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Abandono, abuso y delincuencia [Mi Historia]

Hola, me llamo Javier. Tengo 24 años y soy de Córdoba. Si tenes tiempo, quisiera compartir con vos mi historia.



Un 13 de Octubre, fui concebido en una familia disfuncional, "criado" entre abuso de alcohol, drogas, violencia, y mucho miedo. A los 13 años me fui de mi casa, cansado de los maltratos físicos y psicológicos por parte de mi “padre” y de mi “madre”. Por un tiempo viví en la calle, haciendo malabares y limpiando parabrisas en la esquina de una avenida para poder comer, acompañado por otros chicos que conocí, que estaban en la misma situación que yo, de los que pronto me hice amigo.



Pasaron unos meses, hasta que Protección al Menor nos encontró, y nos mando a un hogar de forma provisoria hasta que determinaran si era seguro que regresáramos con nuestra familia biológica. Sin duda estábamos mejor así. Pasó un tiempo y éramos felices, tuvimos la suerte de que nos mandaran al mismo hogar, pero lamentablemente la alegría no duro mucho.
Mis “padres” se presentaron un día, acompañados por uno de los trabajadores de la asociación de protección al menor con un documento, que promulgaba que eran aptos para ser mis tutores de nuevo. Tuve que despedirme de mis amigos, y volver a ese lugar, donde nada cambió.



Pasaron los años, y me “acostumbre” a ese entorno. Caí en las malas juntas, y en la bebida, deje el secundario y termine yendo por mal camino. Era un desastre, el pelo largo y sucio, vestido con harapos, que ni me entraban porque estaba flaco como un perro de baldío.



Tenía 17 años cuando, deambulando por la calle, sin plata para siquiera comprar un sándwich de miga decidí salir a robar. Conseguí una pistola de juguete que pinte con aerosol negro, y empecé a “vueltear” una peluquería. Esperé hasta la hora de cierre, y entre nervioso, a la barbería y peluquería de Don Alonso, de la calle Comechingones y Avenida Colón.



"Dame la plata" Fueron las palabras que apenas alcance a articular, casi tartamudeando.
Nunca me voy a olvidar, lo que me dijo aquel hombre ese día, con una carcajada tranquila y una sonrisa bonachona. "Me parece que te hace falta un buen corte de pelo". En ese momento pensé: "Este viejo está haciendo tiempo, algo va a hacer", naturalmente mis nervios fueron en aumento, hasta el punto en el que me enoje y levante la voz. Pero eso no le molesto en lo más mínimo. "Quédate tranquilo, si queres llévate todo, pero primero sentate, que al menos te voy a cortar el pelo."

"¿Me estas agarrando de pelotudo?" le dije. Estaba aterrorizado, ya no quería nada, solo quería irme. Pero el miedo no me dejaba. Me paralicé. Estuve 15 minutos ahí parado, con una pistola de balines en la mano, sin tener la mas mínima noción de que hacer. Me empezaron a lagrimear los ojos, le pedí disculpas, guarde el “arma” y le dije que me iba a ir. Que por favor no llamara a la policía.

Pero Don Alonso no aceptó un no como respuesta. Me tranquilizo, y me invito a sentarme en la silla reclinable. Sin saber qué hacer, me senté en aquella silla, y mientras me cortaba el pelo, me dijo muchas cosas. Cuando termino, me dio un abrazo, y me dijo: “No sé cuál es tu situación, pero vos todavía sos joven, no tiene sentido que te arruines la vida por una macana así”.

Le di las gracias, y me fui. Pasaron unos meses, y por cosa del destino lo volví a encontrar en la plaza Jerónimo del Barco, que estaba cerca de su peluquería. O más bien, el me encontró a mí. Se sentó al lado mío, en ese banco verde, donde pasaba ocasionalmente mis tardes. Se podrán imaginar el asombro y el sobresalto que sufrí. Y al principio, no me atreví a mirarlo a la cara.
Me pregunto como estaba, hablamos del tiempo, y de fútbol. Me conto sobre su vida, y yo le conté sobre la mía. Y así, se nos fue el tiempo. Hasta que en plena discusión sobre el desempeño de Belgrano me dijo que llegaba tarde para abrir la peluquería, me preguntó si tenía tiempo para darle una mano con la reja desmontable, con la limpieza y hasta con un televisor que el ya no podía mover.



Aquél día en el que entre por primera vez a la peluquería, Don Alonso me salvó la vida.

7 años después, seguimos discutiendo sobre fútbol, mientras atendemos a los clientes. Eso sí, los domingos cerramos temprano, a las 2:00 de la tarde; por qué los domingos, hacemos asado.

La vida es una sola, para bien o para mal, siempre trata de sacarle lo mejor. Aprende de tus errores, no te avergüences por caer, lo importante es saber levantarse. Siempre agradece por lo que tenes, porque en algún lugar, hay alguien que tiene menos que vos.
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