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Argentinos los mas inteligentes de america latina



Lynn es profesor emérito de Psicología en la Universidad del Ulster (Irlanda del Norte). Tatu Vanhanen es profesor emérito de ciencia política en la Universidad de Tampere (Finlandia). Lynn y Vanhanen contrastan en su libro una teoría nunca propuesta con anterioridad: la inteligencia de las poblaciones es una causa de las diferencias de desarrollo económico que separan a las naciones

Revisado por: Roberto Colom
Universidad Autónoma de Madrid

En el primer capítulo se preguntan por qué algunos países son pobres y otros son ricos, presentando teorías tales como las climáticas y geográficas, las de la modernización, las psicológicas, las culturales, las basadas en el sistema mundial, las neoclásicas o las multi-causales. Los autores señalan que estas teorías explican solo parcialmente las disparidades nacionales, puesto que se olvidan del factor clave: la inteligencia de las poblaciones.

El segundo capítulo introduce el concepto de inteligencia . Hacen notar que el supuesto de que los ciudadanos de las diferentes naciones poseen el mismo nivel de inteligencia «es seriamente incorrecto» (p. 23). Las evidencias disponibles indican que los japoneses, chinos y otros orientales poseen un CI medio de 105. Los europeos de Europa, Canadá, Australia , Nueva Zelanda, Latinoamérica y Sudáfrica, presentan un CI medio de 100. Las personas del sur y sudoeste de Asia –desde Turquía a la India– presentan un CI entre 78 y 90. Las personas de Latino a m é rica poseen un CI medio de 96 en Argentina y Uruguay, pero de 80 en países como Guatema la y Ecuador. Finalmente, las naciones sub-saharianas presentan un CI entre 65 y 75. La teoría de Lynn y Vanhanen propone que ya que existe una serie de asociaciones demostradas entre CI y varios fenómenos sociales –incluyendo las diferencias de ingresos– dentro de algunos países europeos o de los Estados Unidos, las diferencias nacionales de inteligencia pueden estar también relacionadas con sus diferencias de riqueza. El tercer capítulo presenta evidencias concretas sobre la relación entre CI e ingresos: «la inteligencia determina los ingresos, ya que las personas más inteligentes aprenden más rápido, re s u e l ven problemas con mayor eficacia , pueden ser entrenada s para adquirir habilidades más complejas, y trabajan de un modo más eficiente y productivo» (p. 35). El cuarto capítulo es una continuación del tercero, revisándose evidencias conocidas sobre la relación del CI con e l nivel educativo, el nivel socioeconómico, los logros vitales, la genialidad y la serie de fenómenos sociales explorados en el famoso y controvertido libro de Herrnstein y Murray (The Bell Curve). Concluyen que las naciones con mayor nivel de inteligencia se educarán más y poseerán un mayor número de ciudadanos que puedan contribuir al progreso económico de su país. El quinto capítulo revisa relaciones entre inteligencia y desarrollo económico dentro de una serie de países. Los ejemplos corresponden a Estados Unidos, Gran Bretaña y España. Las regiones de estos países con mayor nivel de inteligencia, presentan también mayor desarrollo económico. Lynn y Vanhanen consideran que las regiones están compuesta s por agregados de individuos . Las naciones también.

En el capítulo seis comienza el análisis propio de los autores. Sostienen que su teoría es contrastable. Basta con conocer el CI medio de las naciones a estudiar y su éxito económico. Existen medidas directas del CI en 81 países. El CI de los británicos se usa como referencia (CI = 100) calculando el CI de los restantes países a partir de ese valor. La medida de inteligencia usada es el test de Raven en la mayor parte de los casos. El CI de los 104 países restantes que completan el globo terráqueo se estima usando el CI de los países colindantes. En este capítulo se intenta demostrar que el cálculo del nivel nacional de inteligencia resulta fiable y válido. Por ejemplo, la correlación entre el nivel de CI de 38 países y el rendimiento en las pruebas internacionales sobre nivel de conocimientos en ciencia y matemáticas que comparan a esos países anualmente, está por encima de +.86. Por otro lado, los datos sobre desarrollo económico se extraen de varias fuentes (p.e. los informes del banco mundial) aunque los diferentes indicadores usados presentan correlaciones superiores a +.94. En los análisis que están por venir se correlacionan las diferencias económicas con las medidas de inteligencia. Además, se calculan varios análisis de regresión para poder ubicar a los distintos países y estudiar a los que más se desvían de la línea de regresión. Este segundo análisis permite detectar otras causas sistemáticas de las diferencias económicas que separan a los países.

Los capítulos siete y ocho presentan los resultados de los análisis para el grupo de 81 países en los que existen medidas directas del CI y para el grupo general de 185 países. Las correlaciones entre inteligencia y riqueza se calculan desde que existen datos, es decir, desde 1820 hasta 1998. Un resultado llamativo es que las diferencias nacionales de inteligencia predicen la persistente diferencia en riqueza que ha separado a las naciones desde hace casi dos siglos. Además, la capacidad predictiva del CI ha aumentado: 29% de la varianza en 1820 y 52% de la varianza en 1998. Cuando se analiza individualmente a los países, se observa que la frecuencia de países ricos se corresponde estrechamente con aquellos que poseen un CI por encima de 90. A partir de aquí se preguntan los autores: ¿es necesario un CI de 90 o superior para adoptar efectivamente las nuevas tecnologías que estimulan el desarrollo económico?.

Los valores señalados para los 81 países, se replican fielmente para los 185 países. Las diferencias de CI explican un 50% de las diferencias nacionales de riqueza. Ningún otro factor considerado hasta ahora ha logrado explicar tanta varianza. Sin embargo, ese 50% deja margen para la intervención de otros factores. El análisis de regresión permite explorar esta cuestión. Analizan una serie de países en 1900, 1930, 1960 y 1998. En 1900, los casos de China, Italia, Japón, Corea del Sur, Rusia, Taiwán y Tailandia constituyen ejemplos que contradicen su teoría. El CI medio en estos países está por encima de 100, pero en 1900 eran países relativamente pobres. Sin embargo, explican la inconsistencia a través del hecho de que la industrialización no pudo asumirse por la presencia de sistemas políticos autoritarios. El análisis de 1960 también es interesante, ya que los autores se preguntan si las secuelas de la Segunda Guerra Mundial distorsionan la relación entre CI y riqueza. La respuesta es negativa. De hecho, usan el caso de Alemania para apoyar su teoría: «independientemente de la devastación causada por la guerra, Alemania fue capaz de recuperarse en 15 años e ingresar en el grupo de los países más ricos. Esto indica la significación de la inteligencia general de las poblaciones» (p. 132). También discuten el caso de España. En 1960 presentaba un desarrollo económico menor del esperado según el CI medio nacional, y, en opinión de los autores, la causa reside en el sistema autoritario establecido tras nuestra guerra civil. Los análisis de 1998 demuestran que en los 100 años previos, únicamente algunos países han logrado cambiar su posición relativa. El capítulo ocho termina con un análisis de países con mayor desarrollo económico que el esperado por su CI, con menor desarrollo y con el desarrollo predecible a partir del nivel nacional de inteligencia (en 1998, España presenta un desarrollo ligeramente superior al esperable según su CI nacional de 97). Los que pr esentan un alto desarrollo se caracterizan por poseer un CI medio de 93 o superior, una economía de mercado y un sistema democrático. En cualquier caso, en 1998 la correlación entre CI y riqueza es +.71, mientras que la correlación múltiple del CI, la libertad económica y el índice de democratización con la riqueza es +.79. Por tanto, la libertad económica y la democracia contribuyen con 10 puntos porcentuales a la predicción de las diferencias nacionales de riqueza (frente a los 50 puntos porcentuales con los que contribuye el CI).

El capítulo nueve revisa las teorías enumeradas en el primer capítulo teniendo en cuenta la capacidad explicativa de las diferencias nacionales de inteligencia. Hay seis modos de sacar partido a un nivel nacional de inteligencia situado alrededor de la media de 100:

Ya que la inteligencia predice los logros educativos, los niños de las naciones de alta inteligencia presentan un buen rendimiento escolar y adquieren una alta educación, lo que propicia el capital humano necesario para el desarrollo económico. Las naciones de alto CI poseen una elite científica con capacidad suficiente para producir nuevos productos económicamente valiosos. Las naciones de alto CI producen servicios y bienes valorados en el mercado internacional. Las naciones de alto CI tienen un gran número de personas de moderada y alta inteligencia capaces de realizar las funciones de gestión y el tipo de trabajo de alta calidad de los que depende una economía saludable. Las naciones de alto CI no tienen un gran número de personas de baja cualificación incapaces de realizar los trabajos necesarios dentro de una economía saludable. Las naciones de bajo CI poseen industrias vinculadas a la agricultura y la minería, poco demandadas en los mercados internacionales.

Según Lynn y Vanhanen, las teorías geográficas y climáticas encajan de modo razonable con las diferencias de riqueza nacional porque la geografía y el clima influyeron durante la evolución de la humanidad sobre las capacidades intelectuales. Las condiciones climáticas se relacionan con el CI medio de las regiones del planeta y afectan al desarrollo económico a través de las diferencias de inteligencia que han surgido durante la evolución. Por otro lado, países asiáticos como Taiwán o Corea del Sur se han comportado en la última parte del Siglo XX como predicen las teorías de la modernización y la convergencia, porque presentan un CI por encima de la media.

El último capítulo (El Futuro de la Riqueza de las Naciones) extrae consecuencias de la teoría de los autores respecto a cómo mejorar el desarrollo económico de las naciones pobres. Primero de todo, debería incrementarse el nivel medio de inteligencia de esas naciones. El método más efectivo que proponen pasa por mejorar la calidad nutricional de las mujeres embarazadas y de los niños. Además, deberían mejorarse sustancialmente los servicios sanitarios. Mejorar la educación no servirá para incrementar la inteligencia de las naciones, pero ayudará a que sus ciudadanos adquieran ciertas habilidades que son económicamente relevantes. También se debería intentar ayudar a las naciones pobres a que mejoren el uso de anticonceptivos. Con todo, sostienen los autores que sería relativamente más fácil que mejorar la inteligencia, cambiar a un sistema político de libre mercado y a sistemas democráticos, factores que también contribuyen claramente al desarrollo económico.

Las implicaciones más importantes del estudio de Lynn y Vanhanen son: El mundo necesita un nuevo código moral internacional basado en el reconocimiento de las diferencias nacionales de inteligencia y las consiguientes desigualdades económicas. Las poblaciones de los países ricos deben aceptar que tienen una obligación ética de ayudar financieramente, de un modo indefinido, a la gente de los países pobres. Hay que continuar con los programas de ayudas a los países pobres, aunque deberían incorporarse programas de mejora de la inteligencia basados en, por ejemplo, las mejoras nutricionales. El reconocimiento de que las diferencias de inteligencia son una causa básica de las diferencias económicas que separan a las naciones hará posible reducir las diferencias de riqueza. Estamos, en suma, ante una obra novedosa y valiente. Novedosa porque propone una explicación alternativa sobre un fenómeno socialmente tan importante como las diferencias de riqueza nacional. Valiente porque es probable que los «sacerdotes» de la economía y la sociología descarten el planteamiento por psicologicista (caso cerrado). En promedio, los sociólogos y economistas no suelen aceptar los planteamientos que dan más importancia al individuo que a los sistemas sociales. Sin embargo, a mi entender, la comunidad psicológica podría sentirse satisfecha por la publicación de un libro como este, en el que se intenta ofrecer una explicación psicológica a un fenómeno que nos estaba injustificadamente vedado. Además, debería aplaudirse el esfuerzo de los autores por ofrecer las evidencias necesarias para poder contrastar por cuenta propia el ajuste de su teoría a los datos (hay en el texto principal 41 tablas de datos, así como dos apéndices sobre el cálculo de los CI nacionales y las evidencias sobre desarrollo económico que ocupan más de 70 páginas). La prueba de que algo está cambiando es la creación de un movimiento en la sociología que comienza a mirar con respeto hacia conceptos tan sólidos en psicología como el de inteligencia. La denominada «Sociología de la Inteligencia» explora la capacidad explicativa de las diferencias de inteligencia que separan a los ciudadanos para comprender fenómenos tan relevantes como las diferencias educativas, ocupacionales, económicas o de salud que también separan a los ciudadanos. Lynn & Vanhanen aplican esta lógica al comparar naciones por primera vez en la historia de la ciencia. Está por ver cuál será la reacción a este atractivo, aunque discutible, planteamiento.


Hong Kong 107
Corea del Sur 106
Japón 105
Corea del Norte 105
Taiwan 104
Austria 102
Alemania 102
Italia 102
Holanda 102
Luxemburgo 101
Suecia 101
Suiza 101
Bélgica 100
China 100
Nueva Zelanda 100
Singapur 100
Reino Unido 100
Hungría 99 Polonia 99
España 99
Australia 98
Dinamarca 98
Francia 98
Islandia 98
Mongolia 98
Noruega 98
Estados Unidos 98
Canadá 97
República Checa 97
Estonia 97
Finlandia 97
Letonia 97
Lituania 97
Argentina 96
Bielorrusia 96
Rusia 96
Eslovaquia 96
Ucrania 96
Uruguay 96
Vietnam 96
Malta 95
Moldavia 95
Portugal 95
Eslovenia 95
Israel 94
Rumania 94
Armenia 93
Bulgaria 93
Chile 93
Georgia 93
Irlanda 93
Kazajstán 93
Macedonia 93
Yugoslavia 93
Brunei 92
Chipre 92
Grecia 92
Malasia 92
Costa Rica 91
Tailandia 91
Albania 90
Croacia 90
Perú 90
Turquía 90
Camboya 89
Indonesia 89
Laos 89
Surinam 89
Colombia 88
Venezuela 88
Azerbayán 87
Brasil 87
Irak 87
Jordania 87
Kirguistán 87
México 87
Samoa Occidental 87
Siria 87
Tadjikistán 88
Tonga 87
Turkmenistán 87
Uzbekistán 87
Birmania (Myanmar) 86
Líbano 86
Filipinas 86
Bolivia 85
Cuba 85
Marruecos 85
Paraguay 85
Argelia 84
República Dominicana 84
El Salvador 84
Fidji 84
Guyana 84
Honduras 84
Irán 84
Kiribati 84
Libia 84
Islas Marshal 84
Micronesia 84
Nicaragua 84
Panamá 84
Papua Nueva Guinea 84
Puerto Rico 84
Islas Salomón 84
Túnez 84
Vanuatu 84
Afganistán 83
Bahrain 83
Belize 83
Egipto 83
Kuwait 83
Omán 83
Arabia Saudita 83
Emiratos Arabes Unidos 83
Yemen 83
Bangladesh 81
India 81
Maldivas 81
Mauricio 81
Paquistán 81
Seychelles 81
Sri Lanka 81
Ecuador 80
Trinidad y Tobago 80
Comoros 79
Guatemala 79
Madagascar 79
Bahamas 78
Barbados 78
Bután 78
Cabo Verde 78
Nepal 78
Qatar 78
Zambia 77
Antigua y Barbuda 75
Dominica 75
Granada 75
St. Kitts y Nevis 75
St. Lucia 75
San Vincente/Granadinas 75
Congo (Brazzaville) 73
Mauritania 73
Uganda 73
Botswana 72
Chad 72
Haití 72
Jamaica 72
Kenia 72
Lesotho 72
Mozambique 72
Namibia 72
Sudáfrica 72
Sudán 72
Swazilandia 72
Tanzania 72
Côte d'Ivoire 71
Ghana 71
Malawi 71
Burundi 70
Camerún 70
Rwanda 70
Angola 69
Benin 69
Togo 69
República Centroafricana 68
Djibouti 68
Eritrea 68
Mali 68
Somalía 68
Níger 67
Nigeria 67
Burkina Faso 66
Gabón 66
Zimbabwe 66
Congo (Zaire) 65
Gambia 64
Liberia 64
Senegal 64
Sierra Leona 64
Etiopía 63
Guinea 63
Guinea-Bissau 63
Guinea Ecuatorial 59
Sao Tome/Príncipe 59
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