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Accidente nuclear de Fukushima I.

Primero que todo... gracias por todos los puntos en el post de Chernóbil! , no me esperaba que les fuese de tal agrado, y yo soy mas o menos nuevo acá, así que es impresionante para mí. Y a pedido de algunos que me decían que me faltó Fukushima.. pues acá esta





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En fin, empezando con el post: el accidente de Fukushima I.

El accidente nuclear de Fukushima I ocurrido en la Central nuclear Fukushima I en 11 de marzo de 2011, comprende una serie de incidentes, tales como las explosiones en los edificios que albergan los reactores nucleares, fallos en los sistemas de refrigeración, triple fusión del núcleo y liberación de radiación al exterior, registrados como consecuencia de los desperfectos ocasionados por el terremoto y tsunami de Japón oriental.


Imagen de Satélite el 16 de marzo de los cuatro edificios del reactor dañado.


Sucesión de explosiones


El 11 de marzo de 2011, a las 14:46 JST, tiempo estándar de Japón, se produjo un terremoto magnitud 9,0 en la escala sismológica de magnitud de momento, en la costa noreste de Japón. Ese día los reactores 1, 2 y 3 estaban operando, mientras que las unidades 4, 5 y 6 estaban en corte por una inspección periódica. Cuando el terremoto fue detectado, las unidades 1, 2 y 3 se apagaron automáticamente (llamado SCRAM en reactores con agua en ebullición). Al apagarse los reactores, paró la producción de electricidad. Normalmente los reactores pueden usar la electricidad del tendido eléctrico externo para enfriamiento y cuarto de control, pero la red fue dañada por el terremoto. Los motores diésel de emergencia para la generación de electricidad comenzaron a funcionar normalmente, pero se detuvieron abruptamente a las 15:41 con la llegada del tsunami que siguió al terremoto.

La ausencia de un muro de contención adecuado para los tsunamis de más de 38 metros que han sucedido en la región permitió que el maremoto (de 15 metros en la central y hasta 40,5 en otras zonas) penetrase sin oposición alguna. La presencia de numerosos sistemas críticos en áreas inundables facilitó que se produjese una cascada de fallos tecnológicos, culminando con la pérdida completa de control sobre la central y sus reactores.

El lunes 11 de abril la Agencia de Seguridad Nuclear e Industrial (NISA) elevó el nivel de gravedad del incidente a 7 para los reactores 1, 2 y 3, el máximo en la escala INES y el mismo nivel que alcanzó el accidente de Chernóbil de 1986.

Consecuencias


Tras el fallo del sistema de refrigeración de los reactores de la central nuclear se realizaron emisiones controladas de gases radiactivos al exterior, para reducir la presión en el recinto de contención. Se emitió al exterior una cantidad no determinada de partículas radiactivas.


Niveles de radiación en Fukushima detectados por la NNSA el 22 de marzo de 2011.


El día domingo 27 de marzo se detectó en el agua del interior de las instalaciones un nivel de radiación cien mil veces por encima de lo normal, posiblemente procedente de una fuga del reactor número 2. Estos niveles de radiación dificultaban las labores de los operarios. Asimismo los niveles de yodo radiactivo en el agua de mar en las inmediaciones de la central eran 1.850 veces mayores que los que marcan los límites legales. También se detectó plutonio fuera de los reactores, procedente posiblemente del reactor número 3, el único que trabajaba con ese elemento.

Pocos días después del accidente se detectó yodo radiactivo en el agua corriente de Tokio, así como altos niveles de radiactividad en leche producida en las proximidades de la central y en espinacas producidas en la vecina Prefectura de Ibaraki. Una semana después del accidente se pudieron detectar en California partículas radiactivas procedentes de Japón, que habían atravesado el Océano Pacífico. Algunos días después se detectó yodo radiactivo en Finlandia, si bien en ambos casos se descartaba que los niveles de radiación detectados fuesen peligrosos.

El día miércoles 27 de abril se detectó en España, y en otros países de Europa según el Consejo de Seguridad Nuclear, un aumento de yodo y cesio en el aire, proveniente del accidente de Fukushima. El Consejo de Seguridad Nuclear afirmó que no existía peligro para la salud.

El gobierno japonés reconoció que la central nuclear no podrá volver a ser operativa y que se desmantelará una vez que se haya controlado el accidente.

Vertidos radiactivos al mar


Una grieta en la estructura del reactor empezó a liberar material radiactivo al mar, haciendo que el contenido en yodo radiactivo fuese en algunos momentos en las aguas circundantes de hasta 7,5 millones de veces superior al límite legal y que el cesio estuviese 1,1 millones de veces por encima de esos límites. Los primeros intentos de sellar la grieta con cemento y otros métodos fracasaron. La compañía Tepco, a inicios de abril, empezó a verter al mar 11.500 toneladas de agua contaminada radiactivamente para liberar espacio dentro de la central con objeto de albergar otras aguas aún más contaminadas del interior de los reactores.


Daños en las personas

El día 17 de marzo, la cifra total de personas afectadas directamente por el incidente en la central era de veintitrés personas heridas y más de veinte afectadas por la contaminación radiactiva. Dos personas que estaban desaparecidas desde el día del terremoto fueron encontradas muertas el 1 de abril, aunque su muerte posiblemente se produjo por heridas producidas por el maremoto, y no por la radiación.

El viernes 1 de abril se comunicó que al menos 21 operarios pertenecientes al retén que permanecía en Fukushima para intentar controlar los reactores de la planta ya sufrían una aceleración en el ritmo de alteración del ADN por efecto de la radiación.

Protección de la población


El sábado 12 de marzo, las autoridades niponas establecieron en un principio que el accidente había sido de categoría 4 en un máximo de 7 en la Escala Internacional de Accidentes Nucleares. El viernes 18 de marzo, el OIEA informó de que en vista de los daños a los núcleos de los reactores, la autoridad regulatoria nuclear japonesa había resuelto elevar el nivel del accidente en los reactores 2 y 3 a categoría 5, y que la pérdida de funciones de refrigeración en la piscina de combustible usado del reactor 4 era clasificada en la categoría 3. El día martes 15 expertos nucleares franceses opinaban que el accidente debía clasificarse en la categoría 6.

El accidente finalmente fue calificado como el más grave desde el accidente de Chernóbil.

En un principio se evacuó a más 45 000 personas en un radio de diez kilómetros alrededor de la central, comenzándose a distribuir yodo, que consumido en su forma estable (Yodo 127) limita la probabilidad de cáncer de tiroides derivado de la emisión a la atmósfera de yodo radiactivo (I-131). El 13 de marzo el gobierno aumentó el radio de evacuación de diez a veinte kilómetros, llegando a 170.000 personas evacuadas. El día viernes 25 de marzo se volvió a aumentar el radio de evacuación hasta los treinta kilómetros desde la central en vista del aumento de la radiación en los alrededores.

La policía estableció controles en un radio de treinta kilómetros para impedir el acceso de la población. Se cerraron comercios y edificios públicos y el gobierno recomendó a los habitantes de la zona no salir de sus casas, cerrar ventanas y desconectar sistemas de ventilación, no beber agua del grifo y evitar consumir productos locales. Varios países aconsejaron no viajar a Japón por el riesgo de contaminación nuclear. Un número importante de personas buscaron salir del área afectada, por lo que aeropuertos cercanos y estaciones de trenes llegaron a saturarse.

Efectos de la radiactividad


El accidente del reactor de Fukushima deja claro cuál es el valor de los ecosistemas intactos y lo difícil que puede ser cuantificarlo en términos monetarios.


Muchas mariposas Pale Blue Grass presentan mutaciones tras el accidente nuclear de Fukushima.


Sus alas brillan azuladas a la luz del sol, miles de ellas revolotean a través de jardines, campos de arroz y de hortalizas. Las mariposas de hierba azul pálido (Pale Blue Grass, en inglés) están ampliamente extendidas en Japón. Normalmente se encuentran en las inmediaciones de la Oxalis, una pequeña planta de flores amarillas. "Estas mariposas pueden sobrevivir allí donde también puede vivir el ser humano ", afirma el profesor de biología Joji Otaki, de la Universidad japonesa de las islas Ryukyus. Sin embargo, en algunas regiones de Fukushima ya no se dan ninguna de estas dos situaciones. En esos lugares ya no pueden sobrevivir ni el ser humano ni las mariposas.


La pesca cerca del área todavía está prohibida.


Dos meses después del accidente, el biólogo Joji Otaki y sus colegas viajaron a Fukushima para realizar trabajo de campo. Equipados con guantes y mascarillas se desplegaron para evaluar el efecto de la radiación sobre las mariposas Pale Blue Grass. En casi uno de cada diez de los ejemplares encontrados, los investigadores observaron ojos abollados, antenas deformadas o alas demasiado pequeñas. Las mariposas fueron expuestas a la radiación siendo aún larvas en hibernación y habían desarrollado posteriormente diferentes mutaciones.


Mariposa traída del área por los investigadores


Asimismo, no sólo las mariposas, sino también otros animales de Fukushima se vieron afectados por la radiación. De este modo, investigadores estadounidenses encontraron, por ejemplo, inusuales manchas blancas en la piel del ganado y en el plumaje de las golondrinas. "Ha habido una disminución dramática en el número y la diversidad de aves en las zonas muy contaminadas", explica el profesor de biología Timothy Mousseau. El estadounidense investiga desde hace 14 años los daños por radiación en los animales. Empezó estudiando la región alrededor de la central nuclear de Chernóbil que sufrió un accidente y desde 2011 también analiza los daños en Fukushima.

Mutaciones similares en Fukushima y Chernóbil


Entre algunas especies de aves, además de las manchas blancas en el plumaje, en Chernóbil Mousseau y sus colegas encontraron tumores y enfermedades de los ojos. Además se encontraron con que muchas especies de animales, entre ellas las abejas, las mariposas y las aves estaban menos representadas de lo esperado. En Chernóbil, las mutaciones se habrían extendido con el tiempo entre más animales, según Mousseau.

El biólogo aún no puede prever si los efectos en Fukushima se van a desarrollar de otro modo porque el área afectada es más pequeña y el tipo de radiación ligeramente diferente.

El daño en la naturaleza es difícil de cuantificar. Por un lado, porque es difícil poner precio a la pérdida de una mariposa o toda una especie, a pesar del esfuerzo de informes como el TEEB – La Economía de los Ecosistemas y la Biodiversidad para los responsables de la elaboración de políticas nacionales e internacionales, que precisamente persiguen ese fin. Por otro lado, porque no hay consenso sobre el efecto real de la radiación en los animales de Fukushima. Un comité científico de las Naciones Unidas concluye que la exposición a la radiación de los ecosistemas en el agua y en la tierra fue "en general, demasiado baja para observar efectos graves".

Comprender el valor del medio ambiente destruido


El ingeniero Nobuyoshi Ito, por ejemplo, había comenzado varios años antes del desastre, en esta misma población, con la construcción de una granja de aprendizaje y de vivencias. Con el accidente de Fukushima, sin embargo, sus planes llegaron a un repentino final. Ito contó a periodistas japoneses que envió al presidente de la empresa responsable del consorcio de energía, Tepco, un paquete pequeño repleto de setas japonesas Matsutake contaminadas y con una factura de 200.000 yenes, el equivalente a 1.350 euros. De este modo, Tepco debía comprender el valor de los bosques destruidos y la sensación de las personas que no pueden comer las setas del bosque.


Después del desastre nuclear los consumidores son escépticos a los alimentos producidos localmente.
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Un medicamento pionero es capaz de frenar los daños de la radiación


En el año 2367, la tripulación del USS-Enterprise sufre un grave envenenamiento por radiación al toparse con un vertedero de basura flotante con tres siglos de antigüedad. Afortunadamente, el equipo de la Federación cuenta con la hyronalina, un medicamento capaz de frenar los efectos de la exposición a la radiactividad de las células humanas. Hoy, 350 años antes que en esta ficción de Star Trek, todo indica que en poco tiempo se podrá contar con un medicamento similar, tras las pruebas realizadas en ratones y en tejidos humanos en el laboratorio.


Médicos hacen un test a una habitante de la zona cercana a la central nuclear de Fukushima, en 2011, tras el trágico accidente.


Se trata de un fármaco desarrollado a partir de un compuesto natural que se produce en la sangre y que favorece la cicatrización, según explica el líder de esta investigación, Gábor Tigyi. "También es generado por cánceres agresivos resistentes a la radioterapia contra los tumores", afirma este investigador del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Tennessee. Es decir, usan la capacidad del propio cáncer para hacer frente a la radioterapia para compartir los efectos nocivos de la exposición a la radiación ionizante. El medicamento derivado de este compuesto —denominado LPA, protegería a las personas sometidas a niveles altos de radiación, por ejemplo tras un accidente como el de Fukushima, que pueden causar la muerte celular y graves lesiones de órganos.

En caso de accidente, solo se cuenta con el uso de pastillas de yodo, que saturan la tiroides con este elemento, impidiendo que absorba el yodo radiactivo; un único tratamiento para un único órgano. Hay algunas otras posibilidades de radioprotectores, como en el ámbito militar, para proteger la salud antes de quedar expuesto a la radiación, pero este sería el primer método para mitigar su efecto después de sufrirla.

Rayos cósmicos para desmantelar Fukushima



Fukushima tras el desastre


Casi cuatro años después, las tareas para desmantelar los tres reactores descompuestos han avanzado mucho gracias a la robótica pero sigue sin conocerse exactamente la situación del combustible nuclear derretido, lo que dificulta la planificación detallada de las tareas.

Poco después del accidente, se comenzó a plantear la posibilidad de utilizar la tecnología de detección de partículas para hacer algo así como una radiografía de los reactores. En concreto, se sugirió el uso de muones, unas partículas elementales que se generan cuando los rayos cósmicos penetran la atmósfera terrestre y que continúan viajando atravesando todo lo que se encuentran a su paso. Conocidas desde la década de 1930, estas partículas se han usado para radiografiar estructuras gigantes como volcanes o difíciles de investigar en su interior, como hiciera en 1967 el premio Nobel Luis Álvarez al tratar de encontrar cámaras secretas en la pirámide de Guiza.


Esquema del sistema de detección.


El concepto es similar al de las radiografías con rayos X: se colocan placas en las que queda reflejado el paso de los muones tras cruzar el reactor, generando con el tiempo un dibujo de su interior, gracias a la alta densidad del combustible fundido en el suelo del reactor.

A partir de la semana que viene (la noticia es del 31 de enero), se pondrá a prueba a los muones en el reactor número 1 de Fukushima, "con el fin de obtener una comprensión de las posiciones y cantidades de restos de combustible, necesaria para investigar los métodos de eliminación de estos desechos", explica Tepco, la empresa responsable de la central, en el último documento de su hoja de ruta. Esta tecnología, que en Japón se usa para vigilar los volcanes por dentro y el estado del magma, ya se ha puesto a prueba en condiciones similares a las que se encontrarán en el reactor dañado. Análisis realizados con robots dentro del edificio y con modelos generados por ordenador sugieren que las barras de combustible se derritieron por completo en los primeros momentos del desastre, llevando al interior del reactor a temperaturas de miles de grados, y desparramándose por su estructura.


Aspecto que tendrá la 'radiografía' de los reactores de Fukushima.


Los paneles detectores de muones, que se colocarán a ambos lados de los reactores, son mucho más grandes de lo habitual para dar una imagen detallada al colocarlos en las paredes exteriores de los edificios. El tamaño y el peso de esta tecnología se sumará a otras series dificultades para su instalación como la contaminación radiactiva, el aparataje que rodea los reactores para su control y desmantelamiento, las fugas de agua contaminada, etc.

Me despido gente, el post terminó un poco más largo de lo que esperaba xd.
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