Eskil Ronningsbakken- piropeando a la muerte

Eskil Ronningsbakken un noruego equilibrista que se fotografía en las alturas y que ve lo suyo no como una oportunidad de Guiness sino como expresión artística.

Todo empezó a los cinco años, con una visita peculiar a un hogar que hacía rutina con lo extraño: “Mi padre era pintor y traía a casa gente de todo tipo. Gente que llamarías rara [ríe]. Nos visitó un yogui hindú y me quedé fascinado con cómo controlaba su cuerpo”. Las contorsiones de Harald Olsen, que es el improbable nombre del yogui, plantaron la semilla en Ronningsbakken de que lo suyo era el arte corporal extremo. Algo que no sentó nada bien a sus dos padres, por el peligro, “aunque en los últimos años lo habían aceptado”. Habían, porque su padre, Oddmund Ronningsbakken, murió el mes pasado. “Pero lo llevo dentro de mí”, afirma.


Ronningsbakken es muy consciente de ella, de la muerte. Por eso no se anda con tonterías cada vez que sube a la montaña. “Si discuto con mi mujer, lo arreglo antes de subir [ríe]. En serio, no puedo tener ningún problema con nadie. Apago el móvil, no contesto a mails… No puedo llevarme nada malo dentro ahí arriba”. Tal vez por eso se ha animado a lo del yoga, que le ha enseñado su esposa, Denisse, a la que conoció tras tres años en Perú “por las alturas y los amores”. Sin embargo, cuando llega el momento, la emoción lógica lo abruma: “Miedo. Mucho, mucho, mucho miedo. Me visualizo de las dos maneras: lo consigo y me caigo. Y si me caigo, me mato. Así que elijo el éxito”.

























Y SI ME CAIGO, ME MATO. ASÍ QUE ELIGO EL ÉXITO”.

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