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5 evidencias que le dan veracidad a la Biblia!

La Biblia no es un libro de historia ni tiene la intención de serlo. Como una obra de instrucción religiosa está llena de pasajes e historias destinadas a enseñar algo. Hay quienes no creen en nada de lo escrito en la Biblia y también quienes creen ciegamente en lo que dice. Independientemente de los vínculos religiosos, cada cierto tiempo surge evidencia histórica que parece confirmar los nombres y lugares de aquella época.





La física en el Arca de Noé.


Un grupo de alumnos de la Universidad de Leicester, en Inglaterra, se dio a la tarea de investigar la posibilidad de que el arca de Noé flotara mientras cargaba una pareja de cada especie animal. Para esto, en el año 2014, los estudiantes abordaron, desde la perspectiva de la física, el paso a paso de las instrucciones encontradas en la Biblia.

Al inicio, el equipo convirtió los codos, medida utilizada en la Biblia, en centímetros, concluyendo que uno del primero equivaldría a 48 del segundo. Según este raciocinio, el arca tendría unos 145 metros de longitud, 24 metros de ancho y 14 metros de alto.

A Noé se le instruyó construir un arca con “madera de gofer” cuya densidad es semejante a la del ciprés, que fue empleada por los estudiantes para realizar los cálculos. Con esto, descubrieron que el arca tendría un peso total de 1.2 millones de kilogramos. Para flotar, la densidad de la embarcación tendría que ser menor que la del agua.




Basados en estas investigaciones, los estudiantes determinaron que el arca estaba posibilitada para transportar 51 millones de kilogramos, es decir, podría haber cargado a una pareja de cada especie animal existente en la época de Noé.



La piedra de Poncio Pilato.


Durante una excavación en 1961 en un teatro construido por Herodes el Grande, en Cesarea, Israel, un equipo de arqueólogos descubrió una piedra. En esta se encontró una inscripción en el dorso con la inscripción: “Poncio Pilato, prefecto de Judea, dedicación”. Esta fue la primera evidencia física de la existencia real de este personaje bíblico.





El Estanque de Siloé.


En el libro de San Juan en la Biblia, después de curar a un ciego de nacimiento, Jesús lava los ojos de éste con agua del Estanque de Siloé. La comunidad académica creía que Juan no estaba haciendo referencia a un lugar en específico, sino recurriendo a un concepto religioso para ilustrar el pasaje. Sin embargo, en 2005 un grupo de fontaneros descubrió la reserva de agua en la Ciudad Vieja de Jerusalén. “Descubrimos el Estanque de Siloé exactamente donde Juan dijo que estaba”, afirma James Charlesworth, un especialista del nuevo testamento.





La pared del rey Salomón.


En el primer libro de los reyes, en el Antiguo Testamento, existe la historia de que el rey Salomón ordenó la construcción de una muralla en Jerusalén. En 2010, una parte de dicha construcción fue descubierta durante una excavación realizada por la Universidad Hebraica de Jerusalén. Esta muralla tenía 70 metros de largo y 6 metros de alto y, además, se descubrió el puesto del guardia de seguridad y una torre.



Primavera ciudadela.


Tras dos décadas de excavación en la Ciudad de David, el principal sitio arqueológico de Jerusalén, se descubrió la “Primavera ciudadela”. Sus paredes tenían 7 metros de espesor, permitiendo el acceso a la fuente solo desde el interior. “La fortaleza se construyó para salvar y proteger el agua de la Fuente de Gihón de los enemigos que deseaban conquistar las ciudades, así como a las personas que querían beber agua y regresar a la ciudad”, afirma Oriya Dasberg, director del desarrollo de la Ciudad de David.



Los arqueólogos creen que esta misma estructura fue la que conquistó el rey David en el pasaje de Samuel y el mismo sitio donde Salomón fue ungido rey de Israel.

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