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Atlanta tiene agua para 90 dias

Desde hace 16 meses apenas llueve y ya está prohibido regar

CARLOS FRESNEDA

NUEVA YORK.- La mayor sequía sufrida en los 113 últimos años en el sureste de Estados Unidos amenaza seriamente con dejar sin agua a millones de vecinos de Atlanta.

El lago Lanier, que sacia la sed de tres millones de habitantes, se encuentra en el mínimo histórico. Desde hace 16 meses apenas llueve y desde hace dos semanas está prohibido regar. Quedan 90 días de suministro, advierten las autoridades. La ciudad se seca por minutos.

Nadie podría haber sospechado una situación similar hace apenas dos años. Emboscada en una fronda tropical, en una de las zonas más húmedas del país, Atlanta tiene planes de contingencia contra las tormentas y los huracanes, pero no contra la sequía. El Gobernador de Georgia, Sonny Perdue, ha declarado el estado de emergencia en 85 condados.

Perdue ha pedido incluso a los tribunales que intervengan para forzar al Cuerpo de Ingenieros del Ejército a que cierre indefinidamente las compuertas de las presas, para retener el agua en Georgia y evitar que los ríos se la lleven hasta Alabama y Florida, donde también están sufriendo lo suyo.


La cosecha de trigo en Alabama se da prácticamente por perdida. En el lecho del lago Okeechobee, al sur de Florida, han quedado a la vista restos precolombinos. En el estado de Tennessee, la situación es tan desesperada que algunos pueblos (como Monteagle) compran diariamente hasta millón y medio litros de agua a las localidades vecinas.

La mancha de la sequía se extiende a siete estados que, a estas alturas del año, solían estar amenazados por las inundaciones y las tormentas. En el oeste, mientras tanto, el preocupante descenso del cauce del río Colorado amenaza a medio plazo el suministro de más de 30 millones de personas; entre ellos, los habitantes de Las Vegas, cuya población se ha multiplicado por 10 en setenta años.

Según el Centro de Datos sobre el Clima, el 43% de Estados Unidos se encuentra en estos momentos afectado por una sequía 'extrema' o moderada. "Mucha gente piensa que las repercusiones del cambio climático no se sentirán hasta dentro de 50 años", apunta Thomas Swetnam, climatólogo de la Universidad de Tucson. "Pues bien, los datos nos indican que está ocurriendo ahora, y ya estamos viendo el impacto en la América continental".

Los analistas encuentran paralelismos entre la situación que empieza a tomar cuerpo y la que provocó la histórica 'Dust Bowl' (la bola de polvo), durante los años de la Gran Depresión. "La diferencia está en que aquella sequía duró menos de una década y esta podría prolongarse 100 años", advertía recientemente en el diario 'The Independent' el climatólogo de la Universidad de Columbia Richard Seager.

'La perfecta sequía', con escenas de los estragos de la falta de agua en el oeste, dio título a un escalofriante reportaje fotogáfico publicado ayer en la revista del 'New York Times'.

El premio Nobel de Física Steven Chu, volcado en el estudio de tecnologías para paliar los efectos del calentamiento global, vaticina que la desaparición de "entre el 30 y el 70% de la cubierta de nieve de las grandes montañas" causará el descenso vertiginoso del caudal de los ríos. Ello provocará enfrentamientos a todos lo niveles –entre ciudades, entre regiones y entre estados- por el control del preciado recurso. Según Chu, la sequía está aquí para quedarse y provocará males aún mayores que la subida del nivel de los mares.


Fango en una planta de irrigación de California


Falta de previsión


La falta de previsión que en su día propició el desastre del huracán Katrina en Nueva Orleans vuelve a estar sobre el tapete en el caso de la sequía extrema que padece la ciudad de Atlanta. "Es increíble que hayamos llegado a esta situación", se lamenta la Ray Wiedman, propietario de una compañía local de jardinería que tiene los días contados si no llegan las lluvias.

"Todo el mundo sabía que algo así podía pasar, que la ciudad estaba creciendo por encima de sus límites ¿Por qué no se invirtió al mismo tiempo en medidas de conservación del agua? ¿Por qué no teníamos un plan para evitar esto?".

La alcaldesa de Atlanta, Shirley Franklin, admite que ni la ciudad ni el estado de Georgia estaban prevenidos contra la 'crisis del agua'.

A medio plazo, vaticinó, no sólo tendrán que habilitarse nuevas reservas, alternativas al 'sediento' lago Lanier, sino que "habrá que depurar las aguas grises para la irrigación, pensar en construir plantas desalinizadoras en las costas de Georgia e incluso traer el agua más allá de nuestras fronteras".

De momento, los siete estados afectados por la sequía extrema están viéndolas venir, con esa actitud tan sureña de «wait and see» "esperemos y veamos ", persignándose para que lleguen por fin las lluvias. Mike Hayes, director del Centro Nacional para la Mitigación de la Sequía, ha hecho recientemente un llamamiento a las autoridades para que pasen urgentemente a la acción y no lo dejen todo en manos de la providencia climatológica, o la situación podría ser aún más grave. En Washington, mientras, hay quienes piensan que va llegando la hora de pedir responsabilidades políticas. La última Evaluación Nacional sobre las Potenciales Consecuencias del Cambio Climático se remonta al año 2000, durante la era Clinton.

Varias asociaciones ecologistas llevaron el 'silencio administrativo' de la Administración Bush a los tribunales: una juez de Oakland determinó el pasado mes de agosto que ha llegado el momento de evaluar de una vez el impacto de la subida de los mares, de los huracanes y de las sequías en las grandes ciudades norteamericanas.





Vista del Lago Falls, en Raleigh, afectado por la sequía



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