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Argentina y el caso Nisman: un bochorno global



La reputación de Argentina ante el mundo va en picada por el manejo del caso Nisman







Que una noticia sobre Argentina sea la más leída del sitio web del New York Times podría ser algo intrascendente. Después de todo, es uno de los países con mayor presencia en foros internacionales y uno de los más grandes de América Latina. El problema es que esa noticia dejaba muy mal parado al gobierno y a su presidenta Cristina Fernández, que a su vez tiene un vice que es requerido por la Justicia y que, para sumar desprestigios, quiso ser graciosa con unos tuits desde China y solo logró generar más críticas. La imagen internacional del país que tiene la avenida más ancha del mundo está en franco deterioro.

La noticia que dio vuelta al mundo fue la divulgada el domingo por el diario Clarín, donde se supo que el fiscal Alberto Nisman había pensado en pedir prisión para la presidenta por encubrimiento de la responsabilidad de Irán en el atentado contra la mutual judía de la AMIA en 1994, cuando murieron 85 personas.

Ya hay una investigación sobre corrupción que implica al vicepresidente Amado Boudou y ahora el foco también está sobre la mandataria. De haber prosperado la propuesta inicial de Nisman de pedir su encarcelamiento, se habría dado una situación única en el mundo con dos gobernantes llamados a prisión por sus delitos. Esto es lo que impresiona, lo que la prensa de todo el mundo eligió destacar y lo que generó reacciones hasta de Mia Farrow, que desde los EEUU cuestionó la actitud de la mandataria del país del sur.


“Parece que la presidenta de Argentina no sólo encubrió el bombardeo a un centro judío en 1994, sino que también mató al fiscal”, escribió por twitter la actriz de Hollywood. La mujer recibió explicaciones hasta del mismo secretario de la Presidencia argentina Aníbal Fernández, que por el mismo medio le reprochó sus “ásperas palabras” y le pidió tener más información y conocer la trayectoria del país ante la ONU y “los esfuerzos de la presidenta en el Congreso”.

La opinión de Farrow no es relevante por el hecho de que la mujer sea una estrella, sino porque implica que hasta alguien tan lejano a lo que sucede en Argentina se siente movido por el tema y llamado a opinar. Millones de otras personas en el mundo están pendientes del caso, sean famosos o no, y se cuestionan sobre la seriedad del sistema de gobierno argentino y sus garantías de seguridad. “¿Podrá Argentina encontrar Justicia sin Alberto Nisman?”, se titulaba por ejemplo un artículo del medio estadounidense Foreign Policy que cuestionaba, en efecto, la independencia de poderes en la nación de Fernández.

Tal vez el impacto de la noticia hubiera sido otro si el mismo gobierno no lo hubiera redimensionado. Sucede que luego de que Clarín divulgara esa intención de Nisman de pedir prisión para la presidenta, el jefe de gabinete se despachó en conferencia de prensa contra la publicación. “Todo es basura y mentira. Es bueno que el pueblo argentino sepa quién le miente” (…) “esto es falso, porque es falso”, acusó, y rompió ante los presentes las hojas del diario.

La Sociedad Interamericana de Prensa consideró que esto fue un “acto de agresión” intimidatorio y esta crítica solo ensució la imagen internacional de Argentina, con nuevos señalamientos desde la prensa global.

Y faltaba más

El viaje a China le podría haber servido a la mandataria para alejarse de un foco que la tenía en la mira, pero la presidenta no tuvo un gesto más desacertado que escribir un mensaje en twitter donde hizo gracia de la pronunciación china.

En realidad, quería atajar las críticas de los que le achacan que tiene un grupo de seguidores incondicionales que le perdonan todo –los de La Cámpora- pero el modo en que lo hizo no fue el más correcto. Escribió: “Más de 1.000 asistentes al evento… ¿Serán todos de ‘La Cámpola’ y vinieron sólo por el aloz y el petlóleo?”

Al instante, publicó una suerte de pedido de disculpas. “Sorry. ¿Sabes qué? Es que es tanto el exceso del ridículo y el absurdo, que sólo se digiere con humor. Si no son muy, pero muy tóxicos”.

Las redes sociales estallaron en bromas y sarcasmo, con adjetivos que iban desde “broma fácil”, “error”, “inútil” hasta “racismo”, “falta de tacto”, “broma vergonzosa” o “falta de respeto”. La presidenta no borró ese mensaje de su cuenta.

En su país la criticaron por loca, desequilibrada e irrespetuosa. El periodista Nelson Castro, médico psiquiatra, alegó que se trató de algo que, a su entender de profesional, “tiene explicación”. El cronista generó gran repercusión cuando antenoche comentó en TN que a fin de año editará un libro con detalles de una patología mental que sufre la mandataria, algo que “causará un gran shock al país”.

Y en el extranjero no le perdonaron la broma. En una de las redes sociales permitidas en China, Sina Weibo, se despachaban contra la presidenta. ¿”Qué tal si pronuncias dos frases en chino para que oigamos tu pronunciación?”, preguntó uno. “Es increíble, cómo tiene el valor de mendigar inversión mientras ridiculiza a los chinos”, comentaba otro.

La prensa global volvió a publicar artículos donde el relato de la realidad deja mal parada a una mandataria que en 2015 medirá su éxito en elecciones Presidenciales, en las que no compite pero donde se juega el futuro de su legado. “¿Por qué la presidenta de Argentina se burla de un país cuya ayuda necesita desesperadamente?”, se preguntó en un artículo de opinión del Washington Post el periodista Roberto Ferdman.

El columnista alegó que “lo único que puede ser peor que reírse del acento de los de otro país es hacerlo públicamente por Twitter cuando eres presidente de Argentina y estás en otra nación en una visita de alto nivel diplomático”. Esta nota, también, fue muy divulgada a través de las redes.
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