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Argentina destituye al jefe de la Armada

El Gobierno argentino destituyó al jefe de la Armada, Marcelo Srur en el transcurso de la investigación abierta por la desaparición de la nave



No era el momento previsto, pero los acontecimientos precipitaron todo. La tragedia (un mes sin rastro de la nave) del ARA San Juan, fue el detonante de su cese. El almirante y jefe de la Armada, Marcelo Hipólito Srur, de 60 años, ya estaba tocado pero el destino, incierto, del submarino le hundió antes de tiempo. El Gobierno de Mauricio Macri y el flamante ministro de Defensa, Oscar Aguad, parecen no perdonarle los «fallos» de comunicación en esta crisis sin desenlace palpable. De momento, se desconoce el nombre de sus sucesor.

A Srur, que llegó con, entre otros, el propósito de recuperar la imagen de la Armada, le reprochan el goteo selectivo de información o, dicho en términos menos diplomáticos, no haber puesto todas las cartas de la accidentada ruta del submarino sobre la mesa de un Gobierno que, por momentos, se presentaba atribulado (el ministro llegó a enterarse de la noticia del San Juan por el portal de noticias Infobae).

Aguad, amigo personal del presidente, Mauricio Macri, había llegado, el pasado mes de julio, rebotado del ministerio de comunicación a Defensa. El ministro, sin historial vinculado a un sector de máxima sensibilidad en Argentina, se dio de bruces con una crisis sin precedente en la Armada desde 1983, fin de la dictadura. En ese escenario imprevisible y pese a estar en Canadá en el momento de la desaparición del San Juan, Aguad consideró que la Armada no le había jugado limpio. De regreso en Buenos Aires, esa percepción fue en aumento a medida que conoció los cables y mensajes del capitán del submarino que se tragó el mar. El ministro exigió la salida del almirante pero el presidente, que la tenía en cartera junto con la de la cúpula de las FFAA, insistía en esperar hasta localizar los restos del San Juan y de sus 44 tripulantes. Sin rastro de la nave pese al mayor despliegue de búsqueda del que se tenga memoria en la historia, esperar más tiempo resultó ser una opción descartada.

Tras crear una comisión especial de investigación para esclarecer las causas técnicos de las averías del submarino y dilucidar si, como todo parece indicar, se cometieron actos de corrupción en detrimento de la «salud» del submarino, el ministro decidió, sin más demora, enseñarle la puerta trasera de salida al almirante Srur. En ese contexto, anunció que a partir de ahora «se hará una pesquisa transparente».

Un expediente sin tacha

Para Srur, de 60 años y con un expediente sin tacha en la Armada, este cese -en la forma y en el fondo- representa un duro golpe. Asumió en enero del 2016, hace apenas dos años, y llegó con bríos suficientes aunque escasos recursos. En una entrevista con ABC, en junio del mismo año, expresaba su preocupación inmediata. «Los objetivos a cumplir o lo que me preocupa -aseguraba- son el personal, la educación y operar adecuadamente con los medios que tenemos». Aunque evito reconocerlo, esos «medios», eran obsoletos y en buena medida, escasos. «Lo peor que puede suceder durante una gestión -continuaba- es no cumplir con los objetivos y lo peor, una vez finalizada la gestión, que no haya continuidad», reflexionaba.

Durante el mes que el ARA San Juan desapareció en las aguas turbulentas del Atlántico sur, ni el almirante Srur ni el ministro Aguad brindaron juntos una rueda de prensa. o, lo que resulta más llamativo, ninguno de los dos fue capaz de ponerse delante de un micrófono para dar explicaciones a la prensa. El ahora exjefe de la Armada delegó en un portavoz formidable, el capitán y submarinista Enrique Balbi y el titular de la cartera de Defensa guardó silencio, ante las virtudes de Balbi. Únicamente se presentaron juntos con el presidente Macri después de que éste visitará el emblemático edifico Libertad (sede de la Armada en Buenos Aires) pero no pronunciaron palabra.

El ARA San Juan partió de Usuhaia, más cerca de la Antártida que de Buenos Aires, y el 15 de noviembre comunicó, la entrada de agua por el periscopio (había tempestad), una averia en un sector de las baterias (hay en proa y popa) y fuego «sin humo». En esos mensajes, aseguró tener resuelto el problema y recibió instrucciones (al parecer consesuadas) se seguir el rumbo previsto al puerto del Mar del Plata. Nunca más se supo de los 44 tripulantes ni de la nave.La hipótesis que se da por cierta es que una explosión, provada por un cortocirtuito, hundió el buque a las profundidades del mar. Equipos especializados de casi una veintena de países salieron al rescate. Rusia y de Estados Unidos continuan en la busca de los restos aunque se da por muertos a los 44 tripulantes.
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