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Anarquistas, Marxistas y el poder del movimiento obrero

ANARQUISTAS Y MARXISTAS SOBRE EL PODER DEL MOVIMIENTO OBRERO
(Fecha publicación:27/01/2003)

Fueron los anarquistas los pioneros de la autogestión social, tanto los individualistas como los colectivistas. Marx, Engels y Lenin plantearon aspectos de la 'democracia consejista'. Soviets, descentralización, consejos obreros, partido centralizado y capitalismo de Estado en Rusia. La nueva sociedad que viene.


Los anarquistas fueron pioneros sobre las ideas y concepciones del federalismo, la autogestión y la descentralización. Tanto los anarquistas individualistas, como Proudhon, como los anarquistas colectivistas o anarco-comunistas, liderados por Bakunin. Proudhon desarrolló algunas de estas ideas en '¿Qué es la propiedad?' (1840) y en su 'Carta a Blanqui' (1841). Sostuvo que la abolición de la propiedad en la medida en que esta es 'la suma de los abusos' de la propiedad. Prouhdon rehabilitó el trabajo manual ante la atomización de las tareas, inherentes a la sociedad industrial.

Bakunin rechazó toda forma de centralización ya que ello llevaba a la imposición, desde arriba hacia abajo, de un socialismo estatalista. Para Bakunin la imposición de arriba hacia abajo se oponía a la diversidad constante. En el terreno económico, el federalismo bakuniano se apoyaba preferentemente en compañías o asociaciones obreras, ligadas unas a otras, pero libres e independientes en sus decisiones; de este modo defendió a los organismos de base de los trabajadores y les devolvió el poder que le retiraban desde la cúspide. La propiedad estaría, para Bakunin, administrada sobre la base local, por la 'solidarización de las comunas', y sobre la base profesional, por compañías obreras.

La Primera Internacional y la autogestión

La Primera Internacional (Asociación Internacional de los Trabajadores), sostuvo en sus estatutos escritos en 1864, lo siguiente: 'La emancipación de los trabajadores... debe ser obra de los trabajadores mismos; los esfuerzos de los trabajadores por conquistar su emancipación no deben tender a constituir nuevos privilegios, sino establecer para todos los mismos derechos y los mismos derechos'.

Marx hizo jugar la espontaneidad con la organización. En sus 'Manuscritos económico-filosóficos de 1844' aplicó al poder político el esquema del hegeliano de izquierda Ludwig Feuerbach (1804-1872) que habló de la alienación religiosa. El Estado es para la sociedad lo que Dios, decía Feuerbach, es para el hombre, es una proyección alienante y, por ello, es necesario una toma de conciencia para desembarazarse de ella.

Años después, cuando se produjo el golpe de Estado de Napoleón III, Marx escribió 'El 18 brumario de Luis Bonaparte' (1852) y, sobre todo, después del espectáculo que produjo la lucha de la Comuna de París 'subiendo al cielo por asalto', le pareció a Marx que el Estado es un poder que se insertaba en la sociedad y que explotaba a ésta con la ayuda de los funcionarios, 'escalofriante cuerpo parásito' de la sociedad moderna. En su escrito 'La guerra civil en Francia' (1871) Marx felicitó a la Comuna que hubiese roto y destruido el viejo aparato del Estado.

Lenin y la autogestión

A principios del siglo XX, en su obra '¿Qué hacer?' (1902), Lenin es partidario de la centralización política y del reemplazo del Estado burgués por otro centralizado a través de la dictadura del proletariado.

Los procesos revolucionarios concretos desatan todas las fuerzas creadoras de la sociedad. En Rusia ocurrió lo mismo. Primero en 1905 y luego en 1917, Lenin vio surgir elementos revolucionarios de nuevo tipo. Luego de una huelga general espontánea en las fábricas de San Petersburgo, se organizaron 'consejos' (soviets) de trabajadores con el fin de coordinar, en ausencia de todo movimiento sindical y, por supuesto, de los patrones y empresarios capitalistas, la producción, el trabajo y la distribución de los bienes.

Lenin vio dibujarse en la realidad un empuje revolucionario que actuaba de abajo hacia arriba. En su obra 'El Estado y la revolución' (1917) expuso la teoría de una inminente toma del poder y por ello hizo suya la consigna 'todo el poder a los soviets'. Esos soviets asegurarían el poder democrático de los
trabajadores y lo pondrían al abrigo de toda tentativa de reconstrucción de una burocracia parásita y opresiva.

Por ello, recuerda los tres principios de la democracia obrera de la Comuna de París que, para Marx era la dictadura o hegemonía del proletariado en la nueva sociedad.

Esos principios, que recuerda Lenin, eran los siguientes:
1.- No solamente elegibilidad sino también revocabilidad de mandatos en todo momento.
2.- Salario que no sería superior al del obrero.
3.- Adopción inmediata de medidas, a fin de que 'todos' desempeñen funciones de control y vigilancia, de que 'todos' se conviertan durante cierto tiempo en 'burócratas', y que de este modo nadie pueda convertirse en 'burócrata'.

La espontaneidad revolucionaria de 1917 alentó a los revolucionarios de Octubre a luchar por la aspiración al libre florecimiento del hombre y de la mujer. La vida social modelada sobre la esclavitud de la fábrica no era ya para Lenin más que un período intermedio ciertamente indispensable y en todo caso condenable en sí mismo para alcanzar la fase superior del comunismo.

Lenin había advertido en 1902 que la lucha espontánea de los trabajadores no sería verdadera 'más que cuando sea dirigida por una fuerte organización revolucionaria'. Con esto no condenó la espontaneidad más que en la medida en que fuera hipostasiada y excluyera por esto cualquier intervención de la conciencia; porque abandonada a sí misma, aquélla va en ayuda de la burguesía, de las clases opresoras.

Desde luego que estas ideas de Lenin no tuvieron nada que ver con el capitalismo de Estado impuesto en la Unión Soviética, con el triunfo de Stalin, de su autocracia paneslavista. Hacia 1926-27, el ciclo de la Revolución de Octubre había concluido. Lo que vino después fue un fenómeno político específicamente ruso que conservó solo el nombre de 'soviético' en las formas. 'El socialismo vivo creador -decía Lenin- es la obra de las masas populares mismas'. La concepción original solo fue conservada, parcialmente, por el bujarinismo, hasta su fin en las grandes purgas de los años treinta. (Ver perfil de NICOLAS BUJARIN)

Lo sorprendente no fue cómo cayó, cómo implosionó la URSS sino cuanto tiempo se mantuvo ese sistema político en Rusia.

Una nueva sociedad

Una reflexión. ¿Cuánto tiempo duró la Revolución Francesa? Cinco años. Luego llegó el bonapartismo y la Restauración. Pero la Revolución Francesa de 1789-1793 fue un hecho histórico que se produjo de una vez y para siempre, alumbrando un nuevo sistema político, económico, cultural y social. Lo mismo ocurrió con la Revolución Rusa y otros procesos similares del siglo XX.

Aquella 'democracia consejista' caló para siempre en la conciencia individual y de las masas en todo el mundo y está latente desde las comisiones internas de fábrica y empresa, a partir los movimientos de desocupados, desde las organizaciones campesinas y por las nuevas formas que germinan de autogestión social, base de la nueva sociedad en medio del derrumbe bárbaro y bélico, degradado y brutal de la globalización capitalista, que es la 'integración mundial del capital financiero', última etapa del imperialismo, según señaló el marxista argentino Silvio Frondizi.

El profesor Silvio Frondizi fue asesinado por la banda fascista-lopezreguista en octubre de 1974. Nuestro recuerdo al maestro, al eminente pensador y revolucionario argentino.

Fuente: http://www.argenpress.info/notaold.asp?num=001518
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