Check the new version here

Popular channels

22 Experimentos psicológicos





¿Por qué las personas actúan de la manera que lo hacen? Los psicólogos han estado reflexionando sobre esta cuestión desde la antigüedad. Gran parte del conocimiento que tenemos de la mente humana en la actualidad proviene de experimentos psicológicos realizados en el siglo pasado, estos han ayudado a recopilar información y a arrojar luz sobre el pensamiento y el comportamiento humano.
Existen muchos experimentos, estos solo son algunos de ellos.





El experimento del ascensor



¿Hacia dónde miras en un ascensor cuando ves que todas las personas que entran miran hacia la pared que tienes detrás? ¿No te das la vuelta?


Con este experimento el investigador Solomon Asch estudió uno de los efectos más interesantes en psicología: la influencia social. Es habitual vernos en situaciones en las que imitamos el comportamiento de otras personas, a pesar de que estemos seguros de lo que queremos. Este efecto es conocido como "conformidad social". Las personas cambiamos nuestra conducta o actitud por la influencia de otras personas.




En la mayoría de los casos esa influencia social es indirecta (nadie nos obliga a hacerlo, ni nos dice nada) ; normalmente, lo hacemos para cumplir normas sociales, para ser "aceptados" en el grupo.

Para que nos comportemos de esta manera hace falta que se den algunas variables. Por ejemplo, que los integrantes del grupo sean conocidos, o que el número de personas sea elevado. Si son más de tres personas, es más probable que imites esa acción o actitud (por ejemplo, lo que le ocurre a las personas del ascensor del vídeo).





A pesar de las variables que influyen en algunas situaciones, unos nos dejamos llevar más fácilmente que otros. Eso depende de la sensación de control que queramos tener sobre nuestras conductas o actitudes. Si somos personas que "imitamos" en algunas situaciones, ¿parece que nos adaptamos a la sociedad, que intentamos "sobrevivir", o nos conformamos? En cambio, si no nos dejamos influir, ¿sobresalimos demasiado?


FUENTE







Ceguera al cambio



Los psicólogos definen la ceguera al cambio como la incapacidad que tenemos los seres humanos para detectar variaciones visuales en nuestro entorno, sobre todo si estamos recibiendo otros estímulos que mantienen nuestra atención fija.

Este hecho es el que utilizan los magos e ilusionista de forma que estemos atentos a distractores para no darnos cuenta y estar “ciegos” respecto al truco que van a realizar.

Parece ser que en la corteza parietal derecha es donde se encuentra un grupo de neuronas que si se desconecta produce esta ceguera.

Existen dos tipos de ceguera al cambio: uno gradual y otro brusco.

La ceguera al cambio gradual la experimentamos todos cuando no somos capaces de detectar los pequeños cambios que van apareciendo en nuestro cuerpo o en quienes vemos habitualmente a lo largo del tiempo. Un ejemplo de ceguera gradual la podemos ver en el siguiente video de youtube.

¿Notas algo raro en esta escena?. No sigas leyendo hasta terminar de ver el vídeo




Es cierto, la parte derecha de la hierba va desapareciendo poco a poco.


Pero hayo otros ejemplos de ceguera al cambio más brusco y que han sido objeto de investigaciones por numerosos sicólogos. 

Existen muchos vídeos en Youtube para que podamos entender este concepto.









Podéis experimentar vosotros mismos aquí




FUENTE







Campaña "Free Hugs"



Todos hemos experimentado días malos. A veces, un abrazo es todo lo que necesitamos para sentirnos mejor. Un hombre llamado Juan Mann decidió llevar a cabo un experimento social propio para probar esta teoría. Se puso de pie en una concurrida zona de Sydney (Australia) con un cartel que decía: "Abrazos gratis" y se embarco en una misión de difundir la alegría en su ciudad natal. Su campaña "Free Hugs" provocó una tremenda respuesta sólo para ser prohibida por la policía. Pero en un giro inspirador, más de 10.000 personas firmaron una petición para mantener la campaña en marcha, el envío un mensaje de esperanza de que la humanidad se puede encontrar incluso en esta era de medios de comunicación impersonales y tecnología.





"Abrazar es una grandiosa medicina. Transfiere energía, y da a la persona que es abrazada un estímulo emocional. Un abrazo te hace sentir bien. La piel es el órgano mas grande que tenemos y necesita mucho cariño. Es también, una forma de comunicarse. Puede decir las cosas para las que no tienes palabras"



Disonancia Cognitiva (Paradigma de libre elección)



En un experimento realizado por Jack Brehm, 225 estudiantes calificados de una serie de aparatos comunes y luego se les permitió elegir uno de los dos aparatos para llevar a casa como un regalo. Una segunda ronda de votaciones mostró que los participantes aumentaron sus calificaciones del elemento que eligieron, y bajaron sus calificaciones del elemento rechazado.
Esto se puede explicar en términos de disonancia cognitiva. Al tomar una decisión difícil, siempre hay aspectos de la elección rechazó que uno encuentra atractivo y estas características son disonantes con la elección de algo más. En otras palabras, la cognición, la "Elegí X" es disonante con la cognición "Hay algunas cosas que me gustan de Y." Investigaciones más recientes han encontrado resultados similares en niños de cuatro años y los monos capuchinos.
Además de las deliberaciones internas, la estructuración de las decisiones, entre otras personas pueden desempeñar un papel en cómo un individuo actúa. Los investigadores en un estudio de 2010 examinó las preferencias sociales y las normas en relación con los salarios que da de manera lineal entre los tres individuos. Las primeras acciones de los participantes influyeron en los segundos propio salario dar. Los investigadores sostienen que la aversión a la desigualdad es la principal preocupación de los participantes.





FUENTE







El experimento de Loftus y Palmer



En 1974, la psicóloga americana Elizabeth Loftus llevó a cabo, en colaboración con John C. Palmer, el siguiente experimento (Loftus study):

- Mostró a un grupo de 45 estudiantes una breve película del choque de un coche con otro.

- Pidió luego a todos que estimaran la velocidad a la que circulaba el coche causante del accidente.

Ahora bien, dividió a los estudiantes en cinco grupos y, al formularles la pregunta, utilizó un verbo distinto para describir lo que habían visto: en un caso el coche se había "estrellado" (smashed), pero en otros había "colisionado" (collided), "chocado" (bumped), "golpeado" (hit) o "contactado" (contacted) con el otro coche.

Los 45 estudiantes habían visto la misma película y, por eso, la descripción verbal del accidente no debiera haber influido sobre su estimación. Sin embargo, las velocidades medias (en millas por hora) estimadas por cada grupo fueron las siguientes:




Así pues, a pesar de que los estudiantes habían sido testigos directos del accidente, su estimación varió en función del verbo utilizado en la pregunta.

Del experimento pueden sacarse muchos corolarios:

- El lenguaje utilizado por un periódico influye en la percepción de los hechos por sus lectores, incluso aunque la información se refiera a hechos que conocen directamente.

- Las respuestas a un cuestionario pueden resultar muy influidas por el tenor de las preguntas.

- El testimonio de los testigos directos de un hecho puede estar influido por acontecimientos posteriores a ese hecho.


FUENTE







El efecto halo



El efecto halo es un fenómeno psicológico a través del cual las personas juzgamos a otro ser humano en concreto a partir de un único rasgo. Esto es, las personas tendemos a asociar características positivas a una persona que tiene una determinada cualidad muy atractiva para nosotros. En cambio, tendemos a asociar aspectos negativos a personas que poseen determinadas cualidades que producen nuestro rechazo.




Este fenómeno se observa claramente con la cualidad belleza. Los seres humanos tendemos a relacionar cualidades positivas a una determinada persona que es guapa. En otras palabras, al observar a una persona que es guapa tenderemos a asociarle cualidades como el éxito profesional, el reconocimiento social, la honestidad, por ejemplo.
Aquí os dejo un experimento realizado en el programa de Eduard Punset, Redes, en el que se demuestra con un sencillo ejercicio este efecto halo.



Pero podemos realizar nuestro propio experimento, de una manera muy sencilla.


¿Sabes quien esta persona? Observa con detenimiento la foto.



Es Susan Boyle, participante del programa televisivo “Britain’s Got Talent”

¿Qué opinas de ella? ¿Qué te sugiere su aspecto?



Ahora me gustaría que vieses este video en el que Susan Boyle sale haciendo lo que mejor sabe hacer: cantar.



¿Ha cambiado tu opinión sobre ella?
Ahora que sabemos que nuestro cerebro tiende a determinar las cualidades de una persona en función de una sola, reduce a esta persona:


FUENTE







Bostezo contagioso



Se realizó un estudio en la escuela de psicología, Birkbeck, de la Universidad de Londres, con un total de 29 perros, 12 hembras y 17 machos, con un promedio 6,4 años de edad. La prueba básicamente consistió en tener a una persona recreando un bostezo frente al perro, durante un lapso de cinco minutos frente a él y contar los bostezos generados por el perro durante ese tiempo. Las pruebas se realizaron en lugares familiares para cada perro, con su dueño presente en cada prueba.



Figura: Respuesta de bostezo en un perro durante la presentación de bostezos por humanos. La cara del encargado del experimento se puede ver arriba de cada imagen, reflejada en un espejo ubicado detrás del perro. El perro (a) observa el bostezo humano, (b) el perro comienza a bostezar mientras la persona termina de bostezar y (c) el bostezo canino finalizado.


La conclusión del estudio fue que el 72% de los perros estudiados “se contagiaron” o repitieron el bostezo del humano, siendo la primera demostración de “contagiarse” bostezos entre distintas especies y revelándose también una forma de comunicación entre perros y humanos.

Ahora, hay dos posibilidades de por qué los bostezos humanos pueden provocar el bostezo en perros. La primera, es la capacidad de empatía de los perros hacia nosotros, lo cuál lo han desarrollado mediante experiencias al compartir y observar a los humanos bostezar. La segunda es, que es posible que los bostezos de los perros pueden haber sido inducidos por la ligera tensión o estrés en aumento de conocer una nueva persona. Pero este argumento, no esta demostrado por estudios reales.


FUENTE







El estudio Monstruo



El psicólogo de la Universidad de Iowa Wendell Johnson (en la foto) trató de averiguar las razones por las que los niños tartamudeaban experimentando con un grupo de huérfanos. El psicólogo seleccionó a 10 niños tartamudos y otros 12 que hablaban perfectamente y los mezcló en dos grupos. Uno de los grupos recibió un refuerzo positivo –se les decía a los niños que iban a superar la tartamudez, que no debían sentirse mal, que era normal…– y el otro recibió un castigo, independientemente de que los niños fueran o no tartamudos –se les decía que era una vergüenza, que debían detener su comportamiento inmediatamente, que no debían hablar si no lo hacían correctamente…–.




Mary Tudor, una estudiante de Johnson, fue la encargada de llevar a cabo el experimento, y recogió en sus notas que, pasadas cinco sesiones, los resultados eran evidentes: muchos de los niños del grupo "castigado" que hablaban bien antes ahora se negaban a hacerlo y mostraban dificultades, mientras que los niños del grupo de refuerzo positivo mejoraron notablemente.


Los compañeros de Johnson fueron tremendamente críticos con su experimento, al que bautizaron como “Estudio Monstruo” y le convencieron para que lo interrumpiera y lo ocultara. Tras finalizar el experimento, Tudor siguió visitando el orfanato para atender a los niños a los que había vuelto tartamudos, pero muchos siguieron arrastrando secuelas hasta la edad adulta.

En 2001, después de que el diario Mercury News publicara un artículo que denunciaba los traumas psicológicos que todavía sufrían los participantes en el experimento, la Universidad de Iowa pidió perdón públicamente y le cambió el nombre a su clínica de logopedia y foniatría, bautizada en honor a Johnson. En agosto de 2007 seis de los huérfanos participantes en el experimento fueron indemnizados por el estado de Iowa con 925.000 dólares, debido a los daños emocionales provocados.


FUENTE







El experimento de la cueva de los ladrones



Muzafer Sherif, uno de los fundadores de la psicología social, ideó este experimento junto a su mujer, Carolyn Sherif, para estudiar el origen de los prejuicios en los grupos sociales. El estudio se desarrolló en un campamento de los boy scout situado en el Parque Estatal de Robber´s Cave, en el que participaron 22 adolescentes varones de 11 años de edad. Los jóvenes fueron divididos en dos grupos desde el inicio mismo del campamento.




Durante una primera fase se consolidó la formación de los grupos, que ni siquiera sabían de la existencia de otros niños, y se consolidaron espontáneamente jerarquías sociales internas. Los niños pusieron nombre a cada uno de ellos: The Rattlers y The Eagles. Tras esto, los investigadores –camuflados como monitores del campamento– empezaron a crear fricciones entre los grupos, a base de competencias deportivas y gymkanas.




La hostilidad entre los grupos se hizo patente enseguida y, de hecho, la segunda fase del experimento tuvo que zanjarse antes de lo previsto por problemas de seguridad. En la tercera fase Sherif introdujo tareas que requerían la cooperación de ambos grupos: desafíos que necesitaban resolver ambas partes, como un problema de escasez de agua o un camión atascado en el campamento. En cuanto la cooperación se hizo necesaria las hostilidades cesaron y los grupos se entrelazaron hasta tal punto que los niños insistieron en volver a casa en el mismo autobús.

El estudio es uno de los más citados de la historia de la psicología social y fue un auténtico éxito, pero hoy en día jamás se aprobaría su realización: los niños no fueron informados de su participación en el experimento y fueron engañados del principio al fin del mismo.


FUENTE







Los monos de Harlow



Harry Harlow fue un famoso psicólogo que durante los años 70 realizó múltiples experimentos con macacos rhesus, estudió la depresión, la privación sensorial, la falta de socialización, etc.

En uno de sus estudios encerró a varias monas desde que eran bebés en una jaula especial que denominó "cámara de aislamiento", en la que, como su propio nombre indica, no se les permitía tener ningún contacto con otros monos, incluidas sus madres.

Harlow quiso saber si el comportamiento materno era adquirido (aprendido), o era instintivo. Si debía aprenderse a ser madre estas monas no tuvieron la oportunidad de hacerlo, y por tanto no serían buenas madres en caso de tener crías. Si era instintivo estas monas podrían llegar a ser buenas madres (a pesar de no haber podido aprender de sus propias madres cómo deberían comportarse).



En jaulas similares a estas Harlow encerraba a los monos para mantenerlos aislados.


Como la inseminación artificial no estaba avanzada, y Harlow no quería que las monas pudiesen interactuar con otros monos, creó un aparato al que llamó "rape rack", el potro de violaciones. En él inmovilizaba a las monas varias veces al día en una jaula, en la posición típica del apareamiento de los macacos. Dejaba entrar a un macho, y éste, viendo a una hembra en la posición de apareamiento, accedía a tener relaciones sexuales con ella.

Tras varios días la mona quedaba embarazada, y posteriormente daba a luz a sus crías. Harlow descubrió que estas monas eran peores madres que aquellas que habían tenido la oportunidad de aprender de sus madres cómo comportarse con sus bebés: "una madre presionó la cabeza de su bebé contra el suelo mientras se comía sus pies y sus dedos, otra estampó a su bebé la cabeza contra el suelo, la mayoría simplemente ignoraron a sus crías." Por lo que el comportamiento de madre, concluyó, es (al menos en gran parte) aprendido, y no instintivo.


No importa a los resultados a los que pudo llegar Harlow, no importa si hizo o no hizo algún descubrimiento relevante durante su larga carrera experimentando con animales. No hay nada que justifique las violaciones, ni nada que justifique la experimentación animal.

Hay quien dice que la experimentación animal cada vez es más ética y que muchos de los experimentos de Harlow no se podrían llevar a cabo hoy. Sin embargo la esencia de los estudios de hoy es la misma que la de los estudios de ayer: el desprecio a los intereses de otros individuos por no pertenecer a nuestra especie. Lo único que cambia son las formas de explotación; en lugar de usar un potro de violaciones como el de Harlow se emplea una mesa como la que aparece en la foto y se insemina artificialmente a la mona. Se trata de meras reformas, no de soluciones al problema.


FUENTE







Una clase dividida


Aquí debajo tienes, dividido en seis partes, el documental A class divided. Se trata de un trabajo realizado por William Peters en 1985 a partir de la grabación original del ejercicio que llevó a cabo la maestra Jane Elliot en 1968, poco después de que fuera asesinado Martin Luther King. El documental empieza con el reencuentro de los ex-alumnos de tercer grado (que allí se cursa con nueve años), ahora adultos, con su profesora Jane Elliott, en su antigua escuela de Riceville (Iowa). Allí, catorce años antes, habían tenido la experiencia de un ejercicio sobre discriminación, vivido en primera persona por los alumnos durante dos días, y que despertó controversia.


En el aula, el primer día, se consideró mejores y superiores a los alumnos de ojos azules. El día siguiente a los de ojos marrones. Los roles de opresor y oprimido eran rápidamente asumidos por los alumnos, y es muy curioso ver sus reacciones. El documental continúa con unos internos de color de una prisión de máxima seguridad del norte de Nueva York. Estos acaban de ver un documental sobre el el ejercicio de Elliot con trabajadores del sistema penitenciario, en el contexto de un taller sobre Sociología. Al final del ejercicio, los empleados de la prisión comentan sus reacciones ante las actitudes discriminatorias y el tipo de trato que acaban de experimentar.


Es una buena excusa para pensar, entre otras cosas, en las posibles discriminaciones, quizás algunas inconscientes, que pueden darse en la escuela de hoy en día. Y en los roles que, tanto en la sociedad como en la escuela, hacemos desempeñar y desempeñamos. Y para repensar métodos de enseñanza. Ojo, no es un experimento científico, sino un ejercicio.









FUENTE







Experimento "El niño perdido"



La mente humana puede ser fácilmente engañada y esto se debe a la poca falta de atención que una persona presta a cada momento del día. De toda la realidad que nos rodea solo percibimos un pequeña parte de ella y normalmente suele ir enfocada a nuestro intereses.

El siguiente experimento que vamos a mostrar se denomina “Missing Child”. En una zona de paso se colocan carteleras de “Se busca niño perdido” y se observa la escena. Muchas son las personas que se acercan con gran interés a ver que dice el cartel y como es el niño que se ha perdido. Lo que no saben es que posteriormente cerca del lugar donde estaba colocado el cartel, el mismo niño de la fotografía se encuentra jugando. La escena se repite varias veces y todos pese a ver mirado detenidamente el cartel no se dan cuenta. Posteriormente cuando se les pregunta si serían capaces de identificar al niño si estuviera cerca la mayoría dice sí. Este demuestra la poca falta que prestamos a nuestro entorno y lo poco conscientes que somos de ello.

El siguiente video pone a prueba el experimento:





FUENTE







El pequeño Albert



A principios del sigo pasado, la psicología estadounidense se emancipó respecto de otras escuelas europeas, especialmente de la alemana. Los psicólogos norteamericanos ya no estaban interesados en estudiar lo que pensaban las personas, sino que volcaron sus esfuerzos en analizar la conducta, considerando que tal conducta era un factor objetivo y medible en términos científicos.

El padre de la psicología conductista fue John B. Watson. Según él, estudiando el comportamiento de los animales podría llegarse a conclusiones muy interesantes respecto al propio ser humano. En 1913 publicó un artículo que sería considerado como el texto que sentó las bases de la psicología conductista en el siglo XX: ‘Psychology as the Behaviorist Views It’ (Puntos de vista sobre la Psicología Conductista).

Sin embargo, los experimentos del profesor Watson no eran siempre bien recibidos por el público, pues a veces no se limitaba al uso de animales para llevarlos a cabo. En ocasiones, utilizaba seres humanos. El niño conocido como el pequeño Albert fue uno de esos ejemplos.




En colaboración con Rosalie Rayner, Watson se propuso validar su teoría del ‘condicionamiento del miedo’ con un niño de apenas un año de edad, que pasaría a la historia con el nombre de El pequeño Albert. Watson y Rayner querían probar cómo las teorías clásicas del condicionamiento (descubiertas por Pávlov gracias, entre otras ayudas, a su famoso perro), funcionarían también en la reacción de pánico de un niño ante un animal, en este caso una rata.

Se eligió a Albert porque era un niño especialmente tranquilo, estable mentalmente y poco asustadizo. Al contrario que otros niños de su edad, no mostró ninguna reacción de miedo ante la rata blanca que pusieron ante sus ojos.




Según las notas de Watson y Rayner de 1920, los fines del experimento eran solventar una serie de preguntas: si es posible condicionar a un niño a que coja miedo a un animal si éste se le presenta simultáneamente acompañado de algo que resulte desagradable al pequeño, pero ajeno al animal (por ejemplo, ruido); si después de ello, el miedo se proyecta en otros objetos o animales que recuerden al primero; y por último, cuánto durarían los efectos en el caso de que se produjesen.

Albert no tenía miedo de los animales ni de las personas, pero tenía una debilidad: le molestaban los ruidos fuertes. A Albert le mostraron de nuevo la rata, a la que ya empezaba a ver como una especie de mascota, pero esta vez resonó un sonido desagradable tras él. En cada nueva sesión, alguien detrás de él hacía resonar con fuerza un objeto metálico. Cada vez que aparecía la rata, el golpe metálico y desagradable detrás de los oídos del pequeño Albert volvía a producirse.

Y así, una y otra vez… hasta que el pequeño Albert no sólo cogió pánico a la rata, sino a otros animales y objetos con pelo tales como perros, guantes o abrigos de piel que se le presentaban en silencio. El experimento tuvo que zanjarse precipitadamente antes de alcanzar las fases finales que Watson y Rayner tenían previstas.


FUENTE







El experimento de los perros de Pavlov



El experimento del perro de Pavlov es uno de los experimentos más conocidos en la ciencia del comportamiento. Pavlov, quería demostrar que puede condicionar respuestas entrenando a un ser vivo para que reaccione de forma automática ante un estímulo repetitivo.

Pavlov, experimentó con perros. En un principio, hacía sonar una campana antes de alimentarlos, así, los condicionó a relacionar dicho sonido con la acción de comer.

Una vez establecido ese patrón, Pavlov se concentró en la segunda parte de experimento.
Al hacer sonar la campana, detectó la secreción de saliva y jugos gástricos y, aquí vino la crueldad de su experimento, ya que abrió dos pequeños orificios en la zona abdominal de los canes, para hacer una observación y recolección inmediata de la muestra.


Así, pudo demostrar que el sólo sonido de la campana activaba el sistema digestivo de los perros, sin necesidad de presentarles el alimento, sólo bastaba con ese estímulo auditivo con el que entrenó a los perros, aunque faltara el estímulo del alimento.


Finalmente y en la última parte del experimento, cortó las conexiones entre el sistema nervioso y gástrico. Al hacer sonar la campana, no se secretaron jugos estomacales, demostrando que dicha acción estaba ligada a lo psicológico controlando lo biológico.




La aplicación de las enseñanzas de Pavlov

Gracias a los resultados de los experimentos de Pavlov, la ciencia del comportamiento adquirió un nuevo conocimiento, determinando que los seres vivos, e incluso los seres humanos podían ser entrenados para cambiar su accionar mediante la relación estímulo-comportamiento.

Hoy, la modificación del comportamiento se usa en medicina, especialmente en el tratamiento de enfermedades del sistema nervioso como fobias, depresiones graves, sicosis y desordenes de estrés post traumático.


FUENTE







Experimento del muñeco Bobo



El experimento sobre agresividad infantil realizado en 1961 por el prestigioso psicólogo Albert Bandura, pretende mostrar cómo aprenden los niños desde una temprana edad las conductas agresivas, por mera imitación. Este experimento es el famoso “Experimento del muñeco Bobo” ( Bobo doll experiment).
El grupo experimental estaba compuesto por 24 niños y 24 niñas expuestos a conductas agresivas, y un grupo de control de 24 niños/as que veian a un adulto jugando con el resto de juguetes con normalidad. Pues bien las hipótesis que se confirmaron tras el experimento fueron:


- Que los niños imitaban más la conducta cuando el que las realizaba era de su mismo género. – Las conductas agresivas por el grupo expuesto al modelo agresivo, fueron superiores en los varones. – El grupo que no estaba expuesto a conductas agresivas mostró poca o nula agresividad con los juguetes.

Este experimento fue pionero en cuanto a la conducta de la agresividad en los niños. Se corroboró la teoría del aprendizaje social de Bandura.

Los niños imitan todo aquello que ven en los adultos, por ello hay que cuidar el ambiente familiar, que es la principal fuente de conducta futura en los niños.





FUENTE







El experimento de la cárcel de Stanford



¿Qué hace mala a la gente? Esta pregunta ha rondado muchas cabezas a lo largo de la historia, ¿qué hace que gente socialmente adaptada y aparentemente dentro de la normalidad acabe cometiendo actos terribles contra otros seres humanos? ¿Cuánta influencia tienen las situaciones sociales en nuestro comportamiento?


De estas preguntas se ocupó el psicólogo social Philip George Zimbardo en su famoso experimento de la universidad de Stanford. Dicho experimento comenzó con la búsqueda de los participantes a través de anuncios en los periódicos en los que se ofrecía una retribución económica por la participación en un experimento de una cárcel simulada. El grupo seleccionado fue de un total de 24 jóvenes completamente sanos tanto física como psicológicamente, sin diferencias significativas entre ellos, todos eran varones, de complexión delgada y blancos. A estos jóvenes se les asignó aleatoriamente el papel que iban a desempeñar en la prisión, la mitad bien serían bien prisioneros o bien guardias.




Los participantes con el rol de guardia tan solo recibieron la instrucción de dirigir la prisión de la forma que consideraran más oportuna, sin ninguna regla, a excepción de la prohibición de ejercer la violencia física. A los participantes que se les asignó el rol de presos, se les realizó una detención en sus casas y condujo a la cárcel ficticia que se encontraba en el sótano del departamento de psicología de la universidad de Stanford, y se les despojaba de sus ropas e identidad asignándoles un número y la indumentaria que vestirían como presos. A los guardias también se les asignaron uniformes militarizados y se les asignaron turnos laborales de 8 horas, a diferencia de los presos que debían permaneces allí hasta el final del experimento de forma continuada, ellos podrían abandonar el estudio en su tiempo libre e ir a casa y continuar con su vida normal.




El primer día no ocurrió nada remarcable, sin embargo, la segunda mañana se produjo una rebelión de los prisioneros que los guardias consiguieron sofocar y “contraatacaron” con medidas especiales que consistían en la humillación y vejación de los prisioneros. Tan sólo a las 36 horas uno de los presos sufrió un colapso emocional y tuvo que ser liberado del experimento, hecho que sucedió a más prisioneros en los días sucesivos. El experimento que debía tener una duración de dos semanas, tuvo que ser suspendido antes de tiempo, como según cuenta el propio Zimbardo, una estudiante recién doctorada ajena al experimento, fue quien llamó su atención al incriminarle lo cruel y despiadado que era éste al visualizar imágenes de los presos, obligados a andar con bolsas en la cabeza y las piernas encadenadas por los pasillos de la prisión ficticia.




Este experimento no habla de hechos utópicos o casi imposibles, no, los hechos ocurridos en este experimento son muy similares a los ocurridos en la vida real, tenemos un ejemplo hace tan sólo unos años, en la prisión de Abu Ghraib en Irak por parte de soldados estadounidenses. Son situaciones a las que Zimbardo podría haber dado una explicación mediante este experimento tan criticado por su falta de ética y considerado por muchos en los límites del método científico. Lo cierto es que fue un experimento muy revolucionario que llamó la atención incluso del cine con la película “Das Experiment” del director alemán Oliver Hirschbiegel, sin olvidar el revuelo social que generó, ya que sorprende ver como “chicos buenos y normales se habían corrompido por el poder de su papel y por el soporte institucional para desempeñarlo que les diferenciaba de sus humildes prisioneros”.





FUENTE







El experimento de Asch



En el año de 1951 fueron realizados una serie de experimentos que demostraron significativamente el poder de la conformidad en los grupos.

Los experimentadores, conducidos por Solomon Asch pidieron a unos estudiantes que participaran en una supuesta “prueba de visión”. En realidad todos los participantes del experimento excepto uno eran cómplices del experimentador y el experimento consistía realmente en ver cómo el estudiante restante reaccionaba frente al comportamiento del grupo.


El objetivo explícito de la investigación era estudiar las condiciones que inducen a los individuos a permanecer independientes o a someterse a las presiones de grupo cuando estas son contrarias a la realidad.



A todos los participantes se les pidió que dijeran cuál era a su juicio la longitud de varias líneas dibujadas en una serie de láminas. Los cómplices habían sido preparados para dar todos respuestas incorrectas en los tests.





Los resultados fueron que muchos demostraron un malestar extremo y un proporción elevada de ellos (33%) se conformó con el punto de vista mayoritario, incluso aunque la mayoría dijera que dos líneas con varios centímetros de longitud de diferencia eran iguales, mientras que, los sujetos que no estaban expuestos a la opinión de la mayoría no tenían ningún problema en dar la respuesta correcta.

De este modo se demostró como un grupo puede influenciar a sus miembros y hacerles cambio o dudar de su opinión.


FUENTE







La prueba del Malvavisco



En los años sesenta el investigador Walter Mischel llevó a cabo una investigación con niños de 4 años en la universidad de Stanford.
Le daba a cada niño un dulce y una campana, les explicaba que podían tocar la campana y comerse el dulce o esperar a que él volviera y obtener un segundo caramelo.

Solo un 30 % de los niños fue capaz de esperar los 15 minutos que se habían estipulado. La media para comerse el dulce era de 3 minutos, algunos niños ni tocaban la campana ni esperaban a que se fuese el investigador.


Observaba cuáles eran los motivos por los que algunos individuos retrasaban la gratificación y otros no. Finalmente este experimento ha llevado a investigaciones sobre la personalidad mucho más profundas.


Mischel había llevado al laboratorio a sus hijas y compañeros de clase y años después viendo los resultados académicos comenzó a pensar que podía tener una correlación y decidió enviar cuestionarios al entorno de todos los participantes.
Analizando las respuestas se dió cuenta de que los niños con el nivel de espera más alto tenían menos problemas de conducta en casa y en la escuela, menos problemas de drogadicción y un índice de masa corporal más bajo.


Como los informes escritos en primera persona no eran fiables se comenzó a llevar a los sujetos de nuevo al laboratorio y ahora se están realizando nuevas corrientes de investigación sobre las áreas del cerebro que influyen en la espera o la carga genética que la condiciona.

Pero ¿cómo esperar al doble premio?
Mischel entendió que la clave estaba en la "asignación estratégica de atención", distraerse cantando una canción o jugando al escondite; olvidando el deseo no derrotándolo.


La prueba del malvavisco ilustra la frustración, la tentación, la perseverancia, la ansiedad y todas las sensaciones que tenemos cuando queremos dejar de fumar o hacer una dieta, porque nosotros también tenemos mucho que aprender.





FUENTE







El experimento de Milgram



En 1961 Stanley Milgram, profesor de la Universidad de Yale, realizó una serie de experimentos para determinar el nivel de obediencia a otra persona cuando esta obediencia entra en conflicto con sus valores morales y humanos. Los experimentos se iniciaron tres meses después de que Adolf Eichmann fuera juzgado y sentenciado a muerte por crímenes contra la humanidad durante el régimen nazi en Alemania. Milgram quería responder a la cuestión de si Eichmann y sus complices, un millón de personas, hubieran actuado sólo siguiendo órdenes. Los inesperados resultados dejaron atónitos a todos. Milgram publicó en 1974 Obedience to Authority: an experimental view, donde expuso con detalle la realización del experimento y sus espeluznantes resultados.




El primer experimento de la serie transcurrió en la Universidad de Yale. Con el fin de reclutar individuos, se puso un anuncio pidiendo personas de cualquier tipo a la que se le ofrecería una cantidad de dinero a cambio de participar en un experimento. Al aviso acudieron personas de distintos niveles, una vez en el lugar, entraban individualmente, no en grupo, eran saludadas por el jefe del proyecto, que les presentada a otra persona, un actor cómplice en el experimento, que fingiría ser un participante más, y con el que realizaría la prueba. Acto seguido les comunicaban que el experimento se basaría en estudiar el aprendizaje bajo castigo y presión indicándoles que uno tomaría el rol de maestro y el otro el de alumno. La prueba estaba arreglada para que al actor siempre le tocara el puesto de alumno y al participante el de maestro. A causa de esto la persona creía que era en el alumno en el que se realizaba el experimento. Después de repartir los roles fueron separados en dos habitaciones, donde podían oirse pero no verse. Tras esto, al maestro se le daba un shock de 45 voltios indicándosele que esa sería la graduación más baja que el alumno recibiría, y que con cada respuesta errada el voltaje iría aumentando.




Al iniciar el test, las respuestas estaban estratégicamente ubicadas para que el voltaje se incrementara gradualmente. En la etapa final el alumno no sólo gemiría y golpearía las paredes del dolor, sino que además comunicaría sus problemas cardíacos.
Milgram había pedido a otros especialistas un estudio sobre las reacciones de los individios, estableciéndose por media que sólo un 1,2% de los estudiados presentaría una conducta lo suficientemente sádica como para llegar al final del test. Sin embargo, la realidad fue mucho más espeluznante: de las personas en las que se realizó el experimento, un 60%, a pesar del llanto y los pedidos de clemencia de la víctima, llegaron a aplicar el shock final de 450 voltios. Curiosamente, las gran mayoría de los que llegaron al final lo hicieron bajo una inmensa presión y un gran dolor interno, muchos presionaban el boton temblando y algunos otros incluso lloraban mientras hacían las preguntas. Sin embargo, muy pocos se negaron a no obedecer.


El experimento fue variando y repetido decenas de veces a lo largo de los años. En todos los casos el resultado fue muy similar.
"La extrema buena voluntad de los adultos de aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento del estudio" Stanley Milgram. Los peligros de la obediencia. 1974.





FUENTE







“The Fun Theory” (La teoría divertida)



Constantemente nos aconsejan “subir los escalones en vez de las escaleras eléctricas o el elevador” y muy pocas personas siguen este consejo que es mucho mas saludable y no requiere un gran esfuerzo y es por ello que nos preguntamos si ¿Existe alguna manera para que un mayor porcentaje de las personas sigan este consejo?

Una iniciativa de Volkswagen que se llame “The Fun Theory” (La teoría divertida) trata de cambiar el comportamiento de la gente mediante actividades divertidas y se enfocan en resolver este problema. Es por eso que realizaron este experimento social:


Instalaron un teclado de piano en las escaleras de un metro en Estocolmo, Suecia. El objetivo era ver que tantas personas usarían las escaleras normales en vez de utilizar las escaleras eléctricas. El resultado fue un incremento del 66% ese día de las escaleras no-eléctricas. Probando que a veces si se puede cambiar el comportamiento de la gente ofreciendo una alternativa mas divertida.






FUENTE







Violinista en la estación de metro



Viernes, 12 de enero de 2007. Hora punta en una estación de metro en la ciudad de Washington. Un músico toca el violín vestido con vaqueros, una camiseta y una gorra de béisbol. El instrumento es nada menos que un Stradivarius de 1713. El violinista toca piezas maestras incontestables durante 43 minutos. Es Joshua Bell (Estados Unidos, 1967), uno de los mejores intérpretes del mundo. Tres días antes había llenado el Boston Symphony Hall, a 100 euros la butaca. No había caído en desgracia, sino que estaba protagonizando un experimento recogido por el diario The Washington Post: comprobar si la gente está preparada para reconocer la belleza.


El experto Leonard Slatkin, director de la Orquesta Sinfónica Nacional de EE UU, había previsto que el músico recaudaría unos 150 dólares y que, de mil personas, unas 35 se detendrían haciendo un corrillo, absortas por la belleza. Hasta un centenar, según Slatkin, echaría dinero en la funda del violín. Pero eso no fue lo que ocurrió.



Joshua Bell, el violinista, fue un niño prodigio que, a sus 39 años, no ha dudado en quitarse el aura de virtuoso intocable. Ha llegado a aparecer en la versión estadounidense de Barrio Sésamo. También interpretó la banda sonora de la película El violín rojo, que fue galardonada con un oscar. Bell no sólo respondió encantado al reto de tocar en el metro, sino que además insistió en llevar su valioso Stradivarius.
El músico arrancó con la chacona de la Partita número 2 en Re menor de Johann Sebastian Bach. A los tres minutos, un hombre desvió su mirada para fijarse en el músico. Fue su primer contacto con el público del metro.





32 dólares

A los 43 minutos habían pasado ante él 1.070 personas. Sólo 27 le dieron dinero, la mayoría sin pararse. En total, ganó 32 dólares. No hubo corrillos y nadie le reconoció.

"Era una sensación extraña, la gente me estaba... ignorando", declara Bell al Post. El virtuosos asegura que habitualmente le molesta que la gente tosa en sus recitales, o que suene un teléfono móvil; sin embargo, en la estación de metro se sentía "extrañamente agradecido" cuando alguien le tiraba a la funda del violín unos centavos.

Expertos citados por el diario aseguran que el contexto importa, y que una estación de metro en hora punta no permite que la gente aprecie la belleza. Mientras, Bell recuerda con amargura los peores momentos: cuando acababa una pieza, nadie aplaudía.

Sólo una persona se detuvo seis minutos a escucharle. El treintañero John David Mortensen, funcionario del Departamento de Energía de EEUU, quien declara al periódico que la única música clásica que conoce son los clásicos del rock. "Fuera lo que fuera" lo que estaba tocando el virtuoso, declara Mortensen, "me hacía sentir en paz".


FUENTE







El efecto espectador



En caso de una emergencia, la mayoría de la gente probablemente quieren estar en una zona muy transitada por lo que tienen una mayor probabilidad de recibir ayuda. Contrariamente a la creencia popular, estar rodeado de gente, no garantiza nada. Un fenómeno psicológico llamado el efecto espectador establece que las personas tienen más probabilidades de ayudar a alguien en apuros si hay pocos o ningún otro testigo. Si hay más gente alrededor, por lo general se piensa que alguien más va a detenerse a ayudar. Los científicos llaman a esto la difusión de la responsabilidad. El efecto espectador se puso a prueba recientemente en una concurrida calle de Londres y resulta que el estatus social percibido juega un papel en si una persona va a recibir ayuda, pero la mayoría de la gente todavía continúan su camino sin detenerse.






Gracias @chany por el video




+3
1
0
544
1Comment