

Tres días más tardes, los exámenes de la autopsia dieron que Juliett había consumido cocaína después de beber grandes cantidades de alcohol.
Los McSanders estaban devastados. Todavía no comprendían bien la situación ni superar su muerte, así es que un 13 de febrero de 1966, Fredic, al volver del trabajo, se bajó del auto con una enorme caja.
Fredic: - ¡Niños! Vengan aquí, les traigo una sorpresa. – Puso el objeto en el suelo y esperó a que sus hijos llegasen allí, entonces quitó la tapa y miró la reacción de sus rostros.
Jeremy: - ¡Es un perro!
Donna: - Es hermoso. ¡Gracias padre! – Exclamó mientras le daba un largo abrazo.
Todos empezaron a juguetear con el nuevo integrante de la familia. Fredic, por su parte, decidió ir al cuarto, para ver a su mujer, que desde la muerte de su hija, Juliett, no se levantaba.
Fredic: - Hola, cariño. ¿Cómo te encuentras hoy?- Preguntó mientras corría las cortinas para dejar entrar la luz del sol, que ya se estaba escondiendo.
Alice no contestó. De hecho, no hablaba desde aquel trágico día.
Fredic, al ver la reacción, continuó: - Le he traído un perro a los niños. Creo que es un buen momento, ellos siempre han querido tener una mascota.
El señor McSanders miró a su mujer pero no hizo mueca alguna. Tenía la mirada perdida. –Los niños extrañan tus cuentos, deberías ir a contarles uno. Hace tiempo no lo haces.
Volvió a mirarla y al ver que una lágrima comenzó a salir por sus ojos, comenzó a ponerse furioso, se levantó de la cama, donde se había sentado y empezó a gritar: - ¡¡YA BASTA, MUJER!! A todos nos duele la pérdida de Juliett, pero tenemos siete hijos más por el cual seguir viviendo, no podemos pasarnos la vida postrados en una cama, mientras nos matamos pensando en lo que sucedió. NADA PODEMOS HACER.
Alice llorando aún más exclamó con la voz cortada: - ¡Tú no entiendes mi dolor! No sabes nada. Sigues viviendo la vida como si nada hubiese pasado. ¡Yo no puedo!
Fredic levantando todavía más la voz, contestó: - Vas a tener que poder, porque te guste o no, es lo que el Señor nos puso en el camino y él no nos hace cargar con una cruz que no podamos aguantar, así que mañana por la mañana te vas a levantar y vas a comenzar a hacer la vida de siempre.
Alice: - ¿Con qué objetivo?
Fredic: - Con el objetivo de criar a todos nuestros hijos. – Quedó mirándola unos segundos, traspirado y con lágrimas en los ojos, luego salió de la habitación azotando la puerta con fuerza.



CAPITULO IV


27 de Marzo de 1966.
Alice comenzaba a salir adelante después de los duros meses que toda la familia había atravesando.
Eran las diez de la mañana, los chicos se encontraban en la mesa del living, estudiando; Fredic trabajaba en el garaje y tanto Anne como Alice decidieron ir a tender las camas.
Alice estaba en la pieza de los mellizos, entra Anne avisando que ya había acabado.
Anne: - Ya terminé, madre. ¿Deseas que haga algo más?
Alice: - Si. Que te sientes y hablemos. – Dijo mientras la quedó mirando con ternura.
Anne se sonrojó y le dio un abrazo: - Por supuesto. Abría que ponerle color a la casa, ¿Qué dices?
Alice: -¿Te refieres a pintarla?
Anne: - Si, a pintar las paredes. Mira, en este cuarto podríamos pintarlos de algunos colores tranquilos, para dejar se luzcan las camas y el cuadro ese. – Dijo señalando la pintura del payaso.
Alice miro el cuadro sin querer hacerlo y después de esto se sorprendió al darse cuenta de que el mismo había bajado un dedo nuevamente.
Anne: - Madre, ¿Qué te parece la idea? ¿Madre? ¿Te encuentras bien?- Decía la niña mientras observaba a su progenitora acercándose al cuadro con una mirada extraña.
De pronto, antes de que Alice logre tocarlo, la puerta de la habitación se azota por el viento que entraba desde la ventana lo que logra sacarla de ese estado casi hipnotizante que tenía.
Alice: - Ya vengo. Termina de armar la cama. – Dijo mientras salía casi corriendo de aquel lugar en busca de su esposo. Debía contarle lo que había sucedido lo antes posible.
Fredic: - Ahh, hola, cariño. Qué raro tu por aquí. ¿Qué ocurre?
Alice: - Pasó de nuevo.
Fredic: - ¿Qué cosa?
Alice: - El payaso, viejo. El payaso. Bajó otro dedo. Tenemos que irnos de ésta casa, no me gusta. No me gusta la energía que hay aquí.
Fredic: - ¿Irnos de aquí? Y ¿A dónde? Gasté todos nuestros ahorros en éste lugar, no podemos irnos así como así.
Alice: - No voy a esperar a que esa pintura lastime a uno más de mi familia. Si vienes conmigo o no, no es mi problema.
Fredic: - Tranquila, señora. – Queda pensando unos minutos sin decir palabra, la mira a los ojos y continúa hablando: Está bien, nos marcharemos, pero espérame unos meses, hasta que pueda juntar un dinero para poder pagar el alquiler de algún lugar.
Alice, mirándolo con tristeza le contesta: - Te esperaré, pero vayamos poniendo a la venta este maldito lugar, no quiero saber más nada con esto.

Esa noche, la familia McSanders almorzaba normalmente como todos los días pero en la mesa faltaba Alfred, así es que Fredic mandó a Anne a que lo vaya a buscar a su habitación. La niña va corriendo por las escaleras hasta llegar al cuarto de su hermano y al no verlo, decide ir al baño pero tampoco se encontraba allí. Empezó a buscarlo pieza por pieza hasta que no le quedaba ningún cuarto por ver.

Anne:- Padre, Alfred no está en la casa.
Al escuchar esa oración, a Alice, le empieza a latir cada vez más rápido el corazón, a punto tal que comienza a faltarle el aire, entonces, respirando profundo exclama: - ¡¿Cómo que no está?! ¿Buscaste bien en toda la casa?
Anne: - Si, madre. Busqué en todos los cuartos de la casa y no está.
Donna: - Yo lo vi salir al granero.
Fredic: - ¿Qué dices, niña? ¿Al granero?
Alice: - ¿Estás segura, cielo? ¿No te dijo a qué iba? ¿Fue hace mucho?
Donna: - No hablé con él, solo lo vi ir allí por la tarde, cuando termino de estudiar piano.

Fredic se levantó de la mesa y fue por su escopeta ya que justo en ese momento, las gallinas comenzaron a cacarear mucho; Alice fue por el farol, entonces salen corriendo hacia el granero.

Fredic: - ¡¡Alfred!! – Gritaba el padre mientras se acercaba al lugar. - ¡Alfred sal de ahí ahora mismo, muchachito!
Alice: - ¡Cariño! ¿Qué estás haciendo en el granero a ésta hora? Ven.

Fredic, después de unos intentos, logra abrir la puerta vieja del granero, toma el farol y entra con cautela para adentro, alumbrando cada lugar, cada esquina.
En el granero había unas trece gallinas, pajas, maíz, baldes, palas, un rastrillo y todo tipo de herramientas para campo. También había una pared toda rota por el descuido, Fredic decide alejarse unos centímetros por seguridad y lentamente ilumina detrás de esa pared.

Fredic: - ¡¡AAALFRED!!
Alfred estaba colgando de una soga. El niño de tan solo catorce años de edad había decidido quitarse la vida, pero… ¿por qué?
Alice, al escuchar aquel grito fue corriendo al encuentro de Fredic para ver qué sucedía. Un segundo más tarde estaba viendo como su marido intentaba bajar a su hijo de aquella soga que lo había asesinado.
Alice: - ¡¡NOOOOO!! Miii niño
Fredic con la voz cortada pero con esperanza de que Alfred esté aún con vida, le dice a Alice: - Agarra aquella vieja silla y aquel machete. Corta la soga. HAZLO AHORA.
Alice, hizo lo pedido y después de varios intentos por cortar la gruesa piola lograron dejarlo caer al suelo. El señor McSanders coloca dos dedos suyos en la carótida de su hijo para sentir el pulso, pero no hubo señales de vida; negando la realidad que estaba viviendo, decide hacerle reanimaciones mientras, a su lado, su esposa lloraba sin cesar.
Después de quince minutos intentando que su niño vuelva a la vida, Fredic, decide darse por vencido, fue entonces cuando su esposa lo abraza por la espalda y ambos lloran la muerte de su tercer hijo.

Alice: - Yo te lo dije – dice llorando – Es el payaso, el payaso del cuadro. No va a parar hasta matarnos a todos. Quiere que nos vayamos de aquí.
Fredic no decía palabra alguna, estaba shockeado. Por un lado la muerte de dos hijos en menos de un año, por otro el cuadro que estaba en la pieza de los niños menores y por otro lado, la realidad de que no tenían a dónde ir; no podían dejar la casa.
Luego de pensar unos minutos, se seca las lágrimas que caían por sus ojos, se pone de pié y con una lona que estaba tirada a tres pasos, tapa el cuerpo de su hijo.

28 de Marzo de 1966.
Por la noche nadie durmió en aquella casa. Estaban devastados por cómo había sido sus vidas en los últimos meses.
La familia se levanta temprano, como todos los días. El padre empieza a cavar un profundo pozo en donde enterrarían a su hijo Alfred, mientras que su mujer, Alice, viste el cuerpo del niño con ropa nueva y limpia su rostro, llorando a la vez y diciéndole cuánto lo ama.
Alice (llorando): - Bebé, no entiendo por qué nos has hecho esto; supongo que tenías un enorme vacío en tu pecho, quiero respetar tu decisión pero me cuesta. Aquí te necesitamos, no estábamos preparados para una pérdida tan grande. No entiendo, no entiendo. Creí que eras feliz. Siempre te di lo mejor de mí. ¿En qué fallé?
Anne entra para consolar a su madre después de escucharla: - Madre, usted no ha fallado en nada. Piensa que él debe estar en un lugar mejor. Quizás nunca pudo superar la muerte de Juliett. Quién sabe. Ya nada podemos hacer. – Anne abraza a su madre.
Fredic: - Señora, ya está todo listo. Anne ve a llamar a tu hermano. Los esperamos en el fondo de la casa.

La niña va a hacer lo que su padre le pidió, mientras que la pareja, va llevando el cuerpo envuelto en una tela, al lugar en donde lo enterrarán.
Nadie comió ese día. Tampoco se hablaba. Así fueron los siguientes tres días. Solo se decían las palabras necesarias. Estaban destruidos; no llegaban a entender la situación.



CAPÍTULO V:

5 de Junio de 1966.
Pasaron varios meses hasta que la familia volvió a la ‘normalidad’. Ahora se sentían más unidos, más fuertes que antes. El padre de familia trabajaba, además de en su taller, en el supermercado del pueblo, para poder ganar dinero extra y así poder irse de aquel bosque cuanto antes.
Pero el país no estaba pasando por un buen momento económico, así es que la paga no era muy buena y la gente tampoco hacía arreglar sus coches. Eran duros aquellos días. La poca plata que ganaba, la usaban para comer y para poder pagar los médicos que gastaban porque su hija Emilie no estaba bien de salud. Aún no sabían que tenía, pero los remedios que le daban para calmar sus dolores, eran caros.
Alice: - Hoy tenemos turno con el doctor de Emilie, no te olvides.
Fredic: - Si, lo sé. ¿A qué hora?
Alice: - A las 16.30.
Fredic: - Está bien, salgo antes del supermercado para llegar a tiempo.
Alice: - A este paso no vamos a poder irnos nunca de éste lugar y tengo el presentimiento de que los problemas de salud de Emily tienen que ver con el cuadro ese.
Fredic: - No digas tonterías, cariño. En serio. Ese cuadro no tiene nada que ver.
Alice: - ¡Ese payaso está maldito! – Dice gritando en voz baja. - ¿Cómo explicas sino todo lo que nos está pasando? Porque no creo que sea obra del Señor.
Fredic: - Bueno, está bien. Cuando volvamos del médico, vamos a la pieza de los mellizos y nos fijamos, ¿está bien? Ahora me voy al taller, me llegó un trabajo ayer y no hay que desaprovecharlo; hay que hacerle varios arreglos así que van a pagar bien.

Eran las 16:40 de la tarde y Fredic, Alice y Emily estaban en el Dr. Bohl. Tenían que retirar los estudios que le habían hecho a la niña.
Dr. Bohl: - Hola señores, ¿cómo sigue mi paciente?
Alice: - No ha estado muy bien. Dice que ve doble, vomita todo el tiempo y su humor cambió bastante en las últimas semanas.
Fredic: - Si, eso quiero resaltar. Se enoja con facilidad, no recuerda algunas cosas, le cuesta estar con gente. No era así ella Dr.
Dr.Bohl: - Bueno señores McSanders, he visto los resultados y las cosas que me dicen no hacen más que confirmar lo que dicen éstos documentos y debo decirles que no son nada alentadores, lamentablemente.
Alice: - ¿Qué quiere decir con eso, Dr.?
Dr. Bohl: - (suspira juntando valor) su niña tiene cáncer cerebral.
Alice: - Oh, mi Dios. – Comienza a llorar.
Fredic: - ¿Es muy grave eso, Dr.? ¿Tiene cura?
Dr. Bohl: - Mire… Éste tumor se forma porque un grupo de células que crecen de manera anormal, se encuentran sobre o dentro del cerebro. Lo que quiero decirles es que necesito que la operemos cuanto antes, eso sí, les advierto que la operación es un poco costosa.
Alice: - Pagaremos y haremos todo lo necesario con tal de que mi niña se cure.
Fredic: - Sólo díganos cuándo podemos operarla que nosotros pagamos.
Dr. Bohl: - Bien, pero primero deberían saber que hay una probabilidad de que la operación no sea exitosa.
Fredic: - ¿Qué significa eso?
Dr. Bohl: - Que puede morir en la operación o después.
Alice busca refugio en los brazos de su esposo y éste pregunta: - Entendemos. Mire doctor, si hay que internarla ahora, lo hacemos.
Dr. Bohl: - Bueno, vayan con mi secretaria, ella les dará unos papeles que tienen que firmar. Léanlo con detenimiento y luego empezamos con lo demás.
Luego de cuarenta y cinco minutos después de realizar todos los trámites, internan a Emily.
Emily: - ¿Qué me van a hacer acá, madre?
Alice improvisando con rapidez, responde: - Van a retocarte por dentro, podríamos decir jaja. Nada complicado, es una tontería. Vas a ver que en unos días ya estarás bien.
Emily: - Escuché que tengo cáncer. ¿Qué es eso, madre?
Al escuchar esa pregunta, Alice queda sin palabras, inmediatamente se le borra la sonrisa de su rostro y no sabe que responder.
Fredic: - Eeeees… un virus que ataca a los que no comen muy bien, por eso es que tienes que dejar limpio tu plato todos, toditos los días. Con la panza llena no hay virus. ¿Entiendes?
Justo cuando el Sr. McSanders termina de decir eso, entra una doctora, que en su carnet figuraba como Sandra Deep.
Dra. Sandra Deep: - Disculpe, ¿son ustedes los padres de la niña?
Alice: - Si, somos nosotros. – Confirma señalando a su esposo.
Dra. Sandra: - Perfecto. Acompáñenme un momento.
Los tres salieron de la habitación en donde ya se encontraba internada Emily para poder hablar de su salud.
Dra. Sandra: - Miren, ya hemos decidido cuál va a ser la forma en la que vamos a tratar a su hija.
Fredic: - ¿Y en qué consiste?
Dra. Sandra: - Primero que nada vamos a realizar una cirugía, luego aplicaremos radioterapia con técnicas que nos permitan delimitar lo más posible la zona a irradiar para evitar dañar los tejidos cerebrales sanos. ¿Sí?
Fredic: - Ajá – contesta con su mano en la boca, moviéndose de lado a lado por los nervios que tenía.
Dra. Sandra: - Le iremos poniendo fármacos como la temozolomida, los toxanos y el irinotecan.
Alice: - ¿Y eso sería todo, doctora?
Dra. Sandra: - No, claro que no. Después de eso le iremos haciendo un seguimiento periódico, realizando una resonancia cerebral, cada tres meses debido a que los gliomas son de alto grado. ¿Alguna duda?
Alice: - No, creo que no.
Dra. Sandra: - Ok, cualquier consulta estoy a su disposición.

Ese mismo día a las 22:35 p.m. estaban operando a Emily. La operación duró seis eternas horas hasta que por fin, el Dr. Bohl salió del quirófano.

Dr. Bohl: - Familia McSanders.
Alice desesperada se levantó de la silla de espera en la que estaba sentada y un segundo después hizo lo mismo su esposo.
Fredic: - ¿Cómo salió todo?
El Doctor no tenía muy buena cara por lo que tardó en responder.
Dr. Bohl: - La operación no fue sencilla. No resultó ser como nosotros nos lo esperábamos.
Al oír eso, la madre, comenzó a llorar. No estaba en sus planes perder nuevamente a un hijo.
Dr. Bohl: - Tranquila, señora. Su hija está con vida. A lo que me refiero es a que no pudimos hacer mucho en la operación puesto que se encuentra toda tomada; no iba a resistir una operación tan importante como esa.
Fredic: - ¿Entonces que nos queda por hacer?
Dr. Bohl: - Esperar y hacerla feliz.
Alice: - ¿Quiere decir que mi hija se va a morir? – Preguntó ésta vez sin llorar.
El doctor, ante tremenda pregunta, optó por no responder con palabras. Sólo una mirada bastó para que se diera cuenta cuál era la respuesta.
Los padres de familia, nuevamente caían en un devastador momento, pero mientras había vida, había esperanzas, así que decidieron afrontar el momento de la mejor forma: Hacer feliz a su hija el resto que le quedaba de vida, aunque ésta tuviera que estar en el hospital hasta el final.
Pasaron dos meses desde la operación. Emily estaba cada vez peor anímica y físicamente. En aquel entonces ya había perdido su cabello, tenía grandes ojeras y tenía varios kilos menos. En su rostro se notaba que no tenía fuerzas ni siquiera para hablar. No era una niña. Era una persona grande, atrapada en el cuerpo de una pequeña con una de las peores enfermedades que pueden existir.
Los padres todavía tenían esperanzas de que se recuperase pero estaban cansados de la vida que llevaban; medicamentos, medicamentos, más doctores tras doctores. Alice no salía del hospital desde el día de la operación, había decidido dejar de lado su vida, para poder hacer feliz a su amada Emily.
Alice: - Cariño, al fin llegas. ¿Qué tal tu día hoy?
Fredic: - Normal. Hay cada vez menos trabajo, ésta situación me está desbordando.
Alice: - Tranquilo, ya vendrán tiempos mejores.
En ese momento, Alice se encontraba sentada al costado de la cama de Emily y mientras hablaba con Fredic, ambos, miraban su frágil rostro.
Fue en ese momento cuando la pequeña comenzó a temblar.
Alice parándose intentando hacer algo: - ¿Qué sucede?
Fredic mientras observaba con grandes ojos: - No lo sé. Llamaré a emergencias.
Alice: - ¡¡Apúrate!! Mi chiquita, tranquila. Todo va a estar muy bien. Ya va a pasar.
Pronto entró a la habitación el doctor y dos enfermeras. Hizo a un lado a Alice pidiéndole que salga de la habitación e reanimar a la paciente.
Veinte minutos más tardes.
Dr. Bohl: - Señores McSanders – dijo con una seriedad en su rostro que jamás había tenido antes. – Intentamos hacer todo lo que estuvo a nuestro alcance, pero de nada sirvió. Lamento informarles que su niña falleció a las 20:56 p.m. de un paro cardiorespiratotio. En unos momentos, va a ser trasladada. A partir de ahora tienen unos minutos para ir a verla.
Ésta vez, a diferencia de las otras ocasiones, la familia no reaccionó con llanto. Ahora simplemente quedaron atónitos, con la mirada perdida mientras esperaban para entrar a la habitación. Estaban rendidos, desesperanzados. Habían pasado de ser una familia numerosa a ser una tipo. Y el dolor que sus almas sentían era tan grande que ya no tenían fuerzas ni siquiera para lamentarse.
La situación no daba para más. Alice sabía que debían hacer algo al respecto así es que iba a tomar una decisión.


CAPITULO VI:
Pasaron 7 hs. El cuerpo de Emilie ya yacía en el cementerio de la ciudad y los cuatro integrantes de la familia acababan de llegar a la casa.
El clima era tenso, nadie decía palabra alguna. Se encontraban en la cocina, tomando un té, cuando Alice exclama con voz entre baja: - Niños vayan a la pieza de mami. Tenemos que hablar con papá.
Fredic en lugar de contestarle algo, solo la miró.
Alice: - Quiero que nos vayamos de acá. Esperé bastante tiempo, es hora de que cumplas tu palabra.
Fredic: - Pero no tenemos mucho dinero, cariño, la cosa está difícil en el país. No podemos darnos el lujo de irnos… - mientras hablaba, Alice lo interrumpe, ésta vez con el tono de voz un poco más fuerte.
Alice: - No podemos darnos el lujo de irnos ¿pero si el que nos maten a nuestros niños? ¿Eh? Vas a tener que elegir Fredic, yo no me quedaré una noche más en ésta casa.
Fredic: - No podes irte ahora, es de noche. Al menos espera a mañana. Te prometo que mañana nos marchamos.
Alice quedó mirándolo, moviendo la pierna en signo de nerviosismo y mordiéndose el labio inferior a punto de lagrimear. : - Está bien, UNA noche, ni una más. – Al acabar de hablar, se retiró de la cocina para ir a su habitación.
Alice: - Niños es hora de que duerman. Hoy fue un día muy largo.
Charles ya estaba durmiendo en la cama de sus padres así es que Alice, con mucho cuidado lo levantó y lo llevó pero no a su cuarto, ésta vez tomó la iniciativa de hacerlos dormir en el cuarto que era de Anne, ya que allí había dos camas.
Donna: - ¿Por qué dormimos acá, madre?
Alice: - Porque su pieza está muy sucia, y quiero limpiarla. Además ésta está más calentita. ¿No te parece?
Donna sonrió frotándose los ojos y se acostó. Su madre la besó y se fue.
Alice fue a acostarse, Fredic ya estaba allí, se veía enojado o frustrado por toda lo que estaban viviendo.
Alice: - Buenas noches, voy a dormir, mañana va a ser un día largo.
Fredic se limitó a responder y apagó la vela.
Ninguno de los dos se iba a imaginar que Alice, a la mañana siguiente, no iba a despertar. Fue Donna, quien para pedirle que la ayude a vestirse, descubrió que por más que le gritara a su madre, ésta no hacía movimiento alguno.
Éste fue el momento en donde Fredic colmó a punto tal de enloquecer. Al corroborar lo que había pasado, comenzó a juntar las cosas importantes como ropa, documentos, dinero y objetos valiosos. Después fue al cuarto de los chicos para juntar su ropita y al cerrar la puerta del placar, miró el cuadro del payaso y noto que ya no tenía ningún dedo levantado, cosa que le pareció completamente extraño pero se dio cuenta de que a lo mejor eso significaba que era el final de todo. Así que con más rapidez seguía guardando ropa en las valijas cuando de pronto, le pareció ver por el rabillo del ojo una figura borrosa de color negro. Se dio vuelta rápidamente y al no ver a nadie, su respiración comenzó a acelerarse a punto tal que ya respiraba por la boca, su cuerpo empezaba a transpirar y su mente ya lo estaba traicionando.
De pronto le pareció oír un susurro al lado de su oído, por lo que se dio vuelta con rapidez. - ¡¿Quién está ahí?! ¡¡Salga!! - al ver que nadie respondía, agarró los bolsos, y empezó a gritar - ¡¡Niños!! ¡Niños! Vamosno de ésta casa.
Mientras Fredic caminaba casi corriendo por el pasillo, escuchó gritos de Donna y Charles: - ¡¡Papaaaá!! – Rápidamente el señor McSanders se dio vuelta, con temor pero valentía a su vez, porque estaba dispuesto a dar todo por la vida de sus pequeños hijos.
Fredic: - ¿Dónde andan? ¿Niños? ¡¡Niños!! – Comenzó a buscar cuarto por cuarto. Su objetivo era encontrarlos y lo iba a lograr.
Charles: - Papáaaa, nos quiere lastimaarr, apúrate.
Fredic: - ¿Qué dices, mi amor? ¿Dónde están escondidos? Vengan que nos vamos. – Respondió casi llorando.
Dos segundos después, cuando Fredic estaba en el cuarto escalón de la escalera, una risa macabra se escuchó al final del pasillo. Rápidamente se dio vuelta y comenzó a correr, su miedo se había ido, estaba dispuesto a todo por sus niños.
Fredic: - ¡¡¡¡¡Maldiitoo!!!!! - Dijo gritando con rabia.- no te vas a salir con la tuya. Ahora devuélveme a mis hijos, hijo de perra.
Donna, llorando gritaba: - ¡Papá, por favor, ven a buscarnos! Tengo mucho miedo.
Fredic: - Ya voy mi niña. Tranquila, ¿puedes decirme dónde estás? Papá te va a buscar.
Donna: - No lo sé padre, acá está todo muy oscuro. No logro ver nada. – Mientras seguía llorando.
El padre de la niña, comenzó a correr por toda la casa hasta llegar al último cuarto, que era una vieja biblioteca. Buscaba debajo de la mesa, de los sillones, por todos lados que se le ocurriesen. Ya rendido, se dejó caer al suelo, con su espalda contra la pared, no sabía que pensar ni dónde más buscar. Giró su cabeza hacia la derecha y vio que atrás de la gran biblioteca se llegaba a ver algo raro. Fijando la mirada y gateando llegó hasta allí y notó que definitivamente ahí había algo. Se paró, y con fuerza logró correr el enorme mueble. La pared estaba rota y notó que de allí salían los llantos de sus hijos que no paraban de sonar.
Fredic: - Niños… Allá va papá. Tranquilos. Tranquilos. – Inclusive se repetía esa palabra para sí mismo. Estaba muy nervioso.
- No vas a lograrlo, imbécil. No eres nadie. Jajajajaja – Decía una voz macabra.
Fredic caminaba y caminaba por lugares en donde había moho, humedad, arañas, cucarachas, y todo tipo de insectos. Se encontraba más nervioso que nunca; lloraba de miedo, estaba aterrado y aún no encontraba a sus hijos que no paraban de gritar; se sentía el terror en sus voces.
Gateó 30 minutos por esos pasillos que parecían no tener fin. El llanto de sus niños y la risa tenebrosa de ‘aquello’ se oían cada vez más fuerte. No sabía con lo que se iba a encontrar pero estaba dispuesto a todo por sus niños.
Fredic: -¡¡¡NIÑOS!!!
Donna y Charles: - ¡¡Papá!! Al fin nos encontraste. Tenemos miedo, padre ¿qué está pasando?
Fredic, mientras los abrazaba y besaba, dijo: - Lo sé, lo sé, mis amores; pero estamos juntos, nada malo nos pueden pasar. Ahora necesito que me presten atención, debemos salir de acá cuanto antes. Quiero que presten atención a lo que les voy a decir. Vamos a ir en hilera y gateando, hasta dónde vean una luz, ¿está bien?
Los niños asintieron con la cabeza mientras se secaban las lágrimas.
Fredic: - Bueno, vayamos ya antes que se apague la vela. – Solo quedaban menos de 4 cm de vela y tenían un largo camino que recorrer para poder salir de aquel horrendo lugar.
La risa de aquella cosa seguía y seguía sin parar. Y cada tanto decía ‘’no vas a lograrlo, maldito insecto’’. ‘’Están perdidos, ¡¡PERDIDOS!!’’. ‘’Éste es el final para ti y tu familia jajajaja’’.
Donna: - ¿Quién dice eso, papi?
Fredic: - Nadie, nadie. Solo sigue adelante. Dense prisa.
Charles: - Padre, me da temor ir primero de todos.
Fredic: - Está bien, esperen, iré yo delante.
Caminaron juntos unos quince minutos soportando diferentes cosas, como insectos, ratas. Sentían presencias raras, vientos leves en un lugar que no tenía ventilas y miles de insultos y agravios de parte de aquella cosa rara.
De pronto, todo quedo en silencio. Los sobrevivientes, se detuvieron porque sentían algo raro por más que los ruidos y los bichos ya no se movían ni oían.
Dos segundos más tardes, Donna dio un grito de terror, con su vocecita fina, digna de una niña de 5 años. - ¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaah!!
Fredic: - ¡¡¡Dooooonna!!! – Dijo mirando hacia atrás. ¡¡Mmmaldito hijo de puuuta!!
… - No tienes que buscarla ya, mi querido Fredic – Dijo la voz de aquello. – Ahora Donna está en un lugar mejor y pronto Charles estará conmigo también. Pero ¡ojo! Acá no estamos solos, no, no. Jajaja. Acá están sus hermanos. Dime Charles, ¿quieres reencontrarte con tus hermanos? Porque ellos están ansiosos por volver a verte, j aja ja.
Fredic: - Cállate, maldiiiiito. – Expresó con odio y mirando a su hijo dijo: - No le hagas caso, mi vida. Nada de lo que diga esa voz, es cierto. Sal de aquí más rápido.
Charles: - ¿Y qué vas a hacer tu?
Fredic: - Iré por tu hermana. Así que apúrate. Nos vemos en el auto.
Charles: - Tengo miedo, padre. Tengo mucho miedo.
Fredic: - Lo sé hijo, pero nada va a suceder. Lo prometo. Voy a buscar a Donna y veras que en cuestión de minutos estaremos en el auto los tres juntos.
Charles, pronto comenzó a gatear rápido para salir de aquel lugar, mientras que Fredic, por su parte, buscaba a Donna.
… - Es inútil que la busques, ella ya no forma parte de éste mundo.
Fredic: - ¡¿Qué mierda es lo que quieres?! ¿Me quieres a mí? Te doy mi vida a cambio de la de mis hijos.
… - No, Fredic. Yo no quiero a gente grande en mi mundo. A mí me sirven los niños, ellos son capaces de convencer a cualquier persona de que hagan algo malo.
Fredic: - ¿Qué dicess maldito? – gritó llorando, casi rindiéndose.
… - J aja ja, ¿por qué lloras? ¿Tienes miedo acaso? Tranquilo, yo no te haré nada.
De pronto todo se nubló para Fredic. Cuando quiso acordar se despertó en el cuarto de Donna y Charles. Estaba sentado en el suelo, con su espalda apoyada en la cama y su cabeza colgando. Sentía dolor en su cabeza, mareos y náuseas. Se frotó su frente mientras abría los ojos. Veía doble pero llegaba a ver sus hijos. Estaban parados, con sus manos atrás y mirándolo a él sin pestañar.
Fredic: - ¡Donna! Estás bien, mi amor. Ven para acá que te quiero dar un abrazo. – Fredic intentó acercarse para abrazarla pero cuando movió sus brazos, la imagen de su niña simplemente se esfumó. - ¿Qué? ¿Qué es lo que sucede? – Miro extrañado a Charles y le dijo: - Te pedí que me esperaras en el auto, Charles, ¿No fui claro acaso? Igualmente gracias por traerme acá, no sé bien que pasó, supongo que me desmayé. Vamos, vamos. No hay tiempo que perder.
Charles: - ¿Y Donna?
Fredic se arrodilló nuevamente, lo miró fijo a los ojos con ternura y le dijo mientras acariciaba su mejilla: - No pude encontrarla, pero te aseguro que ella está bien. ¿Sí? Ahora vamos.
Charles: - No, padre.
Fredic se dio vuelta extrañado, sin entender bien la situación y le preguntó: - ¿Qué?
Charles: - Me voy con Donna. Y tú te vas con mamá.
Fredic no entendía nada. - ¿Qué estás diciendo, Charles? No logro entenderte.
De pronto, Charles saca un arma y dice: - Él dijo que el lugar donde están mis hermanos es más lindo, no hay sufrimiento y yo ya estoy cansado de estar triste, padre.
Fredic asustado al ver a su niño con un arma y extrañado por toda la situación exclama: - ¿qué estás diciendo, niño? Deja eso. Es peligroso. – Intentó acercase pero al hacer un paso, Charles agito el arma. – Charles, ¿estás bien? Soy yo, papá. Deja eso y vámosno.
Charles: - No padre. Yo me iré con mis hermanos. A vos te espera mamá en otro lado. – Al terminar de decir esas palabras, el niño tira el arma de fuego y sale corriendo dirigiéndose al tejado. Corrió y corrió hasta llegar a la punta.
Fredic salió tras él, pero no logra alcanzarlo y se detiene cuando ve que su hijo estaba al borde y que cualquier paso en falso, podría dar desenlace a una tragedia. : - Charles ¿qué haces? Por favor, es muy peligroso estar ahí. Ven conmigo.
Charles no respondía. Estaba parado en aquel lugar, duro como una estatua. Solo se movía su ropa, por el viento.
Fredic: ¿Charles? – El Sr. McSanders sintió un escalofrío y ¡BUM! Su niño se arrojó al vacío. - ¡¡NOOOOOOOOOOOOOOO!! – Gritó mientras corría en vano en busca de su niño para intentar agarrarlo. Quedó en la cornisa de su techo, observando el cuerpo de su hijo, que yacía en el piso, ya muerto. Fredic estaba atónito. No entendía que era lo que estaba sucediendo. Estuvo una hora y media mirando el cuerpo hasta que se levantó lentamente y comenzó a caminar hacia la habitación en donde estaba el cuadro, aquel cuadro que desde que se había encontrado, no paraba de arruinarle la vida.
Al entrar al cuarto, Fredic, recogió el arma que su niño había dejado allí y comenzó a hablar mientras lloraba, su mirada contenía odio, más del que alguna vez se imaginó que podría llegar a tener: - ¿Y? Supongo que estarás contento. Ya arruinaste mi familia. Estoy solo. Ya tienes a todos los que quieres. ¿Qué es lo que sigue? – Sacudió la cabeza de lado a lado y se sentó en el piso con su espalda apoyada en la cama, de la misma forma en la que despertó después del desmallo. Comenzó a mirar el arma, la acariciaba y lloraba. La risa de aquella cosa comenzó a escucharse nuevamente pero ésta vez más fuerte, mucho más fuerte. Parecía que se le iban a explotar los tímpanos por culpa de aquella carcajada. Fredic, empezó a llorar desconsoladamente.

Siete miembros de la policía llegaron al lugar una semana más tarde tras la denuncia de una persona anónima.
Primeramente, hallaron el cuerpo del niño, Charles, fuera de la casa. Luego, al entrar a dentro del lugar, encontraron al de la madre, Alice y más tarde al de Fredic, el padre de familia. Tenía un tiro en su cabeza. Y hallaron algo raro. Delante del cuerpo del Sr. McSanders, había un cuadro de un payaso con un tiro en la cabeza, había otra cosa extraña en aquella pintura. Ahora el cuadro tenía siete dedos levantados…


FIN.

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