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Historia y Fotos: Asesinos Historico de Argentina

El fin de la cárcel donde convivían presos políticos y asesinos seriales

El escenario fue y sigue siendo impactante: al frente, las costas del canal de Beagle; detrás, la cadena montañosa del Martial con el glaciar y el monte Olivia como símbolo, a lo que se agrega una gran bahía. El paisaje pertenece a la ciudad de Ushuaia (3.100 kilómetros al sur de Buenos Aires) y resulta un recreo para la vista. Pero no siempre fue así para quienes llegaban al lugar. Hubo un tiempo en que era la antesala del infierno. Se la conoció como “la cárcel del fin del mundo”, esa en la que convivieron presos políticos con los mayores criminales de la historia argentina.La pesadilla terminó el 21 de marzo de 1947, hace exactamente 65 años.

Declarada Monumento Histórico Nacional, la Cárcel de Reincidentes (como era su primer nombre oficial) empezó a construirse en 1902. El material: piedra. El lugar: la isla grande de Tierra del Fuego, una zona donde la temperatura promedio anual, en un clima frío y húmedo, es de 5 grados.

Cuando se terminó su construcción (trabajo que hicieron los mismos presos) tenía 380 celdas. Eran unos cubos con paredes de ladrillo , de casi dos metros de largo por dos y medio de alto, con una puerta de madera y una pequeña ventana enrejada y sin vidrios, con vista a aquel exterior inhóspito.

Con ese entorno humillante, que le hacía poco honor a aquello que sostiene la Constitución de que las cárceles “deben ser sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas”, los presos soportaban otra cuestión degradante : vestían un traje a rayas en el que la única identificación era un número.

Aquello tuvo su punto final cuando Roberto Pettinato (padre del actual conductor de radio y tevé) , entonces director general de Institutos Penales, le llevó en mano al presidente Juan Perón el decreto para la clausura del penal.

Ahora, en la única ciudad argentina a la que para llegar hay que atravesar la Cordillera de los Andes, aquel edificio de triste fama alberga, entre otras dependencias, al Museo Marítimo. Y están los pabellones restaurados para que los recorran los visitantes. También quedó uno sin ninguna mejora . Aún hoy, recorrerlo estremece.

Es que allí no sólo están los ecos del sonido de los grilletes que arrastraban los presos. También las paredes parecen guardar las voces de presos históricos como Mateo Banks, el chacarero que en 1922 masacró a ocho personas (tres hermanos, una cuñada, dos sobrinas y dos peones) en Tandil para quedarse con la fortuna familiar. O la de Cayetano Santos Godino, “el petiso orejudo” , un asesino serial que murió en la cárcel tras ser golpeado por otros presos porque había matado a un gato que era la mascota del penal. O la de Simón Radowitzky, un militante anarquista que en 1909, con una bomba, mató al jefe de Policía, el coronel Ramón Falcón, y a su secretario, Alberto Lartigau, y pasó allí 21 años hasta que lo indultó el presidente Hipólito Yrigoyen el 14 de abril de 1930.

Como presos políticos estuvieron los militantes radicales Ricardo Rojas periodista y escritor; el diplomático Honorio Pueyrredón; y el diputado Pedro Bidegain, todos encarcelados por la dictadura de Uriburu (1930).

Y José Berenguer, editor del diario anarquista La Protesta.

Junto con ellos cientos de hombres anónimos también conocieron aquella pesadilla.

La historia se llevó sus datos. Pero en la helada Tierra del Fuego, en las paredes de “la cárcel del fin del mundo”, las llamas de esas vidas que se consumieron ahí por años, siguen ardiendo.


por Eduardo Parise



]La palabra asesinar significa matar a alguien con alevosía o premeditación, y en la breve historia argentina, ha habido asesinos que marcaron una época, sembrando de terror y de miedo a una sociedad que no podía entender sus horripilantes y salvajes crímenes.

Desde Cayetano Santos Godino, conocido como el “Petiso orejudo” a comienzos del siglo XX, hasta el reciente Ricardo Barreda, la Argentina tiene una larga lista de homicidas que han sabido ganarse la atención mediática y el estudio de gran cantidad de analistas sobre su actividad mental, para entender por qué hicieron lo que hicieron.

La Agencia de Noticias CNA lo invita a hacer un recorrido por los nombres de los principales asesinos que marcaron una época en la Argentina, y que quedarán para siempre en la memoria de los argentinos.
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Gerónimo de Solane


Más conocido como “Tata Dios”, Gerónimo de Solane fue un hombre que en base a su poder de curandero, sembró el terror en la ciudad de Tandil a comienzos de 1870, localidad en la que gracias al poder de ricos estancieros de la zona, había instalado su “consultorio médico” para hacer “sanaciones” a las personas del lugar.

Su gran oratoria y poder de convencimiento, sirvió para realizar una virtual “cacería” contra todos aquellos que consideraba ateos, extranjeros y masones. En una seguidilla de atentados contra la población local, el grupo reunido por “Tata Dios” asesina a 36 personas y pasó a los libros de historia conocida como “La masacre de Tandil”.

De Solane falleció en prisión víctima de una bala disparada desde una de las ventanas de su celda. Siempre se sospechó que su muerte se debió a actos cometidos por sicarios al mando de empresarios zonales que habían “bancado” sus acciones con dinero y lugar para establecer sus consultorios. Tres de sus cómplices, Cruz Gutiérrez, Juan Villalba y Esteban Lazarte, fueron sentenciados por la Justicia y condenados a muerte.


El petiso orejudo


Cayetano Santos Godino, más conocido en la historia criminal argentina por su apodo de “Petiso orejudo”, sembró el terror a principios del siglo XX, cuando con tan sólo 16 años de edad, fue acusado por la Policía y la Justicia de ser el responsable de la muerte de cuatro niños, siete intentos de asesinato y el incendio de siete edificios.

Al momento de ser detenido, se le encontró el piolín con el que solía estrangular a sus víctimas. En el interrogatorio policial, confesó haber cometido 4 asesinatos, y el de haber tenido numerosos intentos más que fueron interrumpidos por cuestiones del azar, como visitas inoportunas al lugar en que los quería llevar adelante.

En un principio, fue declarado irresponsable y recluido en el Hospicio de las Mercedes, pero luego de la agresión realizada a dos pacientes y de un intento de huída, se lo trasladó a la Penitenciaría Nacional, para ser finalmente recluido en el Penal de Ushuaia, conocido popularmente con el mote de “Cárcel del Fin del Mundo”.

Falleció en 1944 en dicho penal, en el cual sufrió múltiples suplicios por parte de los otros internos, y en el cual también fue sometido a una operación quirúrgica en sus orejas, donde especialistas de la época creían que radicaba el origen de su maldad.


Simón Radowitzky




Este mítico militante anarquista, cometió uno de los asesinatos más recordados por la historia argentina, como lo fue el del jefe de Policía, Ramón Lorenzo Falcón, acusados por los anarquistas de ser el responsable de la matanza conocida como “la semana roja” en 1909.

Discriminado por su condición de judío, Radowitzky asumió la causa del anarquismo como propia, y es por eso que con tan sólo 18 años, perpetró el crimen político más importante de la Argentina, echando al auto en el que viajaba Falcón con su secretario privado Alberto Lartigau, una bomba que hirió de muerte a los dos ocupantes.

Condenado a cadena perpetua por su corta edad, es trasladado a la cárcel de Ushuaia, donde es vejado de mil maneras diferentes por los guardiacárceles, no perdiendo nunca su hidalguía, y considerado un “héroe” y “mártir” por los demás presos, así como también por la militancia anarquista que pintaba su nombre en todas las manifestaciones de la época.

Yrigoyen lo indulta en abril de 1930. Viajó al Uruguay, y luego peleó en la Guerra Civil Española en las Brigadas Internacionales a favor de la República contra el fascismo del Generalísimo Franco. Un paro cardíaco lo zanjó camino al cielo el 4 de marzo de 1956, mientras trabajaba en una fábrica de juguetes en México.


Mateo Bancks


La ciudad de Azul se vio conmovida el 18 de abril de 1922 cuando Mateo Bancks, un chacarero destruido por la crisis económica, mató a ocho personas. Sus hermanos Dionisio, Miguel y María Ana, su cuñada Julia Dillon, sus sobrinas Sarita y Cecilia, y los peones Juan Gaitán y Claudio Loiza, fueron las víctimas de un asesino despiadado que hasta último momento intentó culpar del asesinato a Gaitán, de quién dijo que le había disparado en la pierna, herida que jamás pudo comprobar.

Se le celebraron dos juicios, uno en Azul y otro en La Plata, y a pesar de que en el segundo asumió la defensa el afamado abogado de entonces Antonio Palacios Zinny, quien no pudo hacer nada por su defendido, que acabó siendo condenado a cadena perpetua.

Fue un asesino tan famoso, que tiene dos tangos dedicados, como lo son ”Doctor Carús”, de Martín Montes de Oca, y “Don Maté 8”, con música de Domingo Cristino y letra de José Ponzio. Pasó por la cárcel de Ushuaia, donde compartió el penal con el Petiso Orejudo y fue declarado por los guardias de la prisión como un “recluso ejemplar”, dando varias entrevistas periodísticas en ese lapso.

Recuperó su libertad en 1949, intentando volver a vivir a Azul, pero la repulsa social fue tan grande, que tuvo que cambiar su nombre al de Eduardo Morgan e irse a vivir a una pensión en la Capital Federal. El mismo día que llega a la capital, se entra a bañar cuando la mala suerte hace que pise el jabón, se resbale y pierda la vida al chocar la cabeza en la bañadera.


Yiya Murano


María de las Mercedes Bernardina Bolla Aponte de Murano, más conocida como “Yiya”, ocupó la atención mediática en 1979, cuando fue detenida por la Policía acusada de haber envenenado a tres personas con cianuro.

La “envenenadora de Monserrat”, como se conoció el caso en la prensa, fue acusada de asesinar a Carmen Zulema del Giorgio de Venturini, Nilda Gamba y Lelia Formisano de Ayala, todas supuestas amigas de la acusada, y a las cuales les debía fuertes sumas de dinero, y a quienes envenenó dándoles de comer masitas que había llevado de regalo para comer con ellas en su visita.

Yiya, una mujer “correcta” y de la alta sociedad porteña, que la época de cometer los crímenes tenía 49 años, fue encarcelada, saliendo de prisión en 1982, para luego en 1985 y en otro juicio, recibir la pena de cadena perpetua y salir de la cárcel finalmente en 1995 beneficiada por el 2x1, donde como regalo, le envió a los camaristas que atendían su caso, un paquete de masitas de regalo.[


Carlos Eduardo Robledo Puch


El “ángel de la muerte” como se lo conoció mediáticamente debido a su cara de chico bueno y falto de afecto, fue uno de los asesinos más despiadados de la historia nacional, teniendo en su haber 11 asesinatos, una violación, una tentativa de homicidio, más múltiples robos y hurtos.

Robledo Puch sembró el terror entre marzo de 1971 y febrero de 1972, cuando fue arrestado por la Policía con tan sólo 20 años de edad. Juzgado y condenado en 1980 por sus crímenes, todavía es recordado por las palabras que le dirigió al tribunal que lo condenó: “Esto fue un circo romano. Algún día voy a salir y los voy a matar a todos"..

Su caso todavía tiene vigencia en la memoria popular, debido a los innumerables pedidos que ha hecho para recuperar la libertad, todos ellos negados por la Justicia argentina, que haciéndose eco de los informes peritales, donde se lo acusa de poseer una personalidad imposible de convivir en la sociedad.


Francisco Laureana



Dueño de una personalidad misteriosa y pocas veces recordado por la historia criminal argentina, Francisco Laureana sembró el terror en las calles al asesinar a 15 mujeres en un lapso de seis meses entre agosto de 1974 y febrero de 1975.

Laureana inmovilizaba a sus víctimas con una gran fuerza de brazos, dejándolas casi inconscientes, abusaba sexualmente de ellas, y luego las remataba de un tiro o las estrangulaba. Para los estudiosos de la historia criminal argentina, este fue un caso típico de un asesino serial que siempre utilizaba el mismo método delictivo para someter a sus víctimas.

Lanzado un identikit en la prensa, una vecina de San Isidro lo vio en una pileta de San Isidro, alertando a las autoridades policiales que fueron en su búsqueda, ocasionándose un fuerte intercambio de disparos que terminó con el delincuente muerto.


Alfredo Astíz


El “Ángel rubio de la muerte”, el más nefasto de los asesinos de la última dictadura militar y uno de los mandamás en la despiadada Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), donde se torturó y desapareció a miles de personas entre 1976 y 1983.

Beneficiado por las leyes de impunidad dictadas en el gobierno de Raúl Alfonsín, Astíz se movió libre por las calles argentinas hasta el año 2003, cuando el Congreso nacional dictó la abolición de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, abriéndose nuevamente los casos en su contra.

Dueño de una personalidad psicótica, fue agente encubierto en la incipiente agrupación madres de Plaza de Mayo, marcando a la fundadora de la asociación, Azucena Villaflor de Vicenti. Además, participó de la detención y muerte de las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet; y de la estudiante sueca Dagmar Hagelin.

Requerido por la Justicia de Italia, Francia y España, quien fuera valiente para matar y torturar a gente indefensa, pero no para pelear con los ingleses en la Guerra de Malvinas, está actualmente detenido por la desaparición del grupo de la Iglesia Santa Cruz y otros seis casos de secuestros y torturas.


Emilio Eduardo Massera



Jefe de Astíz en la Armada argentina, Emilio Eduardo Massera, o más conocido como “almirante cero”, fue el hombre de hierro de la última dictadura militar, manejando la temible ESMA y determinando la vida y muerte de miles de argentinos.

Su personalidad psicótica y desquiciada, lo llevó a pensar que podía ser el nuevo Perón de la Argentina, y para eso formó su propio partido político, el Partido para la Democracia Social, en el cual utilizó para su campaña a decenas de detenidos en la Esma a los cuales se les aplicaba una salvaje tortura.

Condenado en 1985 por el juicio a las Juntas, recibió la pena de prisión perpetua y pérdida del grado militar por 3 homicidios con alevosía, 12 tormentos, 69 privaciones ilegales de libertad, 7 robos, 17 desnudos públicos y 3 vandalismos pueriles.

Indultado por Carlos Menem en 1990, no pudo ser visto nuevamente en la cárcel por ser declarado por la Justicia “incapaz por demencia”. Falleció el 8 de noviembre de 2010 como consecuencia de un paro cardio-respiratorio, a los 85 años de edad.


José López Rega y la Triple A


Miembro de la logia masónica Propaganda Due, dirigida por el italiano Licio Gelli, José López Rega fue el fundador de la Triple A, que en los años ’70 instaló la violencia como método de vida para conseguir objetivos políticos.

Acusada de 900 desapariciones, 1.500 asesinatos y más de 3.000 persecuciones por cuestiones políticas, la Triple A fue la dueña de la violencia en los más oscuros años de la Argentina, sembrando el terror en todas las calles del país.

López Rega pasó de ser un simple cabo de policía, a comandar el Ministerio de Bienestar Social en la última presidencia de Juan Domingo Perón y en la de Isabel Perón, siendo el verdadero hombre fuerte del gobierno, haciendo y deshaciendo a su antojo e instalando un régimen represivo y de terror, que concluyó con el denominado “Proceso de Reorganización Nacional”.


Toda la cúpula dirigencial de la última dictadura

Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera, Orlando Ramón Agosti, Roberto Eduardo Viola, Leopoldo Fortunato Galtieri, Jorge Isaac Anaya, Basilio Lami Dozo, Jorge "Tigre" Acosta, Antonio Domingo Bussi, Luciano Benjamín Menéndez, Mario Benjamín Menéndez, Rubén Jacinto Chamorro, Alfredo Astíz, Carlos Antonio Capdevilla, Adolfo Miguel Donda Tiguel, Juan Carlos Rolón, Antonio Pernía, entre otros, son algunos de los más renombrados nombres de la última dictadura militar, que llevaron a la muerte y la desaparición de 30.000 personas, la detención de otros 10.000, 500 chicos robados y retirados de su verdadera identidad, y a una infinidad de exiliados por causas políticas.

El secuestro, la tortura, el vejamen, la violación, la sustracción de menores nacidos en cautiverio, el robo de propiedades, la desaparición física de personas, son algunos de los hechos por lo que estos deleznables personajes son vituperados por la sociedad argentina en su conjunto y por toda la comunidad internacional.


Ricardo Barreda


El odontólogo platense Ricardo Alberto Barreda, pasó a la fama nacional luego de que el 15 de noviembre de 1992 asesinara a balazos en su propia casa, a su esposa Gladys McDonald, su suegra Elena Arreche y sus hijas Cecilia y Adriana.

Condenado a reclusión perpetua, por triple homicidio calificado y homicidio simple, estudió Derecho en la cárcel y formó pareja con una mujer que conoció por carta. En un caso judicial que atrapó a las personas de todas las edades, su sentencia fue seguida en vivo y en directo por todos los canales de noticias, y el propio Barreda pasó a ser un “adalid” de la Justicia para algunos argentinos.

Provisto de la libertad condicional en enero de este año, Barreda fue visto por una vecina que lo fotografió fuera de su lugar de detención domiciliaria en el barrio de Belgrano, debiendo en la actualidad la Justicia resolver su situación.


Ricardo Caputo


El de Ricardo Silvio Caputo es un caso que llamó la atención mundial, más que nada por la forma en que fueron descubiertas sus fechorías y por el contexto en que se sucedieron sus crímenes, nada menos que en los Estados Unidos.

El 9 de marzo de 1994 y luego de permanecer prófugo de la Justicia por más de veinte con múltiples identificaciones falsas, Caputo ingresó en una comisaría de Nueva York admitiendo el crimen de tres mujeres en Yonkers veinte años antes.

Fue encontrado culpable de los asesinatos de Natalie Brown, Judith Becker y Barbara Taylor, y fue condenado en 1995 a 25 años de prisión, que no cumplió, ya que murió en 1997 víctima de un paro cardíaco mientras jugaba al básquet en prisión.

La periodista estadounidense Linda Wolfe en su libro “Ámame hasta la muerte”, cuenta que Caputo elegía a "mujeres atractivas, realizadas, inteligentes: una trabajaba en un banco, otra era psicoanalista, otra editora de cine, otra una estudiante universitaria. Las conocía en sus trabajos o en bares y las seducía con su aspecto atractivo, su sonrisa amistosa, con su talento artístico y las historias divertidas de su infancia en Argentina”.


Fabián Tablado


El caso de Fabián Tablado conmocionó a la opinión pública argentina por su agresividad y el salvajismo utilizado a la hora de matar a su novia, Carolina Aló, de 113 puñaladas.

Fabián de entonces 20 años y Carolina de 17, eran novios desde hacía más de 3 años 1993, vivían en Tigre y por la noche cursaban juntos el 4° año del secundario en el colegio Marcos Sastre. Pero el 27 de mayo de 1996 decidió asesinarla por creer que ella lo engañaba con otro hombre, pero en realidad el padre de la víctima, cuando en realidad el motivo central sería que ella pensaba dejarlo.

El aberrante crimen tardó más de dos horas, cambiando varias veces las cuchillas utilizadas, encontrándose tres de ellos al lado del cuerpo, ya que se habían roto al chocar en forma reiterada contra los huesos.

En el cuarto de Fabián la Policía secuestró un cuaderno lleno de dibujos. Uno de ellos muestra a un hombre con un hacha en la mano. Del hacha gotea sangre y como única inscripción hay tres "ja, ja, ja", confiaron los investigadores de la causa en el juicio seguido al asesino.


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