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Fabrica Abandonada de Chocolates

Nada más entrar a la pequeña localidad segoviana de Migueláñez nos encontramos con la antigua fábrica de chocolate Herranz.





Cerrada desde hace años, una visita a su interior nos transporta a una época en la que las cosas se hacían a mano, con el cariño propio de los artesanos y con una calidad que los modernos procesos industriales jamás podrán alcanzar.
La maquinaria que allí queda se parece más esculturas dignas de un museo que a las herramientas de ayuda a la producción que eran.
Sus redondeadas formas y su delicado diseño evocan tiempos en los que la belleza estaba por encima de la rentable pero anodina practicidad.




Hoy en día, cubiertas por el polvo y la decadencia, aún se yerguen majestuosas esperando un nuevo cargamento de cacao para tostarlo, molerlo y transformarlo en delicioso chocolate.



Pero como siempre, antes de “acceder” a su interior, vamos a conocer toda la historia que hay detrás de este dulce abandono.
La relación de la familia Herranz con el chocolate se inicio en 1880. En un molino (hoy desaparecido) movido por mulas, después de 10 horas de trabajo conseguían una producción de 20 ó 25 kilos.
Años después, en 1934, se construyó la primera fábrica.
Con procesos semi-artesanales ayudados por alguna máquina y pesando y empaquetando a mano, la producción pasó a ser de 500 ó 600 kilos diarios.






La calidad de su producto, pese a ser una empresa familiar, les supuso un importante contrato con el Ejército, convirtiéndose durante años en su suministrador.



A mediados de los 40 las necesidades de producción continuaron aumentando, así que los Herranz emprendieron una nueva aventura: alcanzar los 2000 kilos diarios.



En un edificio construido para ese fin y con la más moderna maquinaria de la época procedente de los talleres barceloneses J. Montoliu se abría, en 1947, la nueva fábrica “Chocolates Herranz”.
Los encargados de darle vida fueron 9 personas, todas ellas de la familia, completando el proceso de elaboración del chocolate durante los más de 50 años que permaneció en funcionamiento.
Cuestiones familiares y de herencias llevaron a quedarse con la gestión de la empresa a una de las ramas de la familia, que en 1998 decidió trasladarse a una moderna factoría en Ávila.
A finales de ese año la fábrica de chocolate de Migueláñez cerró sus puertas, regalándonos una espectacular visita que comenzamos en este momento.





Y para conocer el interior de la fábrica nada mejor que seguir el recorrido que hacía el cacao hasta salir convertido en chocolatinas, tabletas o bombones.


Un pequeño muelle de carga situado en el lado derecho del edificio era el encargado de recibir a los camiones que traían el cacao.





Procedente de América, Asia o África, lo primero que se hacía era el tostado y torrefactado. Para ello se empleaba este horno equipado con una gran esfera giratoria. El cacao se introducía en ella durante unos minutos a unos 120 grados centígrados, proceso que elimina la humedad y la acidez y que hace aparecer los característicos aromas.



Una vez enfriados, los granos pasaban por estas máquinas de cribar, que los dejaba abiertos y libres de pieles y semillas.




Como no se utiliza un solo tipo de grano de cacao para la elaboración del chocolate, en esta máquina se introducían y se mezclaban antes de ser molidos. La proporción de cada variedad venía determinada por el maestro chocolatero según el producto que se quisiera conseguir.




Posteriormente, la mezcla pasaba por una serie de molinos que mantenían una temperatura de unos 70 grados centígrados durante un proceso que duraba entre 18 y 72 horas.






Los granos de cacao poseen alrededor de un 50% de materia grasa, que por medio del triturado y el calor se licua consiguiéndose un fluido denso llamado pasta de cacao.





La pasta se calentaba entonces a unos 100 grados centígrados y se pasaba por unas prensas que separaban esta grasa, llamada manteca de cacao, dejando así el producto listo para elaborar los múltiples tipos de chocolate.




Por último, para la elaboración del chocolate con leche, almendras, avellanas… la pasta de cacao se introducía en esta máquina que lo mezclaba todo antes de colocarlo en los moldes que le dará su forma definitiva.








Del moldeado se encargaba esta cinta: los moldes metálicos la recorrían y gracias a la vibración que tenía se compactaba el chocolate antes de pasar al refrigerador.






El proceso terminaba en la sala contigua, cuando el chocolate ya solidificado se separaba de los moldes y se empaquetaba, quedando listo para su venta.







fuente:
http://esperandoaltren.blogspot.com/2007/06/fbrica-de-chocolate-herranz.html

visiten mis otros post para ver mas abandonos =)
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