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Argentinos en Israel: vivir bajo fuego



TIEMPOS DE GUERRA
Un médico, un militar y un trabajador de un kibutz cuenta cómo son sus días en una región en permanente estado de conflicto.



"Ya ni espero la paz, ahora a lo único a que aspiro es que no haya más guerra." A poco más de un kilómetro de la Franja de Gaza, en el kibutz Ein Hashlosha, Danny Cohen, argentino, 46 años, 4 hijos, fanático de River, los ojos vidriosos, la mirada lejana, intenta un gesto de esperanza. Pero le cuesta: de las 300 personas que compartían sueños y futuros con él y su familia sólo quedan 60. El resto se fue. Simplemente hicieron las valijas, tomaron sus cosas y se subieron a un auto. "Cuando están lejos ven dónde pueden dormir", cuenta mirando hacia abajo.

Como Danny, como los que se van y como los que se quedan, como los que se aferran a algo o bajan los brazos, como los que cada día pueden un poquito menos pero siguen, alrededor de 80.000 argentinos o descendientes de argentinos llevan años bajo fuego en Israel, sufriendo los espantos de una guerra donde todos son víctimas, se les vean las heridas o no. "¿Querés saber qué es la guerra? La guerra es que mis hijos, que tienen entre 14 y 5 años, cuando llegan a un lugar, un hotel o una casa familiar en Buenos Aires, lo primero que preguntan es dónde está el refugio. Eso es la guerra, eso es lo que nos hace la guerra."

Y cuando Danny habla de refugio, la palabra no refiere sólo a esa construcción que hoy ya es parte de la geografía urbana. Hay refugios en las paradas de colectivos, en las universidades, en las casas y en los bares. Hay refugios cada 100 metros, cada 300 o cada 50, depende de cuán lejos o cerca se está de las zonas más conflictivas. Pero para él, como para tantos otros, la palabra refugio implica mucho más: es, de alguna manera, la raíz última para no irse, para no hacer las valijas y volverse a Buenos Aires o a otro lugar donde la vida valga un poco más.
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