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Niños Asesinos! Petiso Orejudo argentino

1. Jesse Harding Pomeroy (El niño Psicópata)



Edad: 14

Uno de los primeros casos conocidos acerca de niños asesinos es el del norteamericano Jesse Harding Pomeroy, nacido el 29 de Noviembre de 1859 en el pueblo de Charleston, Massachusetts. Fue el segundo hijo de Thomas y Ruthann Pomeroy, personas que vivían en la medianía económica de ese entonces. Se dice que el padre de familia era un sujeto abusivo y alcohólico, no muy diferente de la gran mayoría de hombres de su condición. Por cualquier motivo que lo enfureciera, llevaba a sus hijos a una cabaña donde los desnudaba y aporreaba hasta aplacarse. De estas palizas Jesse no asimiló la idea de la buena conducta, sino una forma pervertida del placer y la diversión.

De acuerdo a los relatos de la época la apariencia de Pomeroy inspiraba miedo. El mismo estaba conciente de que era un sujeto diferente. Su cuerpo era muy grande para su edad, así como su cabeza, orejas y rasgos faciales poco favorecedores. Su ojo derecho carecía de iris y pupila, confiriéndole un aspecto aterrador. Ni su propio padre podía mirarlo sin experimentar un escalofrío.

En casa de la familia Pomeroy no podía haber mascotas. De forma inesperada, aparecían muertos. Una vez, los canarios de la señora Pomeroy aparecieron con las cabezas arrancadas y después de que descubriera a Jesse torturando al gato de los vecinos, se decidió que no entrarían más animales al domicilio. Los animales constituyen la experimentación del sadismo y la violencia que en un futuro el psicópata ha de aplicar a sus semejantes.

Tristemente conocido a finales del siglo XIX, como "el novio de Bostón", secuestró y torturó sexualmente a ocho niños. Por estos crímenes fue sentenciado a un reformatorio del que pronto fue puesto en libertad, volviendo a su enloquecida carrera criminal: ASESINÓ A UNA NIÑA DE DIEZ AÑOS QUE FUE A LA TIENDA DE SU MADRE, Y SECUESTRÓ A OTRO NIÑO DE CUATRO AÑOS, HORACE MULLEN, AL QUE ACUCHILLÓ TAN SALVAJE MENTE QUE CASI LO DECAPITÓ. ANTE SU CUERPO, Y PREGUNTANDO SI ERA RESPONSABLE, CONTESTÓ DE MANERA DESPREOCUPADA: "Sí, supongo que lo hice yo"

Y es que era muy difícil para la autoridad ejecutar a un chico de 14 años ¡Jamás había ocurrido la necesidad de ejecutar a un hombre tan joven en la historia penal de la nación! Todos se iban pasando la patata caliente de mano en mano. Finalmente el gobernador Alexander Rice tomó una decisión, tras escuchar el veredicto de un panel de asesores quienes recomendaban la ejecución como solución final a este molesto asunto público. Rice entonces aceptó que el castigo debía ser ejemplar pero no la pena capital y sin publicitar su decisión, impuso la cadena perpetua para Pomeroy, no solo eso, esta debía ser cumplida en solitario. Era algo así como enterrar vivo al sádico bribón.

Durante su encarcelamiento la única persona en visitar a Jesse Pomeroy fue su madre mes tras mes, hasta que ella murió y nadie más fue a visitarlo de nuevo.

En 1929 fue removido de Charlestown para llevarlo a un hospicio de la policía donde pasó los dos últimos años de su vida plagado de enfermedades y en franca agonía. Su deseo final fue ser cremado y que sus cenizas fueran esparcidas a los cuatro vientos. Jamás mostró remordimiento alguno por sus víctimas.

2. Mary Flora Bell



Edad: 10


1957, fue encarcelada en diciembre de 1968 , culpable del asesinato de dos niños; Martin Brown (de cuatro años de edad) y Brian Howe (de tres años de edad). Bell tenía once años cuando fue encarcelada por los asesinatos.

La madre de Bell, Betty, era una prostituta. Mary fue su primera hija, que nació cuando Betty tenía 16 años. Personas no pertenecientes al circulo familiar, señalaron que Betty intentó en más de una vez, asesinar a Mary y hacerlo aparentar como un accidente, en los primeros años de vida de la pequeña. También, la misma Mary señaló que fue víctima de abuso sexual por parte de su madre más de una vez, diciendo que ella la obligaba a participar en actos sexuales con hombres desde los cuatro años de edad.

Mary Bell fue encarcelada por estrangular a un niño pequeño llamado Martin Brown el 25 de mayo de 1968, el día anterior a cumplir sus 11 años de edad. Por lo que se sabe, estaba sola al momento del asesinato. Entre ese momento y el segundo asesinato, ella y su amiga Norma Bell (quien no tenía relación familiar con ella) La Policía de Newcastle desestimó este incidente diciendo que era sólo una broma.


El 31 de julio de 1968 las dos tuvieron parte nuevamente en un asesinato y nuevamente por estrangulación, de Brian Howe de tres años de edad. Los informes de la Policía concluyeron que Mary Bell volvió al lugar del crimen con una navaja para escribir una "N" en el estómago del niño, y luego, con esa misma navaja pero con otra mano, formó la "M". Mary Bell también usó un par de tijeras para cortar partes del cabello de Brian Howe además de sus genitales. Las niñas eran muy jóvenes y sus testimonios se contradijeron mucho, por lo que nunca se supo con claridad lo que sucedió. En principio la muerte de Martin Brown fue declarada como accidente, ya que no había pruebas de nada extraño. Sin embargo, la muerte fue vinculada con el asesinato de Brian Howe y finalmente en agosto las dos niñas fueron detenidas y acusadas de dos cargos de asesinato en segundo grado.

El 17 de diciembre de 1968, Mary Bell fue absuelta del cargo de asesinato pero fue condenada por "asesinato en segundo grado debido a su falta de responsabilidad", el jurado tomó esta decisión después de escuchar los resultados psiquiátricos de la niña, que decían que tenía los clásicos síntomas de una psicopatía. Fue sentenciada a la llamada pena "at Her Majesty's Pleasure", es decir, una sentencia a prisión indefinida. Norma fue absuelta de ambos cargos.


Desde el momento en que fue presa, Mary fue centro de atención de la prensa británica y de la revista alemana Stern. La madre de la niña, vendió en varias oportunidades historias acerca de ella y concedió muchas entrevistas a la prensa sobre Mary, escribiendo historias y diciendo que eran de la niña. Mary volvió a los titulares de la prensa de nuevo ,cuando en septiembre de 1979, escapó brevemente de la custodia de la prisión.

3. Brenda Spencer



Edad: 16



Brenda Ann Spencer (San Diego, California (Estados Unidos), 1962 es una asesina convicta que protagonizó un tiroteo con varios heridos y dos víctimas mortales en un colegio estadounidense el lunes 29 de enero de 1979.


Hirió a ocho niños y a un oficial de policía, asesinó al director de la Cleveland Elementary School en San Diego (California) (Burton Wragg), y al guarda Mike Suchar mientras disparaba al azar apuntando hacia dicha escuela desde una de las ventanas de su casa que estaba frente al edificio.


El rifle con el que actuó le fue regalado en las Navidades anteriores por su padre. El incidente finalizó seis horas después, y tras su captura le fue preguntado el por qué de su acción. Ella simplemente se encogió de hombros y respondió "No me gustan los lunes. Sólo lo hice para animarme el día", añadiendo a continuación, "no tengo ninguna razón más, sólo fue por divertirme, vi a los niños como patos que andaban por una charca y un rebaño de vacas rodeándolos, blancos fáciles".


Fue declarada culpable de dos asesinatos y asalto con arma mortal, y condenada a cumplir un minimo de prisión de 25 años hasta cadena perpetua en una institución para mujeres en Corona (California).
El crimen de Brenda y su falta de remordimiento inspiró a Bob Geldof que compuso el tema "I Don't Like Mondays" ("No me gustan los lunes", basado en la respuesta que dio Brenda cuando le preguntaron por el motivo de su crimen,1 y donde se comentaban los hechos ocurridos en tan fatídica fecha.

4. Michael Carneal

Edad: 14



Siempre le gistaba vestir de negro, y sufría las burlas de sus compañeros de clase que le robaban el almuerzo y decían de él que era un bicho raro, un nerd (empollón) con aficiones satánicas.

Una mañana, llevó una pistola a la escuela y abrió fuego sobre un pequeño grupo de rezo. Tres chicas murieron y cinco estudiantes resultaron heridos. Pronto se supo que Corneal tenñía un arsenal robado y que habia afirmado que cualquier día iba a hacer una matanza en la escuela.

Nadie lo tomó en serio. (Diciembre de 1997, Kentucky)

5. Joshua Phillips


Edad: 14



A sus 14 añitos, golpeó a su vecina de 8 años hasta provocarle la muerte, después de lo cual la escondió debajo de su cama durante nada menos que una semana.

Cuando su madre descubrió que algo olía mal debajo del somier, descubrió el cadaver, aterrorizada por ello y por la sangre fría de su propio hijo, quién le confesó que solo había estado jugando con ella, huyó de la casa tan rápido como pudo.


Una vez solo, Joshua apuñaló el cadaver 11 veces sin ningún tipo de piedad, como quién acuchilla a un juguete roto que uno desprecia.

6. Kipland Kinkel


Edad: 15



(Mayo, 1998, Orgón-EE UU) Galardonado, en broma, por sus compañeros como "el estudiante que probablemente iniciará la III Guerra Mundial" mató a dos de ellos, hirió a siete y causó una estampida con numerosos heridos.

Cuando la policía llegó a su casa, había asesinado a sus padres y el lugar estaba repleto de bombastrampa destinadas a las fuerzas de seguridad. Una de ellas muy cerca del cuerpo de su madre


6. George Junius Stinney Jr.


Edad: 14



Era un niño pobre, negro y analfabeto de un tranquilo pueblo del sur de EE UU. Una soleada mañana de primavera acabó con la vida de dos niñas blancas: Betty June Binnicker, 11 años, y su amiga Mary Emma Thames, de 8 años, que habían salido de casa a recoger flores.

George Junius Stinney Jr. fue condenado a pena de muerte por un jurado blanco, el 16 de junio de 1944. Se convirtió en la persona más joven condenada a muerte en Estados Unidos durante el siglo XX y una más en la lista de los 356 menores condenados a muerte desde la fundación del país.



7. Edmund Kemper


Edad: 15



Conocido como "El asesino de las colegialas", poseía un cociente intelectual de 136 y desarrolló un comportamiento sociopatológico desde muy joven, ya que torturaba y asesinaba a animales, representaba rituales sexuales bizarros con las muñecas de sus hermanas y llegó a decir que, para besar a una maestra por la que se sentía atraído previamente tendría que matarla.


El 27 de agosto de 1964, a los 15 años, Edmund tiroteó a su abuela - con la que vivía en un rancho de unas 7 hectáreas - mientras ésta estaba terminando su último libro para niños. Pero, la cosa no acabó ahí, puesto que cuando llegó su abuelo también le mató. Acto seguido llamó a su madre y la instó a que avisara a la policía, pues había matado a sus abuelos. Las declaraciones que dio a los agentes fueron las siguientes: él "sólo quería ver qué se sentía al asesinar a su abuela" y mató a su abuelo porqué sabía que se enfadaría por haber matado previamente a la abuela.


El quinceañero fue internado en el Hospital Estatal de Atascadero y, además de hacerse amigo de su psicólogo, se convirtió en su asistente. Gracias a su inteligencia, se ganó tal confianza del doctor que se le permitió el acceso a las pruebas aplicadas a otros internos. Gracias al aprendizaje que obtuvo de estas pruebas impresionó a su médico y consiguió el alta - algo muy discutido por otros médicos - demostrando después que había sellado para siempre su historial juvenil.


8. Willie Bosket

Edad: 14



Antes de cumplir 15 años Willie ya había cometido más de 2 mil crímenes en Nueva York, entre ellos acuchillar a varias personas, pero a ésta edad mató a un niño en una pelea, poco después comenzó una ola de robos en el metro que terminó con la muerte de 2 personas a las que según él disparó solo para saber que se sentía.


Willie fue sentenciado a 5 años de carcel por ser menor de edad, salió a los 20 años pero al poco tiempo regresó por otros delitos y ahora tiene una condena de por vida, una vida que él mismo describe como vacia ya que solo ha estado fuera de alguna carcel 9 años de los 45 que lleva viviendo.


9. Jon Venables y Robert Thompson

Edad: Ambos tenían 10 años



Thompson y Venables, que fueron juzgados como adultos por decisión expresa del gobierno y condenados a cadena perpetua, serán vigilados todo el resto de sus vidas, y si alguna vez cometen otro delito serán enviados nuevamente a prisión.

El bebe asesinado



10. Luke Woodham




Este chico de 16 años, sufría el acoso y las burlas de sus compañeros en Pearl, Mississipi. Cuando su novia le dejó, entró en cólera. Apuñaló a su madre la mañana del 1 de octubre, y se llevó al colegio un rifle y una pistola. Mató a su ex novia y a otra chica. Y no paró ahí. Hirió a otros siete alumnos antes de quedarse sin municiones. Volvió al coche a por más, y fue detenido por el subdirector.

Woodham explicó que el mundo había sido injusto con él, que no podía aguantar más. «Maté porque la gente como yo es maltratada cada día», dijo. «He hecho esto para mostrar a la sociedad: abusad de nosotros y contestaremos». En el juicio, declaró que había sido poseído por los demonios que eran manipulados por un miembro de su grupo.

11. Eric Harris y Dylan Klebold

Edad: 17 y 18



Eric Harris, de 18 años de edad, y Dylan Klebold de 17, entraron en la escuela, de donde eran alumnos, armados con dos escopetas (una de ellas recortada), una carabina Hi-Point 995 semiautomática de calibre 9 mm, una pistola Tec 9 semiautomática de calibre 9 mm, varios dispositivos explosivos caseros y una bomba compuesta por un tanque de propano de 9 kilogramos.

Los adolescentes, antes de suicidarse, realizaron numerosos disparos en la cafetería y en la biblioteca de la escuela, asesinando a 13 personas (12 alumnos y un profesor) e hiriendo a 24 alumnos, resultando un total de 15 personas fallecidas. En total hubo dos tiroteos: el primero desde que los dos adolescentes abandonaron el estacionamiento hasta que entraron en el instituto; primero asesinaron a Rachel Scott, que estaba almorzando junto a su compañero Richard Castaldo (éste quedó paralítico tras recibir impactos de bala en la columna), luego a Daniel Rohrbough, cuando intentaba huir del instituto y finalmente a Dave Sanders, el cual falleció horas después de recibir los disparos por pérdida de sangre.

El segundo tiroteo fue el más sangriento, en el cual fallecieron 10 alumnos y otros muchos fueron heridos. Los asesinos, tras veinte minutos disparando en la cafetería e incendiándola, subieron de nuevo a la biblioteca donde lanzaron una última ráfaga de disparos a la policía y se suicidaron, primero Eric Harris, disparándose en la boca, y después Dylan Klebold disparándose en la cara.

Se trata, hasta hoy día, del tiroteo más sangriento producido en un instituto en toda la historia de los EE.UU.


12. Cayetanos Santos Godino "El Petiso Orejudo" ARGENTINO!
Edad: Desde los 7 años.



El famoso caso argentino del Petiso Orejudo, se hizo una Película que se llama "El niño de barro" y también es nombrado en la película "El secreto de sus ojos" en una de las escenas.

Un día de 1906, el empleado municipal Fiore Godino entró en la comisaría décima, en la calle Urquiza 550, y a los gritos clamó ayuda para controlar a su propio hijo, Cayetano Santos Godino, de sólo 9 años:

–¡Señor comisario, yo no puedo con él! Es imposible dominarlo. Rompe a pedradas los vidrios de los vecinos, les pega a los chicos del barrio… Y si lo encierro en casa es peor. Se pone como loco. El otro día encontré una caja de zapatos. Había matado a los canarios del patio, les había arrancado los ojos y las plumas y me los dejó en la caja, al lado de mi cama…

El comisario fue a buscar a Cayetano al conventillo de la calle 24 de Noviembre 623, donde vivían entonces los Godino, y se lo envió al juez. Tras una reprimenda, fue devuelto a sus padres. Como no mejoraba, en 1908 lo encerraron en un reformatorio de Marcos Paz. Iba a pasar allí tres años, pero no sirvió de nada.

Cayetano Santos Godino comenzó a matar y a quemar en un raid criminal como la ciudad jamás había visto. Buenos Aires celebraba con grandes fastos el centenario de la patria. La ciudad era una fiesta, pero algunos comensales no habían sido invitados. Entre ellos, Cayetano Santos Godino, que quedó en la historia criminal argentina –y en la mitología negra de Buenos Aires– como "El Petiso Orejudo".

Fiore Godino y Lucia Ruffo, dos campesinos sardos, habían llegado en 1884 a Buenos Aires. Eran analfabetos y huían de la pobreza, pero también de una tragedia personal: el hijo primogénito, también Cayetano, había muerto de una afección cardíaca a los diez meses de edad. Después, los Godino tuvieron una hija, Josefa, con la que emprendieron la travesía, y en Buenos Aires les nacieron nueve hijos más. Al último, que vio la luz en 1896 en el conventillo de Deán Funes 1158, lo bautizaron Cayetano, como al muertito.

La vida de los Godino no fue fácil; no sólo porque l’América ya estaba hecha, sino por las desventuras de Fiore. El padre de Cayetano era sifilítico y alcohólico, aunque se las arreglaba para ir tirando, hasta que finalmente consiguió un trabajo de farolero (encendía el fuego en los faroles de alumbrado). Cayetano era un chico frágil: enfermó de enteritis a los pocos años y creció raquítico. Peor les fue a algunos de sus hermanos, como Antonio, que era epiléptico. Cuando Fiore llegaba a casa –las dos piezas del conventillo donde la familia habitaba– les propinaba feroces palizas a Lucía y a sus hijos. Cayetano fue a varias escuelas, pero duraba poco: lo expulsaron seis veces y nadie le enseñó a leer. Cuando fue revisado por los médicos, éstos contaron 27 cicatrices en la cabeza provocadas por las palizas del padre y de su hermano Antonio.

A los siete años, Cayetano era tan bajo y menudo que parecía de cuatro. Lo llamaban "El Oreja" o "El Petiso Orejudo" porque sus apéndices auditivos eran grandes y apantallados. A los 8 cometió su primera fechoría. Tomó de la mano a un niño de 21 meses y lo llevó a un baldío donde comenzó a pegarle en la cabeza con una piedra. Al pequeño Miguel de Paoli lo salvó el vigilante de la esquina, que llevó al agresor a la comisaría. El padre tuvo que ir a buscarlo y todo quedó como una pelea de chicos. ¿Quién podía pensar que en ese incidente comenzaba su carrera el mayor asesino serial y pirómano nunca conocido en el sur de América?

No se sabe qué sucedió durante los tres años que Cayetano pasó en la colonia penal de Marcos Paz, salvo que varias veces intentó fugarse. Pero a fines de 1911 mandaron a Cayetano a casa para que pasara la Navidad en familia.

LA NIÑA EN LLAMAS

El año siguiente, 1912, iba a ser un año lleno de acontecimientos, en la Argentina y en el mundo. Se hundió el Titanic en el Atlántico norte y en algunos cabarets de Buenos Aires comenzó a actuar un dúo de tangueros: el cantor Carlos Gardel y su guitarrista José Razzano. Pero para muchos porteños aquel 1912 quedó en la memoria como un año atroz, porque fue cuando un fantasma recorrió Buenos Aires dejando una huella de sangre…

El 25 de enero de 1912 se encontró, en una casa vacía de Pavón 1541, el cadáver de Arturo Laurora, de 13 años, golpeado y estrangulado.

A las seis de la tarde del 7 de marzo de 1912, una niña de 5 años llamada Reina Bonita Vainicoff, hija de inmigrantes judíos que vivían en la avenida Entre Ríos 522, miraba la vidriera de una zapatería. De pronto, sin que nadie atinara a darse cuenta cómo, el vestido blanco de Reina Bonita, lleno de volados y puntillas, comenzó a arder. Alguien le había tirado un fósforo. A pesar de los gritos desgarradores de la niña en llamas, y de que un policía se tiró sobre ella para apagar el fuego con el cuerpo, no pudo ser salvada. Reina Bonita, con quemaduras múltiples, murió 16 días más tarde. La tragedia se ensañó con la familia Vainicoff: el abuelo, al ver que su nieta ardía, cruzó la avenida Entre Ríos sin mirar y lo mató un auto.

El 16 de julio de ese mismo año, Cayetano incendió un corralón en Garay al 3100. En septiembre, mientras trabajaba como mandadero en unos almacenes del barrio, acuchilló a un caballo en los establos de Chiclana al 3300. Dos días después prendió fuego a la estación de tranvías de la Compañía Anglo, que tenía entrada por Estados Unidos y por Carlos Calvo. El 8 de noviembre de 1912, y en un descuido de sus padres, desapareció el niño Roberto Carmelo Russo, de dos años y medio, quien jugaba con su hermanito mayor en la vereda de Carlos Calvo al 3800. Minutos más tarde, un vigilante rescató a Roberto Carmelo en un baldío. Lo habían maniatado con un piolín. Junto a él estaba un muchacho menudo y de orejas apantalladas: alegó que acababa de descubrir a Robertito y estaba desatándolo.

Durante ese mes de noviembre, otros extraños sucesos conmovieron al barrio: alguien incendió un galpón de azulejos en la calle Carlos Calvo y Carmen Ghittoni, de tres años, fue golpeada en un baldío de Chiclana y Deán Funes. El vigilante llegó corriendo y sólo avistó de lejos al agresor, que huía. Cuatro días después, Catalina Neolener, de cinco años, sufrió un ataque similar en el umbral de su casa, en Directorio 78. Pero todo se iba a precipitar el día de la tragedia, el martes 3 de diciembre de 1912.

UN CHICO LLAMADO JESUALDO

Pocos lugares habría más tranquilos que aquella cuadra de la calle Progreso (hoy Pedro Echagüe) entre Jujuy y Catamarca. Esa mañana, la señora María Giordano abrió la puerta de calle y miró al cielo. Estaba nublado y bochornoso, pero no parecía que fuera a llover. Dirigiéndose a su hijo Jesualdo, un gordito de tres años y medio que llevaba una pelota colorada bajo el brazo, le recomendó:

–Quedate jugando en la vereda, Jesualdito, pero no crucés.

Fue lo último que le dijo. Cuando volvió a verlo, su hijo estaba muerto. La tarde del 3 de diciembre Jesualdo fue encontrado en un basural conocido como la quinta Moreno, donde funcionaba antes el horno de ladrillos de la fábrica La Americana. Lo habían estrangulado con trece vueltas de un piolín que se le hundió en el cuello. Como no terminaba de morir, el homicida le perforó la sien derecha con un clavo de cuatro pulgadas, al que golpeó con una piedra hasta que la punta salió por el otro parietal. Luego tapó el cuerpito con chapas de cinc y se fue tranquilamente a su casa.

El horroroso crimen de Jesualdo Giordano hizo explotar a la ciudad. El conventillo de Progreso 2585, en el que vivían los Giordano, se colmó de vecinos indignados. Según la crónica del diario La Prensa, la policía sabía perfectamente quién era el asesino: sospechaban hacía tiempo de Godino, aunque no tenían pruebas. Quizá no se animaban a proclamar que un niño fuese el culpable de esos crímenes que la opinión pública adjudicaba a siniestras organizaciones criminales como la Mano Negra, dedicadas a secuestrar chicos.

"El Oreja", con inconsciencia, parecía provocar al mundo. Durante la reconstrucción del crimen de Jesualdo, Godino fue visto entre el gentío que llenaba la quinta Moreno. También fue al velorio, y hasta algunos dijeron que se mostró compungido al acercarse al féretro blanco y tocar la cabecita con mano trémula. Se sabe que compró un ejemplar del diario y se hizo leer la crónica de los hechos (era analfabeto). Luego recortó la noticia y se la guardó.

Los vecinos que declararon ante la policía coincidieron: poco antes del hecho, habían visto pasar al pequeño Jesualdo de la mano con Godino. "El Oreja" fue detenido la noche del 5 de diciembre. Los diarios revelaron los detalles de la confesión del "Petiso", que habló durante varias horas.

LOCO MORAL

El proceso a Cayetano Santos Godino se prolongó por dos años, durante los cuales "El Petiso" fue recluido en el Hospicio de las Mercedes. Las más importantes figuras de la psiquiatría criminal concurrían para examinar al reo y comprobar cómo era aquel ser al que la prensa calificaba de fiera humana. Muchas voces reclamaron que se lo condenara a la pena capital, que entonces estaba en vigencia para delitos como el homicidio, aunque no podía aplicarse a menores. ¿Pero podía llamársele niño al "Petiso", aunque su partida de nacimiento dijera que sólo tenía 15 años?

Godino fue procesado por tres homicidios (los de los niños Arturo Laurora, Reina Bonita Vainicoff y Jesualdo Giordano) y once agresiones. ¿Cometió otros crímenes? El proceso nunca lo esclareció. Se dijo con insistencia que "El Oreja" habría matado a otros niños, por ejemplo la pequeña María Rosa Face, una nena perdida que nunca apareció ni viva ni muerta y cuyos padres regresaron a Italia. También al niño Lautaro Marchi, que sin embargo no figura en el expediente criminal.

No había mucho que discutir en el proceso a Cayetano Santos Godino, asesino y pirómano confeso. Para el doctor Domingo Cabred, célebre alienista y director del Hospicio, Cayetano era un "imbécil", o bien un "loco moral": su degeneración provenía de la falta de afectos, la limitación de su inteligencia y su impulsividad mórbida. "Tiene conciencia y memoria del impulso destructor", sostenían los dictámenes, pero era un "degenerado hereditario", y ello explicaba su sadismo.

Godino era examinado como un cobayo; en el diagnóstico, se destacaban sus características físicas: la escasa talla (1,51 metros), la cabeza pequeña (microsomía); la extensión de sus brazos, que abiertos alcanzaban una envergadura de 1,85 metros; sus orejas desmesuradas y en asa, su miseria física y la desmesura de su órgano sexual. Todo conducía a una conclusión: Godino estaba predestinado al crimen.

El doctor Cabred sostuvo este diálogo con "El Oreja":

–¿Es usted un muchacho desgraciado o feliz?

–Feliz.

–¿No siente usted remordimientos por lo que ha hecho?

–No entiendo.

–¿Piensa que será castigado por sus delitos?

–He oído que me condenarán a veinte años de cárcel y que si no fuera menor me pegarían un tiro.

¿Qué pasaba por la mente de Godino cuando cometía sus crímenes? Según sus palabras, una fuerza ingobernable lo dominaba, el dolor le partía el cráneo y ese sufrimiento sólo se aliviaba golpeando, matando. Sin embargo, todos los exámenes descartaron que padeciera epilepsia.

–¿Por qué incendiaba las casas? –preguntaba Cabred.

–Porque me gusta ver trabajar a los bomberos. Cuando ellos llegaban, yo colaboraba trayéndoles baldes de agua.

–¿Y robar?

–He probado, no me gusta.

Godino fue condenado en 1914 a la pena de penitenciaría perpetua, que era irredimible. El juez lo envió a la Penitenciaría Nacional de la calle Las Heras, donde podía ser aislado en una celda. Allí pasó varios años. Aprendió a leer y escribir, a sumar y restar.

En 1923 se inauguró en Ushuaia un presidio de máxima seguridad. Se la llamó "la cárcel del fin del mundo". Godino, severamente custodiado y engrillado, fue trasladado a ella en el transporte Chaco.

LOS GATITOS MUERTOS

En 1933, José María Soiza Reilly, periodista y escritor muy popular, entrevistó a Cayetano Santos Godino en la celda que ocupaba, la número 90. Por esa entrevista, publicada en la revista Caras y Caretas, el público se enteró de que Godino había matado a dos gatitos que eran las mascotas de los presos, y que por ello le habían propinado una feroz paliza. También contaba que en una de las primeras operaciones de cirugía estética que se habían hecho en el país le habían achatado las orejas, esas orejas aladas que según algunos eran la causa de su maldad. La operación fue auspiciada por el gobierno, que envió un equipo médico y un fotógrafo a Ushuaia.

Cayetano Santos Godino nunca recuperó su libertad. Según el certificado de defunción, "El Petiso Orejudo" falleció el 15 de noviembre de 1944 por una hemorragia interna causada por gastritis avanzada. ¿Murió de una paliza que le propinaron los presos? Cuenta la leyenda que, cuando el penal fue clausurado, en 1947, los huesos de nuestro primer asesino serial no pudieron ser hallados en el camposanto del lugar. En cambio, la esposa del último director tenía un pisapapeles con el fémur de Cayetano Santos Godino.

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