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[07/04/2008] ¿De qué nos reímos? - En el Borde

Fernando Peña

Un aplauso de pie es sólido, espontáneo y verdadero. Cuando eso ocurre, no hay duda: la obra gustó. Ayer pasó lo mismo, que no pasa siempre. Algunos de pie, otros no, espontáneo también. A algunos les gustó, a otros no. Antes de ayer aplaudieron todos sentados. No está mal. Es un desastre. Tal vez gustó más o menos a todos. Pero para el actor es una tragedia. El actor necesita aprobación siempre. Por eso se dedica a no ser él mismo.

Ahora bien, ya sea de pie algunos, sentados otros, o sentados todos, siempre hay un común denominador: hay dos o tres que protestan y se cuestionan la risa del otro. Y va más o menos así: “Me encantó la obra, ¡lo que me molestó es que se reían en partes que no eran para reírse!”. Repasemos la frase anterior.

La que dice que les encantó la obra pero que les molestó que se rieran los demás en partes que no eran para reírse. ¿Qué corno quiere decir esto? ¿Cómo podemos pretender llegar a querer ser dictadores de humores? Me hace acordar a una frase que dice: “Quisiera querer querer esperarte…” ¿Cómo puede alguien querer querer que el otro quiera? ¡Es un disparate!

Días pasados, durante una reunión, volvió el debate. La discusión absurda sin fin. Si a vos te gusta Lost, si te hace reír Seinfeld, si Nip Tuck te da impresión o si Friends es banal. Levantábamos la voz y empuñábamos el índice defendiendo a rajatabla cada uno nuestra serie favorita como si fuera un equipo de fútbol, como si tuviéramos la camiseta puesta, como si la serie fuera un miembro de la familia.

¿Es tan difícil comprender que a cada uno de nosotros nos estimulan cosas diferentes? Seinfeld en lo personal me parece una pelotudez tamaño baño, pero a Diego Scott, un tipo que está muy cerca de mí, lo conozco de adentro para afuera como una media y lo respeto enormemente, le parece una de las series más inteligentes de la actualidad.

A mi amigo Javier le gusta Friends. A mí me gusta mucho Nip Tuck. Friends ni me fu ni me fa y a Javier también le gusta Nip Tuck. Diego nunca vio Nip Tuck y no se qué opina de Friends. Mi amiga Silvia no ve series norteamericanas. Amó Son amores.

Ahora bien, ¿debería ser determinante para juzgar al otro lo que al otro lo estimula? No, en absoluto. Léase bien (para juzgar, escribí). Sí nos cuenta un poco más quién es el otro, pero no lo define y menos aún lo condena.

A diario presenciamos levantaditas de dedos, alzadas de voz de nosotros hacia los otros y viceversa, como por ejemplo: en ese restorán se come pésimo, cómo te puede gustar, esa película es una bosta, cómo no te fuiste en la mitad, fulano es un tipo de mierda, tené cuidado, cómo te puede gustar Shakira, en vez de cantar gime como si se la estuvieran garchando, me dan asco los gatos, cómo te pueden gustar, no nombres a Maidana hijo de puta, es yeta.

Las cosas son según quien las recibe, sino preguntale a un daltónico (jaja, chiste corto). Las personas son según el otro, tengo amigos que odian a mis amigos, pero ese amigo que odia a mi otro amigo no es malo conmigo. Tengo muchísima afinidad y coincidencias con Víctor Hugo Morales, Betty Elizalde y Fanny Mandelbaum.

Son para mí las personas más parecidas a mí. Sin embargo, a veces escucho que a Víctor Hugo no le gustó tal película, Fanny no es amiga de aquel que es mi amigo y Betty odia ese tango que me gusta. ¿Cuál es el problema? ¿Qué tipo de revólver les pongo en la sien para que coincidan conmigo? ¿Un 38 o una 45?

Cuando al otro no le gusta lo mismo que a nosotros lo que entra en duda es el gusto propio. Ésa creo que es la clave. Siempre es una discusión bizantina compartir un postre con mi novio. A mí me encanta la crema chantilly y a él el dulce de leche. No saben el quilombo que es pedir un flan. ¿Por eso debería dejarlo y condenarlo? ¿Por eso debería él dejarme y condenarme? Empecemos a ver al otro. Allá. En distancia. Ajeno. No son mejores las de grasa que las de manteca.

Yo odiaba las almejas hasta que un día me las disfrazaron con queso parmesano derretido. ¡Gracias mamá! Entendí todo.
Solamente me queda una duda: ¿será verdad que no me gusta el dulce de leche? ¿O lo tendré que disfrazar con crema chantilly?

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