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Apoyo a Neves del PSB y el Club Militar



Para el grupo de militares, Aécio Neves “es una esperanza concreta de poner fin a la era petista”.

La decisión del PSB de cara a la segunda vuelta electoral fue aprobada por 21 de los 28 integrantes de la comisión ejecutiva nacional de la formación, que hasta el año pasado era aliada del gobernante PT.

El Partido Socialista Brasileño (PSB), que llevó como candidata a Marina Silva, expresó ayer su apoyo a Aécio Neves, rival de la presidenta Dilma Rousseff para la segunda vuelta del 26 de octubre. El candidato conservador también sumó el respaldo del pastor evangélico Everaldo Pereira, quinto en los comicios del domingo, y del Club Militar, que reúne a uniformados retirados y defensores de la dictadura 1964-1985. En tanto, el Partido Socialismo y Libertad (PSOL) –un desprendimiento del Partido de los Trabajadores (PT) del 2004–, ofreció su apoyo a la mandataria.

La decisión del PSB fue aprobada por 21 de los 28 integrantes de la comisión ejecutiva nacional de la formación, que hasta el año pasado era aliada del gobernante PT. Los ausentes del encuentro fueron el gobernador de Amapá, Camilo Capiberibe; el ex gobernador de Piauí, Wilson Martins, y el gobernador de Paraíba, Ricardo Coutinho, quienes expresaron que el PSB debía respaldar a Rousseff. Además, seis integrantes de la comisión defendieron adoptar una posición neutral frente a la disputa electoral. El respaldo al candidato del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) será formalizado hoy, cuando Marina Silva anuncie su posición de cara al ballottage.

Ayer fue dado a conocer además un apoyo incómodo para Neves: el Club Militar. Para el grupo de militares, Neves “es una esperanza concreta de poner fin a la era petista”, porque posee las “credenciales necesarias para interrumpir el proyecto de poder del PT, que marcha hacia la sovietización del país”. La gestión del PT es una página negra de la historia, señaló el Círculo. Antes de la primera vuelta electoral del domingo pasado, la entidad había respaldado a la ecologista Marina Silva por ser la “menos peor” para derrotar a Rousseff, que estuvo presa y fue torturada durante la dictadura. Es que durante el mandato de Dilma se creó la Comisión de la Verdad que actualmente recopila testimonios de las víctimas del terrorismo de Estado.

Asimismo, Neves concitó el entusiasmo de un sector de los evangélicos. Aunque Pereira sumó apenas el 0,75 por ciento de los sufragios –un total de 780.500–, su definición y la del Partido Social Cristiano (PSC) tiene mucho de simbólico por el peso de la comunidad evangélica en el país y porque la fuerza tendrá un senador y 12 bancas de diputados desde el año próximo. “Tras escuchar a nuestros parlamentarios, la dirección nacional (del PSC) decidió que Aécio es la mejor opción para nuestro Brasil, para la modernidad del país, para cuidar a los pobres y más necesitados, para cuidar a los emprendedores y para extirpar la corrupción”, explicó el pastor, conocido por sus posturas homófobas y por ser un defensor del neoliberalismo.

Por su parte, Rousseff obtuvo un respaldo no explícito del PSOL, que el domingo logró un nada despreciable millón y medio de votos. La presidenta habló por teléfono con el popular diputado Marcelo Freixo, en un gesto que apunta a sumar a los sectores de izquierda. Con todo, la candidata del PSOL, Luciana Genro, adelantó que sus votantes no apoyarán a Neves porque representa un retroceso. “Pero eso no significa que el respaldo sea para Dilma, porque ninguna de las dos postulaciones representa el programa del PSOL”, dijo.

Mientras, el oficialismo busca avanzar en su estrategia de aprovechar la buena imagen del ex presidente Lula Da Silva, reforzar el acento puesto en los logros sociales de los 12 años de gestión y, en paralelo, exhibir el desinterés del PSDB por la política social de Rousseff.

Sobre este punto, el diario Folha de Sao Paulo reveló en su edición de ayer que el comando del PT está reuniendo declaraciones de dirigentes socialdemócratas que critican los planes de asistencia, como forma de buscar el voto de los sectores más pobres que respaldaron a Marina Silva en la primera vuelta. Uno de los textos mostrados, según el sitio Brasil247, es del 2004, en el que el PSDB se refiere al programa Bolsa Familia como “asistencialista” y “Bolsa Limosna”.

La mandataria Rousseff inició el nuevo tramo de la campaña en el nordeste, donde el PT consiguió el mayor número de votos el domingo. Dilma atacó al ex presidente Fernando Henrique Cardoso, líder del PSDB, quien afirmó el lunes que el PT “depende del voto de los brasileños menos informados”. La candidata a la reelección dijo que esas declaraciones reflejan una “visión elitista de Brasil”. Y agregó: “Los que afirman que están aquí las personas con menos conocimiento, las personas que no saben votar, es porque no siguieron todo lo que está pasando en esta región”.


El cambio dentro del orden

El resultado de la primera vuelta de las elecciones brasileñas evidenció un voto continuista, una preferencia mayoritaria por las opciones “tradicionales”. El electorado votó masivamente por lo conocido: “orden y progreso”. Este resultado es expresivo en términos de una distribución socioregional del voto que presenta continuidades con las elecciones disputadas desde 2006. Es decir, continúa presente lo que el politólogo brasileño André Singer denominó como un “realineamiento electoral”, producido a partir del escándalo de corrupción del mensalao en 2005, el cual generó el alejamiento de ciertos sectores medios con respecto al gobierno brasileño: en el norte y nordeste del país hubo fuerte votación por el PT, mientras que en el sudeste y el sur –con excepciones como Minas Gerais y Rio Grande do Sul–, especialmente en San Pablo, predominó el voto “tucano” por el PSDB. Esta distribución “regionalizada” del voto muestra la coexistencia de visiones del mundo distintas entre un nordeste que se ha beneficiado de las políticas de redistribución de la renta como Bolsa Familia y ha mejorado su acceso a bienes de consumo y los habitantes del sur del país, quienes sienten escaso reconocimiento en las políticas del gobierno y terminaron dando su apoyo, ante las inconsistencias de Marina Silva, a la candidatura antipetista “tradicional” de Neves.

La predominancia de estos factores estructurales de tipo socioregional por sobre los coyunturales –como la muerte de Eduardo Campos, que parecía favorecer a Marina Silva– terminó beneficiando la polarización “tradicional” y la exclusión de terceras opciones como alternativa política. En las últimas elecciones, este tipo de polarización PT-PSDB ha favorecido al primero, que ha definido la elección en torno a clivajes como intervención estatal vs. privatizaciones, contraponiendo la mayor protección social de los gobiernos de Lula frente a los gobiernos de Cardoso. En caso de que Neves pretenda centrar sus acusaciones contra el PT en torno de la corrupción en este segundo tramo de la campaña, se tenderá a reproducir aún más el terreno de las elecciones previas: el gobierno reivindicando una democracia de mayorías y la distribución de los programas sociales y el PSDB acusando al PT de corrupto e ineficiente. Este último es un discurso que atrae a sectores medios acomodados, pero tiene poca efectividad en los sectores populares. No está de más recordar que una disputa política planteada en estos términos, entre una fuerza política dominante que se reivindica popular y con un líder carismático del tamaño de Lula y una principal fuerza opositora como el PSDB –que si bien no tiene estas raíces, por la propia polarización del juego político se ha tornado en defensora de los privilegios tradicionales, agitando como principal bandera y con apoyo de la prensa las denuncias de corrupción contra el gobierno– tiende a recrear las disputas políticas de los años ’50 en Brasil, entre las fuerzas del varguismo y las de la liberalconservadora Unión Democrática Nacional (UDN).

En 2013 se produjeron en Brasil las multitudinarias manifestaciones de junio, que no tuvieron una traducción electoral contundente en esta primera vuelta. Las manifestaciones de junio dejaron abierto el significante de “cambio”, ante la puesta en evidencia de los límites de las formas de representación política tradicional. Dilma Rousseff orientó bien su campaña en torno de esta demanda de “cambio”, a pesar de que había sido blanco de las manifestaciones por encontrarse al frente del Ejecutivo. Posiblemente para Neves sea más difícil traducir esta aspiración, dado que reivindica el modelo económico de Cardoso, que expresa más bien una época pasada en el país.

A pesar de no estar compitiendo a nivel electoral, dos personajes serán posiblemente importantes en esta recta final: el papel de Lula como movilizador de los votos del gobierno y atrayendo votos de Marina y las definiciones de Marina Silva en función de uno de los candidatos (quien ya ha dado a entender que se pronunciará por Neves). Por supuesto, la disputa por recibir los votos de Marina Silva se tornará un eje fundamental, por lo cual ambos partidos orientarán su discurso e interpelación hacia el centro del espectro político, buscando atraer los votos “marinistas” de una candidata que justamente reivindicaba un gobierno con políticas de ambos partidos. En este punto, es posible que cada partido intente suplir sus propias ausencias en términos electorales: el PT intentará interpelar más a sectores medios que le han sido esquivos y el PSDB, como ha expresado Singer, intentará encontrar su cuadratura del círculo: tener un discurso “popular”.

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