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Benny Hill, el genio virgen

Recuerdo la primera vez que vi el show de benny hilly lo asombrado que quedé ante tanto derroche de humor. Hasta ese momento no habia visto nada que me hiciera reir de verdad y con ganas y recuerdo como inmediatamente quedó al desnudo de un solo saque que el humor argentino de aquel momento era una cagada. Benny Hill fué un genio del humor pero no logró obtener el mismo éxito con las mujeres.

A la Argentina llegó a principios de los ’80 y por esas cosas de los militares que gobernaban por ese entonces, y la magia del doblaje, terminó convertido en un programa apto para todo público.


El humor pícaro, con mujeres semidesnudas y viejitos anémicos sorprendidos en poses vergonzosas, fue una de las claves del éxito. La comicidad de Hill, estaba lejos de la sutileza. Tal es así que, años después ya entrado el siglo XXI, la BBC prohibió en su programación para los Estados Unidos las repeticiones del programa por considerarlo "machista, abusivo con las mujeres y retrógrado", una imagen que la cadena televisiva no quería dar de Gran Bretaña. "Me temo que Benny Hill refleja a una Inglaterra anticuada y nuestro trabajo es mostrar a un país más moderno y de avanzada", sostuvo en un comunicado uno de sus directivos, en aquel momento.

Historia de un cómico

Intentar hacer una radiografía de la vida de Benny Hill no resulta una tarea sencilla; es poco y nada lo que se sabe de su vida privada. Al parecer era un ferviente cultor del perfil bajo, ajeno a todo tipo de escándalos y de pedanterías. Su verdadero nombre era Alfred Hawthorn Hill y nació el 21 de enero de 1924 en Southampton, un barrio de clase obrera de Inglaterra. Nunca se casó, aunque quienes lo conocieron aseguran que les propuso matrimonio a tres mujeres a lo largo de su vida y fue rechazado por todas ellas.
Nunca se le conoció pareja alguna, ni femenina ni masculina, aunque el siempre afirmaba que era heterosexual y que le gustaban las minas.
En un momento dado la opinión mayoritaria en su momento era que si no se comía la galletita arañaba el paquete pero parece que en realidad Benny era un caso extremo de timidez para con las minas, llegando a niveles taringueros incluso.
Lo suyo era un caso muy particular porque le gustaban las minas pero ninguna le daba bola o en realidad era un tipo muy tímido que terminó muriendo virgo cuando en realidad podía haberle bajado la caña a medio inglaterra si hubiese querido, sino me creen fijensé por ejemplo el gordo Porcel que pesaba 300 kg y se bajó a las mejores vedettes de su tiempo.
Otra cosa curiosa es que a pesar de la fama y el dinero ganado, jamás tuvo su casa propia, ni automóvil. Alquilaba un pequeño departamento en Teddington, cerca de los estudios donde grababa y vivó siempre acompañado de su madre, quien falleció poco antes que él.

Sus primeros trabajos, en los años de la adolescencia, fueron como lechero y tambero hasta que su abuelo lo acercó al mundo del espectáculo. Fue ahí cuando decidió rebautizarse como Benny Hill, en homenaje al comediante estadounidense Jack Benny, su favorito por aquel entonces. Comenzó con actuaciones en clubes nocturnos, cenas de trabajo y teatro independiente, pero el gran salto al profesionalismo lo dio cuando se presentó a una audición en el Teatro Windmill, de Londres – pionero en el arte del striptease – donde quedó elegido para desempeñarse como humorista.

La década del ‘50 lo encontraría a Hill en una variedad de presentaciones en la todavía incipiente televisión. La BBC fue la que le abrió las puertas de la pantalla chica, una oportunidad que no desaprovechó y que utilizó para desplegar todo su talento a través de muy inspiradas imitaciones a personalidades de la época. Eso lo llevó a tener sus primeros roces con la popularidad, la cual se acrecentó gracias a una serie de extravagantes publicidades que le permitió al cómico volverse una imagen familiar para los televidentes.

Con la fama en constante aumento, los ofrecimientos para hacer cine no tardaron en llegar - aunque no fue en el séptimo arte donde más se destacó - y así fue como en 1956 tuvo su debut cinematográfico en la película Who done it? (¿Quién lo hizo?), una comedia de poco vuelo que lo mostró en el papel de un estrafalario detective privado. Algunos años más tarde participó de producciones internacionales como Those magnificent men in their flying machines (Esos magníficos hombres en sus máquinas voladoras), de 1965 y Chitty chitty bang bang en 1969. El mundo de la radio tampoco le fue ajeno y tuvo su propio espacio al que llamó El tiempo de Benny Hill y que permaneció en el aire por dos temporadas (1964-1966). Pero claro está que donde más cómodo se sentía era en un estudio de televisión y hacia ahí orientó todos sus cañones. A fines de la década del 60 dejó la BBC y firmó contrato para la Thames Televisión, con la cual acordó hacer sólo cinco o seis especiales por año, y serían justamente esos especiales de donde nacería el título que lo hizo famoso en todo el mundo, El show de Benny Hill. El ciclo permaneció en la pantalla hasta 1989.

A partir de entonces, poco fue lo que se pudo saber del genial humorista, aunque dado que una de sus grandes pasiones era viajar, no sería descabellado pensar que pasó buena parte de su tiempo libre recorriendo su país y el extranjero, porque si con algo no tenía problemas era con el idioma. Hablaba a la perfección francés, alemán, holandés, quechua e italiano. Murió el 20 de abril de 1992, a los 68 años, cuando un infarto fulminante lo sorprendió en la soledad de su pequeño departamento. La policía encontró su cuerpo cuatro días después sentado en una silla, frente a la televisión. El actor que vendió humor con sentido sexual murió probablemente virgen y con el ganso en la mano.


Humor delirante + sexo= Éxito seguro

Cuando Benny Hill pasó de la BBC a Thames Televisión, no imaginó que ese sería su lugar por 20 años. El programa estaba hecho a su medida y él estaba a cargo de todo, desde los guiones de los sketches hasta las coreografías de los números musicales y también de aquella graciosa banda de sonido de sus persecuciones en bicicleta, Yackety Sax, algo así como Saxo parlanchín.

Hill era un experto en bufonadas y payasadas, y se apoyaba mucho en el humor visual – un recurso que años después tomaría Rowan Atkinson para su personaje de Mr. Bean - pero tuvo la ocurrencia de agregarle a todo eso un tinte sexual, el condimento que marcaría la diferencia. Su programa estaba poblado por bellas y altas mujeres jóvenes, las cuales eran miradas en forma pecaminosa por el cómico y su híper disparatado grupo de amigos como Henry McGee, Bob Todd, Jackie Wright y Nicholas Parsons. De todos, probablemente el más gracioso, y recordado, era Wright, aquel calvo y pequeño hombre que siempre hacía de bombero o vaquero, dos papeles que contrastaban enormemente con su pequeña figura.

Benny Hill a la Argentina

El show de Benny Hill fue vendido a noventa países y en todos tuvo singular éxito. La versión para Latinoamérica estaba doblada por el actor argentino Natalio Hoxman - fallecido en 2004 – quien realizó un trabajo extraordinario, y para nada sencillo. “Hill hacía con su voz natural las voces del resto de los personajes porque la gracia estaba fundamentalmente en el texto – explicaba Hoxman en una entrevista al diario La Nación en 2003 - pero como para nosotros los chistes de Benny Hill en contra de la reina o sobre las peleas entre católicos y protestantes no significaban lo mismo que para los ingleses, decidimos inventarles nuevas voces a esos viejitos libidinosos que lo acompañaban. Era bastante chancho para la época, por eso muchas veces cuando se ponía bravo verbalmente nosotros decíamos ‘maripositas’ o ‘palomitas’”.

El actor fue elegido para ponerle su voz al humorista, luego de que un piloto del programa llegara a los Laboratorios Alex, a comienzos de los ’80. Hicieron una prueba y la enviaron a Londres, y entre todos los postulantes de América Latina, Hoxman fue quien se quedó con la exclusividad para toda la región. Aunque a la hora de comenzar a trabajar seriamente con el doblaje se encontraron con un problema, la versión original de la que se disponía no tenía banda de música y efectos por separado, o sea que la música, los ruidos y las voces estaban grabados todos juntos. No había manera de hacer un doblaje de las canciones o de escenas musicalizadas o con efectos sonoros. Así que, ingeniosamente, se optó por recitar en insólitos versos los pasajes musicales en voice over (se escuchaba levemente el idioma original y se doblaba encima lo más perfecto que se podía), lo cual, en lugar de quitarle gracia a la escena, terminó por agregarle un plus de humor, con inventiva argenta.

Claro que mientras en otros países el doblaje hacía hincapié en el humor sexual de una manera más explícita, la versión hecha en la Argentina, que en ese entonces era gobernada por los militares, le daba un tono mucho más ingenuo. Tanto que, sin proponérselo, quedó encasillada en un ATP (apto para todo público) absoluto que la convirtió en un éxito para grandes y chicos.


Por: Diego Cabarcos
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