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Las barbas de Walter White



Un hombre es lo que es su barba y viceversa

¿Es posible imaginar a Heisenberg sin sombrero fedora y con el bigotito de Mr. White? Cuesta hacerlo. Cada cambio de actitud de Walter White ante el mundo adquiere una formación capilar: el bigote tímido, la controladora barba candado y la barba del santón hindú, propia del hombre con paz consigo mismo.

EL BIGOTE DE MR. WHITE



Hace tiempo que el bigote desapareció de la circulación. En ocasiones regresa, de visita, para unas fotos en Instagram. El bigote ha quedado para el monologuista que pretende hacerse pasar por un señor mayor y para el cincuentón con el labio superior amplio. Si acaso, el bigote aparece acompañando una barba de chivo, y en este estado es adoptado por futbolistas, aprendices de escritor influenciados por Bécquer y galanes de telenovelas ambientadas en entornos rústicos.

En el caso de Mr. White, el bigotito le permite ocultar un rostro entre anodino y afable. Un bigotito que avejenta demasiado y que lo coloca en una posición de debilidad ante los demás. Un gurú espiritual escogerá un rasurado perfecto o una barba, rara vez un bigote. Un bigote arcaico —como la mayoría—, pero que impone es propio del chuloputas o del motero o el bigote de entrenador de fútbol.

El bigotito de Walter White es pequeño, escaso, y nadie con un bigote ridículo puede imponer su voluntad sobre los demás, salvo Hitler. El bigotito de Mr. White podría aspirar como mucho a un Ministerio. Bigote propio de un llorón que solo se dignifica con un sombrero fedora, aquí comienza la leyenda de Heisenberg.

BARBA CANDADO

La cabeza calva y el bigotito no casan bien en un rostro demacrado, salvo que uno quiera ofrecer el aspecto de un profesor de música en un campo de concentración.



El paso de Walter White a Heisenberg se completa necesariamente con una barba candado. Una barba candado pone años al joven y da prestancia al adulto. Es propia de mafiosos de Miami, galanes latinoamericanos y cantantes pop. Una barba candado es el arreglado, pero informal de las barbas, porque exige un número de cuidados que el barbudo puede obviar.



Con esta barba, Walter White deja atrás la imagen tristona con su bigotito (tan triste como el que luce Joaquín Phoenix en Her —otro ejemplo de cómo un hombre con cara de vicio, se dulcifica con un bigotito). Mr. White con el bigotito no hubiera sido tomado en serio por los truhanes y villanos que mueven el negocio de las drogas.

Ahora, la barba candado enmarca cada una de las palabras de Heisenberg como si verdades absolutas. Una isla pilosa donde a veces los labios se comportan con la indiferencia cruel de un volcán. El sombrero fedora sigue teniendo peso en la imagen de Heisenberg, pero pierde cierto lustre ante la barba candado. El conjunto es una máscara de villano.

BARBA DE NÁUFRAGO

Oculto en una casita rodeada de nieve y nada, Walter White acaba sus días con una barba náufraga, barba de conde de Montecristo confinado entre paredes rocosas. Aunque el conde de Montecristo fue encerrado de manera injusta, para ambos hombres el resultado es idéntico: meses para urdir una venganza que se llevará a cabo con igual precisión que falta de pasión. Barba que reclama justicia.



También la barba del loco, del borracho que ha adquirido la paz consigo mismo y no se anda con rodeos para confesar sus flaquezas y sus errores.

Una barba tan poderosa que anula por completo el significado del sombrero fedora para la mitología de Heisenberg. Walter White con barba profusa y fedora se acercaría a la imagen de un viejo escritor de fantasía: un Alan Moore, un Terry Pratchett, un George R. R. Martin, todos ellos amigos de las barbas y los sombreros.

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