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Tornados

Un tornado (del latín tornare, girar) es un fenómeno meteorológico el cual se caracteriza por un torbellino violento de aire que gira sobre sí mismo y que se extiende desde las nubes hasta la superficie terrestre. Los vientos giratorios de los tornados pueden alcanzar desde los 100 hasta velocidades de más de 400 kilómetros por hora (250 millas por hora) y su forma suele ser parecida a la de un cono invertido.



Un tornado se compone de tres partes fundamentales :

La nube madre: es la nube de la que cuelga el tornado. Generalmente es del género cumulo nimbus y su base se encuentra a altitudes por debajo de los 2 km. La nube madre se caracteriza no sólo por su gran desarrollo vertical (su tope alcanza aproximadamente los 10 km de altura hasta la zona denominada (tropopausa) sino también por su característica forma de yunque.
El embudo: es la parte que va desde la nube madre hasta el suelo. Denominado también cono o manga, el embudo presenta al comienzo del tornado un aspecto parecido al de una nube, debido a que también arrastra partículas de agua en condensación. A medida que el tornado vaya aspirando polvo y desechos, el embudo irá adquiriendo un tono más y más grisáceo y se irá estrechando.
El vórtice: es la parte inferior del embudo, la que entra en contacto con la tierra. El vórtice es la parte más destructiva del tornado, pues es esta punta la que posee el menor diámetro del tornado, y por tanto la mayor aceleración del aire, y la que contacta directamente con la superficie terrestre, arrancando árboles, levantando casas y arrastrando la mayor parte de los desechos que va aspirando. Aunque en la mayoría de las ocasiones un tornado posee un único vórtice, no es raro que aparezcan varios vórtices de succión, que a su vez irán girando alrededor del pie del torbellino.
FORMACION:
Se deben juntar una masa de aire caliente y humedo, otra masa fria y seca y aire ascendente.



CARACTERÍSTICAS:

El tornado surge a partir de la base de una nube tipo espiral cumulonimbo y se extiende hasta abajo en forma de manga o embudo. La parte inferior y más agresiva del tornado se suele denominar vórtice.
A estos torbellinos les suele acompañar precipitaciones violentas de lluvia o granizo, relámpagos, rayos y la oscuridad propia de las nubes que lo sustentan.
Los tornados, por la acción de la rotación de la Tierra y la fuerza de Coriolis derivada de ella, giran en el hemisferio Norte en contra de las agujas del reloj y en el hemisferio Sur a favor de las mismas. Sin embargo, esta norma no es excluyente, pues se han registrado casos de tornados que giraban en sentido inverso al habitual.
Los tornados, aparte del giro circular de sus vientos, se desplazan a una velocidad que va desde los 20 km/h de los torbellinos más lentos hasta los 100 km/h de los más rápidos y describiendo un movimiento rectilíneo y errático que casi siempre, en el hemisferio Norte, sigue la dirección suroeste-noreste.
La aparición de tornados está casi exclusivamente sujeta a las latitudes intermedias entre las masas de aire polar y tropical, es decir, entre los 20º y los 50º de latitud en las franjas situadas tanto al norte como al sur del Ecuador. En latitudes superiores e inferiores, como el aire no alcanza a calentarse tanto o se calienta demasiado sin enfriarse, no se llega a lograr un contraste térmico que favorezca su aparición.
La rápida ascensión del aire caliente a través del embudo del tornado crea, de acuerdo con el Teorema de Bernoulli que establece que la presión se reduce al crecer la velocidad, una zona de vacío (o bajas presiones) alrededor del vórtice que le dota de su temible efecto “explosivo”, el cual provoca que los edificios estallen por la repentina diferencia de presión que se produce entre su interior y exterior al pasar el ojo o centro del tornado por encima de éstos.
Los tornados arrastran todo cuanto encuentran a su paso, desde polvo y hasta desperdicios como árboles, chapas de metal, cristales, vigas e incluso vagones. A estos materiales que el tornado lleva en volandas se les denomina desechos.
El efecto de destrucción de un tornado es mayor en el área afectada que el de un huracán debido a que la energía por liberar se concentra un área más pequeña; así, el efecto de la velocidad del viento y la baja presión hacen que el daño sea mayor.
Las épocas del año más propicias para la aparición de tornados suelen ser sobre todo la primavera (marzo, abril y mayo) y en menor medida el verano y el otoño. En cuanto a su duración, el promedio de vida de un tornado suele rondar el cuarto de hora, pero en contadas ocasiones exceden la media hora o lapsos superiores.
Los tornados se miden según la Escala de Fujita, que va desde los tornados F0 (menor intensidad) hasta los F5 (categoría suprema).









COMPOSICIÓN:
En un principio, el embudo del tornado es una nube embudo únicamente constituida por gotitas de agua en condensación, las cuales nacen en las bases de la nube madre y descienden hasta la superficie. Tras tocar el suelo, el vórtice aspira polvo y derrubios abundantes que, debido a la corriente de aire ascendente, suben por el embudo y lo van velando con una cortina de suciedad. A medida que avanza el tornado y a causa de la fricción entre las moléculas de aire y polvo, en las paredes que forman el ojo del tornado normalmente se producen descargas eléctricas que dan lugar a la aparición de chasquidos, relámpagos y rayos.

PODER DESTRUCTIVO:
Los daños producidos por un tornado son el resultado de varios factores como:

La rápida rotación de sus vientos, que pueden abrir ventanas, romper cristales, desgarrar árboles, levantar coches y lanzar trenes por los aires.
La violencia de los impactos de los desechos que porta contra vehículos, edificios, construcciones, etc.
La presión muy reducida del interior de su embudo, que provoca la explosión de las estructuras sobre las que se posa y que no tienen ventilación suficiente y que, por tanto, no equilibran rápidamente la diferencia de presión.

El más destructivo:



Nube embudo:



Nacimiento de un tornado:












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