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8 Septiembre - Dia de la Alfabetización

Alfabetización


La alfabetización es la habilidad de usar texto para comunicarse a través del espacio y el tiempo. Se reduce a menudo a la habilidad de leer y escribir, o a veces, sólo a la de leer. Los estándares para los que se constituyen los niveles de alfabetización varían entre las diferentes sociedades. Algunas otras destrezas como la informática o las nociones elementales de cálculo aritmético básicas también se pueden incluir.

El alfabetismo, o más bien su contrario, el analfabetismo, sirve como indicador de la cultura de un país; es un factor más a tener en cuenta en cuanto al grado de desarrollo. Se mide el número de personas adultas que no han logrado los niveles mínimos de alfabetización. Esta cifra incide en la capacidad de producir riqueza, en acceso a nuevas oportunidades y en la igualdad social.

Alfabetizar se considera el primer nivel de la educación de adultos y equivale a los primeros cursos de educación primaria.

Hay grandes diferencias entre el número de analfabetos a los países desarrollados y los denominados del "tercer mundo", y en éstos, también entre hombres y mujeres (que a menudo tienen menos acceso a la enseñanza). Se calcula que al año 2000 había unos 90 millones de personas analfabetas, según la UNESCO. La opacidad de los datos de determinados gobiernos no ayuda a la detección y solución del problema. Los países del antiguo bloque soviético son los que más esfuerzos hicieron en este campo.

Determinados técnicos educativos diferencian entre analfabetismo y analfabetismo funcional o sujetos iletrados. Una persona iletrada puede entender un mensaje sencillo, su pero su mecanismo lector no es capaz de discriminar idea principal e ideas secundarias y no sabe usar los conceptos que lee (carencia de vocabulario). El iletrismo es mucho más difícil de medir y afecta también zonas del mundo desarrolladas. Está muy relacionado con la calidad de la educación.

El Día Internacional de la Alfabetización se celebra el 8 de septiembre.

Analfabetización


El analfabetismo es la incapacidad de leer y escribir, que se debe generalmente a la falta de aprendizaje. En los países que tienen una escolarización obligatoria, concretamente en el Primer Mundo, el analfabetismo es minoritario.

Sin embargo, en algunos países la comprensión lectora puede ser deficiente a pesar de que su tasa de analfabetismo sea pequeña (iletrismo), ya que leer no es sólo descodificar las letras sino entender mensajes por escrito.

En algunos países las leyes contienen disposiciones especiales para analfabetos. Así, por ejemplo, el Código Civil español establece que aquellos analfabetos que deseen otorgar testamento cerrado, y pidan a otra persona que se lo escriba, deben firmar en todas y cada una de las páginas.

Hoy en día muchos paises realizan intentos desesperados por erradicar el analfabetismo con sistemas que han demostrado una escasa efectividad.

Analfabetismo digital es un proceso de la cultura de la Nueva Economía que consiste en no poseer los rudimentos necesarios para moverse con las nuevas tecnologías, especialmente Internet, lo que contribuye a la brecha digital.



Con el fuerte antecedente de la primera reunión del Congreso Mundial de Ministros de Educación realizado en Teherán (Irán) en 1965, del que participó la Argentina y en el cual se determinó unificar acciones para la erradicación del analfabetismo, en 1967 tanto la ONU (Organización de las Naciones Unidas) como la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) declararon el 8 de septiembre como el Día Internacional de la Alfabetización, para llamar la atención de la comunidad internacional y lograr un compromiso universal en aspectos tan trascendentes como la educación y el desarrollo; y con la expectativa de reducir a cero el analfabetismo en el mundo.

¿SIRVE PARA ALGO LA ESCUELA?

Luis Bretel
2002



Hace varios años que no se nada de un amigo que, cuando nacieron sus hijos, decidió que ninguno iría a la escuela. Que ella y su esposa podían enseñarle lo que necesitaban saber y, además, tenía la seguridad que así aprenderían aquello que les resultaría valioso en la vida y dejarían de aprender todo lo malo que se encontraba en la escuela. Hoy se me ha ocurrido preguntarme ¿qué sería de él y qué de sus seis hijos. Habrán logrado que alcancen los saberes indispensables de nuestra época aprender a aprender, aprender a hacer, aprender a ser y aprender a convivir. No lo sé, pero ahora que soy padre de familia de dos hijos escolares quisiera saber si tuvo éxito, porque yo opté, como la mayoría por confiar en la escuela esa tarea y creo que, finalmente, buena parte de esos saberes los han logrado gracias a que mi esposa y yo hemos podido contrarrestar buena parte de su negativa influencia.

Desde muy pequeños, sus maestros se limitaron a exigirles que aprendan, pero no les enseñaron a aprender, menos mal que mi esposa y yo sabíamos algo al respecto y pudimos, poco a poco, ayudarles a enfrentar la frustración de no lograr lo que sus maestros esperaban cosechar pero que no habían sembrado. Aun hoy, que ya son grandes, de vez en cuando tengo que tratar de convencerles de que no tienen que aprender las cosas de paporreta, de que lo importante es que entiendan lo que están intentando aprender pero ellos insisten en que si no lo dicen tal como lo dijo el maestro o como está en el libro, los jalarán. También hay una pelea, más o menos cotidiana, cuando quieren copiar textualmente lo que está en el libro, sin pensar y sin entender lo que dice. No son pocas las veces que llegan a casa con cara de desconcierto diciendo me han pedido que investigue sobre tal cosa y no se qué es eso y dónde puedo encontrar información sobre ello. Claro que, después de todo, a mi esposa y a mi nos queda el consuelo de que menos mal que podemos ayudar a aprender a nuestros nuestros hijos, pero inmediatamente nos asalta una enorme preocupación por los cientos de miles de niños que sólo podrían aprender a aprender si en la escuela se lo enseñaran y permitieran.

Ahora si, no puedo negar que en la escuela han aprendido a hacer muchas cosas, aunque algunas muy inútiles e invirtiendo mucho tiempo en algo que no tenía sentido aprender y muchas otras, como en lo anterior, simplemente les pedían que lo hicieran y, otra vez, menos mal que papá y mamá podían sentarse con ellos y enseñarles a hacerlas, aunque muchas veces por lo complicado que era tratar de que aprendieran a hacerlo lo suficientemente bien como para que los maestros los feliciten, optáramos por hacerlo nosotros mientras ellos miraban qué bonita tarea hacían sus papás.

Y más de una vez me he llevado la ingrata sorpresa de que les pusieron una buena nota por un trabajo que era copia literal de lo que habían encontrado en algún libro o en internet.
Cuántos padres nos preguntamos muchas veces para qué van nuestros hijos a la escuela y, desgraciadamente, un buen número de ellas no encontramos mejor respuesta que ´van para entretenerse en algo y no aburrirse en casa´. Es que no resulta fácil, en nuestros tiempos, descubrir para qué es útil la escuela. Que la necesitamos no cabe duda, pero para qué, además de para cuidar a nuestros hijos algunas horas al día. Qué consiguen en ella que no pudieran conseguir en cualquier otra parte.

Es cierto que aprenden muchas cosas, pero la mayor parte de ellas inútiles y, a veces, perniciosas


Fuentes: wikipedia.org,
breteleandoescuela.blogspot.com
educared.org.ar




"Sé el cambio que quieres ver en el mundo" Ghandi


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