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Se ganó la vida dibujando minas en bolas

Y decían que dibujar minas en bolas no servía para nada...

Vamos por buen camino, otakus. Aunque nuestro estilo Hentai está más piola.


Primer acto: un chico estudia Abogacía en La Plata, sin demasiada vocación. Segundo acto: el chico toma un crédito blando y, junto a un amigo, abre una granja de pollos en General Rodríguez. Se funde. Tercer acto: el amigo, que lo veía dibujar en los tiempos cada vez más libres del mal negocio, lo insta a seguir dibujando. No hay acto final porque la obra acaba de empezar. Es 1965, el chico anda por los 24 años y publica Súper volador, su primera historieta. Hoy, que anda por los 73, Horacio Altuna celebra cincuenta años dedicándose al humor gráfico: "Trabajo todos los días, todo el día. Pero no me quejo, es un privilegio vivir de lo que me gusta". En el camino y junto a Carlos Trillo, Altuna sembró dos personajes en el imaginario popular: El Loco Chávez, que se publicó en Clarín entre 1975 y 1987, y el Señor López, que a través de sus "puertitas" viajaba a una dimensión menos agotadora que su casa.



"He tratado de hacer una historieta vinculada al costumbrismo, a contenidos sociales. El Loco Chávez era costumbrista, el Nene Montanaro –que salió en Clarín entre 1994 y 2002– también, aunque más ideologizado porque describe muy críticamente el menemismo", cuenta Altuna, que desde 1982 vive en Sitges, cerca de Barcelona, pero que por estos días visita Buenos Aires porque se inauguró el lunes una escultura de El Loco en Puerto Madero. Antes del acto oficial, el autor reflexionó sobre la masacre terrorista que atacó la redacción del semanario satírico francés Charlie Hebdo: "Yo soy Charlie porque hay que permitir la libertad de expresión en todo sentido. Yo no soy Charlie porque no hubiera hecho ese humor, no me sale. Pero reivindico la necesidad de que haya gente que lo haga, y de que nadie se arrogue el derecho a decir qué se puede publicar y qué no".



Desde que era chico las historietas le entraron a Altuna más por el dibujo que por el guión: "Seguramente me pierdo historias excelentes si el dibujo no me gusta", dice, y recuerda que entre sus primeras lecturas del género estuvo Flash Gordon. "La historieta ha sido una lectura infantil y juvenil, pero en los últimos años esto está en vías de repararse porque hay temáticas cada vez más adultas, a través de la novela gráfica. El lector tiene ahora lecturas que acompañan su crecimiento", sostiene el artista. Como ejemplos señala las obras de Héctor Germán Oesterheld, la emblemática Persépolis, de la iraní Marjane Satrapi, y los trabajos de Joe Sacco, que narra crónicas periodísticas a través de viñetas. Algo parecido prepara Altuna para 2016: trabajará para una editorial francobelga asociada a la agencia fotográfica Magnum. "El primer tomo se basó en las fotos del desembarco de Normandía que hizo Robert Capa, yo voy a trabajar con fotos de la histórica pelea entre Muhammad Alí y George Foreman".



En el currículum de Altuna destacan las que él mismo llama "minas", a las que siempre dibujó voluptuosas y que lo volvieron colaborador de la revista Playboy. La más famosa fue Pampita, gran amor de Chávez. "Siempre me especialicé en el cuerpo, me gusta trabajar la figura humana y lo gestual. Y a la hora de dibujar chicas, las dibujé lindas. Podría haber hecho mujeres horribles y me hubieran preguntado cómo hago para que me salgan horribles", reflexiona el autor de Chances, historieta que le valió el prestigioso premio Yellow Kid. Fue una de las tantas distinciones en Europa: en 2004 fue el primer artista no español premiado en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona.



“La historieta argentina es importante a nivel mundial y ahora hay una especie de renacimiento –dice este lector de Liniers y Gustavo Sala–. Hay autores universales como Quino, José Muñoz, el propio Trillo. Cuando me fui no me conocía nadie. Iba con mi carpetita a las editoriales francesas, veían mi apellido y decían ‘Altuna, no: venga la semana que viene’. Pero yo decía ‘soy argentino’ y entonces la cosa cambiaba. Decir ‘dibujante argentino’ califica, es como decir ‘técnico alemán’”, explica Altuna, que si no hubiera fundido la granja de pollos, habría dejado un espacio en blanco en la contratapa del diario que usted lee ahora mismo.


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