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Apagar la economía y encender el relato

Si esta semana finalmente se produce el default no voluntario, el Gobierno deberá enfrentar una economía en recesión con herramientas propias, sin ayuda externa. A modo de compensación por los difíciles meses por venir, el kirchnerismo encuentra alivio en la “malvinización” de la pelea contra los buitres.



Salvo que se oficie un milagro, esto es que el juez Thomas Griesa decida en las próximas horas aceptar el "stay" (la cautelar) pedido por la Argentina o que los fondos buitre se avengan a pagar un seguro que proteja a la República de la posibilidad de que la cláusula RUFO se dispare, el default -o el nombre que se quiera inventar para la ocasión a fin de complacer los rezongos del kirchnerismo- será un hecho este miércoles. Ese día expira el mes de gracia que tienen los acreedores de la deuda reestructurada para cobrar el vencimiento de intereses que obró a fin de junio.

El dinero, como se sabe, fue girado por la Argentina a los bancos y entidades fiduciarias pero el polémico y octogenario juez norteamericano lo bloqueó para hacer cumplir su caprichosa interpretación del pari passu: así, en lugar de hacer que ambos grupos de acreedores cobren por igual (los que aceptaron el canje de 2005 y 2010 y los que fueron a juicio contra el Tesoro) ahora ninguno cobrará y Argentina habrá defaulteado una vez más su deuda, aunque esta vez no sea de forma voluntaria.

Como explicó en una columna publicada por el diario Clarín Roberto Lavagna, el ministro de Economía de Néstor Kirchner que llevó adelante el canje de deuda de 2005, la Argentina está frente a dos escenarios. Ambos son malos, pero uno es equiparable a un tifón y el otro a un tsunami.

El primero sería este default no voluntario de los cupones de los títulos de la deuda reestructurada al que Griesa, con su fallo extravagante, empuja a la Argentina.

Esto abarca no sólo los fondos girados en junio para pagar los vencimientos del (bono) Discount sino también todos los demás pagos que debe hacer el Tesoro hasta fin de año, que redondean unos 2.500 millones de dólares. Con un agravante, los holdins, es decir los tenedores que aceptaron el canje y ahora no pueden recibir el dinero que les gira la Argentina, podrían pedir una aceleración de los bonos, que vencen en 2033, para que se les pague todo en lo inmediato, para ello es necesario que reúnan el 25% de los papeles defaulteados nuevamente.

El total de la deuda bajo jurisdicción extranjera que aún resta pagar es de unos 30.000 millones de dólares, cifra que desde agosto el sistema financiero internacional considerará en cesación de pagos.

A ellos habría que adicionar unos 11.000 millones de dólares que están en manos de los holdouts (los fondos buitre que tienen el fallo de Griesa y los que no hicieron juicio pero seguramente pedirán una sentencia idéntica) y que está en default desde 2001.

En este escenario de tifón, las consecuencias para la Argentina implican, aunque los fanáticos kirchneristas pretendan tapar el sol con la mano, un enfriamiento aún mayor de una economía que venía mostrando indicios claros de recesión.

El Gobierno estaba haciendo esfuerzos para "normalizar" el frente externo a fin de conseguir dólares para inyectar a la economía, para ello hizo arreglos en el Ciadi, pagó a Repsol y llegó a un acuerdo con el Club de París cuyo primer desembolso podría verse afectado por esta situación con los fondos buitre.

Guillermo Nielsen, mano derecha de Lavagna en la reestructuración de la deuda de 2005, estimó que la consecuencia de la falta de crédito (y mayor tasa de interés), menos inversión y pérdida de productividad podría equivaler un 2% del PBI.

El escenario del tsunami -siguiendo a Lavagna- es el que la presidenta Cristina Kirchner y el ministro Axel Kicillof decidieron evitar a toda costa, mostrándose inflexibles en la negociación con los fondos buitre (ni siquiera se aceptó el diálogo cara a cara que ofertó reiteradamente el "mediador" nombrado por Griesa).

Este escenario más catastrófico se vería configurado si al pagarles a los buitres la sentencia dispuesta por Griesa se disparase la cláusula RUFO (las posibilidades son bajas pero existen) que tienen los bonos de la deuda reestructurada por la cual se le garantiza a los acreedores que entraron al canje que la Argentina no pagaría en mejores condiciones a quienes no aceptasen la reestructuración.

Si dicha cláusula de incentivo -que expira el 31 de diciembre- puesta para atraer a los bonistas allá por 2005 se gatillase, entonces los holdins podrían reclamar en tribunales el pago de toda la deuda defaulteada en 2001 (menos lo que ya han cobrado), es decir unos 120 mil millones de dólares, algo imposible de afrontar para la Argentina y algo tremendamente injusto ya que hasta la fecha el país ha ido pagando, según lo precisó la Presidenta la semana pasada, unos 190 mil millones de dólares a lo largo de nueve años.

El análisis del inminente default no voluntario (o "Griefault", como lo bautizaron los tuiteros K) no debe circunscribirse exclusivamente al plano económico. La situación en ciernes se transformó, paradójicamente, en un escenario de fortalecimiento político para un gobierno afecto a encontrar chivos expiatorios y al maniqueísmo y que viene de perder el año pasado dos elecciones.

En esta ocasión, los malos son tan claramente malos (de ahí que haya prendido la consigna "Patria o buitres" entre la militancia K), que toda la oposición ha preferido mantener silencio o hacer prudentes declaraciones esperando que pase la tormenta y se aclare el panorama. El "relato" oficial, que venía de capa caída, ha tomado nuevos bríos.

También es cierto que en las filas oficialistas hay honda preocupación por la marcha de la economía, sobre todo entre los gobernadores que tenían previsto colocar deuda en el extranjero y empiezan a ver cómo esta posibilidad se les escurre de las manos debido al seguro aumento de la tasa de interés que deberían afrontar.

Sin embargo, en la Casa Rosada hay quienes celebran que la inflexibilidad que ha demostrado la Presidenta para con los fondos buitre ya está mejorando en las encuestas la imagen del Gobierno, lo que -presumen en Balcarce 50- le dará a Cristina Kirchner mayor protagonismo a la hora de influir en las elecciones del año entrante, tanto en el mapa del oficialismo como en el de la oposición.

Por ahora, en el Ministerio de Economía nadie avizora conflictividad social como consecuencia del default que está a la vuelta de la esquina, pero lo cierto es que la pérdida de empleos comenzó a agudizarse desde que arrancó el segundo trimestre de 2014 por lo que no es dable pensar que si la economía se termina de congelar las variables del desempleo y de la pobreza vayan a mejorar.

Frente a la necesidad de superar los desafíos de una economía recesiva sin ayuda externa, lo que implicará para el Gobierno nacional y para los gobernadores ajustarse el cinturón y sacrificar votos en 2015, el kirchnerismo ha encontrado consuelo en esta aparición de estos villanos tan deleznables (los buitres) y ha dispuesto un operativo de "malvinización" de una batalla perdida en términos judiciales pero que se pretende ganar desde el punto de vista de la razón.

No le queda otra opción, por decirlo irónicamente, que creer en el poder de sanación de las palabras, del relato, una vez más.
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