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Pioneros de la “Libertad”


19-6-2013 | A 50 años de la puesta en servicio del actual buque escuela de la Armada.

“… el mar fue siempre desafío y camino, y desde la infancia, asomados a los puertos y a las orillas, los hombres aprendieron a soñar con las cosas remotas que albergan, sin saberlo, en su propio corazón.”

—El doblón del capitán Ahab, de Arturo Pérez-Reverte


H ay un relato que ocurre desde tiempos remotos en las cubiertas de los navíos. La historia de muchísimos hombres y mujeres sucede en un escenario que es el mar, que cambia de nombre aunque sea uno solo. A bordo, las personas se parecen bastante entre sí porque aprenden de las olas, del viento, de la lejanía del hogar; aprenden fogueándose tanto con la naturaleza como con la condición de ser humanos diferentes entre sí. Es ahí, en el medio del mar que ocurren las historias. Son relatos que nacen en el puente de mando, en una sala de máquinas, en una comida celebrada en las cámaras, en atardeceres en popa, compartiendo un Malbec de nuestras vides o simplemente en el transcurrir de los días mar adentro.

El relato del buque escuela fragata “Libertad” se construye con los jóvenes guardiamarinas en comisión que aspiran egresar de la Escuela Naval Militar al finalizar su viaje de instrucción, y así acceder al primer grado de la carrera de oficiales de la Armada Argentina. Al mismo tiempo, lo hacen los aspirantes de la Escuela de Suboficiales que embarcan por mérito, los que obtuvieron las mejores calificaciones.

La fragata es también embajadora de los argentinos en el mundo, portando un mensaje de país independiente y soberano. Fue bautizada “Libertad”, un concepto que habita en cada individuo y que expresa una trama de valores que identifican a las personas como a la comunidad a la que pertenecen. La nuestra celebra sus primeros 50 años cumpliendo su misión; es la heredera de un legado de buques escuelas que vienen formando marinos de guerra instruidos en los últimos 200 años.

Fue construida por manos argentinas y hasta hoy recorrió cientos de miles de millas visitando más de 140 puertos y 70 países, representando a la Argentina, siendo admirada por millones de personas. Incluso hoy, que tenemos la información del mundo en un segundo al conectarnos a Internet, nada reemplaza, para templar el carácter, afianzar el espíritu de cuerpo, promover la camaradería, el trabajo en equipo, la destreza marinera, el arrojo y la vocación de ser marino, al hecho de navegar durante varios meses en un gran velero como la “Libertad”.



Del 63

I ntentemos leer el momento. 50 años atrás, el buque escuela fragata “Libertad” realizaba su primer viaje de instrucción. Buque nuevo que se hacía al mar para mostrarles a los jóvenes cadetes y aspirantes cómo se forjan los marinos y la dureza de la vida naval. El mundo era otro: la tecnología y el aprendizaje a bordo cambiaron bastante, aunque la esencia sigue siendo la misma.

La promoción 90º de la Escuela Naval Militar llegó en 1958, mientras manos argentinas construían el buque escuela en el Astillero Río Santiago. Ellos vivieron parte del proceso, pero recién cuando llegaron al último año en la escuela empezaron a creer que podría ser posible. En 1963 la fragata estaba lista y la 90 hacía el primer viaje de instrucción.



La tripulación del 63 se conoció en la cubierta de la fragata y en ese momento eran guardiamarinas en comisión, Carlos Zavalla y Jorge Marín, y aspirante naval Juan Carlos Pereira. A bordo, lo primero que hicieron fue cambiarse de overol y calzarse zapatillas para trepar a los palos por una banda y bajar por la otra.

La primera navegación fue en mar argentino para probar al gran velero. Llegaron hasta la altura de Puerto Madryn (Chubut). No amarraron, probaron equipos, sistemas y motores verificando lo más posible su funcionamiento; desplegaron las velas y también advirtieron que sin música un viaje de varios meses resultaba impensado… y se embarcó un wincofón.

Antes de la “Libertad”, el buque escuela era la fragata “Presidente Sarmiento”, “un buque muy valioso porque cumplió el ideal de Domingo Faustino Sarmiento, que los jóvenes marinos navegaran de un país a otro viendo la cultura, mostrando que en el Río de La Plata nacía una Nación”, dijeron los pioneros de la “Libertad”. Hoy, el buque es museo y se encuentra amarrado en el dique 3 de Puerto Madero, siendo uno de los principales atractivos culturales para niños, jóvenes, adultos y extranjeros de todas las latitudes.

El director del buque museo es el actual capitán de navío (RS) Carlos Zavalla, uno de los protagonistas del viaje del 63. Con él están su compañero de promoción capitán de navío (RE) Jorge Marín y el suboficial mayor (RE) Juan Carlos Pereira de la Promoción 14 de la Escuela de Suboficiales.

Sarmiento también dijo que “al ver llegar un buque argentino cargado de hombres sanos, valientes y vigorosos, vean que la República Argentina es un país de promisión” y en este sentido, los tripulantes del 63 destacaron: “Eso intentamos hacer nosotros con nuestro comportamiento en los distintos puertos teniendo bien en claro que representábamos al país”.

Zarparon, el 19 de junio. Un día gris y ventoso, dejando en el muelle esposas, novias, familia y amigos; un anticipo de aquello que ocurre durante la profesión naval.

El 1º de junio de 1963, el recibimiento de la flamante fragata ARA “Libertad” por parte de la Armada fue tapa del Nº 59 de Gaceta Marinera.

La ceremonia de entrega del nuevo buque escuela se había realizado el 28 de mayo de ese año, encabezada por las autoridades navales de la época.

En sus números siguientes, Gaceta Marinera reflejó los hechos más salientes del viaje de instrucción de la embajadora del mar:

Así, el 16 de agosto del 63 el enviado especial titulaba “Bautismo de Puerto… y 2000 Millas a Vela” una nota que en sus primeros párrafos decía:

“¡Aguanta popa!... ¡cobra popa!... ¡listos!... y dócilmente el buque se recuesta por babor a los muelles del primer puerto no argentino de los muchos, muchísimos, que tocará a lo largo de su vida marinera que ahora se inicia.”

Otros títulos fueron “Una ‘vedette’ de los mares”, del 26 de septiembre; “Rumbo a Francia”, del 2 de octubre; “Ya proa al Sud”, del 1º de noviembre; “La España de siempre”, del 26 de noviembre; y la crónica final “Singladuras hasta América”, del 1º de diciembre que remataba con: “... 2061 horas y 17809 millas con 964 horas y 6788 millas a vela.”




La 90

I maginar 50 años atrás el viaje de instrucción era abrir las puertas a un mundo nuevo por delante. Todo fue deslumbramiento. No eran frecuentes los viajes familiares. Hoy, los que pueden, viajan a temprana edad a Europa, al fantástico mundo de Disney, tal vez a algún destino exótico o algún lugar que es patrimonio del mundo como la ciudadela de Machu Pichu.

Capitán Marín.

“Para nosotros fue una apertura a un mundo diferente, en cada puerto una cultura e idioma distintos. Fue muy enriquecedor desde el punto de vista profesional, cultural y humano por todo lo que nos aportó”, afirmó el capitán Marín.

Del mismo modo que cuesta imaginarse cómo era la navegación y los instrumentos: “En esa época, nosotros llegamos al buque y nos dividieron en dos grupos --hoy sigue haciéndose de la misma manera--, uno era la brigada de estribor; y el otro la de babor”. Mientras un grupo recibe clases académicas, el otro realiza el aprendizaje de marinería y maniobras con velas en cubierta.

Era parte de la actividad a bordo, realizar una carta del tiempo, la hacían escuchando por radio los datos que trazaban utilizando un grosero aparato llamado facsímil que tenía un metro y veinte centímetros de largo por sesenta centímetros de ancho y que tardaba una hora en editar una carta, “con ella se interpretaba, se veía los vientos, las corridas, la corriente de baja, era la forma para navegar en ese tiempo utilizando precisión en los cálculos náuticos”, recordó Zavalla.



En tanto al suboficial Pereira le asignaron guardias en cubiertas bajas, se ocupaba de verificar el embarco de agua potable en el buque para servicios generales a la vez que en puerto operaba la lancha para los traslados a tierra. También, como su especialidad era motores aeronavales, cumplía guardia de generadores en la sala de máquinas y todos sin distinción de jerarquía asistían a los simulacros de abandono de buque, a las ejercitaciones de lucha contra incendio y de colisión que se hacían prácticamente a diario.

“En el mar se conocen los hombres en su mayor dimensión, con sus virtudes y sus defectos. Todo aflora porque uno tiene que confiar en el otro y al hacer un viaje de seis meses uno termina hermanado”, afirmó el capitán Zavalla. Esto les sucedió, entre compañeros y también con los becados embarcados, de los cuales se destacaron el camarada del Ejército Argentino, que aún hoy continúa asistiendo a las reuniones que organiza la promoción. También, la amistad con el gringo “Pepe” Strasser de Estados Unidos y con el uruguayo Mario Olivera siempre acompañado por la trilogía de termo, mate y paquete de yerba.


13 puertos

C on el golpeteo del agua en el casco sujetada por los remolcadores, la “Libertad” inicia año tras año su viaje de instrucción. La última imagen que vemos es la silueta en la boca de la Dársena del puerto metropolitano y a ella alejarse con los gavieros prolijamente alineados en los palos. Ahí empieza la espera de todos en tierra hasta que vuelve, siempre lo hace, incluso después del reciente suceso en el puerto africano de Tema (Ghana), el buque escuela regresa a los argentinos.

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Un gran velero es en cualquier parte del mundo, un buque atractivo y singular; atrae a las personas visitarlo, conocerlo, sacarse todas las fotos posibles, hablar y compartir con sus tripulantes. El itinerario del 63 los llevó en primer lugar al puerto de Recife en Brasil, de ahí fueron a San Juan de Puerto Rico y al siguiente arribaron a Boston, primer puerto de Estados Unidos.

“Siempre nos recibían con gran expectativa, había mucha gente que venía a visitar el buque, comentó el capitán Marín y agregó el suboficial Pereira “hasta nos acompañaban con lanchas tocando sirenas como en Boston”. Siguieron a New York, la ciudad de las torres de 1.000 metros de altura arribando más tarde a Hamilton puerto de Bermudas, con el tifón Arlene encima. Con amarras reforzaron la fragata y se aguantó que pase la tormenta tropical en el puerto.

“El día del temporal usamos los impermeables que eran nuevos y quedamos todos manchados porque desteñían y con los zapatos blancos agrandados, es que cuando te agarraba una lluvia la suela se empezaba a agrandar y entonces con la navaja marinera recortábamos el zapato”, recordó el capitán Zavalla.

Las noticias con los seres queridos iban y venían en cartas, “nos habían dado un cronograma que decía de tal fecha a tal fecha tienen que entregar la correspondencia para que llegue a tiempo al puerto y al arribo alguno del buque bajaba a buscar el correo y las repartían”, dijo el capitán Marín.

El viaje de instrucción continuó cruzando el océano Atlántico. Del otro lado, el buque llegó al puerto de Le Havre, Francia. Visitaron París y vestidos de uniforme desfilaron por el Arco de Triunfo. El próximo puerto fue Hamburgo en Alemania; y ahí conocieron Berlín y el “muro” construido dos años antes que separó a la República Federal de la República Democrática en Alemania hasta 1989.



“Tuvimos conciencia de qué se trataba, vimos las coronas y las placas de todos aquellos que intentaron cruzarlo y murieron”, compartió el capitán Marín. El suboficial Pereira contó la anécdota de una salida a un bar –andaban con el uniforme- y cuando “íbamos a pagar nos decían que ya estaba pago, el camarero nos explicó: ‘es que acá la gente no se olvida de que Argentina en la segunda Guerra Mundial ayudó a los alemanes con víveres por eso el reconocimiento y por eso los reciben así’”. En otro bar donde había una orquesta les tocaron la marcha de San Lorenzo.

Como pasa con cualquier profesión, cuando no se trabaja hay descanso y con el tiempo libre se las ingeniaban para disfrutar, reírse y compartir. Escuchaban música de un wincofón, un aparato que hoy encuentran en manos de coleccionistas o en locales de antigüedades y de la mano de Alberto Castillo cantaban con desenfado el hit “Taximetrista” que les tocó el pecho y los llevó a recordar las calles porteñas.

Unos cuantos preferían las carreras de cucarachas, la particularidad que tenía esta disciplina es que los participantes diferenciaban las cajas pintándolas con colores. Así es que los panaderos eran las blancas, las rojas enfermería y las celestes los maquinistas por mencionar algunos.

Para dar continuidad a la tradición marina de rendir honores a Neptuno, quienes cruzaban la línea del Ecuador por primera vez, los neófitos, se disfrazaban y cumpliendo prendas elegidas al azar obtenían su permiso de paso otorgado por el rey del mar, interpretado por un experimentado marino.

A mitad del viaje conocieron Londres, Inglaterra, vieron el Támesis, el Big Ben y las joyas de la reina. Luego siguieron a Cádiz, España; ahí la costa del Sol, Jeréz de la Frontera, Andalucía, Sevilla, Córdoba, la Mezquita. La fragata siguió su rumbo; bajando por África arribaron a Dakar, Senegal.

Se estaba acabando el viaje, pronto los exámenes en puerta, prepararon las carpetas y gráficos, hicieron inventarios, revisaron los cargos. Cruzaron el Atlántico y llegaron a Río de Janeiro, la mente y el corazón ya estaba en el sur, un solo puerto más, Montevideo y nuevamente en casa.




La suma de los días

A lejados de tierra, el hecho de navegar en mares donde uno no lo ha hecho antes presenta múltiples desafíos como llegar a puertos desconocidos, al cruzar el Atlántico atravesando la inmensidad del océano y comprender la naturaleza del hombre, los marinos de guerra, al finalizar el viaje se habrán adaptado a la dureza de la vida naval y habrán aprendido a desempeñarse como oficiales en cualquier buque de la Armada, asumiendo responsabilidades, siendo capaces de conducir hombres. Todo aquello que colmó su relato del mar ahora empieza a reflejarse y para ese aprendizaje no existe nada en tierra que pueda igualar el hecho de embarcar en el gran velero.

Las primeras velas que vieron los pobladores fundacionales de nuestro país fueron las que enarbolaron los hombres de mar, algunos marinos instruidos, otros que se hicieron al mar en busca de alimento y libertad. Lo cierto es que los navíos a vela fueron protagonistas de los combates más feroces e importantes que se libraron en el Río de La Plata 200 años atrás, fueron en sus cubiertas donde se forjaron nuestros primeros héroes navales en el principio de nuestra historia de Libertad.



La fragata “Libertad” por el mundo

En 50 años como buque escuela de la Armada Argentina, la fragata ARA “Libertad” ya visitó más de 140 puertos extranjeros en casi 70 países de los 5 continentes, además de las innumerables veces que estuvo en los principales puertos de la Argentina. Mirá el mapa:


https://mapsengine.google.com/map/edit?mid=zPtjOnkLMNb4.kdMtFjt_IaqE


RESEÑA
La historia de los viajes de instrucción

En 1884, la Argentina adquirió para la Escuela Naval la corbeta "La Argentina", empleada como buque escuela. Antes habían servido para fines educativos el vapor “General Brown” y la cañonera“Uruguay”.

En 1896 empezó a construirse en Inglaterra la fragata Presidente Sarmiento, que zarpó de Liverpool el 14 de julio de 1898.

Su primer viaje de instrucción lo realizó en enero de 1899. Fueron 29 en total. El último lo hizo en 1938.

El 18 de junio de 1962 se la declaró monumento Histórico Nacional y se la inauguró como tal el 22 de mayo de 1964. Permanece amarrada en Puerto Madero, Buenos Aires.

En 1946 se presentó un anteproyecto de nave mixta, con aparejo de bergantín goleta de 3 palos y un desplazamiento aproximado de 2.500 toneladas, 80 metros de eslora y 4,87 metros de calado. El Comando de Operaciones aconsejó que se construya una unidad a vela y con motor auxiliar, en el Astillero Río Santiago.

El 13 de noviembre de 1953 comenzó su construcción. El 11 de diciembre de ese mismo año se colocaron los primeros remaches en la quilla

El 27 de abril de 1956 se le impuso el nombre de “Libertad”.

El 30 de mayo de 1956 se botó el casco en Río Santiago.

Los trabajos siguieron y en 1961 se designó como comandante al capitán de fragata Atilio Porreti.

1962 fue el año de las pruebas generales.

Y en mayo de 1963 tuvo su incorporación oficial a la Marina con la ceremonia de afirmación del pabellón.

El primer viaje de instrucción lo empezó el 19 de junio de 1963, al mando del capitán de fragata Horacio Ferrari. Duró hasta el 6 de diciembre y navegó unas 18.000 millas. Visitó los puertos de Recife, San Juan de Puerto Rico, Boston, Hamilton, Lisboa, Le Havre, Hamburgo, Londres, Cádiz, Dakar, Río de Janeiro y Montevideo.

En 2001, el Poder Ejecutivo Nacional la decretó embajadora de la República.

En 2004 inició su reparación de media vida, tras 37 viajes, en los que visitó más de 140 puertos y 70 países.

Durante los años que la fragata estuvo en dique, los guardiamarinas de la Escuela Naval realizaron los viajes de instrucción en las corbetas ARA “Rosales”, ARA “Parker” y ARA “Spiro” y en la fragata BE “Esmeralda” de la Armada de Chile.

La reparación de media vida terminó en 2007 y la fragata “Libertad” volvió a estar en servicio. Ese año embarcó por primera vez un grupo de cadetes mujeres de la Escuela Naval Militar que realizaron el viaje de instrucción.

En 2010, participó del Encuentro y Regata de Grandes Veleros-Velas Sudamérica 2010, en conmemoración de los bicentenarios de la Revolución de Mayo en Argentina y de la Primera Junta de Gobierno en Chile.


VIDEO
La fragata "Libertad" y su nueva travesía

"Todo oficial de marina aspira a volver a tripular la fragata. Para mí es un privilegio y un hito en mi carrera", dice el capitán de navío Marcos Hensons, designado como comandante de la fragata "Libertad" en su viaje de instrucción 2013.

"Ahora vamos a tratar de poner todos nuestros conocimientos en práctica, de la mano de los oficiales y el personal subalterno", cuenta la guardiamarina en comisión Cintia Cuella.

"Los suboficiales a bordo contribuyen con la instrucción de los aspirantes y guardiamarinas en distintas especialidades", explica el suboficial mayor Marciano Oporto, contramaestre de la fragata.
RESEÑA
La historia de los viajes de instrucción

En 1884, la Argentina adquirió para la Escuela Naval la corbeta "La Argentina", empleada como buque escuela. Antes habían servido para fines educativos el vapor “General Brown” y la cañonera“Uruguay”.

En 1896 empezó a construirse en Inglaterra la fragata Presidente Sarmiento, que zarpó de Liverpool el 14 de julio de 1898.

Su primer viaje de instrucción lo realizó en enero de 1899. Fueron 29 en total. El último lo hizo en 1938.

El 18 de junio de 1962 se la declaró monumento Histórico Nacional y se la inauguró como tal el 22 de mayo de 1964. Permanece amarrada en Puerto Madero, Buenos Aires.

En 1946 se presentó un anteproyecto de nave mixta, con aparejo de bergantín goleta de 3 palos y un desplazamiento aproximado de 2.500 toneladas, 80 metros de eslora y 4,87 metros de calado. El Comando de Operaciones aconsejó que se construya una unidad a vela y con motor auxiliar, en el Astillero Río Santiago.

El 13 de noviembre de 1953 comenzó su construcción. El 11 de diciembre de ese mismo año se colocaron los primeros remaches en la quilla

El 27 de abril de 1956 se le impuso el nombre de “Libertad”.

El 30 de mayo de 1956 se botó el casco en Río Santiago.

Los trabajos siguieron y en 1961 se designó como comandante al capitán de fragata Atilio Porreti.

1962 fue el año de las pruebas generales.

Y en mayo de 1963 tuvo su incorporación oficial a la Marina con la ceremonia de afirmación del pabellón.

El primer viaje de instrucción lo empezó el 19 de junio de 1963, al mando del capitán de fragata Horacio Ferrari. Duró hasta el 6 de diciembre y navegó unas 18.000 millas. Visitó los puertos de Recife, San Juan de Puerto Rico, Boston, Hamilton, Lisboa, Le Havre, Hamburgo, Londres, Cádiz, Dakar, Río de Janeiro y Montevideo.

En 2001, el Poder Ejecutivo Nacional la decretó embajadora de la República.

En 2004 inició su reparación de media vida, tras 37 viajes, en los que visitó más de 140 puertos y 70 países.

Durante los años que la fragata estuvo en dique, los guardiamarinas de la Escuela Naval realizaron los viajes de instrucción en las corbetas ARA “Rosales”, ARA “Parker” y ARA “Spiro” y en la fragata BE “Esmeralda” de la Armada de Chile.

La reparación de media vida terminó en 2007 y la fragata “Libertad” volvió a estar en servicio. Ese año embarcó por primera vez un grupo de cadetes mujeres de la Escuela Naval Militar que realizaron el viaje de instrucción.

En 2010, participó del Encuentro y Regata de Grandes Veleros-Velas Sudamérica 2010, en conmemoración de los bicentenarios de la Revolución de Mayo en Argentina y de la Primera Junta de Gobierno en Chile.


VIDEO
La fragata "Libertad" y su nueva travesía

"Todo oficial de marina aspira a volver a tripular la fragata. Para mí es un privilegio y un hito en mi carrera", dice el capitán de navío Marcos Hensons, designado como comandante de la fragata "Libertad" en su viaje de instrucción 2013.

"Ahora vamos a tratar de poner todos nuestros conocimientos en práctica, de la mano de los oficiales y el personal subalterno", cuenta la guardiamarina en comisión Cintia Cuella.

"Los suboficiales a bordo contribuyen con la instrucción de los aspirantes y guardiamarinas en distintas especialidades", explica el suboficial mayor Marciano Oporto, contramaestre de la fragata.
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