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6 ilusiones que dominan el mundo - y posiblemente tu vida





Parecería una obviedad afirmar que el mundo no siempre ha sido lo que es hoy. Las sociedades del pasado se han transformado, para bien y para mal, en muchos aspectos, y la creación colectiva de una sociedad global no es la excepción: aunque el mundo de nuestros días sea inspirador y aterrador, el flujo de información y el intercambio de esta a velocidades antes inimaginables puede darnos la sensación de que hemos llegado a un punto de “estasis”, o de balance, donde pocas cosas de nuestro entorno pueden cambiar. En suma, somos el resultado de un bombardeo constante de medios publicitarios que nos dicen qué desear y cómo obtenerlo, porque hay poderosos intereses económicos en que las cosas sean tal cual son.

El problema es que vivimos en un mundo conformista si permitimos que un puñado de marcas dirija el curso de nuestras vidas a través de la disposición del ingreso; si permitimos que el gobierno utilice el terror para afianzar su autoridad; si permitimos que la alteridad se diluya en favor de una aséptica homologación de todas las formas de vida a través de la corrección política del discurso.


1. La ilusión de la ley
Seguir la ley se considera una obligación moral, a pesar de que los gobernantes a menudo den muestras de ser los mayores corruptores de las leyes que juran defender. Las balanzas de la justicia se inclinan siempre en favor de quienes tienen suficiente dinero para quitarle el velo de los ojos a la justicia.



Los niños necesitan leyes y límites para aprender hasta dónde pueden exponer su deseo, de manera que aprendan a convivir y crear consenso con los demás para realizarlo. Pero son pocos los países, si acaso existe alguno, donde la gente puede decir que la ley representa efectivamente su voluntad, y donde dicha ley se sigue al pie de la letra. Los gobernantes de la Antigüedad crearon sistemas de gobierno basados en la ejemplaridad de la conducta individual; la excelencia divina era un modelo a seguir para los gobernados. Los gobernantes de hoy requieren hacer uso de la fuerza bruta para hacer valer una autoridad que sus acciones no respaldan.

2. La ilusión de felicidad y prosperidad
La cosmética solía ser el arte iniciático de representar en el cuerpo los atributos divinos, a través de una búsqueda espiritual. La cosmética, hoy en día, puede resumirse en la acumulación imparable de objetos accesorios; los centros comerciales son catedrales donde los fetiches sagrados son venerados y codiciados y el sistema se nutre de esta hambre de novedad, sin la cual sería imposible mantener funcionando el sistema de créditos.



El sistema financiero está construido de manera que la infinita riqueza de algunos se mantenga a través del endeudamiento de la mayoría: mientras tengamos cosas nuevas y brillantes seguiremos creyendo en nuestra propia prosperidad. Una dimensión donde la abundancia real de salud, equidad y relaciones sanas entre las personas sea la regla nos parece utópica, y en cambio nos parece “natural” que poblaciones enteras del globo (maquilas en Ciudad Juárez, sweatshops en Bangkok) queden estancadas en el subdesarrollo para financiar nuestra prosperidad.

3. La ilusión de libre elección y libertad
La libertad de nuestros días está dividida en opciones de consumo: eres “libre” de elegir tu compañía celular, el restaurante de comida rápida donde comes, el plazo de algunos créditos, tu destino de vacaciones. Sin embargo, sigues siendo esclavo del sistema en la medida en que debes seguir pagando un celular, comida rápida, créditos y diversiones procesadas y empacadas previamente.



En política sucede lo mismo: la democracia partidista, secuestrada por intereses económicos, se divide artificialmente en facciones que en apariencia se oponen, pero que en la práctica protegen sus privilegios mutuamente. Cada partido, sin importar su color, representa un pensamiento político arcaico, corrupto en tanto ha conseguido permanecer en el poder, y cínico, pues es incapaz de establecer autocrítica respecto al podrido sistema que representa.

4. La ilusión de la verdad
Los medios de comunicación nos han acostumbrado a una búsqueda impura de la “verdad”, presentando opiniones de expertos (nuevos gurús) en toda clase de tópicos. El trasfondo es que si la TV declara que algo es verdad, entonces la opinión contraria es disidencia. Otra mentira del sistema: la superabundancia de certezas, cifras, análisis y presupuestos que nos hacen sentir que comprendemos, pero que evitan que nos involucremos.



La verdad, o su búsqueda honesta, debe plantearse correctamente las preguntas antes que ofrecer respuestas apresuradas y al por mayor.

El orden social depende de un consenso, no importa que tan artificial sea este. Mantenernos informados sobre las vidas de celebridades es la manera que encuentra el sistema para que no prestemos atención a los verdaderos problemas, ni nos involucremos en soluciones.

5. La ilusión del tiempo
“El tiempo es dinero”, ¿cierto? Falso: el tiempo es la experiencia de tu vida, definida por Fraud como “una manifestación siempre evolucionante del ahora”. Confundimos horarios con el tiempo, y confundimos nuestra vida con los horarios. Hemos sido entrenados desde pequeños para basar nuestra experiencia subjetiva del mundo en calendarios y relojes, siempre pensando en lo que no hicimos en el pasado y lo que todavía no hacemos en el futuro. No existe una verdadera educación sobre qué hacer con el momento presente.



El sistema se beneficia de esa indeterminación, pintándonos panoramas hermosos o terribles del futuro, para mantenernos perpetuamente desfasados con respecto al devenir: les interesa que seamos máquinas productivas y bien aceitadas, que produzcan sin cuestionar, y está dispuesto a darnos algunos pequeños privilegios para compensar el tiempo que perdemos trabajando. No pueden vendernos lo que no queremos comprar.

José Mujica, presidente de Uruguay, suele decir que no compramos las cosas que necesitamos (y las que no necesitamos) con dinero, sino con el tiempo de nuestras vidas que pasamos ganando ese dinero. Ese tiempo es vida y, por lo tanto, es invaluable.

6. El apartheid social
El término separateness en inglés no arroja buenos equivalentes en español; la palabra Afrikaans para separateness, sin embargo, es apartheid, y su significado es ominosamente universal.



Se trata de la estrategia militar por excelencia: “divide y vencerás”, pero en un nivel social. La ilusión del apartheid social es uno de los triunfos más sofisticados del sistema, pues nos ha hecho creer que estamos en competencia con nuestros semejantes, e incluso contra la naturaleza, transformando la vida en una continua batalla.
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