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Todo lo que tenes que saber sobre tu gato







¿Por que ronronea el gato?



La respuesta parece bastante obvia. Un gato que ronronea es un gato contento. Esto debería ser verdad, pero no lo es. Repetidas observaciones revelan que los gatos aquejados de un dolor, heridos, de parto o incluso moribundos, ronronean a menudo en voz alta y durante mucho tiempo. Difícilmente cabe considerar contentos a estos gatos; naturalmente, es cierto que los gatos felices también ronronean, pero el encontrarse a gusto no es la única condición para ronronear. Una explicación más precisa, que se adecua a todos los casos, es que el ronroneo indica un estado de ánimo social amistoso: por parte de un gato herido por ejemplo, puede considerarse como señal para un veterinario de que necesita ayuda, o una señal a su dueño, dándole las gracias por su amistad.
El ronroneo aparece por primera vez cuando los gatitos tienen sólo una semana de vida y se produce antes cuando los amamanta su madre. Actúa entonces como señal de que todo va bien y que el alimento tomado está llegando satisfactoriamente a su destino. La gata está allí, escuchando los ronroneos de agradecimiento, y sabe sin tener que mirar que nada ha sido olvidado. Ella, a su vez, ronronea a sus mininos mientras se alimentan, dándoles a entender que ella también goza de un estado de ánimo relajado y complaciente. El ronroneo entre gatos adultos (y entre gatos adultos y los humanos) es ciertamente secundario: se deriva de este primer contexto padres crías.



Una distinción importante entre los pequeños felinos, como nuestra especie doméstica, y los grandes felinos, como los leones y los tigres, consiste en que éstos propiamente no ronronean. El tigre te saluda amistosamente con “un ronroneo de una sola vía” una especie de farfulleo , pero no existe el ronroneo de dos vías del gato doméstico, que realiza su zumbido no sólo al expeler el aire (como el tigre), sino también al impeler. Sin embargo, el ritmo de la exhalación/inhalación del ronroneo del gato se lleva a cabo con la boca firmemente cerrada (incluso agarrando el pezón), y puede continuar sin el menor esfuerzo durante horas si las condiciones son adecuadas. A este respecto, los pequeños felinos superan a sus parientes gigantes, pero los grandes tienen otro rasgo que lo compensa: rugen, lo cual es algo que los gatos nunca hacen.


¿Por qué a los gatos les gusta que les acaricien?


Porque el hombre, el ser humano, cumple el papel de “gata madre”. Los gatitos son repetidamente lamidos por su madre durante sus primeros días y la acción de la caricia humana produce la misma sensación sobre el pelaje que los lametones felinos. Para los gatitos, la madre gata es la que les alimenta, les limpia y les protege. Puesto que el hombre sigue haciendo esto con sus animales de compañía mucho después de que hayan quedado atrás los días de crianza, los animales domesticados nunca crecen del todo. Pueden llegar a desarrollarse por completo y ser maduros sexualmente, pero en sus mentes siempre serán unos gatitos con relación a sus amos.



Por esta razón, los gatos incluso los ya muy viejos - siguen pidiendo atención maternal a sus propietarios, arrimándose a ellos y alzando la mirada durante mucho tiempo, aguardando a que la mano seudomaternal comience a actuar, como si se tratase de nuevo de una lengua gigante, alisándoles y suavizándoles el pelo. Un hecho corporal muy característico que llevan a cabo cuando les acarician, mientras saludan a sus “madres”, es la rígida erección de su cola. Esto es algo típico de los gatitos al recibir la atención de sus madres auténticas.


¿Por qué un gato se echa al suelo sobre la espalda al verte?


Cuando entras en un cuarto en el que un gato está tumbado en el suelo, y le diriges unas palabras cariñosas de salutación, puede éste responder rodando sobre su lomo, estirando las patas todo lo que pueda, bostezando, ejercitando las uñas y moviendo gentilmente el rabo. Mientras lleva a cabo todas esas acciones, se te queda mirando, comprobando cuál es tu estado de ánimo. Ésta es la forma en que un gato te ofrece una reacción pasiva amistosa, y es algo que sólo ofrece a los íntimos de la familia. Pocos gatos se arriesgarían a una salutación así, en el caso de que la persona que entre en la estancia sea un desconocido, porque la postura de ofrecer la barriguita hace al animal en extremo vulnerable. En efecto, ésta es la esencia de su amistad. En realidad, el gato está diciendo: me vuelco y te enseño mi barriga tan vulnerable en prueba de confianza.
Un gato más activo correrá hacia ti y comenzará a rozarse en tu pierna como forma de saludo amistoso, pero uno más perezoso y soñoliento preferirá enseñarte su barriguita. El bostezo y el estiramiento que lo acompañan reflejan la somnolencia del animal, una somnolencia que está dispuesto a interrumpir el menor tiempo posible. La leve oscilación de la cola indica que está dudando entre seguir estirándose y saltar para aproximarse al recién llegado.



No siempre es seguro dar por supuesto que un gato que te enseña su barriga está preparado para permitirte acariciarle esta zona tan blanda. Tal vez parezca estar ofreciéndotelo, pero con frecuencia un intento de acariciarle se encuentra con el golpetazo de su garra irritada. La región de la barriga está tan protegida por el gato que encuentra desagradable el contacto en ese sitio, excepto en el caso en que entre el gato y su dueño haya mucha, pero que mucha confianza. Un gato así puede confiar tanto en una familia humana que permita que le hagan cualquier cosa. Pero el gato más típico y cauteloso pone unos cotos cuando alguien se acerca a sus partes más blandas.


¿Por qué un gato se frota contra tu pierna al saludarte?



En parte, para realizar un amistoso contacto físico con uno, pero aquí hay algo más. Por lo general, el gato empieza por apretarse contra ti con la parte superior de la cabeza o con un lado de su cara; luego se frota a todo lo largo de su flanco y, finalmente, puede hacer ondear levemente la cola a tu alrededor. Tras esto alza la vista y luego repite el proceso, en ocasiones varias veces. Si adelantas la mano y le acaricias, le estimulas a seguir rozándose contigo y, a menudo, empujará el lateral de su boca contra tu mano, o apretará hacia arriba con la parte superior de la cabeza. Luego, llegado el momento y una vez completado su ritual de saludo, se alejará, se sentará y comenzará a lamerse el pelaje.



Todos esos elementos tienen una significación especial. En esencia, lo que el gato hace es llevar a cabo un intercambio de olores entre tú y él. Posee unas glándulas especiales en las sienes y en el aliento. Otra está situada en la raíz de la cola. Sin que te des cuenta, tu gato te ha marcado con su aroma procedente de esas glándulas. La fragancia felina es demasiado delicada para nuestro burdo olfato, pero es importante que los amistosos miembros de la familia del gato compartan los olores de esta forma. Esto le hace al gato sentirse más en casa con sus compañeros humanos. Y también le es importante rastrear con el olfato y lo consigue con el flanco, el elemento de frotamiento de su saludo, luego se sienta y lo “prueba” con su lengua, tan sólo con lamerse el pelaje que acaba de frotar tan cuidadosamente contra nosotros.


¿Por qué un gato te pisotea el regazo con las garras delanteras?


Todos los dueños de gatos han experimentado el momento en que su gato salta y, con cautelosos movimientos, se acomoda en su regazo. Tras una breve pausa, comienza a apretar hacia abajo, primero con una garra delantera y luego con la otra, alternándolas en un amasamiento rítmico o en una acción de pisoteo. El ritmo es lento y deliberado, como si el animal estuviese marcando el tiempo a cámara lenta. A medida que el pisoteo se hace más intenso se puede sentir el roce de las garras, y es en este momento cuando el propietario, por lo general, empieza a irritarse y aleja al gato de sí, o lo coge con cuidado y lo deposita en el suelo. El gato se consterna ante este rechazo, y los dueños quedan asimismo perplejos cuando, tras cepillarse unos cuantos pelos de gato descubren que el animal ha estado babeando mientras pisoteaba. ¿Qué significa todo esto?
Para dar con la respuesta es necesario observar a los gatitos alimentándose en la teta. Se observa que hacen lo mismo con las pequeñas garras amasando el vientre de su madre. Se trata de los movimientos que estimulan el flujo de la leche a los pezones y el babeo es parte del “hacerse la boca agua” ante el delicioso alimento que está a punto de llegar. Este “pisoteo de la leche”, como se le llama, se hace a un ritmo muy lento, aproximadamente a un golpe cada dos segundos, y siempre va acompañado por un ronroneo muy audible. Por lo tanto, lo que sucede cuando el animal adulto amasa en el regazo de su amo debe interpretarse como reminiscencia de su conducta infantil. Se presenta cuando el propietario se sienta de forma relajada, y parece como si le dijera al gato:
Soy tu madre y me encuentro aquí tumbada, dispuesta a alimentarte con el pecho.
El gato adulto puede regresar así a su época de gatito y tumbarse, ronroneando la mar de contento y “creerse” que con esos movimientos estimulará el suministro lácteo.



Desde el punto de vista del gato se trata de un momento cálido y amoroso, y el ser arrojado de allí de mala manera por un amo al que le ha clavado las uñas, constituye algo por completo inexplicable. Ninguna buena gata madre se portaría nunca de modo tan negativo. La gente reacciona más bien de una manera diferente. Para el gato son claramente figuras maternales, porque les suministran leche (en un plato) y otros alimentos, y se sientan mostrando su parte inferior de forma invitadora, pero una vez se produce la reacción del pisoteo de la leche, de repente y con una reacción rara, se alteran y alejan de ellos al seudoinfante.
Se trata de un clásico ejemplo del mal entendimiento al que se puede llegar entre humanos y gatos. Muchos de ellos podrían evitarse al admitir que un gato doméstico adulto sigue siendo un gatito en su conducta respecto a su amo seudopadre.


¿Por qué un gato entierra sus heces?


Esta acción se toma siempre cómo indicativa de la extrema pulcritud del gato. A los dueños de perros con frecuencia les refriegan este hecho los propietarios de gatos, insistiendo en la superioridad de los felinos sobre los cánidos. Sin embargo, calificar como señal de higiene el enterrar las heces no se sostiene tras una investigación a fondo.
La verdad es que los gatos entierran sus heces para evitar que se propague su olor. Enterrar las heces es el acto de un gato subordinado, temeroso de su posición social. Se han encontrado las pruebas al examinar de cerca el comportamiento social de los gatos salvajes. Se ha descubierto que los gatos dominantes, lejos de enterrar sus heces, las colocan en un altozano “como anuncio”, o en cualquier otro punto elevado dentro de su medio ambiente donde el olor sea aventado para producir el máximo efecto. Sólo los gatos más débiles y los más sumisos son los que ocultan sus heces. El hecho de que nuestros gatos domésticos parezca que siempre cumplen con semejante rutina, nos da una idea de la medida en que se ven a sí mismos dominados por nosotros (y también, tal vez, por los otros gatos de la vecindad). Esto no resulta sorprendente. Físicamente somos más fuertes que ellos, y dominamos por completo lo más importante en la vida de los felinos: el suministro de alimentos. Nuestro dominio arranca de su estadio de gatito, siguió en adelante y nunca se ha puesto seriamente en duda. Incluso los grandes felinos, como los leones, pueden mantenerse en este rol subordinado durante toda la vida, por parte de sus amistosos dueños, por lo que no resulta nada sorprendente que el gato doméstico esté permanentemente temeroso de nosotros y, por lo tanto, se asegure siempre de enterrar sus heces.



Naturalmente, el enterrar las heces no elimina por completo la señal de olor, pero la reduce sobremanera. De esta forma, el gato puede continuar anunciando su presencia a través de sus olores, pero no con tanta intensidad que llegue a suponer una seria amenaza.


¿Por qué un gato pasa tanto tiempo acicalándose el pelaje?


La respuesta obvia es para mantenerse limpio, pero en esto hay mucho más que el simple acicalamiento. Además de quitarse el polvo y la suciedad, o los restos de la última comida, los repetidos lametones del pelaje ayudan a suavizarlo, para que actúe como una capa aisladora más eficiente. Un pelo erizado es un aislante muy pobre, lo cual puede constituir un serio riesgo para un gato en tiempo muy frío.
Pero el frío no es el único problema. Los gatos se acaloran con facilidad en la época veraniega y el humedecimiento del pelaje se incrementa por una razón especial. Los gatos no tienen glándulas sudoríparas por todo el cuerpo como nosotros, por lo que no pueden sudar como método rápido de enfriamiento. El jadear ayuda, pero no es suficiente. La solución consiste en lamerse repetidamente el pelo y depositar en el mismo tanta saliva como les sea posible. La evaporación de esta saliva obra de la misma manera que la evaporación del sudor en nuestra piel.
Si los gatos han estado expuestos a la luz solar aún incrementan más su acicalamiento. Como cabe imaginar, no se ponen al sol porque quieran estar más calientes, sino porque la acción de la luz solar sobre su pelo les proporciona la vitamina D esencial para su dieta y que adquieren a través de los lametones dados a su pelaje calentado, por el sol.
Los acicalamientos aumentan también cuando los gatos se alteran. A esto se le llama “acicalamiento de desplazamiento” y se cree que actúa para aliviar la tensión de unos violentos encuentros sociales. Cuando nosotros nos hallamos en un estado de nervios, a menudo nos “rascamos la cabeza”. Bajo idénticas condiciones, un gato se lame.
Cualquier dueño de gatos que haya sostenido o acunado a su minino ya sabrá lo que hace el animal en cuanto queda libre del contacto humano. Se aleja, se sienta y luego, casi siempre, empieza a limpiarse. Esto ocurre, en parte, porque necesita alisarse su encrespado pelaje, pero también hay otra razón. Al tocar al gato le hemos contagiado nuestro olor y, en cierto modo, hemos enmascarado el suyo propio. El lamerse el pelaje vuelve a equilibrar las cosas, debilitando nuestro olor y reforzando el suyo. Nuestras vidas están dominadas por señales visuales, pero en el mundo del gato los olores y las fragancias son mucho más importantes, y una sobredosis de olor humano en su pelaje perturba y debe ser corregida con rapidez. Además, el lamerse el pelaje que hemos estado toqueteando significa que, en realidad, el gato disfruta “degustándonos” y leyendo las señales que capta del olor de nuestras glándulas sudoríparas. Nosotros no podemos oler la fragancia de nuestras manos, pero un gato sí.



Finalmente, el vigoroso movimiento de tracción del pelaje, que es tan típico en un gato que se está acicalando, desempeña un papel especial en la estimulación de las glándulas de la piel, en la base de cada pelo.
Las secreciones de esas glándulas son vitales para mantener el pelaje impermeable, y la tracción efectuada por la atareada lengua del gato prepara la impermeabilización del pelo como una protección contra la lluvia, Por lo tanto, el acicalarse es mucho más que una limpieza. Cuando un gato se lame el pelaje se está protegiendo, no sólo del polvo y de la enfermedad, sino también del frío y del sobrecalentamiento, de la deficiencia vitamínica, de la tensión social, de los olores extraños y de que no se le empape la piel. No es de extrañar que se autodedique tanto tiempo, en sus horas diarias de acecho.
Pero existe un peligro inherente a dicha insalivación de su pelo. Los gatos que hacen la muda y aquellos que tienen un pelaje largo, rápidamente acumulan muchos pelos en sus conductos alimenticios, y así se les forman unas bolas de pelo que les originan obstrucciones. Por lo general, estas bolas se vomitan de una forma natural sin causar ningún trastorno, pero si son demasiado grandes pueden convertirse en un serio riesgo. Los gatos con predisposición nerviosa, que realizan mucho acicalamiento de desplazamiento, también lo sufren. Para resolver su problema hay que averiguar qué les causa la agitación y hacerle frente. Para los gatos que mudan y los de pelo largo, la única prevención es un acicalado regular por parte del dueño, con peine y cepillo, para eliminar el exceso de pelaje.



El autoacicalamiento empieza cuando el gatito tiene unas tres semanas, pero su pelaje lo atiende la madre desde el mismo instante del nacimiento. El acicalado por parte de otro gato se llama aloacicalamiento, en contraste con el autoacicalamiento, así llamado técnicamente. El aloacicalamiento es común no sólo entre la madre y sus gatitos, sino también entre gatos adultos que han crecido juntos y entre ellos se ha desarrollado un fuerte lazo de amistad. Su función primaria no, consiste en la higiene mutua, sino más bien en la consolidación de la lealtad que existe entre ambos animales. Igualmente, el lamer en una región que le es difícil alcanzar al propio gato también tiene un atractivo único, y los gatos necesitan una atención especial detrás de las orejas. Por eso el rascarles y frotarles detrás de las orejas es una forma popular de contactar los dueños con sus gatos.
El autoacicalamiento sigue, a menudo, un tipo de secuencia, cuando un gato se dedica tranquilamente a “un lavado y cepillado total”. La rutina típica se produce como sigue:

1)Lamerse los labios.
2)Lamerse el lateral de una garra hasta que queda húmeda.
3)Frotarse con las garras húmedas la cabeza, incluyendo orejas, ojos, mejillas y mentón.
4)Humedecer la otra garra de la misma manera.
5)Frotar con la garra humedecida un lado de la cabeza.
6)Lamer las patas delanteras y los hombros.
7)Lamer los flancos.
8)Lamer los genitales.
9)Lamer las patas traseras.
10)Lamer la cola desde la base al extremo.

Si en cualquier estadio de este proceso se encuentra algún estorbo un mechón de pelo enmarañado, por ejemplo , momentáneamente se suspenden los lametones en favor de un mordisqueo realizado con los dientes. Luego, cuando todo queda despejado, se reanuda la secuencia del acicalamiento. El mordisqueo de pies y garras es particularmente corriente, a fin de quitar el polvo y mejorar el estado de las uñas. Esta complicada limpieza difiere de la que se observa en muchos otros mamíferos. Por ejemplo, las ratas y los ratones emplean las dos garras delanteras para acicalarse la cabeza, mientras que el gato sólo emplea el lateral de la garra y parte del antebrazo. Asimismo, los roedores se sientan sobre sus patas posteriores y se acicalan con ambos pies delanteros al mismo tiempo, mientras que la técnica del felino es emplear cada pata delantera de modo alternativo, descansando el cuerpo en la pata que no usa. Quienes los ven raramente comentan tales diferencias, resaltando simplemente que un animal está atareado autolimpiándose. En realidad, una observación más atenta revela que cada especie sigue una secuencia característica, particular y compleja.


¿Cómo emplea un gato sus bigotes?


Los bigotes son sensores que le permiten al gato saber si un hueco es lo suficientemente amplio como para pasar a través de él. Pero la respuesta es mucho más complicada y más notable. Además de su obvio papel como pelos sensibles al tacto, operan también como detectores de las corrientes de aire. Mientras el gato avanza en la oscuridad necesita maniobrar para pasar ante objetos sólidos sin tocarlos. Cada objeto al que se aproxima origina leves remolinos de aire, diminutas perturbaciones en las corrientes de aire, y los bigotes del gato son tan asombrosamente sensibles que pueden leer esos cambios en el aire y responder a la presencia de objetos sólidos sin ni siquiera tocarlos.
Los bigotes son especialmente importantes incluso vitales cuando el gato caza de noche. Conocemos esto por las observaciones siguientes: un gato con bigotes en perfecto estado puede matar limpiamente tanto a la luz del día como en la oscuridad. Un gato con los bigotes deteriorados puede matar con limpieza sólo de día, en la oscuridad enfoca mal el mordisco fatal y hunde los dientes en una parte errónea del cuerpo de la presa. Esto significa que en la oscuridad, cuando es imposible la visión exacta, unos bigotes saludables son capaces de actuar como un sistema de guía altamente sensible. El gato posee una asombrosa habilidad para comprobar el contorno del cuerpo de la víctima y dirigir el mordisco al cogote del desgraciado animal. De alguna forma las puntas de los bigotes “leen” los detalles de la silueta de la presa, al igual que un ciego lee en Braille, y en un instante le dicen al gato cómo debe reaccionar. Fotografías de gatos llevando un ratón en la boca después de cazarlo revelaron que los bigotes estaban casi enrollados en torno al cuerpo del roedor, transmitiendo información al menor movimiento, por si la presa seguía aún viva.



Dado que el gato es por naturaleza predominantemente un cazador nocturno, sus bigotes resultan claramente cruciales para su supervivencia.
Anatómicamente, los bigotes son unos pelos muy alargados y rígidos que tienen dos veces el grosor de los pelos ordinarios. Se hallan en el tejido del labio superior hasta una profundidad tres veces superior a la de los otros pelos y están provistos de una masa de terminaciones nerviosas que transmiten la información de cualquier contacto que realicen o cualquier cambio en la presión del aire. Como promedio, el gato tiene veinticuatro pelos en el bigote, doce a cada lado de la nariz, dispuestos en cuatro hileras horizontales. Puede moverlos hacia delante, cuando el gato investiga, amenaza o comprueba algo, y hacia atrás, cuando se halla a la defensiva o evita de forma deliberada tocar algo. Las dos hileras superiores las puede mover independientemente de las dos de abajo, y los pelos más fuertes se encuentran en la segunda y en la tercera hileras.
Científicamente, los bigotes se llaman vibrase, de las que posee un número en otras partes de su cuerpo: en las mejilla, por encima de los ojos, en el mentón y, sorprendentemente, en la parte posterior de las patas delanteras. Todas son detectoras sensibles del movimiento, pero son los excesivamente largos bigotes los que constituyen con mucho las vibrissae más importantes, por eso cuando decimos que algo es tan importante “como los bigotes del gato”, nos referimos a que se trata de una cosa más bien especial.


¿Cuándo se hacen los gatos sexualmente maduros?



Cuando tienen cerca de un año, pero existe mucha variación al respecto. En los machos, la edad más joven registrada relativa a la madurez sexual es la de seis meses, pero esto es anormal. Los ocho meses es más bien algo precoz, el típico macho no se hace sexualmente activo hasta alcanzar una edad comprendida entre los once y los doce meses. Para los machos que viven en condiciones difíciles, puede ser más bien entre los quince y los dieciocho meses, probablemente porque han tenido menos posibilidad en la competición con otros machos.
En lo que se refiere a las hembras, el período puede ser relativamente corto, de seis a ocho meses es lo normal, pero se sabe que hembras muy jóvenes han llegado a adquirir la actividad sexual entre tres y cinco meses. Este principio tan precoz parece ser originado por las circunstancias poco naturales de la domesticación. Para una gata salvaje, resulta más normal los diez meses.



La gata salvaje europea empieza su temporada de cría en marzo. Tiene lugar un período de gestación de sesenta y tres días y los gatitos aparecen en mayo. A fines del otoño se independizan y, si sobreviven al invierno, comienzan a criar en marzo cuando tengan diez meses de edad, produciendo sus propias camadas al alcanzar el año. Para esos gatos salvajes existe una sola estación de cría al año, por lo que los machos jóvenes deberán ser pacientes y aguardar hasta la temporada siguiente para entrar en acción.
Este ciclo en la vida salvaje se debe, obviamente, al cambio estacional y a la variación en el suministro de alimentos, pero para el mimado gato doméstico no existen semejantes problemas. Con sus orejas de caza finamente sintonizadas en el sonido metálico del abrelatas y con la calefacción central vibrando amablemente como telón de fondo, al lujuriante gato doméstico le tiene sin cuidado el ciclo anual de la Naturaleza. Como resultado de todo ello, sus secuencias de cría son menos rígidas que en su colega salvaje. Puede aparearse temprano, en la segunda mitad de enero, produciendo una camada a comienzos de abril. Dos meses después, con los gatitos destetados y despachados a nuevos hogares, empezará de nuevo con otra secuencia de cría, produciendo una segunda camada a fines de otoño. Con la pérdida de este sencillo ritmo anual, hay una amplia gama de edades, entre los jóvenes gatos domésticos, que producen las variaciones en los estadios en los que se llega a ser sexualmente activos.
Se ha informado de casos en que los gatos salvajes han tenido una segunda camada en agosto, pero se sospecha que esto sólo ocurre donde ha habido cruces entre animales salvajes y gatos domésticos asilvestrados.


¿Por qué parece que los gatos tienen una risa burlona?


Bastante a menudo se ve a un gato detenerse y luego adoptar una curiosa expresión de sarcasmo, como si estuviese enfadado con alguien. La primera vez que se observó esta reacción fue denominada “expresión de desagrado” y se describió como que el gato “apuntaba hacia arriba con la nariz” ante un olor, desagradable, como la orina depositada por un gato rival.
Hoy se sabe que esta interpretación constituye un error. La verdad es casi por completo la contraria. Cuando el gato efectúa esa extraña mueca, conocida técnicamente como respuesta flehmen, en realidad está apreciando al máximo una deliciosa fragancia. Sabemos esto porque las pruebas han demostrado que la orina de las gatas en fuerte estado de celo produce poderosas muecas en los machos, mientras que las hembras que no se encuentran en estado de celo provocan una reacción mucho más débil.



La respuesta implica los siguientes elementos: el gato se detiene sobre sus pasos, alza la cabeza levemente, levanta su labio superior y abre la boca un poco. En el interior de la boca semiabierta es posible ver que la lengua aletea o lame la bóveda bucal. El gato olisquea y da la impresión de estar en trance durante unos momentos. Durante este tiempo retarda el ritmo de su respiración, o puede incluso contenerla durante unos segundos, tras husmear el aire. Todo el tiempo mira fijamente ante sí como en una especie de ensoñación.
Si esta conducta pudiera relacionarse con la de un hombre hambriento inhalando los embriagadores olores que emanan de una buena cocina, no se hallaría muy lejos de la verdad, pero existe una importante diferencia. En lo que se refiere al gato, está empleando un órgano sensorial del que nosotros carecemos, por desgracia. El sexto sentido de los gatos se encuentra en una pequeña estructura situada en la bóveda de la boca. Se trata de una abertura tubular situada exactamente detrás de los dientes incisivos superiores. Conocido con el nombre de vomeronasal, u órgano de Jacobsen, tiene poco más de un centímetro de longitud y es en extremo sensible a los productos químicos transportados por el aire. Puede describirse mejor como un órgano del sabor y del olfato y es en extremo importante para los gatos para interpretar las noticias odoríferas depositadas alrededor de su territorio. Durante la evolución humana, cada vez más dominados por las informaciones visuales en el cerebro perdimos el uso de nuestro órgano de Jacobsen, del que sólo quedan unas leves trazas, pero en lo que se refiere a los gatos es algo de gran significación y explica la extraña expresión que adoptan, de vez en cuando, cuando salen a dar su acostumbrado paseo.


¿Cómo hace el gato para encontrar el camino de vuelta a casa?



En distancias cortas, porque cada gato posee una excelente memoria visual, y ayudado, cuando se halla cerca de su casa, por los olores familiares. Pero, ¿cómo se las arregla un gato para emprender la dirección correcta de vuelta cuando, de forma deliberada, se ha alejado varios kilómetros de su hogar?
En primer lugar, ¿de verdad puede realizar algo así? Hace años, un zoólogo alemán pidió prestados unos cuantos gatos a sus dueños, residentes en la ciudad de Kiel. Los encerró dentro de unas cajas y se fue en coche con ellos a dar vueltas y más vueltas por la ciudad, emprendiendo una completa y zigzagueante ruta a fin de confundirlos todo cuanto fuese posible. Luego se alejó varios kilómetros de la ciudad, hasta llegar a un campo en el que había instalado un laberinto. Éste tenía un área central cubierta, con veinticuatro pasadizos que salían de él. Mirados desde arriba, los pasadizos se abrían radialmente como los puntos de la brújula, a intervalos de quince grados. Todo el laberinto estaba cerrado, por lo que no podía penetrar ni la luz del sol ni de las estrellas, que pudieran dar unas pistas tipo navegación a los gatos. Luego, se colocó a cada uno de ellos por turno en el laberinto, allí se les permitía vagar hasta que encontraran un pasadizo que daba a la salida. En un número significativo de casos, los gatos seleccionaban el pasaje que apuntaba en línea recta hacia su casa.
Cuando se informó de esos descubrimientos por primera vez en una conferencia internacional, la mayoría de los que estábamos presentes nos sentimos escépticos en extremo. Las pruebas se habían llevado a cabo de forma rigurosa, pero los resultados eran tan excepcionalmente asombrosos en favor de la sensibilidad de los gatos que la encontrábamos difícil de aceptar. Sospechábamos que debía de existir un fallo en el método experimental. El punto más débil, obviamente, radicaba en aceptar la posibilidad de un mapa de la memoria. Tal vez los gatos podían sintetizar con las tolerancias y correcciones pertinentes todas las vueltas y revueltas que la furgoneta había realizado por la ciudad, ya que durante toda la jornada no habían efectuado otra cosa que recalcular la dirección hacia su hogar base.



Esta duda quedó eliminada por algunas otras pruebas con gatos en Estados Unidos. Allí, a éstos se les dio droga en la comida antes del viaje, por lo que permanecieron en un profundo sueño durante todo el día. Cuando llegaron, se les despertó por completo, y comenzaron las pruebas. De forma asombrosa, supieron regresar a su casa.
Desde entonces se han llevado a cabo muchas otras pruebas con gran variedad de animales, y en la actualidad se encuentra más allá de toda duda el que muchas especies, incluyendo al hombre, poseen una extraordinaria sensibilidad respecto del campo magnético terrestre que les capacita (y a nosotros) para encontrar el camino de regreso a casa sin ninguna clase de pista visual. La técnica experimental que lo confirmó fue una en que se les colocó a los individuos objeto de la prueba unos poderosos imanes. Con ellos perdieron su capacidad de encontrar el camino de regreso a casa.



Estamos aún aprendiendo exactamente cómo funciona este mecanismo del camino de vuelta a casa. Parece probable que las partículas de hierro, que se presentan de una manera natural en los tejidos animales, constituyen la pista vital, dando a estos individuos que saben volver a casa una brújula biológica innata. Pero, naturalmente, existen muchas cosas más aún por descubrir.
Por lo menos, podemos aceptar ahora algunas de esas increíbles historias de regreso a casa que se han contado en el pasado. En un principio, se las consideró anécdotas en extremo exageradas, o casos de identidad errónea, pero ahora pueden tratarse con seriedad. En la actualidad, ya no nos podemos burlar de las historias de gatos que recorren vanos centenares de kilómetros de regreso de una casa nueva a la antigua, tardando varias semanas en efectuar el viaje.


¿Por qué hablamos de siesta de gato?


Porque los gatos se permiten breves períodos de sueño ligero con mucha frecuencia. En realidad, estas breves siestecitas son tan comunes en los gatos y tan raras en los seres humanos sanos, que no resulta una exageración decir que gatos y personas tienen, fundamentalmente, una pauta diferente de sueño. A menos que los adultos hayan pasado en vela parte de la noche, o estén enfermos, o sean muy ancianos, no se permiten estos breves sueños fuera de hora. Limitan su tiempo de dormir a un solo y prolongado período de, aproximadamente, ocho horas cada noche. En comparación, los gatos son unos superdormilones y, en un plazo de veinticuatro horas, se pasan durmiendo unas dieciséis, es decir, el doble del período humano. Esto significa que un gato de nueve años, que se aproxima ya al final de su vida, habrá estado sólo despierto durante un total de tres años. Éste no es el caso de la mayoría de los otros mamíferos, que coloca al gato en una categoría especial: la de un asesino refinado. El gato es tan eficiente en conseguir sus alimentos altamente nutritivos, que le sobra el tiempo para dedicarse al ocio empleando este tiempo en dormir y, aparentemente, en soñar. Otros carnívoros, como los perros y las mangostas, gastan mucho más tiempo dando vueltas de acá para allá, buscando y persiguiendo. El gato se sienta y espera, anda un poco, mata y come, y luego se adormece como un gourmet bien saciado. Cabe decir que nadie se queda dormido tan de prisa como un gato.



Existen tres tipos de sueño felino: la siesta corta, el sueño ligero, algo más largo y el sueño profundo. El sueño ligero y el sueño profundo se alternan en turnos característicos. Cuando el animal se echa para dormir una siestecita, flota en una fase de sueño ligero que dura media hora. Luego coge un sueño más pesado y, de seis a siete minutos, experimenta un sueño profundo. Luego vuelve a otra fase de treinta minutos de sueño ligero, y sigue así hasta que, llegado el caso, se despierta. Durante los períodos de sueño profundo el cuerpo del gato se relaja tanto que se tumba de lado, y éste es el momento en que parece estar soñando, con frecuentes retorcimientos y vibraciones de las orejas, garras y cola. La boca puede efectuar movimientos de succión e incluso se presentan ocasionales vocalizaciones, junto a ronroneos y murmullos en general. También se producen explosiones de movimientos rápidos de los ojos, pero, mientras tanto, el resto del cuerpo del gato permanece inmóvil y totalmente relajado. Al principio de su vida, cuando es un gatito muy joven, en su primer mes, experimenta sólo este tipo de sueño profundo, que dura un total de unas doce horas de cada veinticuatro. Tras el primer mes, los gatitos cambian con rapidez a la pauta de los adultos.


¿Qué grado de sociabilidad tienen los gatos?


A menudo se considera al gato como un animal solitario y egoísta, que va por ahí solo y que únicamente se une con otros gatos para pelear o aparearse. Cuando los gatos viven en estado salvaje, con suficiente espacio, es cierto que responden a esta descripción bastante bien, pero son capaces de cambiar su forma de ser cuando viven más superpoblados. Al encontrarse en pueblos y ciudades, y en las casas de sus dueños, los gatos muestran un notable e inesperado grado de sociabilidad.
Cualquiera que dude de esto debe recordar que, para un gato doméstico, nosotros somos gatos gigantes. El hecho de que los gatos domésticos compartan el hogar con una familia es, en sí mismo, prueba de su flexibilidad social. Pero esto es sólo una parte de la historia. También de otras muchas formas demuestran los gatos cooperación, ayuda mutua y tolerancia. Esto se nota sobre todo cuando una hembra tiene gatitos. Se ha visto que otras hembras actúan como parteras, ayudando a morder los cordones umbilicales y a limpiar a la progenie de recién nacidos. Más tarde, pueden ofrecer un servicio de canguro, traer comida para la nueva madre y, ocasionalmente, alimentar a los gatitos de otras camadas, además de la propia. Incluso a veces los machos muestran algo de sentimiento paternal, limpiando a los gatitos y jugando con ellos.



No se trata de hechos corrientes pero, a pesar de que sólo suceden de vez en cuando, son reveladores de que el gato, en especiales circunstancias se comporta de un modo menos egoísta de lo que podríamos esperar.
La conducta territorial también supone algún impedimento y alguna participación. Los gatos hacen todo lo que pueden para evitarse y, a menudo, disponen de los mismos territorios, a horas diferentes, como forma de reducir los conflictos. Además, también hay territorios sin gatos, donde pueden desarrollarse “clubes” sociales. Se trata de unas zonas de medio ambiente donde, por alguna razón, los gatos convocan una tregua general y se reúnen sin demasiadas peleas. Esto es algo común en los gatos asilvestrados de la ciudad, en sitios especiales donde pueden encontrar con qué alimentarse. Si las personas les tiran allí comida, ellos se reunirán más bien de forma pacífica y la compartirán, tole-rándose en su proximidad de forma que sería impensable en el “hogar base” de dichos gatos.



Al considerar estos hechos, algunas autoridades en la materia han llegado lo suficientemente lejos como para afirmar que esos gatos son verdaderamente gregarios y que su sociedad es más cooperativa que la de los perros. Pero se trata de una exageración romántica. La verdad es que, en lo que se refiere a la vida social, los gatos son unos oportunistas. Pueden tomarla o dejarla. Un perro solitario es una criatura desdichada. Un gato solitario se encuentra, todo lo más, aliviado de que le dejen en paz.
Si esto es así, ¿cómo cabe entonces explicar los ejemplos de ayuda mutua que hemos dado antes? Algunos de ellos se deben a que hemos convertido a los gatos domésticos en unos gatitos grandes. Al continuar alimentándoles y cuidándoles prolongamos su carácter juvenil en su vida de adultos. Al igual que Peter Pan, nunca crecerán mentalmente, aunque se conviertan físicamente en unos adultos maduros. Los gatitos son juguetones y amistosos con sus hermanos de camada y con sus madres, por lo que suelen actuar juntos en pequeños grupos. Esta cualidad se conservará, a veces, aun siendo adultos, haciéndoles menos competitivos y menos solitarios. Además, esos gatos que viven salvajes en las ciudades, donde hay poco espacio, se adaptan a sus encogidos territorios por necesidad, más que por gusto.
Algunos animales pueden vivir sólo en grupos sociales íntimamente unidos. Otros únicamente tolerarán una existencia por completo solitaria. La flexibilidad del gato significa que puede aceptar uno u otro modo de vida, y que ha sido esto lo que constituyó un factor clave para su larga historia de éxitos, desde que se domesticó por primera vez hace ya miles de años.










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