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Fernando Botero, un genio!

Fernando Botero



Éste artista colombiano nació en Medellín, en 1932. Hijo de un competente comerciante siempre estuvo fascinado por las formas y la cultura de su país así como enamorado de las artes gracias a las cuales ya destacó con su primera publicación con tan solo 17 años, parecía querer marcar con ella lo que sería un camino en su vida artística, el “no conformismo”, esa variante visión de la vida y sus formas que por personal y atractiva fascina a quien ve su obra desde el principio da muestra de su personalidad y fuerza en cada una de sus obras (Mujer Llorando, 1949).

Tras ganar algunos premios con sus primeras pinturas se decidió a venir a Europa a aprender sobre los artistas del renacimiento y desde Barcelona pasó a Madrid donde frecuentaba casi a diario el Museo del Prado para el que incluso trabajó de Copista. Ya inspirado por Goya, Velázquez y la solidez de sus formas tomó camino a París donde disfrutó de la misma forma en Le Louvre y acabó en Florencia para empaparse de todas las bellezas renacentistas que ofrece la Ciutá. De vuelta a su hogar comenzó a experimentar su propia visión del mundo donde profundizó en ese surrealismo con el que logró destapar su caja de Pandora y aunque fue duramente criticado en sus comienzos dio el salto y recibió mejores comentarios en Nueva York, donde expuso con éxito.

En 1956 demuestra su arte con formas redondeadas que no pierden por ello la perfección, simetría ni proporción de los maestros del arte clásico y poco a poco adquiere pureza en la técnica hasta el punto que ya en 1961 el Museo de Arte de Nueva York añade a su pinacoteca la famosa “Mona Lisa a los Doce años”, una fantasía donde aún respetando la imagen original profundiza y dota a la Gioconda de su característica percepción del volumen y la perspectiva. Genera una imagen personal tan atractiva y fascinadora para los sentidos que nunca deja indiferente.

Desde ahí todo fue evolucionando y no queriéndose ceñir solo a la pintura dio fuertes pasos en torno a la escultura donde destacan piezas de formas rotundas donde extiende sus volúmenes a las tres dimensiones usando astutamente el Bronce cromado, siempre en tonalidades oscuras para que se refleje toda la fuerza de la forma sin perderse en ningún otro matiz. Con ellas traspasa la pintura y hace réplicas de su mejores cuadros que se pueden disfrutar en plena calle, una de las más impresionantes está en Madrid, en pleno paseo de la Castellana donde su Mano apunta al cielo con sus rechonchos dedos. Aunque el mejor lugar para contemplarlas está en Medellín, donde la famosa Plaza Botero o el concurrido Parque de San Antonio.

Botero se puede entender con hilaridad, como crítica del mundo actual y pasado pero esas figuras tan llenas de vida que describían un mundo lleno de curvas siempre muestran facetas ocultas y atractivas. Aunque ha tratado mucho temas, son sus mujeres, con sus formas y curvas, aun a pesar de diferir tanto del canon de belleza comúnmente impuesto las que me dejan sin palabras, tan seductoras que nos atraen la mirada y fascinan la imaginación con todo sus volúmenes.

Esa visión no solo utiliza las redondeces si no que involucra la imagen en torno se una perspectiva que obliga al espectador a regodearse con su personaje principal, empuja el centro de la acción hacia esa voluptuosa figura que dota de movimiento y esencia, tal como dentro de “Mujer en el baño” donde incluso las paredes oprimen a esa mujer con una pose tan simple como plácida.

Algunas creaciones:











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