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8 mitos sobre la Primera Guerra Mundial



La Primera Guerra Mundial también fue conocida como la Gran Guerra; comenzó el 28 de julio de 1914 y finalizó el 11 de noviembre de 1918. Se trata de uno de los conflictos bélicos que más víctimas provocó: más de 17 millones de personas perdieron la vida durante esos cuatro años. La magnitud de esta contienda fue tal, que provocó grandes cambios políticos, como la desaparición del imperio alemán, el ruso, el austro-húngaro y el otomano.

8. Fue la guerra más sangrienta en la historia hasta ese momento



La Gran Guerra provocó una enorme cantidad de bajas y muertes de civiles. Los cronistas no encontraban las palabras para describir al resto del mundo lo que sucedía en Europa, pero casi un siglo antes, una rebelión en Asia provocó millones de muertos. Se trata de la Rebelión Taiping, una guerra civil con grandes connotaciones religiosas y sociales, que ocurrió en China entre los años de 1851 y 1864.

Este conflicto enfrentó a las fuerzas imperiales de la dinastía Qing y el Reino Celestial de la Gran Paz, un estado revolucionario teocrático gobernado por un místico cristiano llamado Hong Xiuquan; quien se proclamó rey de la nación y el nuevo Mesías. Algunas fuentes estiman que esta revuelta causó un total de 20 millones de muertes, aunque otros indican que la cantidad pudo haber llegado a las 50 millones de personas.

7. Alemania no perdió la guerra



Aunque nadie gana una guerra, algunos pierden mucho más que otros. Gran parte de Europa quedó en ruinas, millones de personas murieron o fueron heridos y, por supuesto, los sobrevivientes debieron superar severos traumas tras el horror de la guerra. La rendición alemana evitó daños mayores, aunque sirvió para que algunos personajes políticos y militares de aquel país alegaran que Alemania nunca perdió la contienda.

Sin embargo, Reino Unido y sus aliados ganaron terreno y lograron su rendición: los buques de guerra alemanes fueron contenidos por la Armada Real de tal manera, que sus tripulaciones prefirieron amotinarse en lugar de lanzar un ataque suicida contra la flota británica. Por otro lado, el ejército alemán colapsó tras una serie de poderosos golpes de los aliados que sobrepasaron sus supuestamente inexpugnables defensas.

En septiembre de 1918, el emperador alemán Guillermo II y el militar Erich Ludendorff admitieron que no había ninguna esperanza de ganar y que Alemania debía rogar por paz. El armisticio del 11 de noviembre fue una rendición alemana.

6. El tratado de Versalles fue extremadamente duro



El Tratado de Versalles fue firmado por las potencias europeas en 1919 y puso fin oficialmente a la Primera Guerra Mundial, después de seis meses de negociación. Fue una continuación al armisticio de noviembre de 1918, que había puesto fin a los enfrentamientos. El principal punto del acuerdo determinaba que Alemania aceptaría todas las responsabilidades por causar la Gran Guerra y fijaba indemnizaciones para las potencias vencedoras.

El tratado de Versalles confiscó 10 por ciento del territorio de Alemania, pero siguió siendo la nación más grande y rica de Europa central. No había casi fuerzas de ocupación, las reparaciones financieras fueron vinculadas a su habilidad de pagar y, en su mayoría, no fueron reclamadas. Versalles no fue un tratado duro pero fue presentado como humillante por Hitler, que buscaba crear una ola de sentimiento en contra del acuerdo que lo impulsara hacia el poder.

5. Las tácticas en el Frente Occidental eran obsoletas



El estancamiento del frente de batalla podría hacernos pensar que a los ejércitos les faltó táctica y tecnología; sin embargo, nunca habían cambiado tan radicalmente los métodos de lucha. Como podemos observar a lo largo de la historia, las guerras impulsan la innovación tecnológica y el avance científico; este conflicto no fue la excepción.

Al principio de la guerra, los generales andaban a caballo a través de los campos de batalla, los tanques no eran más que dibujos y ambos bandos estaban armados con rifles. Cuatro años más tarde, equipos de combate con cascos de acero avanzaban protegidos por cortinas de proyectiles de artillería. Estaban armados con lanzallamas, metralletas portátiles y granadas. Aviones, que en 1914 habrían sido inimaginablemente sofisticados, cargaban radios experimentales y reportaban en vivo. Los tanques habían pasado de la mesa de diseño al campo de batalla en sólo dos años, cambiando la guerra para siempre.

4. La mayoría de los soldados murieron durante la contienda



La historia oficial habla de unos 9 millones de soldados caídos durante la Primera Guerra Mundial, y aunque es una cifra enorme, no representa a la mayoría de hombres convocados. En el Reino Unido se movilizaron alrededor de seis millones de hombres y murieron cerca de 700.000, lo que representa un 11,5 por ciento.

De acuerdo a las estadísticas, un soldado británico tenía más probabilidades de morir durante la Guerra de Crimea que durante la Gran Guerra. El conflicto de Crimea fue una dramática contienda entre el Imperio Zarista y el Imperio Turco, apoyado por Francia e Inglaterra. Una guerra que frenó los deseos expansionistas de la Rusia Imperial hacia el Mediterráneo y Oriente Medio y que permitió sobrevivir al moribundo Imperio Turco.

3. Los hombres vivían en las trincheras durante años



La línea de trincheras era un lugar terriblemente hostil para vivir. La humedad, el frío y la exposición al enemigo, podían hacer perder rápidamente la moral y la salud a las tropas que pasaran demasiado tiempo allí. Para evitar estos problemas, el ejército británico hacía rotar a sus hombres de forma continua. Una unidad podía pasar hasta diez días al mes en el sistema de trincheras y, de ellos, casi nunca pasaba más de tres días en la línea del frente. No era raro estar fuera de la línea durante un mes.

Durante los momentos de crisis, tales como las grandes ofensivas, los británicos podían pasar hasta siete días en la primera línea, pero luego rotaban más a menudo.

2. En Gallipoli solo lucharon australianos y neozelandeses



La batalla de Galípoli o batalla de los Dardanelos tuvo lugar en la península turca de Galípoli en 1915. La operación fue ideada por Winston Churchill y tenía el objetivo de liberar el paso para abastecer al Imperio Ruso de cañones y municiones, además de distraer la atención de los imperios centrales del frente occidental.

La campaña comenzó con un ataque a los Dardanelos en marzo de 1915, y continó con un desembarco en la península de Gallípoli, que acabó en un completo fracaso. Los británicos tuvieron casi 250 mil bajas, entre las que se cuentan muertos (más de 50 mil), heridos y soldados perdidos en acción. Los franceses tuvieron casi 50 mil bajas (5 mil muertos). Y a diferencia de lo que se cree, muchos más soldados británicos lucharon en la península de Gallipoli que lo que sumaban australianos y neozelandeses juntos.

1. Leones dirigidos por burros



Este dicho habría sido mencionado por los altos mandos alemanes que describían a los soldados británicos como hombres valientes dirigidos por viejos ricachones incompetentes. Sin embargo, esto no era la regla sino la excepción. Durante la guerra, más de 200 generales fueron muertos, heridos o capturados; sobre todo, quienes visitaban las líneas del frente todos los días. Por aquel entonces, los altos mandos estaban mucho más cerca de la batalla que hoy en día.

Si bien es cierto que algunos generales no estuvieron a la altura, otros eran brillantes, como el comandante canadiense Arthur Currie, quien tuvo la capacidad de adaptarse a un entorno que cambiaba permanentemente y que era muy diferente a todo lo visto anteriormente. Los superiores que llegaron a esta contienda, habían sido entrenados para luchar pequeñas guerras coloniales; pero estaban metidos en una lucha masiva que incluía significativos cambios tecnológicos.

Muchos aseguran que en el verano de 1918, el ejército británico atravesaba uno de sus mejores momentos e infligió derrotas aplastantes sobre los alemanes.