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Sakura no Hana, la flor de cerezo




Sakura, flor de primavera. Tu sonrisa florece por todo el campo y tu piel blanca recubre la vereda como si un manto de nieve arropara a la tierra. Son tus pétalos en racimo los que despiertan la rama yerta; nubes celestiales que culminan el germinar del suelo fértil. Mientras el tiempo marca el paso de las estaciones de forma tiránica. El ciclo de la vida y de la muerte en un inevitable tránsito. Son las trece lunas las que llevas en la afilada guadaña, con la promesa de que en verano segarás la cosecha de trigo. Sakura, ¿debo hacer caso al brillo de esperanza que veo en tus ojos? Te miro la cintura, y veo como la hoja del cerezo rodea tu cuerpo, en una alambrada de cicatrices y espinas, que aprisionan tu ombligo redondo. Pero es la fragilidad de tu piel lechosa, tan suave al tacto de mis dedos lo que me fascina. ¡Eres tan joven! ¡Eres tan pura! Eres una dulce geisha que transformaste la piel en un delicado algodón de azúcar. Aparto los mechones de tu frente, y descubro tu nuca, liberada por un par alfileres de bambú, que recogen tu cabello en un moño ceremonial. Bebo de tu cuello virginal. Sakura, mi pequeña niña de ojos rasgados.

Traes la belleza concentrada en los pequeños brotes verdes que acampanados se abren voluptuosos y dan lugar al misterio de la estrella naciente. Pero tu flor nívea es tan pequeña y frágil, que se desprenderá con la fuerza caprichosa de la ventisca o la tormenta. Cuando llores, Sakura, llenarás de lágrimas blancas el susurro de la brisa, y tu sollozo te deshojará hasta dejar al descubierto tu corteza desnuda. Sé que la belleza de este momento se deshará en un instante fugaz y me preocupa si estaré a la altura. Temo intentar coger tus lágrimas y que estas se escurran entre mis dedos, y que todo mi esfuerzo se vuelva inútil. Temo sobretodo quedarme perplejo ante la imagen desprendida de tu nieve de bailarines pétalos cayendo a mi alrededor. Los dos sabemos que no llegará el otoño a marchitarte, sino que tus flores descenderán temblorosas con la misma suavidad que ofrecen las caricias de tu lengua. Tampoco llegarán las arrugas a tu rostro, aunque haré que en mi recuerdo permanezcas así: impoluta y eterna.

Sakura. ¡Traéme la vida en esta mañana alegre de abril! Tráemela aunque sea tan efímera que luego me duela. Brota de tus montañas de hielo, el agua helada. Despierta el torrente que albergas en tus entrañas; que vuelva el río a ser río, y tus ojos a los míos; que vuelva el canto matinal de los pájaros, y tu boca a mi boca; que vuelva el fruto dulce y rojo a preñar tu vientre y que amanezcamos a la mañana abrazados juntos en este día de abril. Hemos de ser capaces de seguir hacia delante, de alimentar en este último día nuestros besos desesperados, aunque seamos conscientes de que mañana todo se habrá terminado. ¿Qué nos quedará entonces Sakura? Quedará el carmín rojo de tu boca marcado a fuego en mi piel; quedará la huella rosada de tus finos labios sobre mi cuello. ¿No es eso suficiente, Sakura? ¿No tendrás bastante?

Dame la vida, Sakura, que si mañana mueres, morirás abrazada a mis brazos. Qué tu misma generosidad es la que me endeuda hacia un compromiso eterno; haré un pacto de dioses que servirá para redimir mis incumplidas promesas; prometo que si todo lo que se crea es verdad que está condenado una trágica extinción, al menos estas palabras fijarán tu recuerdo en la memoria de mi corazón.

No temas, flor de primavera. No temas tu agonía, que mis besos velarán tal Romeo tu último aliento. Te juro que tu recuerdo se perpetuará en el hálito de vida que me has insuflado. Te irás para no volver, quizás vuelvan otras, pero ninguna volverá a ser la princesa blanca a la que rendí los besos de mi boca
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Sakura no Hana, la flor de cerezo


Los cerezos producen uno de los espectáculos florales mas grandes del mundo. A través de la historia, estos arboles se han convertido en símbolo de belleza y sabiduría universal. Con sus exquisitas flores, conocidas en Japón como Sakura, estos arboles han creado tradiciones que aun se conservan en muchas partes del mundo



Su historia:
Los cerezos son los arboles oriundos de Asia. No solo hijos del Japón, sino también de China, Corea y la India. Estos maravillosos arboles se caracterizan por su espectacular transformación durante la primavera, revelando al mundo, a través de sus flores, el misterioso ciclo de la vida. Los cerezos florales se plantan mayormente con propósitos ornamentales y no para dar frutos.
Durante la mayor parte del año estos arboles no dicen mucho. Parecen no tener nada de especial que mostrar, con las típicas hojas verdes que podemos encontrar en cualquier árbol. Pero cuando llega la primavera, el escenario se torna absolutamente diferente. Blancos o rosados capullos comienzan a brotar de sus ramas hasta cubrirlas completamente. En muchos países, cuando llega esta época, todos salen a los parques y los campos a presenciar la metamorfosis del cerezo. Es muy común ver familias enteras, amigos, colegas, todos sentados bajo el manto rosado de estas encantadoras flores. La costumbre de celebrar la flor del cerezo durante la primavera se origino en China antigua. Y aunque la mayoría de los cerezos florecen durante esta época, hay ciertas especies que se llenan de flores durante el otoño e inclusive el invierno.






La flor:
La flor de cerezo se caracteriza por su color rosa pálido. Sin embargo, también hay cerezos de colores rosado oscuro, amarillo y verde. Inclusive algunas flores cambian su color luego de haber abierto.



La variedad mas común de cerezo en Japón es el Somei Yoshino, que cuando florece da una flor blanca, motada de un rosa pálido. La flor no llega a marchitarse, sino que es tan frágil que en apenas unos días se desprende de la rama por acción del viento. Los japoneses interpretan este suceso como una metáfora de la vida y la muerte. Una muerte en el punto álgido de la vida. La belleza y la tragedia de una muerte joven. Se le identifica también con la belleza femenina y también como augurio de buena suerte. El emblema de los guerreros samurái era la flor del cerezo. La aspiración de un samurái era morir en su momento de máximo esplendor, en la batalla, y no envejecer y "marchitarse", como tampoco se marchita la flor del cerezo en el árbol.



Festivales:
La flor de cerezo tan solo dura de una a dos semanas, desde que sale el primer capullo. Por eso, los amantes de este espectáculo intentan aprovecharlo al máximo. Su corto tiempo de florecimiento ha provocado que estos maravillosos arboles sirvan de inspiración a festivales del cerezo en todo el mundo.



Durante esos días se celebra una de las festividades mas tradicionales del Japón: el Hanami (Hana: flor). En estas fiestas, la familia, amigos, compañeros de trabajo, estudiantes o parejas, se reúnen a la sobra de los cerezos florecidos, y allí realizan un picnic al aire libre. Una fiesta que puede durar hasta entrada la noche, si es así, se denomina Yazukura (cerezos nocturnos). Muchos arboles son iluminados durante la noche para que se pueda apreciar su belleza las veinticuatro horas.



La sakura, también ha regado su magia por los Estados Unidos. Uno de los festivales mas conocidos en este lado del mundo es el de la ciudad de Washington D.C, llamado en ingles, National Cherry Blossom Festival. Este, comenzó en 1935 y se ha celebrado todos los años desde entonces. Los primeros cerezos sembrados en Washington en 1912 llegaron como un regalo del alcalde de la ciudad de Tokio, Yukio Ozaki, para celebrar los estrechos lazos de amistad entre ambos países. Hoy, son esos mismos árboles los que siguen en pie y dando flores al festival primavera tras primavera.
Ya hoy en día podemos encontrar árboles de cerezo en muchos otros países del mundo. Durante la primavera éstos siempre están listos para maravillarnos y recordarnos que igual que la vida, todo tiene su ciclos y sus momentos para florecer.

El cerezo y el budismo:
Celebrar los brotes de la flor del cerezo es una costumbre que fue adoptada por los seguidores del budismo. Para éstos, este evento representa el ciclo que atravesamos los seres humanos a través de nuestras vidas. Es símbolo de transformación y nos muestra como las cosas tienen su principio, su época de gloria y su fin. Dándole importancia y entendiendo la belleza en todas las partes de su corto ciclo, el cual dura tan sólo dos semanas desde que abre el primer capullo.
Para los amantes de este evento de la naturaleza, se destaca la belleza de su última etapa, cuando las flores caen al suelo antes de morir. Para los budistas en particular ésta es considerada como la etapa más hermosa. Esta apreciación de belleza la resume una frase que proviene del budismo zen “Mono no aware” que significa tener empatía o sensibilidad hacia todas las cosas y su temporalidad.







Leyendas:
Existen varias leyendas japonesas entorno a los cerezos, una de ellas dice que a un monje se le apareció el dios de la montaña en el monte Yoshino (al sur de Osaka), y éste dibujó su rostro tallándolo en la corteza de un cerezo. Desde entonces la montaña Yoshino es un lugar lleno de templos y santuarios en los que se venera a los cerezos como dioses. Actualmente la montaña de Yoshino tiene unos 30.000 cerezos, y todos los japoneses sueñan con viajar allí en primavera al menos una vez en su vida.
El seppuku (suicidio ritual para evitar la deshonra) que un samurái o un miembro de su familia cometía, solía realizarse delante de un cerezo. Por ello, según la historia, las flores del cerezo comenzaron a tornarse rosadas, debido a la sangre que absorbía el árbol.



Otra leyenda explica las dos variedades típicas de la flor del Sakura, la blanca y la que tiene tiene una tonalidad rosa. Según la leyenda las primeras flores de los cerezos sólo eran de color blanco. Pero durante la época mejí era muy normal que muchos samuráis fueran llamados a la guerra, y permanecieran mucho tiempo alejados de sus casas. Para que las mujeres no les fueran infieles a sus maridos guerreros, se impuso una ley en la que una mujer casada con un soldado que estuviera en batalla, no podía tener trato con otro hombre, con la excepción que se tratase del trato que obligaban los vínculos familiares. La ley establecía que cualquier mujer quedaría libre para volverse a casar o juntarse con amigos, si ésta probaba que su esposo había muerto en la guerra. Sin embargo se cuenta que ninguna de las mujeres de los samuráis, acudió a esta ley, sino que ellas mismas se suicidaban cuando les comunicaban que sus maridos habían fallecido. Y esto lo hacían frente a un árbol del cerezo, símbolo del bushido (código del samurái). La sangre derramada junto al cerezo, la absorbía el árbol, y las flores blancas, quedaban convertidas en flores rosadas.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el cerezo también fue un símbolo utilizado para alimentar el nacionalismo del pueblo japonés. Los pilotos kamikazes pintaban las ramas de cerezos en sus aviones antes de emprender una misión suicida. Y se entendía cuando se pintaban los pétalos de la flor del cerezo cayendo, que se representaba el sacrificio que cometían los jóvenes en las misiones suicidas, con las que se honraba al emperador. Incluso se popularizó la creencia de que las almas de los pilotos suicidas se reencarnaban en las flores del cerezo.



El Yokosuka MXY-7 Ohka (Flor de Cerezo) fue un avión creado por Japón exclusivamente para ser usado por pilotos suicidas Kamikaze cerca del final de la Segunda Guerra Mundial.


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