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Los macabros "resurreccionistas". Profanadores de tumbas

Finales de 1870 en Filadelfia. Ahí vivia el famoso Dr. Spencer Black, en donde las bandas de ladrones de cadáveres que exhumaban de los cementerios se los vendían a anatomistas y cirujanos. Una historia de horror y misterio.



Estamos en los días de la primera medicina y se vive un gran afán por descubrir los enigmas alrededor del cuerpo humano.



Las calles no son lugares seguros y hasta los propios cementerios no son lugares seguros puesto que podían ser visitados por los hábiles resurreccionistas, que pertenecían al más bajo escalafón del hampa y el submundo criminal de ciudades como Londres o Edimburgo.



Los anatomistas, rodeados de alumnos, se reunían en grandes salas de disección que debían ser nutridas con cuerpos y más cuerpos.



Tantos se necesitaban, que finalmente entraron en contacto con la criminalidad, llegándose incluso a firmar contratos, ya que su fama les precedía y eran capaces de enfrentarse a tiros a vigilantes y policías y, cuando eran detenidos, exponiéndose a la pena de muerte o al linchamiento popular.



Los cuerpos debían ser lo más «frescos» y enteros posibles, jugándose la vida a cambio de dinero e incluso, en caso de que fuesen atrapados, sus clientes, respetados doctores, se comprometían a hacerse cargo de sus familias, ya que eran imparables.



Los cementerios debían reforzar su vigilancia e incluso se habían ideado sofisticadas trampas provistas de increíbles armas y mecanismos ocultos en el interior de los ataúdes, accionándose en caso de que estos fuesen forzados o los llamados «mortsafes», ataúdes de seguridad reforzados de hierro.





Es curioso que una de las “normas” de los resurreccionistas era la de, a pesar de secuestrar el cadáver, no robar ninguna de las pertenencias con las que este había sido enterrado a pesar de su valor, quizá por superstición, quizá por miedo a represalias mayores



Con el tiempo este negocio fue extendiéndose, y se pagaban, aproximadamente, 7 libras por cada cuerpo.



Antes de la decimalización de 1971, cada libra estaba formada por 20 chelines (en la actualidad, son 100 chelines los que forman una libra), y equivalía a 5.65 gramos de plata cada libra. Por tanto, se pagaban unos 39 gramos y medio de plata por cada cuerpo previo encargo.



Y así, pronto surgieron nuevos negocios que trataban de abatir este negocio, y surgió la labor de los cuidadores de cementerios, que velaban cada noche por la seguridad del lugar desde un caserón conocido como Watch-house (Casa de vigilancia) situado en el interior de los camposantos, donde desde varias ventanas se establecía una vigía casi continua.



En el cementerio de Galsnevin (Irlanda), podemos encontrar una placa que agradece la labor de los vigilantes nocturnos por cuidar el Santo Lugar de las manos de los resurreccionistas.


Existen 2 obras que tocan estos temas, y la primera es "El diario real de un resurreccionista", y editado en 1896 por James Blake Bailey para la Biblioteca del Real Colegio de Cirujanos.



El nombre de esta obra viene por Jack Naples, un criminal que obviamente era resurreccionista, y que tuvo a bien hacer un diario en el que anotaba lo que hacía cada noche de trabajo con su banda.



El diario, escrito entre 1811-1812, nos cuenta con todo tipo de detalles, las aventuras en el arte del pillaje más abyecto en un Londres brumoso y aterrador, ya que, borrachos todo el día por la noche salían en la búsquedas de las tan preciadas y cotizadas piezas humanas.


Estando Black en la Academia de Filadelfia de Medicina, estudió y desarrolló una hipótesis poco convencional: ¿Qué pasaría si las más célebres bestias mitológicas -sirenas y tritones, minotauros y sátiros-eran en realidad los ancestros evolutivos de la humanidad?



LA COLECCION DEL Dr. SPENCER BLACK

La otra, es una biografía del Dr. Spencer Black, desde sus humildes comienzos hasta la misteriosa desaparición al final de su vida, en donde bestias mitológicas-dragones, centauros, Pegaso, y Cancerberos estan todos representados en meticulosamente detalladas ilustraciones anatómicas en blanco y negro.


Así pues, el Dr. Black comienza a llevar a cabo el gran trabajo de su vida: recrear de cualquier forma posible ejemplares de estas criaturas, que sabe positivamente que no son ninguna fantasía, partiendo de las muestras que tiene a su disposición en esas colecciones de rarezas humanas.




También el la publicación se puede ver una recopilación de preciosas ilustraciones anatómicas, acompañadas de sus descripciones y notación en latín de cada especie, y hasta de cada hueso, de seres como la esfinge, el dragón oriental, o el minotauro.
















Black era un prodigio científico reconocido en 1870 y tan solo a los 19 años, (segun los antecedentes), se une a un programa de cirugía único en su clase centrado en la reparación de las deformidades de nacimiento.



Es aquí donde desarrolla su teoría que las "mutaciones humanas" no son accidentes; en cambio, son el cuerpo que intenta crecer lo que una vez tuvo miles de años atrás.



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