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8 razones por las cuales Curazao NO es tan paradisiaca



Y llegó otro post de nuestro estimadísimo mapache colombiano, el autor del blog de banderas. Vean su experiencia en un viaje a esta isla...

Pero antes de hablar mal de Curazao, hagámosle algo de justicia. El objetivo final de las vacaciones se cumplió perfectamente. Yo me eché en la piscina del hotel con mi libro maravilloso sobre un sudafricano que le dio la vuelta a África en bicicleta, me chamusqué con el sol – y esto no fue tan buena idea… descubrí que mi cuerpo y el sol se la llevaron bien al principio pero luego se declararon en estado de guerra como Corea del Norte a Corea del Sur – y dejé de serle útil a la humanidad: sólo comía, dormía y me echaba en la piscina. Y claro, si uno no quiere hacer NADA, Curazao es el lugar perfecto. El problema es cuando uno quiere hacer algo, cualquier cosa… Ahí, justo en ese momento, es cuando uno se da cuenta que la isla difiere mucho del imaginario colectivo que la ubica como EL paraíso para los turistas en el Caribe. No señores, no hay tal. Curazao es un pedazo de tierra desértica, muy desértica, en medio del Caribe con construcciones horrorosas – con excepción de 5 cuadras en Willemstad -, muchas, demasiadas iguanas, lagartos y lagartijas y unas playas que, al menos para un colombiano acostumbrado a las costas paradisíacas de su país, dejan muchísimo que desear. Creo que no le hice tanta justicia después de todo… Pero en fin, vamos con el tema que nos trae el día de hoy: mis 8 razones que hacen de Curazao una isla NO tan paradisíaca:

1: Tú llegaste a un desierto.
Desde que el avión empieza a descender para aterrizar en el Aeropuerto Internacional Hato de Curazao, usted se da cuenta que está a punto de llegar a un lugar donde no hay NADA. Abajo hay una isla no muy verde, plana, semidesértica y con una que otra casa desordenada por ahí. El asunto no es muy prometedor y lo único medianamente emocionante son los molinos para producir energía eólica en la distancia. Claro, al aterrizar se da cuenta que no estaba del todo errado… a lado y lado de la pista sólo hay cactus y más cactus. Digamos que eso está bien, no hay nada de malo visitar un desierto, ¿cierto? ¡El problema es que a uno le habían ofrecido una isla paradisíaca! Empiezan los problemas.


Aterrizando en Curazao

2. Arruínese desde el mismo momento en el que aterriza
Entonces uno aterriza en Curazao, sale del avión, baja a inmigración y le toca esperar hora y media a que los 3 especímenes que le revisan a uno el pasaporte decidan trabajar. Se paran de su puesto, dan vueltas, se peinan, hablan entre ellos mientras al frente hay una fila de pasajeros de 3 vuelos que acaban de aterrizar asándose del calor y esperando a que algún espíritu divino ponga en los corazones de los oficiales de migración el deseo de agilizar el asunto a ver si uno puede salir de ahí algún día. Supongo que los tiempos en una isla perdida en medio del Caribe funcionan diferente…

Finalmente uno logra salir de inmigración y emerge en Curazao. Lo primero que uno hace es buscar un taxi, ¿no? Y como en cualquier lugar del mundo, los taxis deberían tener un letrerito en algún lado que diga justamente eso: TAXI. Pues no, en Curazao no dicen nada. Son unas vans para 10 personas que se paran afuera de la zona de salidas del aeropuerto mientras el conductor le grita a uno: ¿Taxi? Como uno necesita salir de ahí, procede a hacer la negociación con el señor taxista. No señores, no hay negociación: USD 45 por un trayecto de no más de 8 minutos hasta el hotel. Yo no sé si para un gringo eso sea mucho o poco dinero, pero para un mexicano como yo, 45 dólares equivalen a 3 trayectos en taxi entre mi casa y mi universidad en Guadalajara . Pero está bien, uno los paga. El problema es cuando CADA TAXI en Curazao vale en promedio entre 20 y 25 dólares. ¡Por Dios! Es una isla diminuta y los trayectos entre el hotel y Willemstad no duraban más de 10 minutos. Consejo: Si quiere moverse en Curazao, esté dispuesto a una de dos cosas: caminar por horas a 35°C – y eso hará que al final usted tenga, no sólo un trasero envidiable sino unos kilos de menos por cuenta de la deshidratación – o pague muchos, muchos dineros a los usureros que conducen los taxis curazoleños – sí señores, ese es el gentilicio de Curazao en castellano -.

Pero la arruinada no termina ahí. Después de que usted logra llegar a Willemstad, decide tomarse una botella de agua o una coca-cola para no morir chamuscado en alguna esquina de la ciudad. Proceda a sacar 6 dólares de su bolsillo, entregárselos al especimen que tiene al frente e irse con la botella de agua más cara de la historia de la humanidad. Luego le da hambre y quiere almorzar. Busca algún lugar medianamente decente en Willemstad y se sienta desprevenidamente. Le pasan el menú del restaurante y ¡Oh sorpresa! Cada plato vale entre 30 y 60 dólares. Y claro, no estoy hablando de una suculenta langosta de 30 kilos sobre un plato, no. Estoy hablando de la ensalada césar con 3 pedazos de pollo encima más horrible que me he comido en mi vida: USD 35 dólares. Señores curazoleños, ¡eso no se hace! Conclusión: vaya mentalizado porque pagará 10 veces más de lo que paga en cualquier lugar del mundo por algo de muchísima menor calidad.

3. La estafa del dinero
Todo en Curazao tiene precios en florines – la moneda nacional – y en dólares. De hecho, apenas le ven a uno la cara de extranjero, inmediatamente le cobran todo en dólares y si usted quiere pagar en florines – que por demás tienen una tasa de cambio bastante más favorable -, le toca dejárselo claro a su interlocutor. Hasta aquí todo normal. El problema viene cuando usted quiere comprar algo y en el precio dice por ejemplo NAFL 40. Eso quiere decir que el artículo vale 40 florines… Pues tenga mucho cuidado. Los curazoleños no tienen NINGÚN PROBLEMA en convertir los NAFL 40 en USD 40 al momento de pagar y terminan cobrándole bastante más de lo que le habían dicho. Nuevamente, ¡eso no se hace señores!

4. El significado real de una postal
Y entonces cuando uno está buscando información de Curaçao, todas, absolutamente todas las páginas le muestran una de dos cosas: Las hermosísimas casas de Willemstad o las maravillosas playas color turquesa de la isla. Y ojo, aquí NO estoy siendo sarcástico. En realidad las casas son hermosísimas y el color del mar te deja con la boca abierta – yo les dije que le iba a hacer algo de justicia a la islita… pues aquí está -. Les muestro:


Zona de Punda en Willemstad, capital de Curazao

Hermosísimo, ¿no creen? Concuerda perfecto con la imagen de isla paradisíaca que nos habían vendido antes. El problema es cuando uno va a Willemstad y empieza a caminar. Las casitas de colores que tan bien se ven en las postales y que fueron declaradas patrimonio de la humanidad por la Unesco están ahí, claro, ¡pero sólo en 4 cuadras! Sí señores, uno camina 4 cuadras del lado de Punda y 2 del lado de Otrobanda – es decir, a lado y lado de la entrada al puerto – y Willemstad se acabó. Bueno, en realidad la ciudad no se acaba, pero sí la zona linda de Willemstad. A partir de ahí tenemos casas no sólo feas y desordenadas sino una ausencia casi absoluta de restaurantes, cafés, tiendas y demás. Conclusión: recórrase las 4 cuadras lindas de Willemstad 1.472 veces porque no hay mucho más que hacer.

5. El mar es hermoso, las playas no tanto.
Entonces uno mira la foto de la playa que les mostré en el punto anterior, abre la boca y empieza a salivar de tal forma que la mandíbula le llega al piso, ¿cierto? Y sí, el mar es IM-PRE-SIO-NAN-TE. Amé el color turquesa del Caribe en Curaçao. Pero ahí viene el problema. Al ver semejante belleza de mar, uno baja raudo y veloz desde la carretera hacia la playa para disfrutar de las maravillas que el Caribe curazoleño tiene para ofrecerle. Se quita los zapatos, entra en la playa y aquí empiezan los problemas. La playa está llena no sólo de rocas sino también de corales que hacen casi imposible que usted pueda caminar tranquilo sin terminar con alguna herida en los pies. Luego se mete al mar y tampoco puede caminar mucho porque todo el suelo está lleno de piedras. Conclusión: la vida se le complicó.

Un par de comentarios adicionales sobre las playas:

-No todas las playas son públicas y para entrar a las mejores le pueden cobrar entre 10 y 20 dólares. Continúa la ruina.
-Las playas no suelen estar cerca de Willemstad, así que si quiere ir a las mejores playas de la isla, esté dispuesto a pagar muchos dineros por un taxi que lo lleve hasta allá. A nosotros nos cobraban entre 40 y 60 dólares por llevarnos.
-Una vez llega a la playa, usted está perdido en la mitad de la nada sin civilización por ningún lado. Eso hace que si quiere una botella de agua, tenga dos opciones: le pague 8 dólares al único señor que vende bebidas en el lugar o se deshidrate del calor.
-Las playas, aparte de estar llenas de piedras, son extremadamente pequeñas. Nada que ver con los kilómetros y kilómetros ininterrumpidos de playas blancas y cristalinas que puede ver uno en Cuba, Colombia, México o República Dominicana. Como todo en Curazao, las playas son DIMINUTAS.
-Por último, ni piense en ducharse después de meterse al mar. Le cobrarán 7 dólares por quitarse el agua salada de encima sin ningún tipo de remordimiento.

6. ¿Y si alquilamos un carro?
Y uno se pone a pensar: puede pagar 30 dólares por cada taxi o paga 80 dólares por el alquiler de un carro por un día. El carro claramente es el mejor negocio, ¿cierto? Pues usted va, paga sus 80 dólares, se monta en el carro y empieza a recorrer la isla. Gran parte del recorrido es a través de un desierto donde no hay absolutamente nada y las únicas 2 cosas que usted puede hacer es: 1. ir de playa en playa pagando muchos dineros en cada una de ellas para que los dejen entrar y 2. Visitar el Parque Nacional Christoffel que queda en el extremo norte de la isla. Pueden optar por la primera opción y tomar la decisión racional anticipada de arruinarse en el proceso… en últimas las playas son la razón por la cual uno va a Curazao, ¿cierto? La segunda opción, el parque nacional, es un verdadero engaño… ya se los contaré en el siguiente aparte. El punto en todo caso es que ustedes salieron de su hotel a las 9 am llenos de emoción porque tendrían todo un mundo que conocer y visitar allá afuera… para las 11 am ya ustedes se dieron cuenta que en Curazao efectivamente no hay nada y no tienen ni la más remota idea qué hacer con el carro que alquilaron por las 22 horas restantes. No fue tan buena idea después de todo.

7. Un parque natural que no tiene nada
Como les mencioné en el punto anterior, una opción es ir al Parque Nacional Christoffel en el extremo norte de la isla. Y claro, a uno le mencionan un parque natural y se imagina algo verde con muchos árboles, animalitos coquetones y paisajes increíbles. Nuevamente, no hay tal. El Parque Natural en Curazao es una extensión de lo mismo que ve uno en el resto de la isla: vegetación desértica, acantilados en el mar y el 98% de los lagartos, iguanas y lagartijas del planeta. ¿Por qué escogieron este pedazo de desierto para volverlo parque natural? Supongo que las razones fueron 2:

-Ahí se encuentra la “montaña” más alta de Curazao que se eleva 300 metros sobre el nivel del mar. El plan que ellos publicitan como la octava maravilla del mundo es escalarla para tener unas vistas excepcionales de la isla… No gracias. Escalar montañas a 35°C no es mi idea de diversión… menos si es entre lagartos y más lagartos.
-Tenían que dejar un lugar donde los millones de lagartos que habitan la isla pudieran copular tranquilamente.
-Y aquí no seré tan cabrón y les diré que no todo es malo en el parque. Hay algunas vistas interesantes y los acantilados en sus costas son hermosos. Eso les dará plan para unos 10 a 15 minutos antes de que quieran salir corriendo de ese lugar. Les muestro:


La montaña más alta de Curazao en el Parque Nacional Christoffel

8. Disfrute de los lagartos
Como les mencioné anteriormente, Curazao es la tierra de las iguanas, los lagartos y las lagartijas. Son hermosos, eso sí. Hay algunas iguanas que parecen mutantes y brillan con su verde fluorescente. Los lagartos por su parte son azules, verdes y cafés. Si a usted no le dan miedo estas criaturas, Curazao será un paraíso… pero por el contrario, si usted es como las gringas que había en mi hotel, Curazao será su peor pesadilla. Los lagartos están en todas partes: en su cuarto, al lado de la piscina, en las carreteras, en las sillas donde usted se sienta en el hotel, en el restaurante… y así. En TODAS partes. Sepa entonces que cuando usted llega a Curazao, está llegando a una versión diminuta y caribeña de Jurassic Park. Ya se le advirtió.


Lagarto en el Parque Nacional Christoffel


Lagartos en las sillas de la piscina del hotel

Y hasta aquí llego yo con mi crónica sobre esta isla paradisíaca en medio del Caribe. Pero antes de irme terminaré con lo siguiente: Curazao tiene unos lugares HERMOSOS. Willemstad es una ciudad maravillosa, diminuta pero maravillosa y el mar es absolutamente mágico. Si para usted estos dos puntos son suficientes, vaya a Curazao porque tendrá unas vacaciones inolvidables. Ahora, si usted quiere un lugar donde haya algo que hacer, las playas sean caminables, no haya lagartos en todas partes y no se arruine en el proceso, saque a Curazao de su lista. La conclusión entonces es la siguiente: Uno puede hacer lo mismo que hace en Curazao, es decir, echarse en una playa a tomar el sol, en un lugar mucho más bonito, con más cosas que hacer y menos caro. Piénselo… el Caribe está lleno de opciones.