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Berni: El nestornauta milico



Sergio Berni produjo, en las últimas semanas, un hecho político grave: Ofuscado por los sucesivos cortes en la autopista Panamericana como consecuencia del conflicto laboral en la autopartista Lear, en el que participan militantes del Partido Obrero, el Secretario de Seguridad emprendió un raid televisivo y radial para en su estilo – elevando la voz, interrumpiendo y dando la pelea cara a cara - abrirle la puerta a todo tipo de manifestaciones raciales y xenófobas adormecidas, y no tanto, que componen una porción del carácter nacional, generando las condiciones para la reaparición de personajes indeseables como, por ejemplo, Aldo Rico.

La declaración central que detonó la polémica fue la siguiente: Dijo Berni: “la gran mayoría de estos extranjeros que vienen a la Argentina a delinquir, tienen 3, 4 o 5 entradas, entonces yo les pido a los señores legisladores, que se sienten a legislar y le den herramientas a la justicia para que de una manera ágil, estos delincuentes que vienen a delinquir (y que nadie tome esto como una declaración xenófoba), este secretario de seguridad que esta todos los días en la calle con su policía, con su gendarmería, cumpliendo su función, nosotros detenemos a los delincuentes, pero necesitamos que los legisladores le den herramientas agiles a la justicia para que estos delincuentes vuelvan a su lugar de origen” (transcripción literal)

Saltó la ficha, la térmica, la red y se encendió el irrefrenable enano peligroso que anida en el inconsciente de, digamos, casi todos los seres de esta tierra. Pero en este caso, quien pronunció el exabrupto – aclarando que no era tal y tampoco una declaración xenófoba (abrir el paraguas, se dice en el barrio) fue un funcionario con rango de Secretario del Gobierno Nacional; gobierno que ha hecho de la defensa de los derechos humanos, la no represión de la protesta social y de la integración regional, ejes y estandartes medulares de un modo de entender la política y sus tensiones y conflictos.

Entonces, Berni chocó con ese enanito que no vino a reparar nada. Y reactualizó un dicho popular: Se trata de un elefante en un bazar. ¿Y la Patria Grande? Demasiado ego; demasiada torpeza.

Si como escribió Mario Wainfeld en su nota del domingo pasado para Página 12, Deportar no es un deporte, "Berni afirma que no es chauvinista ni discriminador. Claro que lo que define las conductas no es cómo las rotula su emisor. Sus propuestas, en trazos gruesos, buscan agitar a sectores de opinión pública manoduristas. Esas tendencias se excitan en momentos de dificultades económicas, recesión, merma en la creación de empleo. Las réplicas antisociales o regresivas distan de ser un fenómeno doméstico.", la pregunta que surge es para quién está trabajando entonces Berni, y para qué. ¿Otra conducta espejo, como la elección de Martín Insaurralde para disputar la Provincia de Buenos Aires? ¿Un coqueteo con sectores o capas sociales que se identifican con Mauricio Macri, quien según distintos sondeos de opinión crece en la intención de voto para 2015 a paso lento pero firme? ¿Berni es quien decide verter sus expresiones punitivas frente a toda cámara que lo busque, o a la que el Secretario busque, sin consulta previa, promoviendo nuevos modos para el tratamiento de la conflictividad social reñidos con el estilo político que ha definido al kirchnerismo? ¿Supone Berni que todos los inmigrantes (chilenos y colombianos, a la sazón) son delincuentes a priori, demostrando una inteligencia emocional extrema para el identikit lombrosiano? En algún otro momento se apeló a la metáfora efectista de la “puerta giratoria” para afianzar la idea instalada en el imaginario colectivo que hace de los ladrones paseantes que entran y salen de las cárceles como si se tratara de sus casas, olvidando que la mayoría de los presos no tienen condena, son de extracción social vulnerable (además de jóvenes) y que habitualmente son utilizados, bajo amenaza de muerte, por las policías y el Servicio Penitenciario para delinquir.

Pareciera que Berni retoma esa línea confundiendo peligrosamente peras con manzanas: Una cosa es el debido proceso para la condena de personas, función específica de la Justicia - que es perfectible y existe un debate en torno a la celeridad de procesos y coberturas de fiscalías y juzgados -, y otra cosa es la detención de personas, función que le corresponde a las fuerzas de seguridad. Pedir la deportación de no nacionales que tengan por fin "delinquir", tomando como todo fundamento la información brindada por fuerzas policiales que, todos lo sabemos, hacen estadística y poseen una propensión especial hacia la discriminación racial y la xenofobia, es un retroceso político- estratégico con relación a la sanción de la Ley 25.871, que concibe la migración como derecho humano. Es decir, una cosa es una condena firme a través del debido proceso judicial y otra la detención policial. Insisto en un punto: Berni es un funcionario del Gobierno Nacional por lo cual, o está avalado institucionalmente o ha cobrado vuelo propio ante la percepción de que la sociedad está en "estado de derecha", y de allí su pedido de deportación exprés a inmigrantes, y en un contexto de más de diez meses seguidos de retracción económica, suspensiones de turnos laborales y de horas extras, y amenazas nada veladas de las empresas multinacionales – economía concentrada – de partir hacia horizontes más rentables. Inquietante combinación entonces: Tensión social y declaraciones punitivas-manoduristas.

El periodista – y docente de quien escribe – recientemente fallecido, Eduardo Videla, escribió en tiempos del menemato una nota de la cual vale recordar algunos conceptos: “La ofensiva se parece cada vez más a la construcción de un nuevo enemigo: el inmigrante ilegal. Ahora fue el presidente Carlos Menem quien atribuyó la inseguridad a que "llegan indocumentados de otras partes de nuestro continente, que se organizan en bandas". En la misma nota, Videla remarcaba: “El director de Migraciones, Hugo Franco, aseguró que "en la Capital Federal se extranjerizó el delito". Esgrimió datos que atribuyó a la Policía Federal, según los cuales más del 60 por ciento de los delitos menores son cometidos por extranjeros”

Muchos años después, y luego de reformulaciones jurídicas y políticas en torno al delito, una oscura sombra se desplaza a través de un volátil espacio aéreo portando entre sus aspas extranjerización del delito y libertades sobre el control civil de las fuerzas de seguridad.

Duele escribirlo, pero es así: Berni tiene mucho respaldo institucional y llegada directa a la Presidenta; ha construido poder desde el Ministerio de Desarrollo Social y así ha tratado de consolidar territorio y organizar el mando en torno a una imagen que emula al Nestornauta en clave militarista, un estilo que barre con actos y lenguajes - yo no hago filosofía, actúo; ¿una versión actualizada del "La duda es la jactancia de los intelectuales"? - las premisas instauradas por Néstor Kirchner - no represión de la protesta social - y continuadas por la gestión de Nilda Garré tanto al frente del Ministerio de Defensa (designada por Kirchner; 2005 al 2010) como al mando del Ministerio de Seguridad hasta junio del 2013, ya durante la presidencia de Cristina Fernández, quien a pesar de los cambios en seguridad y defensa, continuó con la matriz de no criminilización de las manifestaciones y protestas.

Sergio Berni encarna, además, los problemas que las políticas “progresistas” enfrentan a la hora de abordar una tema de fuerte impacto en la sociedad como lo es la seguridad. Mientras la gestión de Nilda Garré desarrolló un esquema de traslado y presencia en zonas calientes de la ciudad y del conurbano de efectivos de Prefectura y Gendarmería bajo control del Ministerio a su cargo, Berni desembarcó en el territorio con una impronta de “héroe” individual presto a apagar cualquier foco ígneo pero devolviéndole mayor participación y atribuciones a las fuerzas policiales. Berni controla personalmente a esas fuerzas y a su vez es el epicentro de la política de seguridad. Situación estratégica endeble: El Secretario es la seguridad.

Berni se asimila a una suerte de Texas Ranger que ha puesto en crisis la concepción de un Estado Garantista enfrentado al memorando de la administración burocrática del uso de la fuerza y de las armas por parte del Estado. Y ello nos recuerda que el Estado tiene armas que puede disparar.

La función represiva del Estado y las garantías de los individuos que lo conforman. En eso aún estamos, debatiéndonos entre el normativismo jurídico kantiano, el Estado ideal hegeliano y la tradición representada en Maquiavelo sobre la supervivencia del poder del Estado y sus gobernantes, poder sostenido por un consensualismo verticalista que administra la libertad de los sujetos y el uso de la violencia. El Estado como un Jano moderno que dialécticamente nos recuerda sus dos caras: la cara política y la cara jurídica. Así es que el Estado es Poder y es Derecho. El Estado es fuerza bruta y fuerza moral a la vez, es voluntad de poder y es norma jurídica.

Por ello, la resolución de los conflictos y las tensiones sociales no puede ser liberada a las pasiones individuales de funcionarios que se arroguen la representación personal del accionar represivo del Estado. Signos de un tiempo en el que se apela con recurrencia a la identificación con las pasiones comunes, en términos de “sentido común”, y menos a una articulación de ese poder disciplinador, que de bombero loco nada tiene, y sí de ejercicio político creativo frente a la dialéctica realidad social y política.

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