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Adolf Hitler y el inmenso amor que sentía por Blondi

Adolf Hitler y el inmenso amor que sentía por su perra Blondie


El “Führer” Adolf Hitler, el líder sanguinario del nazismo tuvo un inusual y conmovedor cariño por su perra pastor alemán, a la cual bautizó como Blondie.



El temido “Führer” Adolf Hitler, líder del partido Nazi y causante de una masacre sin precedentes en la historia mundial, mantuvo una increíble, tierna y trágica historia de afecto y cariño por su perra Blondie, a la cual tuvo que asesinar al verse cercado por sus enemigos.

La historia de este inusual amor comienza en 1941, cuando el hombre de confianza Martin Bormann le regala al “Führer” una perra de raza pastor alemán, la cual cautivó el duro corazón del líder nazi con un flechazo instantáneo, quien sin dudarlo bautizó a su mascota como Blondie (“Rubita”, en una traducción aproximada).

Tal era el amor que el «Führer» sentía por este animal, que aquellos que le conocían afirmaron posteriormente que quería más a esta perra que a la propia Eva Braun, su esposa.

La dureza, odio y mal carácter con el que se le conocía a Hitler se esfumaba cuando delante tenía a Blondie.

El líder nazi, de hecho, era la muestra viva de que se podía querer más a un animal que a una persona. Los entendidos afirmaban que sentía una auténtica debilidad por su perra. Pero todo tiene un final y este llegó, para ambos, en 1945.

Berlín, 30 de abril de 1945.

Adolf Hitler, agobiado por los ataques de sus enemigos, se pone a buen recaudo junto a su esposa, su inseparable mascota Blondie y unos cuantos allegados, en el Búnker de la Cancillería.

Sin embargo, sabía que el final de su imperio era inminente y por ello, como se suele acostumbrar en esos casos, tomó la fatal decisión de suicidarse y llevarse consigo a sus seres queridos, para evitar las futuras torturas de los rusos.

Para ello tomaría pastillas de cianuro. Pero antes, y con su habitual desconfianza, pidió que la primera pastilla se la dieran a su querida Blondie. De esa manera evitaría que la mascota sea vejada por sus enemigos y, también, verificaría que las cápsulas con el veneno no hayan sido alteradas.

No hubo resistencia que evitara su muerte. Luego, Hitler ordenó que los cachorros de Blondie también fueran asesinados a balazos. Con ello terminó con el recuerdo de su venerada mascota.

Un día después, el “Führer” terminó con su existencia junto a Eva Braun. Los cuerpos de las mascotas y sus dueños desaparecieron y hasta el día de hoy es un misterio lo que sucedió con ellos. Lo que sí es una realidad es el inusual y conmovedor amor de un sangriento dictador por su mascota, una perra de raza pastor alemán a quien bautizó como Blondie y quiso sinceramente.
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