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Avance Bayonetta 2

Se acerca el momento.
¿Es Bayonetta 2 lo que Wii U necesita?




Por fin ha llegado el momento. Por una vez, y en la medida de lo posible, he estado intentando evitar Bayonetta 2 en ferias y eventos como un contacto rápido y frío, para no hacer juicios previos víctima de la emoción del momento o de una demo puntual bien escogida que no representase el producto final, para poder vivirlo cuando llegase como un jugador más, como un gran fan de la obra original de Hideki Kamiya. Y por fin ha llegado Bayonetta 2, y el primer contacto con la gran secuela y gran exclusiva de Wii U, no podría ser mejor.

Hay que empezar situando el juego y diciendo que, con todo lo que se ha especulado y todas las teorías que han podido haber al respecto de cuándo se sitúa Bayonetta 2 con respecto al primero, al final se han decidido por hacerlo empezar inmediatamente después del final de Bayonetta. No es precuela ni un tiempo muy diferente como en el caso de Devil May Cry 2 (por suerte no tiene nada que ver con Devil May Cry 2), sino que es una secuela directa, pero apunta a que no será algo tan sencillo como eso.


Bayonetta y Jeanne, enemigas en el primero, ahora amigas íntimas.


Una gran intro, un gran prólogo y cuatro capítulos después, la impresión que deja Bayonetta 2 no podría ser mejor. Y confieso ser de aquellos que no lo quería, que con lo redondo que fue Bayonetta no necesitaba más por temor a que lo estropeasen, e incluso temía que con el salto a Nintendo, la Bruja de Umbra perdiese esa sexualidad exageradísima hasta el punto de broma que le caracterizaba, pero no hay fallo, y tras su particular Desayuno con Diamantes ya está a punto de enseñarnos el culo en un muy conveniente cambio de atuendo, y lista para la lucha.

Con Bayonetta no hay debate posible. Quien se ofenda por su sexualidad excesiva es que, directamente, no entiende de qué va el asunto. Bayonetta quiere parecer que representa a una hembra alfa poderosa, independiente, atrevida y exageradamente femenina, pero en esa exageración está la clave, en sus tacones con pistolas, sus piernas de dos metros, la curva imposible de su espalda y lo impecablemente recto de sus hombros. Es tan excesiva que es imposible tomársela como un icono sexual, tan imposible como es no ser su fan.

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