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Estos chicos se vistieron de fotógrafos por un día



Felices, con cámaras descartables retratan vida diaria


Paula Gingins
Aparecen desde distintos sectores. Detrás de las lomas, o de las casitas que se ven como piezas dispersas en medio de la meseta, allí donde crece a duras penas la Colonia Rural Nueva Esperanza, el barrio ubicado detrás del Parque Industrial, a sólo15 kilómetros del centro de la capital neuquina.

Son niños y niñas que viven en esa zona vulnerable y olvidada del oeste de la capital del petróleo. Algunos van a la escuela del Parque Industrial. Otros no siempre llegan, pero todos, todos se entusiasman ante la propuesta.

Los diez que son se acercan. Tienen entre seis y diez años. Y con un entusiasmo que contagian, se reúnen a sacar fotos, a contar su barrio a fuerza de enfoques -sus propios enfoques-, a documentar su realidad como si fuera una escena lúdica.

Parece un juego, pero se lo toman muy en serio. Allí por donde pasan, tiñen el suelo de arcoiris y el barrio, donde viven 2500 personas según las últimas estadísticas, va tomando color de a poco. Gracias a ellos, la meseta ya no parece tan árida, enorme y lejana.

La excusa para juntarse es el segundo taller que los reporteros gráficos Matías Subat y María Isabel Sánchez hacen en la Colonia Rural Nueva Esperanza.

El primer taller fue para los jóvenes de ese mismo lugar, en la primera mitad del año y las fotos ya fueron expuestas en la Fundación Hueche, que funciona desde 2000 en ese barrio y donde se dictan capacitaciones, cursos, y apoyatura escolar entre otras cosas.

Con cámaras descartables que aportó el Ministerio de Gobierno, Educación y Justicia de Neuquén, con el enorme entusiasmo de la infancia y con la convicción de este par de reporteros, el grupo de diez reunió un montón de fotos (tenían 27 fotos por camarita para tomar cada uno).

Como un rompecabezas, el grupo narró en imágenes su cotidianeidad; la cercanía de los dos basurales (esos que son sustento de tantos de ellos) o las actividades que los contienen en la fundación.

Abrieron grandes los ojos cuando, después de un mes de taller, pudieron tocar las impresiones gigantes de sus propias fotos y las colgaron con la ayuda de mamá y papá, de los hermanos, de los vecinos. Ahora están ahí, en las paredes de su propio pueblo, para quien las quiera mirar (y escuchar y sentir).

Todavía emocionado, Subat rememora: "Además de lo que se genera en los chicos que participan del taller, lo lindo es el cambio que se generó en la comunidad de la Colonia y también la estética del lugar: el impacto visual con imágenes tomadas por sus propios habitantes es lo que potencia más el sentido documental des los talleres. Dejar clara la apropiación de la tarea y, al final, sonreír con profunda satisfacción. Objetivo complido".

Convencidos de que se pueden cambiar las cosas, la dupla de reporteros gráficos sostiene: "La idea es hacer el tercer taller con los adultos antes de fin de año, para tener la mirada de las tres generaciones y poder hacer una muestra final con todo el trabajo realizado durante el año, para la que ya tenemos algunas ideas".

Y adelantan: "Tenemos ganas de cambiar la estrategia, utilizar camaritas digitales y profundizar algunos conceptos de fotografía, de planos... y sumar chicos de la colonia. Insisten: Nuestra idea es la de continuar con este vínculo que se generó, sostener los talleres en lugares lejanos y seguir en otros".

Porfiados. Maravillosamente porfiados. Eso es lo que son.






















































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