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Tango prostitución y muerte, en el Bs. Aires del ayer.

A fines del siglo XIX el tango se bailaba entre hombres, y cuentan los que conocen la historia de esta danza que lo bailaban entre ellos mientras esperaban su turno en los prostíbulos de las orillas porteñas.
Aqui te traigo algo de su historia.



El prostíbulo ha desempeñado un papel muy importante en la trayectoria del tango, siendo etapa obligada en su recorrido, ya que para la población de los barrios y los suburbios, la diversión la brindaba el circo barato y el prostíbulo.



En esa Buenos Aires que tenía más de seis mil prostíbulos, el tango fue una danza lasciva, música del encuentro sexual que era vista por la clase alta como una enfermedad moral en medio de la sociedad higienista.



Por su origen prostibulario estaba prohibido escuchar tangos en los hogares, pero los llamados “niños bien”, fueron los difusores indirectos del tango, que al conocerlo directamente de sus lugares de origen lo llevarlon a sus hogares por lo que también de "entre casa" lo bailaban entre mujeres.



En el término de veinte años la población se ha cuadruplicado, la inmigración invade la calle con política y sexo, y es ahí cuendo en el prostíbulo todo se confunde y el tango es bailado por todos.



El rufián, el proxeneta y el marginado comparten los mismos apetitos con los hombres acomodados y los niños bien.


Como respuesta, unos años más tarde aparecen nuevas leyes de profilaxis y reglamentación, pero sin embargo, de nada sirven ya que la doble moral de la aristocracia que condena pero, a la vez, participa de los festines es el mejor antídoto.







En un nivel intermedio se encontraban las “Academias”, en donde se daban lecciones de baile a razón de 5 a 10 centavos por pieza, con actividades simultáneas de comercio sexual.



Los músicos que se destacaban en los boliches, peringundines y academias integrando tríos y cuartetos, eran requeridos y bien pagados por los propietarios de los establecimientos siendo los más conocidos el de María “la Vasca”, Laura Monserrat o Concepción Amaya.



En nuestro país los prostíbulos existieron siempre, pero a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX se produjo un notabilísimo aumento de las llamadas “casas de tolerancia” a causa de tres factores determinantes: la inmigración masiva mayoritariamente masculina, la importación de prostitutas europeas después de la Primera Guerra Mundial.





En especial a través de la Zwi Migdal, y la crisis económica de 1915 que arrojó a centenares de argentinas a la calle y a las manos de proxenetas, “cafiolos” o “macrós”.



La siniestra Zwi Migdal era una red mundial de trata de personas que operó durante las tres primeras décadas del XX desde la ciudad de Buenos Aires y concentraba sus esfuerzos en la prostitución forzada de mujeres judías, en especial de Europa del Este.



Esta enorme organización se ocultaba tras el nombre Sociedad Israelita de Socorros Mutuos Varsovia de Barracas al Sud y Buenos Aires, pero se la conocía simplemente como La Varsovia.



Una de las víctimas que llegó a Buenos Aires se llamaba Raquel Liberman de 18 años de edad, y fue víctima cautiva de Zwi Migdal durante más de once años en un famoso burdel ubicado cerca de Plaza Miserere en Valentín Gómez 2888.





Cuando logró escapar, pudo contar su historia en la Comisaría 7ª.



 Raquel Liberman murió a los 35 años y su denuncia permitió que el juez Manuel Rodríguez Ocampo se hiciera cargo de la investigación y ordenara pesquisas que llevó adelante el comisario Julio Alsogaray.



Todo terminó en el allanamiento de la sede central de la Zwi Migdal el 30 de mayo de 1930 con gran cantidad de detenidos.



Sin embargo, a los seis meses los rufianes estaban en libertad.



Los tangos de este período siempre aluden a las mujeres que frecuentaban cabarets y “bacanes”, pero no a las jovencitas que trabajaban en los lupanares colectivos, generalmente entre 13 y 20 años.





La gran mayoría desarrollando su actividad sexual en las peores condiciones de privacidad e higiene, padecían la larga fila de clientes vigiladas por una cotizada madama y por la estricta contabilidad de “servicios” de un codicioso rufián.





En su primera etapa, los tangos fueron bautizados con modalidades del ambiente prostibulario, carcelario o conventillero, y el organito fue el primer difusor de música de tango en el prostíbulo.



En ocasiones, este curioso instrumento, reemplazo de los conjuntos estables cuando no podían actuar, por lo que el prostíbulo cumplió funciones de club social.



Los hombres tenían la oportunidad de vincularse con mujeres y con otros hombres donde se entablaban conversaciones de negocios , de empleos y además, bailaban tangos.


Los buenos conjuntos orquestales se desempeñaron en prostíbulos de lujo, ubicados en departamentos cerrados y restringidos a una clientela adinerada.



Sus compaces se difudieron en forma silenciosa y firme, hasta llegar a sectores de la clase media y media alta, introduciéndose cada vez más en la sociedad porteña.


Con Uriburu en los 30, el tango finalmente se higienizaría, se haría moral, y finalmente el baile se "blanquearia" sin cortes ni quebradas.


Que las prostitutas son importantes en el tango lo verifica el hecho de que los grandes poetas escribieron para ellas.


Uno de los tantos casos ese hermoso y terrible poema de Carmelo Volpe, “Bajo el cono azul” interpretado por Floreal Ruiz con Alfredo de Angelis:

“Mariposa que al querer llegar al sol, / sólo encontró / la luz azul de un reflector”.


El tango ha tenido tres períodos: uno de gestación, el período del tango canción y el del tango contemporáneo.


El primero respondió a una erótica, a la presencia del prostíbulo, a los discursos sobre la sexualidad y a la sexualidad sublimada.





El tango canción compuso una ética, en la cual el tema del deseo de la mujer es muy importante. Y después, a partir del 55 y el fin del peronismo, el tango queda expuesto a condiciones políticas mucho más complejas.



Las prostitutas fueron protagonistas centrales en la mitología tanguera y basta para ello evocar los innumerables poemas que las mentan como víctimas o victimarias.



El tango posee una mirada desenfadada sobre las prostitutas, pero no obscena, mucho menos pornográfica, y aunque pueda haber machismo y violencia, también amor, afecto y en algunos casos compasión o piedad por las alternativas de un destino.



Y todo fue así, con la única diferencia es que las citas hoy se hacen por Internet o un celular.




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