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Los pueblos mas bonitos de la Argentina de Europa









En este cacho del paraíso en la tierra. En este matrimonio bien avenido formado por el mar y las montañas. En este confín del planeta, en este manto de nieve, en este mosaico de ciudades como Oslo o Bergen también hay pueblos. Descubrirlos supone dejar de mirar al cielo, a las montañas y al fluorescente mar, pero merece la pena pisar la civilización un ratejo.





Geiranger

El fiordo más bonito y espectacular de toda Noruega también tiene un pueblo que lo cierra, que parece intentar poner orden ante este caos natural tan espectacular. Geiranger no deja de ser el puerto para los cruceros, la puerta de entrada para los que visitan con más calma este lugar. Pero no solo ofrece vistazas espectaculares desde sus diferentes miradores, también tiene rincones interesantes como su iglesia octogonal de madera o su pequeño puerto deportivo.






Moskenes

En los confines occidentales del archipiélago Lofoten se encuentra este pueblecito que, aunque administrativamente vaya de ciudad, no engaña a nadie. Moskenes sigue siendo el pueblo de pescadores que lo fue toda su vida, el puerto resguardado por la bahía de los marineros más intrépidos. Conocerlo es hablar del mar, de los barcos coloridos que conjuntan con las casas marineras que sobreviven en sus rocas, de su iglesia casi bicentenaria y también de un faro, el de Glåpen, que avisa a todo el mundo que aquí comienza la hilera de islitas.






Tønsberg

Cuando el sol y el buen tiempo se dejan caer por Noruega suceden milagros como Tønsberg. El sur del país es distinto, más civilizado, menos salvaje y más europeo. Empezando por su embarcadero, puerta de entrada natural y una especie de paseo marítimo sofisticado, con tiendecitas y puestos de excursiones con gusto. No le falta su consecuente catedral, su barrio vejete y carismático de Nordbyen o su ruina monumental. La fortaleza de Tunsberghus aún vigila la ciudad desde el monte Slottfjellet.






Reine

Entre las razones de peso está su insularidad (eso de estar tan lejos, en las islas perdidas de Lofoten siempre suma exotismo), las cumbres que emergen del mar a su antojo y los encantadores y coloridos rorbuer, antiguas cabañas de color rojo que hoy sirven como alojamiento para visitante. Ah, y por mucho que los noruegos no pequen de gula, eso de ser un destino de la ruta del bacalao, siempre es un plus agradecido.






Nusfjord

Nusfjord no es ni siquiera un núcleo urbano, es más una hilera de casitas de colores cálidos que se alinean paralelas a la costa. Su uniformidad extrema la hace única y especial, pero no tanto como esa relación con el mar. Hasta este punto abandonado en las islas Lofoten llegan miles de personas movidas por el turismo pesquero y la promesa de un buen bacalao pescado, cocinado en uno de sus acogedores restaurantes y digerido bajo el cielo más radical.






Alesund

Alesund es más una ciudad que un pueblo. Y, además, la demostración de que aquí no solo manda la naturaleza, que lo bonito no es una marca registrada por las montañas y el mar. Ålesund es, sencillamente, preciosa. La robustez de los materiales choca con la delicadeza de su decoración y diseño, haciendo que, sin que sirva de precedentes, el entorno no importe un carajo.






Longyearbyen

Primer mito desmitificado sobre el archipiélago de Svalbard: no está poblado únicamente por osos polares. Segundo: el ártico no es solo una tundra nevada y aburrida. Tercero: no es aburrido. Y si no que se lo digan a los habitantes de la población de más de 1.000 habitantes más septentrional de la Tierra. Para animar esta vida invernal decidieron vivir en casas de colorines o incluso homenajear a su pasado minero con algunos monumentos.






Stamsund

La gracia de Stamsund no está solo en el equilibrio que hacen las casas pesqueras en su escarpada costa. Tampoco en lo insultantemente claras que son las aguas en el enésimo recodo de su litoral. En Stamsund hay vida, incluyendo una estación invernal, una iglesia blanca y hasta una serie de teatros, que la hacen comportarse como la capital cultural de las Lofoten.






Tromsø

Con su cultura sami, su orgullo sami y sus guardería sami. Pero sobre todo, por su empeño en ser un lugar normal, un sitio en el que las rarezas geográficas no importen. Por eso tiene vida nocturna anticongelante, un maravilloso festival de cine y edificios contemporáneos como la nueva biblioteca o la catedral del ártico que ya le gustaría tener a muchas ciudades más meridionales y presumidas.






Fredrikstad

Si alguien busca algún reducto de medievalismo en Noruega que lo haga en Fredrikstad. En esta encantadora localidad aún se conserva el foso en forma de estrella que defendía uno de los enclaves estratégicos y bélicos más importantes de Escandinavia. Y, como suele ocurrir, cruzar las antiguas defensas es viajar hacia el pasado, aunque en un país tan cambiante y duro como es éste se agradece mucho más. Su casco histórico tiene esa esencia caótica, ese encanto de los cafés coquetos y las casas alegres y también la chispa del turismo como el museo de la ciudad o la Fortaleza Kongsten.












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