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Afirmación de una justicia vengativa y criminal



El apogeo de la promulgación cotidiana del discurso de la violencia y el castigo a los caídos del sistema, tuvo su corolario funesto en el límite entre Santa Fe y Córdoba.

Tan hondo caló el registro del odio que un joven fue colgado de una cruz de madera, amordazado con cintas de la cabeza a los pies, con un cartel escrito en tinta negra sobre el pecho: "No robarás".

Apenas logró respirar de nuevo, la víctima de semejante lapidación pública, Víctor Robledo, de 27 años, acusó por el hecho a un grupo de agentes santafesinos de la localidad de Frontera. Ahora el caso es investigado por Asuntos Internos y el gobierno provincial descabezó a la cúpula policial de la zona. No faltaron quienes afirmaron ayer que el muchacho pudo haber fabulado el acto (¿se colgó a sí mismo para hacerse una broma de mal gusto?), e incluso se deslizó que alguien montó el espectáculo para los canales de noticias de todo el país.

Lo cierto es que este nuevo episodio de locura social refleja los alcances insospechados de la inquisición mediática contra los pobres. Y lo que es todavía peor que la cantinela de la venganza y los linchamientos televisados a destajo; existe entre nosotros la alucinación de que es posible ajusticiar a un ser humano, humillándolo con golpes y torturas, para lograr la afirmación de una justicia vengativa y criminal.

Nada menos que el método del sistema que creó su propia aniquilación. El hombre ya no puede controlar la monstruosidad del mundo y las fuerzas oscurantistas que ha desatado. El avance del desprecio por la vida va en dirección al pozo ciego del consumo. Es una trampa perfecta del infinito. Una coartada maldita donde lo verdadero es sólo una ilusión. Una cápsula dentro de otra cápsula, antes digerida por los pensadores de la fórmula.

Mientras esto sucede, la misma calesita gira en torno a la nada.

Apartan a los jefes de una comisaría por la brutal crucifixión de un joven

El hecho se produjo en San Francisco, Córdoba. Pero comenzó en Frontera, Santa Fe. Víctor Robledo, de 27 años, afirmó que lo detuvieron en su casa y le dieron una golpiza. "Lo que hicieron no tiene moral ni nada", dijo la víctima.

La ciudad cordobesa de San Francisco y la santafesina de Frontera están separadas apenas por una avenida. El límite pasa desapercibido, si no fuera porque de un lado las calles tienen nombre, mientras que del otro llevan números. En las primeras horas del jueves, un hombre fue encontrado con los ojos vendados, golpeado y atado con cinta de embalar a una enorme cruz de madera con un cartel que decía "No robarás". Una vez liberado, el muchacho identificado como Víctor Robledo, de 27 años, contó que la historia comenzó en una comisaría santafesina y terminó del lado cordobés.

Fuentes del Ministerio de Seguridad de Santa Fe confirmaron a Tiempo Argentino que la cúpula de la seccional sexta de la ciudad de Frontera, comandada por el comisario Oscar Flores, fue puesta a disponibilidad de la justicia.

"A los fines de garantizar el normal desenvolvimiento de la investigación judicial, se resolvió el corrimiento de los integrantes de la comisaría. Por el momento, no hay sumarios ni sanciones hasta tanto la fiscal del caso no establezca responsabilidades", aclaró un vocero del ministerio.

La fiscal de instrucción de San Francisco, Leonor Faillá, sostuvo que se está investigado "si, como dijo el joven, fueron entre cuatro y cinco policías santafesinos los que hicieron eso".

Faillá también aclaró que había algunas dudas sobre el caso ya que Robledo relató que fue detenido por agentes santafesinos y que recibió una brutal golpiza en la comisaría de Frontera, pero los médicos del Hospital José Bernardo Iturraspe, donde lo atendieron en Córdoba, no pudieron acreditar la paliza: "No reviste ningún tipo de lesión, por lo que hay contradicción entre los dichos de la víctima y los datos objetivos", subrayó la fiscal.

"Continuamos trabajando en los datos que aportó la víctima, pero también analizamos un ajuste de cuentas, una broma de mal gusto, una cuestión de polleras, como también una privación ilegítima de la libertad o apremios", continuó Faillá que, si bien afirmó que Robledo tenía antecedentes penales en Santa Fe, pidió que se le reste importancia al dato: "Eso es irrelevante, lo que importa es si fue víctima de un delito."

Lo cierto es que los investigadores sospechan que la crucifixión fue realizada entre varias personas. Robledo fue rescatado por la policía cordobesa a las 2:30 del jueves, tras un llamado de un vecino al 101. Los investigadores creen que no hubo intenciones de asesinarlo: es que si bien estaba encintado como una momia, le habían dejado la nariz y la boca descubiertas.

Ayer, el joven –que es oriundo de La Frontera– habló con medios cordobeses, aunque se negó a dar muchas precisiones. "Lo que hicieron no tiene moral ni nada. No sirve. Quiere decir que un ser humano que trabaja no vale de nada para la justicia", se quejó.
En declaraciones a la Radio Cadena 3, Robledo adujo que la policía santafesina lo llevó detenido "por nada, habían dicho que había forcejeado con alguien a la noche. Nada que ver. Yo estaba con mi familia. Me tuvieron todo el día encerrado. Después me sacaron y me dejaron en ese lugar, donde me pegaron", insistió.

La versión de la policía de Santa Fe es que el miércoles, el hombre le tiró un ladrillo a un Peugeot 504 que estaba mal estacionado y lesionó al conductor. Luego fue detenido y más tarde liberado.

Mientras Robledo pide garantías a la justicia, está siendo contenido por una asistente social de la Municipalidad de San Francisco.

Otro caso de abuso policial

Como sucedió con la crucifixión de Víctor Robledo, el 19 de julio de 2012 el país se conmocionó con una filmación lograda con un teléfono celular, en la que se observa cómo un grupo de cinco policías de la Comisaría 11ª de General Güemes, en Salta, somete a salvajes torturas a dos detenidos, Miguel Martínez y Mario Luis Rodríguez, ambos con frondoso prontuario.

En las imágenes se advierte como son sometidos a un submarino seco, un tormento que consiste en colocar sobre la cabeza de la víctima una bolsa de nailon sobre la cabeza y a baldazos de agua fría. A pesar de que se trataba de una fría tarde de mayo, las víctimas se encontraban en calzoncillos.

Por el caso fueron procesados el oficial Matías Cruz, los cabos Marcos Gordillo, Alberto Antonio Ontiveros y Leonardo Serrano, elsargento Héctor Raúl Ramírez y el agente Roberto Augusto Barrionuevo, acusado de realizar la filmación.

El aberrante hecho se descubrió porque meses después, alguien, que todavía no se ha identificado, subió el video a Internet.

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