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El naufragio del Dreamcast








En una época en la que las cosas pasan rápido al olvido ―acuérdense del Harlem Shake o el Gangnam Style― resulta pertinente hacer escala en fechas como hoy, 9 de septiembre. No, no se conmemora algo relacionado con la independencia de México o los atentados de Estados Unidos. Para efectos de videojuegos, el 9 de septiembre representa el inicio del fin de una era: la de SEGA como fabricante de consolas.








Un día como hoy, pero hace 15 años, salió en Estados Unidos, envuelto en hype y muchísima presión, el SEGA Dreamcast. Quizás hayan escuchado el nombre o incluso, como yo, tuvieron el sistema, aquí hablaremos de él, pero sin escribir un típico tratado lleno de datos históricos… para eso están las clases de preparatoria o Wikipedia. Digamos que la relevancia de esta consola radica en el hecho de que, pese a su innegable calidad, sucumbió y arrastró a una empresa completa. Como si en estos días descontinuaran el Xbox One o el Wii U y eso obligara a sus respectivos fabricantes a dejar por completo el ámbito del hardware.

Pues eso fue precisamente lo que pasó con el Dreamcast. Y lo más irónico del asunto es que ni siquiera fue culpa del sistema en sí, lo que ocurrió es que pagó los platos rotos por una seguidilla de malas decisiones de SEGA y por la mala reputación que ante las tiendas dejaron sus antecesores, en especial el Saturn, una plataforma lanzada de manera prematura y con pocos juegos, para la cual era difícil desarrollar y a la que, al final, el PlayStation pateó el trasero.

SEGA aprendió y concibió una de las consolas más sofisticadas y vanguardistas de las que esta industria tenga memoria; una que, además, debutó con números históricos en Estados Unidos, rompió récords de todo tipo y su catálogo de títulos de lanzamiento no era despreciable: el Dreamcast.








 
LAS MEMORIAS DEL DREAMCAST PODIAN CONECTARSE ENTRE SI!
Es aquí donde este artículo deja de ser histórico para convertirse en un testimonio... el de su servidor. En aquellos días yo tenía 10 años de edad y había visto lo que NES, Super NES y PlayStation eran capaces de hacer, quizá por eso el Dreamcast resultaba más fascinante todavía. A diferencia de los sistemas mencionados, el Dreamcast gozaba de acabados sofisticados y voluminosos. Sin afán de demeritarlos, el NES o el PlayStation no eran precisamente bonitos, mientras que el del Dreamcast tenía más en común con las consolas actuales que con sus contemporáneas: el PlayStation 2, el Xbox y el GameCube. Para entonces ya parecía una pequeña computadora; tenía un enigmático foquito triangular en la parte superior, botones de colores, robusta composición e incluso incorporaba una memoria portátil interactiva, con botones y toda la cosa.

Para un niño que sólo había visto botones en el Game Boy, que estaba acostumbrado a memorias físicas con aspecto de tarjeta de crédito obesa, ver un aparato cuya memoria tenía su propia pantalla y botones, era atestiguar algo del año 2040. Sí, ya sé, hoy las memorias físicas para consola forman parte de una discusión obsoleta, pero entre finales de los 90 y comienzos de la primera década del 2000 las plataformas de videojuegos requerían una especie de USB especial para guardar los avances.

Después de admirar el atractivo exterior del aparato me topé con sus gráficos. ¡Wow! Ver los juegos para Dreamcast era enamorarse. La consola era capaz de reproducir títulos con gráficos 100% de arcadia, cuando el estándar era el de entregas como Metal Gear Solid o The Legend of Zelda: Ocarina of Time, los cuales lucían bien, pero con claras limitaciones. PlayStation era el mundo de los pixeles reventados y Nintendo 64, el de los personajes achatados; Dreamcast, por su parte, contaba con un juego de peleas 3D como Soul Calibur o un mundo abierto como el de Shenmue; yo no me enamoré de ellos, sino de un título de lanzamiento hoy intrascendente como AeroWings, que jamás supe cómo jugar correctamente, pero que me asombraba con sus jets surcando los cielos. Era aquella joven etapa en la vida de un jugador en la que el amor entraba por los ojos y poco importaba la mecánica de juego.




De inmediato corrí a comprar un Dreamcast en compañía de mi abuela. Ni yo, ni mucho menos mi abuela habíamos escuchado del Saturn, de la amenaza inminente del PlayStation 2 o de la precaria situación económica de SEGA. Fui feliz en mi ignorancia: me sentía como si hubiera tenido acceso a una consola del futuro. Pasé días jugando el disco demo incluido y que entre otros títulos contenía The House of the Dead 2, claramente diseñado para pistolas de arcadia, pero que yo disfrutaba más por los gráficos; por supuesto, también estaba NFL 2K, un simulador de futbol americano que estaba a años luz de Madden NFL. Lo mismo me pasó con NBA 2K sólo que peor, pues cuando lo ponía quedaba anonadado nada más con el aspecto de la gente en la grada que era equiparable al de personajes principales en juegos de la generación previa.

El Dreamcast también tenía títulos como Hydro Thunder o Virtua Strikers; este último hacía ver a International Superstar Soccer 64 como una pieza de pedernal de la época de las cavernas. ¡Sólo había visto Virtua Strikers en arcadias de plaza y ahora podía tenerlo en mi casa! Sí, se jugaba con el pad direccional y era tan superficial como un charco callejero, pero ¡por el amor de Dios! ¡El horario de los partidos se ajustaba automáticamente con el del reloj interno de la consola!



Eso no era todo, el Dreamcast era algo más que una cara bonita: Shenmue 3 es una de las peticiones más recurrentes que recibe Microsoft; Crazy Taxi sigue siendo relevante y Jet Set Radio fue remasterizado hace menos de 2 años. Todos son nombres acuñados en la consola como parte de la consigna específica de innovación con la cual SEGA la escoltó, a fin de reinventarse y refrescarse para no depender sólo de Sonic, que también vio días de gloria con Sonic Adventure. Todo lo anterior sin mencionar a Phantasy Star Online, un MMO que ponía en alto el carácter del Dreamcast como precursor en materia de juego en línea, al tratarse del primero en integrar un módem.ç




Dreamcast era un aparato de ensueño, así de simple, con gráficos del futuro y abundantes nuevas propiedades que cubrían todo, desde el ámbito de las peleas con Soul Calibur hasta el del deporte, con la serie 2K, creada para compensar el abandono de Electronic Arts. Desafortunadamente, como mencioné al inicio, el sistema siempre vivió a la sombra del Saturn, el cual fue un fracaso rotundo y al que, para colmo, SEGA abandonó prematuramente y eso decepcionó a millones de jugadores y tiendas. Por eso, cuando el PlayStation 2 llegó meses más tarde, escoltado por una mejor fama y los bolsillos sin fondo de Sony, el Dreamcast simplemente no pudo mantenerse a flote. SEGA atravesaba una crisis económica, la consola fue azotada por la piratería, carecía del respaldo necesario, y al final, la bien merecida fiebre por un aparato extraordinario se diluyó. El globo se fue desinflando. SEGA no tenía dinero para más publicidad, había vendido 2 millones de unidades, pero Sony acaparó toda la atención y el Dreamcast dejó de ser relevante, a pesar de ser claramente superior.









"En esencia, fue un asunto de costos.", reveló hace apenas un año la cabeza del departamento de implementación de proyectos de SEGA, Tadashi Takezaki. "Ocurrió porque nos vimos obligados a entrar en una guerra de precios cuando ya estábamos perdiendo diner con las ventas."

Así, un fatídico día abrí una revista sólo para enterarme de que la consola había sido descontinuada. Fue una de las peores noticias que he recibido. Hoy sé que si algo similar ocurre tengo cierta autonomía para comprarlo, pero cuando somos niños la muerte repentina de un sistema de videojuegos es algo sumamente desafortunado. Los papás, tíos o abuelos no tienen una chequera sin fin y cuando algo como esto ocurre a menos de un año de adquirido el aparato, la idea de reemplazarla es intrascendente y poco costeable.



Definitivamente, no me arrepiento de haber tenido un Dreamcast. En su momento me hizo sentir muy afortunado y lo disfruté por muchos de sus conceptos innovadores, no sólo técnicos sino también de experiencia de juego. Tristemente, estaba adelantado a su tiempo. SEGA apostó por evangelizar a la gente con un sistema en línea de corte Xbox, pero no tenía los recursos para educarla, para sostener el concepto o competir y para colmo, fabricaba su producto con componentes de terceros, mientras que Sony fabricaba la mayoría de ellos a nivel interno. El resto es historia.






Hoy, SEGA vive de nuevo una etapa complicada a pesar de dedicarse solamente a los juegos, pero pase lo que pase, siempre será recordada por el Dreamcast, un sistema perfecto que llegó en un momento imperfecto, el cual sentó las bases de lo que hoy consideramos el estándar de servicios como Xbox LIVE o PlayStation Network.













GRACIAS POR PASARSE POR MI POST !!




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