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Antes de Stonehenge







Hace unos 5.000 años, los antiguos habitantes de las islas Orcadas construyeron un vasto conjunto de monumentos que se cree pudieron ser el epicentro de importantes celebraciones de carácter ritual

Un día perdido en las brumas del tiempo, en torno al año 3200 a.C., los pastores y agricultores de las remotas islas Orcadas decidieron construir algo grande...

Tenían una tecnología de la Edad de Piedra, pero su visión iba milenios por delante. Hace 5.000 años los antiguos habitantes de las Orcadas –un verde y fértil archipiélago situado al norte de la actual Escocia– erigieron un complejo de edificios monumentales muy diferente de lo que habían construido hasta entonces.



Extrajeron miles de toneladas de arenisca fina, la tallaron y la transportaron varios kilómetros hasta un área pantanosa, en un puente de tierra situado entre dos lagos. Su trabajo de cantería fue impecable. Los impresionantes muros que levantaron no tienen nada que envidiar al que unos 3.000 años después construirían los centuriones romanos en otra parte de Gran Bretaña, el Muro de Adriano.

Dentro de aquellas murallas había decenas de edificios, entre ellos una de las mayores estructuras techadas de la Europa septentrional prehistórica: más de 25 metros de largo y 19 de ancho, con muros de 4 metros de grosor. El complejo incluía caminos pavimentados, cantería fina, fachadas pintadas y tejados de pizarra, un lujo extraordinario en una época en que la mayoría de las techumbres eran de tepe, cuero o paja.



Un salto de cinco milenios nos transporta a una agradable tarde de verano en un pintoresco istmo conocido como el Ness of Brodgar. Aquí, un variopinto equipo de arqueólogos, profesores universitarios, estudiantes y voluntarios está sacando a la luz una serie de edificios magníficos que han pasado siglos enterrados bajo un terreno agrícola. Dirige las excavaciones Nick Card, arqueólogo del Departamento de Arqueología de la Universidad de las Highlands y las Islas, quien afirma que el reciente descubrimiento de estas impresionantes ruinas está cambiando por completo la prehistoria británica.



«Estamos hablando de un lugar cuya complejidad y tamaño son similares a los de los grandes yacimientos clásicos del Mediterráneo, como la Acrópolis de Grecia, solo que estas estructuras son 2.500 años más antiguas. Se construyó, al igual que la Acrópolis, para dominar el paisaje, para impresionar, sobrecoger, inspirar y quizás incluso intimidar a quien lo contemplara. Sus constructores se proponían enviar un mensaje.»
El contenido de ese mensaje –y su destinatario– continúan siendo un misterio, tanto como el propósito del complejo en sí mismo. Aunque suele llamársele templo, es probable que haya desempeñado diversas funciones a lo largo del milenio que estuvo en uso. Lo que está claro es que en él se congregaban muchas personas para compartir rituales estacionales, celebrar festejos y comerciar.


El hallazgo es tanto más intrigante si tenemos en cuenta que las ruinas aparecieron en el corazón de una de las mayores concentraciones de vestigios prehistóricos de toda Gran Bretaña. La zona ha sido explorada durante los últimos 150 años, por anticuarios victorianos primero y por arqueólogos después, pero ni unos ni otros imaginaban lo que yacía bajo sus pies.
Hoy desde «el Ness» se pueden ver fácilmente varias estructuras emblemáticas de la Edad de Piedra, que conforman el centro del llamado Núcleo neolítico de las Orcadas, Patrimonio de la Humanidad. A un kilómetro de distancia, en un cerro tapizado de brezo, se alza un colosal círculo lítico conocido como el Círculo de Brod­gar. Al otro lado de la carretera que conduce
al Ness se distingue un segundo círculo lítico ceremonial, las famosas Piedras de Stenness.



Y a 1,5 kilómetros se yergue un misterioso tú­mulo llamado Maes Howe, una enorme cámara funeraria de más de 4.500 años de antigüedad. El pasadizo de entrada está perfectamente alineado para recibir los rayos del sol poniente la noche del solsticio de invierno, que iluminan la cámara interior el día más corto del año.
Maes Howe también está alineada con el eje central –y acceso– del templo recién descubierto en el Ness, algo que según los arqueólogos no es una coincidencia. Sospechan que las ruinas que acaban de exhumar podrían ser la pieza clave de un gran rompecabezas que nadie imaginó que pudiera existir.
Hasta hace 30 años, el Círculo de Brodgar, las Piedras de Stenness y el túmulo de Maes Howe se consideraban monumentos aislados con historias independientes. «Lo que nos dice el Ness es que era un paisaje mucho más integrado de lo que jamás sospechamos –dice Card–. Todos esos monumentos estaban vinculados a un motivo central sobre el que solo podemos especular. Y la sociedad que construyó todo esto era mucho más compleja y capaz de lo que pensábamos.»

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