Celos: ¿patológicos o normales?


Celos: ¿patológicos o normales?




Introducción
¿Quién no ha sentido celos alguna vez? Los celos son una emoción que genera un sentimiento de frustración cuando una persona cree que algo que valora y aprecia le puede estar siendo arrebatado. Está demostrado que los celos distorsionan la percepción visual.
No solo hacia la pareja, desde niños los celos están a la orden del día. Celos cuando nace otro hermanito, celos hacia un hermano si recibe algo que nosotros queremos. Estos celos en general suelen desaparecer y no presentan mayor problema. Pero ¿cuándo los celos se trasforman en patológicos?
Los celos patológicos sin tratamiento pueden ser devastadores para quien lo sufre y su entorno. Detrás de muchas agresiones de violencia de género y crímenes pasionales hay detrás una persona con celos patológicos.
Los celos son una respuesta emocional compleja y perturbadora, que surge cuando una persona percibe una amenaza hacia algo que considera como propio. Comúnmente se denomina así a la sospecha o inquietud ante la posibilidad de que la persona amada nos reste atención en favor de otra. También se conoce así, al sentimiento de envidia hacia el éxito o posesión de otra persona.
No solo hacia la pareja, desde niños los celos están a la orden del día. Celos cuando nace otro hermanito, celos hacia un hermano si recibe algo que nosotros queremos. Estos celos en general suelen desaparecer y no presentan mayor problema. Pero ¿cuándo los celos se trasforman en patológicos?
Los celos patológicos sin tratamiento pueden ser devastadores para quien lo sufre y su entorno. Detrás de muchas agresiones de violencia de género y crímenes pasionales hay detrás una persona con celos patológicos.
Los celos son una respuesta emocional compleja y perturbadora, que surge cuando una persona percibe una amenaza hacia algo que considera como propio. Comúnmente se denomina así a la sospecha o inquietud ante la posibilidad de que la persona amada nos reste atención en favor de otra. También se conoce así, al sentimiento de envidia hacia el éxito o posesión de otra persona.




Los celos en las relaciones de pareja


La emoción de los celos se ha visto favorecida por la evolución. Pensemos que en una relación sexual el hombre desea ser él quien logre perpetuar sus propios genes y no otro rival. Así que expresar celos era una forma de salvaguardar que la descendencia propia. Incluso en la naturaleza los animales se pelean por una hembra y a menudo se pierde tiempo y energía en eliminar cualquier amenaza.
En el tema de los celos se asocia más en los hombres al temor a la infidelidad sexual de la mujer, y en las mujeres a la infidelidad emocional o sentimental, (celos que el hombre tenga sentimientos de amor hacia otra mujer).
En los celos comunes, la persona se basa en algo real, que ha visto o sentido, no es una elucubración, seguramente le gustaría no sentir lo que siente pero ama y se siente traicionada/o.
Los celos comunes pueden aparecer cuando la persona ha descubierto algún indicio o conducta real de su pareja que la hace temer que hay un rival. Si la persona tiene sospechas fundadas de que algo está sucediendo puede aparecer una sensación de desazón y desconfianza. En este caso la persona puede modificar su emoción cuando obtiene nueva información tanto si confirma como descarta estos celos.
Esto le puede ocurrir a cualquier persona es una reacción emocional cuando pensamos la pareja nos está traicionando. Estos celos no son permanentes la persona los siente ante indicios o conductas de la pareja, si una persona siente celos de forma permanente ya indica que puede llegar a sufrir celos patológicos.


Celos patológicos: cómo actúan


Estos celos no se basan generalmente en indicios o conductas reales, sino en pensamientos irracionales de la persona sobre su pareja. Cualquier mirada, gesto o comportamiento de la pareja puede disparar una serie de pensamientos de celos que pueden llevar a la furia y la violencia. La preocupación máxima es una infidelidad sexual de la pareja.
En los celos patológicos la emoción carece de fundamento, los celos solo existen en la ficción. El celoso patológico o la celosa patológica vive en este caso una realidad alternativa interpretando cosas sin que tengan nada que ver con la realidad. En este caso la persona no modificas sus celos a pesar de los intentos de su pareja por demostrar no existe rival alguno.
Cualquier acontecimiento irrelevante puede llevar al celoso patológico a desencadenar una escena de celos, donde la persona celosa acusará a la pareja de infidelidad a pesar de no existir prueba alguna.
Los celos son normales o patológicos dependiendo del tipo y grado de nuestra reacción ante este sentimiento.
Los celos patológicos los podemos considerar como una enfermedad porque son aquellos que, siendo infundados o incluso fundados, obsesionan de tal manera al que los padece, que repercuten negativamente en sus sentimientos y en su comportamiento. Algunos ejemplos de estas repercusiones podrían ser las siguientes: sentirse víctima, desvalorizarse, culpabilizarse a sí mismo y al otro, mostrar sentimientos y conductas hostiles contra el rival, real o imaginario, pudiendo agredirle física y psíquicamente, etc., todo lo cual iría deteriorando la relación, la familia y la propia vida. Asimismo, puede incidir en la salud psíquica llegando incluso a perder el control y/o padecer algún trastorno emocional como puede ser la depresión.
Es muy importante por las nefastas consecuencias a las que se puede llegar, que, cuando sintamos celos, estemos alerta de hasta donde nos distorsionan a nosotros mismos y a la persona objeto de estos celos, así como a nuestra familia, trabajo, etc., para poder buscar soluciones.
Psicopatología y diagnostico
Los celos morbosos se asocian con cuatros características según Mullen (1990):
Muchos autores equiparan los celos patológicos con el delirio. Los delirios son una conclusión errónea de la realidad con base patológica. La perspectiva del paciente no cambia a pesar de pruebas o correcciones. En el delirio celotípico el sujeto trasforma en su mente su relación en un triángulo y se monta toda una película ajena a la realidad. Como se cree su propia película acusa sentimientos de frustración, ira, venganza. Se siente burlado y abandonado.
La persona está inquieta vigilante, con rasgos paranoicos trata de descubrir pruebas o indicios en cualquier lado. El mismo llega a sus propias conclusiones, da igual lo que la pareja pueda decir. Incluso puede alterar sus propios recuerdos para confirmar sus sospechas.
El celoso patológico o la celosa patológica puede actuar de forma imprevisible llevado por la ira. Espiar a la pareja, seguirle, encargar vigilancia, escarbar entre sus pertenencias. Acusarle constantemente. Insultos y malos tratos psicológicos son frecuentes, y también agresiones físicas que en los casos más extremos acaban con la vida de la pareja, de los hijos y en muchos casos con el suicidio del agresor.


¿Qué podemos hacer ante los celos en general?


Hay personas que tienen una mayor tendencia a sentir celos en general, seguramente porque, debido a características personales, como pueden ser: inseguridad, estar encerrado en sí mismo, dan poco valor a lo que son y a lo que hacen, pero quieren aparentar superioridad ante los demás. Son personas que reclaman una mayor o exclusiva atención por parte de los demás, hacia ellos, para sentirse bien.
Ante estas circunstancias el primer paso sería el de reconocer y asumir esta realidad para poder afrontarla.
Otros pasos a seguir entre otros, podrían ser:
No compararnos con los demás y darnos el derecho a ser nosotros mismos.
Dar a los demás también el derecho a ser ellos mismos, no siendo posesivos, en el sentido de hacer sólo lo que queremos nosotros, sin tener en cuenta los deseos de los demás.
Valorar y potenciar nuestras capacidades.
Buscar actividades placenteras al margen de la persona objeto de los celos.
Intentar ver las cosas lo más objetivamente posible.
Escuchar y respetar la opinión de los demás.


¿Qué podemos hacer ante los celos en la pareja?


De forma más detallada pasamos a dar unas pautas a seguir, especialmente, cuando los celos se desarrollan en la pareja:
Hablar de nuestros celos e intentar evaluar lo bueno y lo malo de la relación, valorando si hay motivos reales para ellos.
Plantear el problema lo más objetivamente posible, aceptando nuestras inseguridades, dificultades, sentimientos, etc. Y no responsabilizar al otro de nuestro sentir.
Ponernos en el lugar del otro para comprender mejor sus actuaciones e impedir que la culpa invada la relación, tratando de entender lo que el otro plantea sin juzgarlo.
No dejarnos llevar por la cólera si descubrimos que nos engañan, no sacando en ese momento conclusiones apresuradas y erróneas. Lo importante es hablar, tratar de evaluar juntos los hechos.
Buscar información objetiva para lo que deberemos tranquilizarnos y cuando consigamos hablar de lo que está sucediendo, seguir estas recomendaciones:
Tratar de saber que representa para nuestra pareja el intruso.
Intentar hablar con nuestra pareja de qué parte de responsabilidad tuvimos, o qué es lo que está haciendo surgir una relación con una tercera persona: la monotonía, el desamor, etc.
No tomar decisiones precipitadas ni emitir insultos que pueden dañar para siempre la relación, hay que darle tiempo al tiempo y dialogar.
No referirse al tercero desvalorizándolo pues se vuelve contra nosotros.
No hablar como si nosotros fuéramos los únicos que sufrimos, la pareja también lo pasa mal, puede estar confusa, avergonzada, rabiosa, etc.
No acorralar a la pareja exigiéndole, sino que hay dialogar, buscar razones, puntos en común, y saber esperar que las cosas se vayan resolviendo.
Cuidar de nuestros sentimientos, que han sido heridos, comprometiéndonos con nosotros mismos a hacer frente a la realidad, aceptarla e intentar cambiar, en la medida en que podamos, esta situación dolorosa.
Pedir ayuda al psicólogo si, por nosotros mismos, aún habiendo intentado poner en práctica lo anterior, no lo hemos podido solucionar, porque recomponer la relación con nosotros mismos y encontrar una interpretación válida de los hechos es fundamental.






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